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Sin adjetivos

Pleno del 28 de febrero de 2024

Interpelación urgente al Ministro de Cultura sobre las políticas que va a desarrollar su Ministerio para defender el legado cultural y civilizador de España.

Interpelación urgente.. Autor: Grupo Parlamentario VOX. Transcripción literal del Diario de Sesiones n.º 27.

Joaquín Robles López

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Señor presidente, señorías, señor ministro, hasta la fecha, ningún antecesor en el cargo ha expresado con tanta claridad su hispanofobia; un ministro que no intenta recuperar las obras de arte expoliadas en España y que, sin embargo, está encantado con devolver las reliquias de un supuesto pasado colonial.

La semana pasada una activista indigenista, del tipo de las que se invita al Museo de América, calificó a Velázquez como pintor esclavista y a todo el arte español como racista. Me refiero a la iniciativa del Movimiento Justicia Museal que, en colaboración con el Museo de América y ―según dicen ellos― con colectivos transgresores y feministas, tiene como objetivo eliminar, reordenar y colocar comisarios capaces de manipular adecuadamente las reliquias procedentes del expolio colonialista español para dignificar el lugar en los museos de los cuerpos feminizados marrones e indígenas, como si esas tribus marrones e indígenas no hubieran vivido en imperios terribles, como el inca o el azteca. (Aplausos).

La respuesta de su ministerio a una pregunta definió cultura colonial como el conjunto de manifestaciones culturales que se producen en una comunidad bajo la presencia de otro grupo humano foráneo que ejerce una posición dominante. Según esta definición, podríamos considerar cultura colonial desde el nacimiento de la agricultura en el Neolítico hasta el marxismo-leninismo y, desde luego, la filosofía griega, el derecho romano, la literatura inglesa, la música clásica, las reliquias de la cultura azteca, inca, maya, etcétera. ¿Y sabe qué? Hasta esas teorías del género que se popularización por el área de influencia de los Estados Unidos podrían ser consideradas como cultura colonial. (Aplausos). Con este criterio suyo, las leyes de Burgos, de principios del siglo XVI, promulgadas por Fernando II, que elevaban a las naciones indias a la condición de sujetos de derecho sometidos a las mismas leyes que un peninsular, serían cultura colonial. Cultura colonial serían los hospitales, catedrales y universidades construidas por los españoles en todo el mundo. Tendríamos nosotros que considerar que el acueducto de Segovia o el teatro romano de Mérida son reliquias coloniales, dado que se ajustan perfectamente a su definición de cultura colonial. Usted no quiere acabar con el pasado colonial, usted lo que quiere es borrar la historia y hasta la antropología.

Existe una palabra para definir todas estas aportaciones que hizo España en Hispanoamérica, y no es cultura colonial, se llama sencillamente civilización. (Aplausos).

Sabemos que no es una idea original suya, sino de las élites de la izquierda woke que dominan las universidades, las organizaciones transnacionales que imponen su agenda ideológica con todos los dogmas: los del calentamiento global, de géneros, heteropatriarcado, reparación del colonialismo. (El señor vicepresidente, Bermúdez de Castro, ocupa la Presidencia). Sabemos que usted no es sino un simple peón de esa ideología globalista impulsada desde esas instituciones. Usted no es culpable de esto, usted es culpable de sumarse acríticamente a esta ideología delirante. Allá los demás con sus traumas y su vergüenza por haber construido factorías esclavistas, como Leopoldo II en el Congo. España construyó más universidades en todo el mundo que Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda e Italia juntas. (Aplausos). ¿Son esas universidades, según su criterio, residuos de cultura colonial?

