Ione Belarra Urteaga
PodemosDiputada.Página 44Vídeo
Buenas tardes, presidente. Señorías, hoy traemos a este Pleno por primera vez una iniciativa para que esta Cámara debata sobre cómo puede nuestro país intentar frenar ese genocidio planificado que el Estado de Israel está cometiendo contra el pueblo de Palestina. En primer lugar, creo que es necesario explicar un poco el contexto. En contra de lo que los grandes medios de comunicación nos han intentado hacer creer, en realidad nada empezó el pasado 7 de octubre. El Estado de Israel, ese Estado criminal y genocida, lleva décadas —repito: décadas— ocupando ilegalmente las tierras de los palestinos y las palestinas, asesinando inocentes, también deteniendo a cientos de personas en las cárceles israelíes sin ningún tipo de cargo, incluso menores de edad, y torturándolas. Israel lleva décadas incumpliendo las resoluciones de Naciones Unidas, que exigen, claramente, que cese la violencia contra el pueblo palestino. La Resolución 242, de 1967, exige la retirada inmediata del ejército de Israel de los territorios ocupados. La Resolución 446, de 1979, declara ilegal la creación de asentamientos por parte de Israel en los territorios ocupados después de 1967. La Resolución 799, de 1992, condena enérgicamente la deportación de cientos de civiles palestinos que efectuó Israel. La Resolución 1397, del año 2002, o la 2334, del año 2016. Pero es que ya en el año 2021 la Corte Penal Internacional había abierto una investigación contra el Estado de Israel por crímenes de guerra, después de que asesinara a más de dos mil palestinos y palestinas en los ataques del año 2014. Señorías, absolutamente nada comenzó el pasado 7 de octubre. El largo sufrimiento del pueblo palestino ante la pasividad de los países occidentales dura ya casi ochenta años. Yo no sé, señorías, si ustedes son conscientes de la crudeza, el terror, la sin vergüenza, la crueldad tremenda del Estado de Israel, que está generando que haya millones de personas en todo el mundo que han contenido el aliento; de la desvergüenza de las soldados israelíes haciéndose un selfi frente a los escombros de un barrio entero; de soldados disparando a mujeres mayores y a niños que ondeaban banderas blancas; de los bombardeos masivos de población civil de hospitales, de escuelas de la UNRWA; de los asesinatos de periodistas, 72 en cuatro meses; de los 158 trabajadores de Naciones Unidas aniquilados; de los bebés prematuros, desconectados de las máquinas que podrían salvarles la vida; del personal sanitario, señorías, amputando piernas y brazos sin ningún tipo de anestesia; de los dos millones de personas desplazadas; de los cientos de miles de personas muriendo de sed, de hambre, de enfermedades que serían perfectamente evitables; de los camiones llenos de ayuda humanitaria que están atrapados en el paso fronterizo de Rafah porque el Estado de Israel no los deja pasar; del ministro de Defensa israelí afirmando que los palestinos son animales humanos y, como tales, hay que tratarlos. Si todo esto no es un genocidio, señorías, entonces díganme ustedes qué es. (Aplausos).
Y la gente, en sus casas, se pregunta ¿por qué? ¿Por qué? ¿Cómo es posible que estemos viendo un genocidio ante nuestros ojos y nadie haga nada? Lo triste, señorías, es que la respuesta a esa pregunta es tan cruel e inhumana como simple: Israel es el aliado de los Estados Unidos de América. Esa es la respuesta. ¿Por qué el Gobierno de España no rompe inmediatamente relaciones diplomáticas con Israel? Para no molestar a los Estados Unidos. ¿Por qué no respalda la denuncia de Sudáfrica para llevarla a la Corte Internacional de Justicia? Para no molestar a los Estados Unidos. ¿Por qué no acuerda, simplemente, cumplir con la ley española de comercio exterior que dice: embargo de armas a la compra, a la venta y al transporte de armas a un país en conflicto? Para no molestar a los Estados Unidos. El problema, señorías, es que, para no enfadar a los Estados Unidos, el Gobierno y la Unión Europea están limpiando el suelo con nuestra credibilidad internacional. Señorías, ese es el problema.
La causa palestina no solo es relevante por el terrible sufrimiento de un pueblo, que lo es, un sufrimiento injusto, terrible, sino porque con nuestra inacción estamos destruyendo toda la arquitectura internacional e institucional que construimos después de la Segunda Guerra Mundial para que nadie volviera a hacerle a nadie lo que los nazis le hicieron a los judíos, lo que le hicieron a la población LGTBI y lo que le hicieron a la población gitana, discapacitada, y también, señorías, a la gente que pensaba como nosotras; para que nadie volviera a hacerle a nadie eso. Sin embargo, Israel ha convertido la Franja de Gaza en un campo de exterminio a cielo abierto. Pregúntense, señorías, quiénes hubieran querido ser ustedes ante la Alemania nazi, pregúntenselo, porque lo que estamos viendo es lo mismo; está volviendo a pasar —está volviendo a pasar—, y lo peor es que estamos volviendo a dejar que pase. Desde luego, esto no va a ser con nuestro silencio y no va a ser en nuestro nombre, señorías.
Hoy no quería dirigirme a las fuerzas políticas que componen esta Cámara. Me gustaría dirigirme a ustedes como las personas que son. Sé que todas ustedes, o muchas de ustedes, tienen hijos e hijas, todas tienen familia, y seguramente a algunas de ustedes les ha pasado lo que me pasó a mí. Yo tengo una hija muy pequeña de cuatro años y hace unos días estaba hablando con mi pareja en el salón —c reía que ella no me estaba escuchando— de la terrible matanza de niños y niñas en Palestina. Mi hija me oyó, y corriendo vino a preguntarme: mamá, ¿están matando niños en Palestina? Les soy honesta, le mentí, le dije que no, que me había escuchado mal, que estaban tratando mal a los niños y a las niñas en Palestina, pero no que les estaban matando; no fui capaz de decírselo. Sé que a mucha otra gente le ha pasado esto, y quiero que se pregunten por qué no somos capaces de decirles a nuestros hijos lo que les están haciendo a los niños y a las niñas palestinas y sí somos capaces de aceptar que se lo hagan. Ese es el problema, señorías, la tremenda hipocresía y la imagen que nos está devolviendo el espejo. Por eso hoy les quiero pedir, no como diputados y diputadas, sino como personas que tienen familia, que voten a favor de la paz, que voten a favor de los derechos humanos, que voten a favor de romper relaciones diplomáticas con Israel, que voten a favor del embargo de armas.
Marquemos la diferencia. Hagamos que la gente de nuestro país se sienta orgullosa de nosotros; que se sientan orgullosos de lo que somos como país, como se siente orgulloso el mundo entero de lo que ha hecho Sudáfrica, de lo que hizo ayer Irlanda. Creo que podemos marcar la diferencia.
Muchas gracias. (Aplausos).