Marta González Vázquez
Señor ministro, señorías, la corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y, en consecuencia, debilita los poderes del Estado. La corrupción merma la fe en la vigencia del Estado de derecho cuando campa a sus anchas o no hay una respuesta política acorde a la entidad del daño que se ocasiona y, en último término, la corrupción destruye la fe en las instituciones y, más aún, en la política, cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la ejemplaridad.
Estas palabras, y más, fueron pronunciadas en esta Cámara el 31 de mayo de 2018. Unos minutos antes, el diputado José Luis Ábalos había tomado la palabra para hacer una encendida defensa de la ejemplaridad en política que el Partido Socialista fingía encarnar en aquellas fechas. Quien las pronunciaba era el que en aquel momento era el candidato a la Presidencia del Gobierno, candidato en una moción de censura que se basó, con gran convicción, en el rechazo a la corrupción en el seno de la vida política y que prosperó con la promesa de un supuesto comportamiento ejemplar. Después de esa intervención, Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno de España.
Pues bien, pasados unos años, y nuevamente en este hemiciclo, nos preguntamos qué había realmente detrás de aquellas promesas de virtud y de ejemplaridad. No había nada. (Aplausos). ¿De qué comportamiento honesto podía estar hablando el líder del Partido Socialista? ¿De qué ejemplaridad puede jactarse una persona sobre la que recaen fundadas sospechas de haber plagiado su tesis doctoral? (Aplausos). ¿Qué ejemplaridad puede esgrimir quien en 2016, en el comité federal de su partido, escondió una urna detrás de una cortina para forzar una votación fraudulenta que le permitiese continuar al frente de la secretaría general de su partido?
Poco tiempo después de este bochornoso episodio, el de la urna, nuestros dos protagonistas recorrían España en un Peugeot, buscando avales para devolver a Pedro Sánchez a la cúspide del PSOE. Los acompañaban otros dos colegas de partido, Santos Cerdán y Koldo García Izaguirre. La suerte les sonrío y el líder fue generoso con la cuadrilla de amigos que le había acompañado en aquella odisea, a los que les fue de perlas. En 2017 Ábalos fue nombrado secretario de organización del PSOE y, posteriormente, ministro de Fomento. Santos Cerdán fue secretario de coordinación territorial, sustituyendo a Ábalos cuando este fue cesado fulminantemente de sus dos cargos, en una de esas misteriosas operaciones tan típicas de este Gobierno, una operación aún más sospechosa a la luz de los últimos datos conocidos. Y Koldo García pasó a ser el hombre para todo de Ábalos.
No es la primera vez que en esta Cámara nos interesamos por esta persona. Koldo García Izaguirre, de Barakaldo, militante socialista, concejal en Huarte por designación de Santos Cerdán, portero de un club de alterne —señorías, portero de un club de alterne—, guardaespaldas, condenado en dos ocasiones por lesiones, chófer de Pedro Sánchez, persona de confianza de Ábalos. Fue él quien acompañó a Ábalos precisamente al aeropuerto de Barajas en enero de 2020, justo antes de la pandemia, cuando la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, aterrizó en Madrid, a pesar de tener prohibida la entrada en el espacio Schengen, con unas misteriosas maletas. Otro esperpéntico caso sin resolver, uno de los muchos que llevamos viviendo con estupor e incredulidad con este Gobierno al cargo ―esto del cargo es solo un decir― del país. Esperpéntico es también que este señor, Koldo, ingresase mensualmente más que el propio presidente del Gobierno entre su salario de hombre orquesta y la pensión de incapacidad total que también cobraba.
Señorías, el 14 de marzo de 2020, recién declarado el estado de alarma, en España había un mando único administrativo compuesto de Pedro Sánchez y cuatro ministros, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos y Salvador Illa. El Congreso y el Senado habían cesado su actividad por decisión de sus presidentes. En unos meses de shock, de dolor, de enorme preocupación para los españoles, que veíamos cómo por primera vez en nuestras vidas el Gobierno nos encerraba en casa a causa de un peligroso virus de origen desconocido que causaba una enorme mortalidad y para el que no existía ni tratamiento ni vacuna, las decisiones sobre nuestras vidas estaban en manos de esas cinco personas.
Era imprescindible la obtención de mascarillas quirúrgicas para proteger, al menos, al personal sanitario que luchaba a brazo partido contra lo desconocido y a aquellos profesionales considerados esenciales que continuaron desempeñando sus actividades en aquellos terribles meses. Se relajaron los requisitos para la contratación pública y para la consecución de esas mascarillas que solo se fabricaban en China. Ni transparencia ni mecanismos de control, el entorno ideal para que aquellos que no tienen principios ni decoro ni honestidad se apresuraran en extender sus tentáculos movidos por su único afán, la codicia. (Aplausos).
El 20 de marzo, el entonces ministro Ábalos firmó, por delegación del presidente del Gobierno, una orden ministerial para comprar mascarillas, mediante adjudicación directa y con trámite de emergencia —es decir, otorgando los contratos a dedo, como decimos habitualmente, a una empresa de amigos o de amiguetes—, a Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas, a la que se adjudicaron varios contratos, el primero en menos de veinticuatro horas, a pesar de que no contaba con ninguna experiencia en gestión de material sanitario ni tampoco operaba hasta ese momento en China.