Una de las claves de la falsaria leyenda negra radica en asociar al imperio católico español con la idea de imperio colonial depredador y esclavista. No puedo reproducir aquí en el escaso tiempo que tengo la discusión sobre otros asuntos, pero, aun reconociendo que en toda conquista se producen crímenes e injusticias —‌y España no fue una excepción, no vamos a caer en la leyenda rosa—, no obstante, la norma básica que inspiró la acción española en América no fue la de un imperio colonial organizado bajo la norma del gobierno indirecto, sino la de un imperio generador, en el que se reproducen las mismas instituciones políticas que en España. El imperio español no produjo factorías. Nos encontramos con encomiendas y ciudades donde la población procedente de las etnias de las naciones culturales precolombinas quedaba incorporada en la misma medida que la población peninsular y a través de instituciones análogas. Es una mentira completa, una invención el presentar los pueblos originarios, el indio, pero también aquí en España el celta, el catalán o el vasco como una especie de unidad armónica de pueblos pacíficos, ecológicos y resilientes que perdieron su libertad y felicidad al ser invadidos por malvados españoles.

¿Alguien puede creer que los imperios precolombinos —‌marrones, en la jerga de los activistas— no eran esclavistas, no practicaban crímenes rituales, no vivían bajo el yugo de etnias dominantes? Con esta lastimera moda de autoperdonarse pretenden redimir las injusticias pasadas, al tiempo que silencian las injusticias del presente. (Aplausos). Por ejemplo, China, en su codicia por las materias primas del suelo africano, aplica condiciones laborales análogas a las del esclavismo. Las reverencias y bochornosos besapiés propios de la cultura woke en los Estados Unidos no han logrado disminuir ni la brecha salarial ni las diferencias de renta entre blancos, hispanos y negros, aunque, indudablemente, han contribuido a construir una falsa conciencia entre las élites pijoprogres del Partido Demócrata, a las que tanto se parecen ustedes. (Aplausos). Marx y Lenin dijeron aquello de que la religión era el opio del pueblo. Hoy podemos asegurar que la cultura woke es el opio, pero no del pueblo, sino de las élites a las que ustedes representan; las élites que defiende una Europa multicultural porque no viven en barrios donde la inmigración ilegal hace imposible la vida normal; las élites que se llenan la boca con lo público, pero llevan a sus hijos a colegios privados; (aplausos) las élites que se pasean por la alfombra roja de los Goya, exhibiendo su solidaridad y pidiendo, eso sí, que se frene a la ultraderecha, no vayan a quedarse sin subvención, una subvención que seguramente que usted les dará porque sirven a su ideología, a la ideología dominante del globalismo. (El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia).

Tampoco me cabe ninguna duda de que la nueva Dirección General de Derechos Culturales que usted ha promovido sirve fundamentalmente a dos propósitos: el primero, la difusión de esta ideología, esto es, del relativismo cultural, que conlleva también un relativismo moral, apenas matizado por unos derechos humanos a los que, por cierto, ni China ni ningún país islámico se ha sumado, y, la segunda, colocar a su gente en el ministerio. Nueva dirección general, nuevo Centro Coordinador de Industrias Culturales, nueva Oficina Española de Derechos de Autor y Conexos: muy dudoso que todo esto sirva para algo más que para cumplir con los planes del señor Errejón de enchufar a cargos y militantes con dinero público como una forma superior de conciencia revolucionaria, y es que esa revolución, por lo visto, se hace mucho mejor con una buena cuenta corriente.

Algunos nada sospechosos de ultraderechistas ya denunciaron hace décadas la impostura de esta izquierda caviar. Por ejemplo, el cantante y diputado del Partido Comunista cubano Silvio Rodríguez escribió en su Canción en harapos: «Qué fácil es escribir algo que incite a la acción / contra tiranos, contra asesinos, / contra la cruz y el poder divino / siempre a la sombra de la nevera y el comedor». Este es el supuesto paradigma cultural al que usted se refería hace unas semanas en su comparecencia en la Comisión de Cultura, paradigma que, según usted, está siendo puesto en peligro por la ultraderecha. ¡Qué malvados! Pues, mire, como ya le indiqué en aquella Comisión, lo que usted llama paradigma no es más que una ideología elitista que ignora los problemas de la ciudadanía y que, encima, en España pacta con unos supuestos pueblos oprimidos por los españoles, con una ideología que prefiere la Europa de los pueblos a la Europa de las naciones soberanas.

Mire usted este mapa. (Muestra un mapa). Es el mapa de la Europa de los Pueblos. En las elecciones europeas del 7 de junio de 2009, Esquerra Republicana, el Bloque Nacionalista Galego, Eusko Alkartasuna, Aralar, la Chunta Aragonesista y los Verdes presentaban una candidatura llamada Europa de los Pueblos que asumía este diseño (muestra el mismo mapa), un diseño realizado en los años treinta por las SS. Este es el diseño que pretendían los nazis para Europa. Y ese es el diseño al que ustedes se apuntan en su Europa de los Pueblos (aplausos), un diseño basado en la peregrina y metafísica idea de un volksgeist que, por lo visto, sopla a través de la raza. Naturalmente, ahora ya no usan la palabra raza; del mito de la raza han pasado al mito de la cultura. Les leo, por ejemplo, a Prat de la Riba, uno de los fundadores del separatismo catalán, que escribía: «No nos movemos por el espíritu de la provincia, sino por el espíritu del pueblo, por el volksgeist y los impulsos de la raza». Y digo esto porque el nacionalismo catalán y el nacionalismo vasco son profundamente racistas. Recordemos lo que decía Jordi Pujol: «El hombre andaluz no es su hombre coherente, es un hombre que vive en un estado de ignorancia y miseria cultural». Y en la misma línea, Heribert Barrera, presidente de Esquerra Republicana, dijo en un libro de 2001: «En América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos. Se debe esterilizar a los débiles mentales». Si alguien debe pedir perdón por un pasado racista son los supremacistas catalanes, vascos y gallegos, no los españoles. (Aplausos).

España necesita un ministro de Cultura que defienda la importancia del símbolo que nos une, que ya no es la cruz de Borgoña, sino la letra eñe como emblema de un idioma universal abierto a las artes, la ciencia y la filosofía; una lengua común a seiscientos millones de personas que aquí se persigue y acorrala, en el País Vasco, en Galicia y en Cataluña, con desprecio de la sentencias del Tribunal Superior de Justicia, con el único fin de que unas de las regiones más ricas —p‌ or cierto, enriquecimiento que en gran medida dependió del tráfico de esclavos en Cuba— dejen de contribuir al sostenimiento de la nación, erigiéndose en naciones fraccionarias, insolidarias con las regiones más pobres. (Aplausos).

Termino con una frase de Julián Juderías, que sistematizó el término leyenda negra para referirse a esa invención maliciosa de los enemigos de España que ustedes, revolucionarios de salón, hacen suya para mostrar una España odiosa y justificar la secesión, naturalmente. Dijo Julián Juderías: «Por encima de todos los partidos hay algo que debemos defender, y es el buen nombre de España». A lo mejor deberíamos empezar, señores del PSOE, por cesar de su cargo a un ministro que se dedica a todo lo contrario.

Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y de los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).

Presidencia. A continuación, tiene la palabra en nombre del Gobierno el señor ministro de Cultura.