Un primer contrato fue adjudicado por Puertos del Estado, 20 millones. Un segundo contrato, por ADIF, 12,5 millones. Un tercer contrato realizado desde la Subdirección General de Gestión Económica y Patrimonial del ministerio, 3,5 millones. También su ministerio, señor Marlaska, firma con la misma empresa por 4,6 millones de euros a través de la Secretaría de Estado de Seguridad. Pero Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas extiende también sus contactos a dos comunidades autónomas gobernadas casualmente —o no— por el PSOE, Canarias y Baleares. En una, cuatro contratos por 12,3 millones; en la otra, por 3,7 millones. En ambos casos el importe se abona con fondos europeos. Ayer por la tarde supimos de un nuevo contrato en Canarias por 23 millones. La Fiscalía Europea investigará si hubo un mal uso de fondos FEDER para el abono de estas cuantías. En total, 13 contratos por un importe de 53,13 millones, una cantidad que no para de crecer hora tras hora a medida que se van conociendo más detalles de todo este entramado destapado por la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción, que está investigando al señor Koldo García y a otras personas de su familia, cuyo enriquecimiento en estos años pasados podría tener que ver con el cobro de comisiones ilegales en los contratos obtenidos por esta empresa con gobiernos socialistas a un precio muy superior al de mercado.
Además, los veinte detenidos habrían estafado a las administraciones públicas proporcionando material defectuoso o no ajustado a lo convenido en los contratos, razón por la cual se presentaron denuncias. Es decir, mientras las familias españolas lloraban a sus fallecidos, de los que no se podían despedir por el confinamiento, o luchaban contra el virus en sus propias personas, unos cuantos del entorno del ministro Ábalos y del Gobierno aprovechaban el caos para llevarse la pasta; la pasta, entre otros, de su ministerio, señor Marlaska. Una nueva condecoración que puede lucir usted ya en su larga lista de reprobables actuaciones como miembro de este Gobierno. (Aplausos).
El Gobierno ha salido en tromba negando que tuviese conocimiento de estos hechos ―lo mismo que va a hacer usted a renglón seguido, señor Marlaska― y, por otro lado, intentando encapsular el problema en el entorno de Ábalos, al que exigieron dejar la Presidencia de la Comisión de Interior y su escaño, algo que han conseguido solo a medias. Pero es que el entorno de Ábalos, señor Marlaska, es el entorno de Sánchez, es su entorno también. Si el señor Sánchez hubiese escrito o simplemente leído los dos libros que se publican con su nombre, sabría al menos que en ellos le dedica encendidos elogios y palabras de cariño a Koldo. «Guerrillero de corazón comprometido» o «gigante de la militancia» son algunas de las cursis referencias a este personaje, no pudiendo negar ahora que no solo lo conoce, sino que formó parte, al menos en esos años, de su entorno más cercano que quizá ahora, y en vista de lo que se va conociendo, prefiere olvidar.
En ese intento de perimetrar el último incendio que abrasa al Gobierno, decidieron lanzarle un ultimátum a Ábalos, creando ustedes, señor Marlaska, otro problema. Un voto menos en sus filas, un partido más, el partido ‘abalista’ que, como el BNG, tiene un único miembro, pero cuyo voto es imprescindible para conformar su rocambolesca mayoría. Cada día, en cada votación, en cada enmienda, en cada proyecto de ley tendrán ustedes que rogar al señor Ábalos que les vote. (Aplausos). Veremos qué tal se les da porque, por ahora, la cosa no va muy bien con estos socios tan díscolos, a menos que todo esto —y puede ser— sea un teatrillo y le hayan dicho ustedes al exministro: Tranquilo, José Luis, tú quédate ahí que ya se nos ocurrirá algo. Señor Marlaska, como sigan ustedes así, de esta manera, pronto habrá más ministros en el Grupo Mixto que en el Grupo Socialista. (Aplausos). Y para rematar una faena perfecta, ustedes ayer hacen públicos el número de DNI y el teléfono privado del señor Ábalos en un documento de partido que envían a los medios de comunicación. Un nuevo y grave delito por el que, con toda seguridad, el Partido Socialista tendrá que pagar una cuantiosa multa.
El sábado, el líder del PSOE recordó que quien la hace la paga y que en el PSOE hay tolerancia cero contra la corrupción. Si ese mensaje era poco creíble en 2018, cuando el hoy diputado del Grupo Mixto, el señor Ábalos, y su candidato, el señor Sánchez, se repartieron al alimón los papeles en la moción de censura, ahora, en 2024, cuando han modificado ustedes el Código Penal para hacer desaparecer el delito de sedición, para rebajar el de malversación, cuando han indultado a condenados por esos mismos delitos, cuando preparan una amnistía a la carta para muchos otros, una clara forma de corrupción ya que lo que pretenden con esto es comprar los siete votos necesarios para mantenerse unas semanas o unos meses más en el poder, es evidente que el crédito se ha agotado. No queda nadie ya por engañar con el mantra de la ejemplaridad.
Señor Marlaska, sé que usted ahora va a subir a este estrado y con los ojos cerrados puedo adivinar cuáles van a ser sus palabras: El PP no tiene autoridad moral para hablar de corrupción. Y así en adelante, hasta llenar los doce minutos que le corresponden. Mencionará casos que resucitará a su conveniencia para intentar, como un calamar cuando presiente el peligro, extender la tinta en forma de pantalla y desorientar, pero quiero recordarle que está usted obligado a responder a las preguntas…