Ernest Urtasun Domènech

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Gracias, presidente. Muy buenos días. Me gustaría comenzar mi intervención, señorías de VOX, saludando su súbita preocupación por las políticas culturales de nuestro ministerio y aprovechando su interpelación para hablar del hoy; no del pasado ni de leyendas, sino para hablar de la manera en la que concebimos la cultura hoy en España. Hablemos si quiere, ya que lo ha mencionado, de la nueva Dirección General de Derechos Culturales que hemos creado y que garantizará de forma activa los derechos culturales de la ciudadanía española, sí, enmarcando las políticas del ministerio en tres ámbitos de actuación complementarios, que ya expuse en mi comparecencia y que estoy encantado de volver a repetir hoy aquí: el derecho a la creación, el derecho de acceso a los bienes culturales en todo el territorio español y el derecho a la participación en la vida cultural. Esta nueva dirección general, que usted tanto critica, tendrá otro cometido muy destacado y que nosotros ponemos muy en valor, como será la creación de un plan de derechos culturales para nuestro país, así como el desarrollo de programas de cooperación con las comunidades autónomas y de proyectos de vertebración territorial, porque una de nuestras prioridades será hacer llegar la cultura española a todos los rincones del país. Hablamos, en definitiva, de la cultura como expresión de diversidad y de riqueza. Hablamos de lo que ya ocurre en nuestro país, de nuestros museos y archivos, porque en ellos, señorías, sí se protege, se muestra y se divulga cada día nuestro riquísimo legado cultural y patrimonial. Los museos, señorías, son lugares donde la ciudadanía entra en contacto con nuestro patrimonio, y esa es nuestra tarea como administraciones, muy especialmente desde el Ministerio de Cultura: velar por que esa mediación, atenta siempre a unos rigurosos criterios científicos y profesionales, sea exitosa, generadora de conocimiento y de gratas experiencias para la ciudadanía de nuestro país. Nuestros museos, señorías, son organismos vivos permeables a los debates, dispositivos educativos y de socialización de primer nivel conectados en tiempo real con las preocupaciones sociales a escala global, preocupaciones que tienen que ver con muchos asuntos, que a veces ustedes desprecian pero que son muy relevantes, como es la crisis ecosocial que afrontamos como civilización, el desafío de la inteligencia artificial, algo que preocupa cada vez más a los creadores de nuestro país, o la erradicación de las desigualdades en cualquiera de sus expresiones. Nada de esto nos puede ser ajeno, señorías, y nada de esto es ajeno al ministerio que dirijo. Solo desde una óptica inclusiva, y nunca desde la concepción de los museos como depósitos inmóviles, se puede comprender la imprescindible labor de estas instituciones. Si ustedes quieren saber cuál es el legado cultural español o cómo lo defendemos desde el Ministerio de Cultura, lo que deben hacer, señorías de VOX, es visitar los museos de nuestro país, los museos y las bibliotecas. (Aplausos). Y vayan al teatro también, porque últimamente los he visto organizar manifestaciones delante de obras de teatro que nosotros rechazamos de plano. A veces, en lugar de manifestarse delante de los teatros, vale la pena cruzar la puerta y asistir a las obras; de verdad que se lo recomiendo. (Aplausos).

Me sentiré satisfecho tras esta interpelación urgente hoy si ustedes al menos sacan en limpio ese propósito para el futuro: conocer los museos de España, señoras y señores de VOX, interesarse genuinamente por lo que ocurre en ellos; se lo recomiendo. (La señora presidenta ocupa la Presidencia). Traspasen el umbral de esos centros, dedíquenlos un poco de tiempo y conecten con las lecciones culturales y éticas que los museos españoles tienen para darnos. Como dice la actual definición del Consejo Internacional de Museos, el ICOM —‌del que formamos parte—, «con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos». Esa voluntad que expresa el ICOM en su definición es la misma que atraviesa nuestras políticas culturales. Por eso les pido, señorías de VOX, que acudan a los museos. Visiten la red estatal, comprueben la calidad de su servicio público, su riqueza y su diversidad, el esfuerzo continuado por renovar los discursos museográficos y el cumplimiento escrupuloso de sus funciones, una de las cuales es interpelar cada día a más gente, llegar más lejos, contar más cosas a más personas, un legado en los museos que ha sido construido a lo largo de muchas décadas por muchos equipos ministeriales.

Si los ánimo a que visiten los museos, señorías de VOX, es porque deduzco de sus discursos y sus manifestaciones públicas que, sinceramente, hablan un poco de oídas y no han puesto los pies en un museo desde, al menos, cuando fueron con el colegio a excursiones escolares. Y los museos españoles, como la cultura española, señorías, no han dejado de cambiar. Sé que les suena extraño o que les puede llegar a incomodar, pero las culturas cambian, como los museos cambian. Los museos son organismos que forman parte del debate social y que con toda normalidad, tal y como hacen la Unesco y el resto de organismos rectores internacionales, han ido incorporando miradas, sensibilidades y puntos de vista que convergen en una tarea: exhibir nuestro patrimonio cultural, nuestra riqueza artística. Además, los museos se han ido transformando con una intención muy concreta: representar a todos los públicos que cada día cruzan las puertas de la institución, sean quienes sean, vengan de donde vengan, porque los museos, como las bibliotecas públicas, como los archivos, como los teatros y los cines, como los centros culturales de cualquier tipo, son hoy en España espacios seguros y, por lo tanto, espacios de convivencia, escuelas de democracia y de libertades, donde las ideas no se proscriben, sino que se estimulan. En este sentido, quiero aprovechar esta ocasión para mostrar mi orgullo y felicitar a los grandes profesionales del ámbito de la conservación, la arqueología, archivos, antropología, arte, música, cine, edición o historia, que, día a día, con su erudición, entrega y rigor están planteando el encaje discursivo en las instituciones culturales de temas que están en la conversación pública. Y esta es mi tarea como ministro —‌y en esto quiero ser muy claro, señorías—, apoyar su trabajo, el de los profesionales de nuestro país, el de los profesionales de la cultura, porque, a diferencia de ustedes, señores de VOX, este equipo ministerial nunca va a imponer visiones totalizadoras, sino que va a acompañar con toda su energía la extraordinaria labor que ya realizan los profesionales de la cultura de este país, a los que quiero felicitar por su excelente labor. (Aplausos).

La cultura española tiene muchos motivos para el orgullo, señorías, y recientemente uno muy importante, Mondiacult, porque la Unesco acaba de elegir España como sede para su mayor certamen internacional, que se celebrará en España al año que viene. Como saben, será una oportunidad para seguir hablando sobre todo lo que nos importa, sobre derechos culturales, creación y museos. Y si la Unesco ha elegido España como sede de Mondiacult para el año que viene es porque somos una potencia cultural global, y estamos muy orgullosos de serlo. Por lo tanto, en los próximos meses, como lo hemos venido haciendo en los últimos años, España seguirá hablando de cómo los discursos museográficos se enriquecen cada día con nuevas miradas y planteamientos, hablaremos de cómo los museos pueden mejorar su contribución a la igualdad desde el punto de vista creativo y orgánico o de cómo la inteligencia artificial convive con las necesidades de exhibición de un gran centro de arte. Podemos y debemos hablar de cómo los museos, las bibliotecas y los equipamientos culturales son elementos de cohesión social y territorial y de la forma en que su legado dialoga con el entorno al que representa.

Finalmente, debemos hablar, y también lo he hecho esta mañana en respuesta a una pregunta oral del Partido Popular, de sostenibilidad, ya que la cultura debe ir siempre de la mano del medio ambiente, y también de accesibilidad, de buenas prácticas, de la defensa de la libertad de expresión y de las condiciones laborales de los artistas, porque también estamos poniendo mucho empeño en el Estatuto del Artista. Quiero aprovechar esta ocasión para reafirmar hoy también nuestro compromiso con el Estatuto del Artista como proyecto de país para terminar con la precariedad laboral de nuestros artistas. (Aplausos). Esta es la tarea que tengo encomendada como ministro de Cultura y que voy a ejecutar, y eso es lo que estamos haciendo con medidas concretas: acompañar los debates de la cultura, respetar el impecable trabajo de nuestros profesionales y, sobre todo, no tener miedo a poner sobre la mesa las cuestiones políticas y sociales de nuestro tiempo. Nos encontrarán siempre en ese debate. Y, señorías de VOX, les doy la bienvenida al mismo si ese es el fin último de esta interpelación urgente.

Muchísimas gracias. (Aplausos).

Presidencia. Muchas gracias, señor ministro. Tiene ahora la palabra el señor Robles López por un tiempo de cinco minutos.

Joaquín Robles López

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Muchas gracias. Señor Urtasun, podría haber contestado a algo de lo que he planteado aquí. Ha salido usted con la política de los museos y dice que nosotros no visitamos museos. Claro, es que, por lo visto, los de VOX somos neandertales o algo así. Mire, yo he visitado la mayor parte de los museos que hay en toda España, que, efectivamente, vertebran la nación. Pero ¿sabe usted lo que vertebra verdaderamente la nación? La lengua española, esa que ustedes persiguen en todos los sitios. (Aplausos). En fin, mala réplica a su réplica puedo hacer, porque usted no ha entrado absolutamente en ninguno de los asuntos que he plantead, ni en uno solo. Eso sí, ha mencionado lo de la obra de teatro de Alsasua, que se manifiesta gente en la puerta. Yo no sé si son de VOX o no, lo que sí sé es que me parece que la libertad de expresión —y‌a se lo dije en Comisión— tiene ciertos límites, y esos límites son los del ordenamiento jurídico, en donde está penalizada la exaltación del terrorismo y, desde luego, el insulto a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, como se hace en esa obra de teatro. (Aplausos). Dice que usted nunca va a imponer una cultura totalizadora. Pues eso es precisamente lo que hace. Usted considera su sistema doctrinal, que es un sistema propio de la izquierda woke, de la izquierda fundamentalista, un paradigma. No obstante, ya le dije que lo del paradigma lo tiene muy poco claro, porque, en realidad, a lo que usted se refería es a esa ideología que está propulsada por las organizaciones transnacionales. Usted representa a la ideología dominante, y nosotros representamos a la resistencia, que no se deja totalizar por esa cultura absurda de las élites a las que usted representa. (Aplausos). A ver si ahora se sube aquí y defiende su posición. No me mire así, señor Errejón, esto es una cosa elemental. Ustedes representan a unas élites, no representan a los trabajadores españoles, no representan al campo español, no representan a la gente que vive en barrios degradados por el multiculturalismo que ustedes defienden. Nosotros sí, por supuesto que sí. (Aplausos). Si nos tenemos que tomar en serio la expresión derechos culturales, todos lo son. ¿Por qué? Porque todos los derechos, salvo que crea usted en el derecho natural, son culturales. Usted se refiere no al término a quo, sino al término ad quem, es decir, al conjunto de derechos que tienen que ver con eso que confusamente usted entiende por cultura, porque todavía no nos ha dado una definición válida del asunto. En realidad —‌insisto en ello—, esa oficina que usted crea trata de seguir los consejos del señor Errejón, enchufar a los amiguetes. Veremos dentro de unos años qué es lo que han producido todas esas direcciones generales. Yo se lo digo de antemano: absolutamente nada, con esa retórica ideológica, esa demagogia que ustedes gastan y ese desprecio por los argumentos que ha demostrado usted al no contestar sobre ni uno solo de los que le he propuesto. Me sobra tiempo, porque para qué lo voy a utilizar. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).

Presidencia. Gracias, señor diputado. Señor ministro, cuando usted quiera.

Ernest Urtasun Domènech

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Señoría, veo que la reunión del señor Abascal con su amigo Trump ha sido fructífera, porque nos acaba de traer aquí toda la retahíla de debates americanos y woke que nada tienen que ver con el contexto español, absolutamente nada. (Aplausos). Los que nos han traído aquí dinámicas culturales de otro país, fruto de su reunión con el señor Trump, son ustedes; desde luego, no yo. Ustedes hablan de España y de la cultura española, pero el problema es que ni la conocen ni la defienden (Aplausos). Ustedes dijeron acerca del cine español que eran unos señoritos, y se jactaron, como hizo el señor Abascal, de no mirar la gala de los Goya. Yo les quiero hacer una pregunta: ¿Ustedes consideran que Bayona, Almodóvar, Elena Martín o Isabel Coixet son cultura española? ¿O no son cultura española? Nosotros estamos orgullosos de los trabajadores del cine de este país que ustedes atacan. (Aplausos). ¿Están ustedes tan lejos del sentido común de este país que piensan verdaderamente que Berger, Javier Bardem o Malena Alterio no son orgullo para España? Nosotros sí consideramos que son el orgullo de nuestro país. Ustedes atacan al sector del cine español, como hicieron recientemente en la gala de los Goya, y es realmente sorprendente lo alejados que pueden estar de la realidad del español de a pie, que ve con orgullo cómo nuestro cine es cada día más reconocido a nivel internacional, y eso es un orgullo para nuestro país. Y probablemente tampoco para ustedes es cultura española Miguel Hernández, porque en Orihuela —‌ya se lo dije en Comisión— trataron de retirar el Premio Miguel Hernández (aplausos), cosa que nosotros no vamos a tolerar. Defender el legado de la cultura española es defender a Miguel Hernández, que ustedes atacan. Y, señorías, llegan ustedes a estar tan fuera del sentido común de nuestro país que incluso han llegado a pedir a la Comisión Europea que vete a Rosalía en las instituciones comunitarias, cuando la Comisión quiso contratarla culturalmente. ¿En qué mundo viven ustedes, que piden a la Comisión Europea que vete a Rosalía, que es un orgullo para nuestro país? Realmente, ¿en qué país viven? (Aplausos).

Yo les hago una pregunta muy sencilla. Si ni siquiera Rosalía, que ha sido una de las grandes embajadoras de la marca España por todo el mundo, es cultura española, ¿qué es cultura española para ustedes? Es una pregunta que les hago en serio. Si ni Rosalía ni Miguel Hernández ni Almodóvar son cultura española, ¿qué demonios es cultura española para ustedes? Aproveche algún día para decírmelo, porque realmente no lo entiendo. ¿Cuáles son los requisitos que VOX establece para que alguien sea digno representante de la cultura española? El problema es que ustedes viven fuera de la realidad de este país; es lo que no admiten y no quieren reconocer. Hace pocos días el presidente de su grupo parlamentario, el señor Abascal, dijo sobre la Universidad de Salamanca que era una máquina de censura, coacción y adoctrinamiento. Lo voy a volver a leer para que lo escuche toda la Cámara. Dijo que la Universidad de Salamanca era una máquina de censura, coacción y adoctrinamiento. O sea, que la Universidad de Salamanca tampoco es cultura española para ustedes. Por cierto, Miguel de Unamuno, al que pronto van a hacer Honoris Causa en la Universidad de Salamanca, quizá tampoco es cultura española para ustedes. Yo quiero enviar desde aquí todo mi apoyo al rector de la universidad de Salamanca ante esas declaraciones incomprensibles que hicieron (aplausos), que son fruto de su delirio, completamente desconectado de la realidad cultural de nuestro país. Los únicos que promueven el pensamiento único son ustedes y los únicos que atacan la libertad cultural en este país son ustedes. Y desde el Ministerio de Cultura vamos a defender la libertad cultural en todo el territorio nacional, no le quepa la menor duda.

Además, como sigo sin saber qué es cultura española para ustedes, le diré lo que para mí es cultura española —m‌ e queda un minuto, y voy a ser muy breve—. La cultura española son las trabajadoras y trabajadores —‌ya lo he dicho—, con los que estamos comprometidos con el Estatuto del Artista; la cultura española son el teatro y las artes escénicas; la cultura española son, sí, los creadores que ven sus derechos vulnerados por las dinámicas de la inteligencia artificial y esos organismos, de los cuales usted se mofa, que son requeridos y demandados por los actores y los creadores de nuestro país para que defendamos sus derechos, y no le quepa la menor duda de que vamos a seguir adelante con ellos; cultura española es todo el sector audiovisual, del cual estamos tan orgullosos y ustedes atacan. En definitiva, la cultura española, señorías, es todo aquello que ustedes intentan menospreciar, recortar, censurar o, directamente, prohibir. ¿Saben qué les digo? Que viva la cultura española, y les invito a ir al cine y al teatro de este país. Les aseguro que no les defraudará. Disfruten de la cultura española, señores de VOX.

Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados, puestos en pie).

Presidencia. Muchas gracias, señor ministro. MOCIONES CONSECUENCIA DE INTERPELACIONES URGENTES (CONTINUACIÓN): — DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL CONGRESO, RELATIVA A LA ESCASEZ DE MEDIOS PARA HACER FRENTE AL NARCOTRÁFICO Y LA RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO EN EL ASESINATO DE DOS GUARDIAS CIVILES EN BARBATE. (Número de expediente 173/000011).

Presidencia. Continuamos ahora con la moción consecuencia de interpelación urgente del Grupo Parlamentario Popular, relativa a la escasez de medios para hacer frente al narcotráfico y la responsabilidad del Gobierno en el asesinato de dos guardias civiles en Barbate. Por el grupo autor de la iniciativa y para la defensa de la moción, tiene la palabra el señor Tellado Filgueira por un tiempo de siete minutos.