Mikel (GV (EAJ-PNV)) Legarda Uriarte
Muchas gracias, presidenta. Arratsalde on, jauna andrea. Señorías, en un Estado social y democrático de Derecho, como en el que se constituye España a tenor del artículo 1 de la Constitución, los principios de publicidad, acceso a la información pública y transparencia en la actuación de los poderes públicos resultan indispensables y consustanciales al régimen democrático, ya que forman parte del sistema de garantías de los derechos y libertades reconocidos por la Constitución. Además, la democracia como sistema político es en sí misma la participación de los ciudadanos, que no resulta posible si no hay un previo conocimiento de los asuntos públicos, sin perjuicio, claro está, de que también la Constitución, en su artículo 105, establece la posibilidad de separar del conocimiento público ciertas informaciones vedadas al acceso de los ciudadanos, a los archivos y registros que contengan datos o documentos que puedan perjudicar la seguridad y la defensa del Estado, pero no de cualquier Estado, sino de uno constituido en Estado social y democrático de derecho, sometido a límites jurídicos, en el que esa seguridad y defensa del Estado no se erige como valor absoluto, sino que esos conceptos, como títulos idóneos para justificar modulaciones al ejercicio de algunos derechos fundamentales, han de interpretarse, de acuerdo con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con moderación, restrictivamente y entrando en juego solo cuando se haya demostrado y motivado que es necesario suprimir la divulgación de la información con el fin de proteger esos bienes constitucionales de seguridad y defensa. Señorías, con estas consideraciones generales sobre el asunto que debatimos, los secretos oficiales, abría de manera certera el Consejo General del Poder Judicial su informe sobre el anteproyecto de ley que sobre la materia remitió el Gobierno a finales de la pasada legislatura. A la vista de este, lo primero que constatamos de manera palmaria, flagrante, es que la legislación actualmente en vigor sobre secretos oficiales no es ni lejanamente homologable con el canon constitucional expuesto. España sigue rigiéndose en esta materia que afecta al corazón de la democracia por una ley de 1968 que responde a la lógica de un régimen autoritario como lo era el franquista, con un ligero toque, también tengo que decirlo, preconstitucional en 1978. Han pasado más de cuarenta y cinco años desde la publicación de la Constitución y aún no se ha modificado la ley franquista de secretos oficiales, que vulnera principios de actuación de los poderes públicos, indispensables y consustanciales a un régimen democrático al formar parte del sistema de garantías de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución, y que también afecta al principio de participación ciudadana, al sustraer sin moderación, sin restricción y sin límite temporal alguno cuantos asuntos consideren el Gobierno y la Administración central, impidiendo a los ciudadanos formar opinión política de los asuntos sustraídos a su conocimiento. Como botón de muestra de esto que les señalo es el Ministerio de Asuntos Exteriores y lo que afecta a las relaciones diplomáticas, donde se clasifica todo, y cuando digo todo no son solo las relaciones diplomáticas en curso, sino también los fondos históricos de su archivo. Estamos hablando de documentos del siglo XV al siglo XX. Señorías, hoy día están clasificados como secretos la mayoría de los documentos militares, relaciones diplomáticas, lucha antiterrorista pasada, el Franquismo y la Guerra Civil, la Transición, el golpe de Estado del 23F y un largo etcétera. Es cierto también que el Gobierno ha autorizado en los últimos tiempos algunos legajos militares que se pueden consultar, pero seguimos en lo que los investigadores y archiveros denominan transición amnésica y paranoia secretista, lo que les obliga a recurrir en muchas ocasiones a archivos de terceros países para acceder a documentos que les den luz sobre lo que pasaba en España en el tiempo que estén investigando. La semana pasada, el periodista y escritor Carlos Fonseca señalaba, en relación con sus indagaciones sobre el 23F, que tuvo conocimiento por un documento desclasificado de Estados Unidos de que solo dos generales llamaron al rey para declarar su lealtad y que tenía la esperanza de que Estados Unidos desclasificara pronto información importante relativa al golpe. Resulta paradójico —seguía señalando— que nos enteremos de cosas que pasaban aquí a través de información recabada en otros países. Con el accidente de Palomares —seguía señalando— ocurre algo parecido: investigadores españoles han logrado más información de los archivos de otro país que del suyo. No tiene —concluía— ninguna justificación. A nosotros nos parece lo mismo.
Señorías, con estos comportamientos, gracias a la opacidad de la vigente Ley de Secretos Oficiales, se ponen en solfa convenios internacionales suscritos por España en materia archivística y documental, tanto la recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre política europea en materia de comunicaciones archivísticas como el Convenio del Consejo de Europa sobre el acceso a la información. Y la verdad, señorías, ante este escenario es tan patente el desajuste de la Ley de 1968 de Secretos Oficiales con la Constitución que llama la atención que no se haya reclamado, cuando ha habido ocasión, la aplicación de la disposición adicional tercera de la Constitución, que declara derogadas cuantas disposiciones anteriores se opongan a lo establecido en ella, máxime cuando la oposición al Gobierno de turno, ante la pasividad de este, intentó, durante la tramitación de la Ley de Memoria Democrática, desclasificar miles de documentos, no siendo posible lograr el objetivo, sucediendo lo mismo durante la tramitación de la ley de transparencia del año 2001. (Rumores). Este escenario de bloqueo gubernamental propiciado desde la XI Legislatura hace que el Grupo Parlamentario del Partido Nacionalista Vasco presente la Proposición de ley de reforma de la ley franquista de secretos oficiales en cada una de las legislaturas, donde proponemos seguir un modelo de país homologable al de nuestro entorno en las cuestiones básicas, estando abierto a modificaciones por parte del resto de grupos parlamentarios en un trabajo conjunto.
Ahora, señorías, en esta XV Legislatura, algún grupo parlamentario podría decirnos que nos hemos precipitado, que el Gobierno en la pasada legislatura —políticamente es el mismo que el de la presente— ya elaboró un anteproyecto de ley de secretos oficiales de información clasificada, que fue sometido a tramitación por el procedimiento de urgencia, a información pública —cierto es que con un raquítico plazo de días—, a informe del Ministerio Fiscal, del Consejo de Transparencia, del Consejo General del Poder Judicial —como citaba— y del Consejo de Estado, entre otros; que su tramitación decayó al disolverse las Cámaras por la convocatoria electoral anticipada, y que, por ello, lo lógico hubiera sido esperar a que el Gobierno remitiera en esta legislatura al Congreso de los Diputados el proyecto de ley que inició en la pasada, tras concluir la segunda vuelta de tramitación. Sin embargo, señorías, consideramos que hay elementos, indicios o señales que nos hacen dudar de las intenciones del Gobierno en esta legislatura sobre la nueva ley de secretos oficiales. Y, por ello, hemos presentado de nuevo la iniciativa que ahora debatimos, para que sea precursora del cambio, para que el Gobierno no tenga la tentación de dejar morir el asunto, como tantas veces en el pasado, para que, como coloquialmente se dice, se pueda subir al carro con las enmiendas que tenga a bien presentar, a través del grupo parlamentario que le apoya, estando, como está nuestro grupo, abierto a modificaciones que puedan venir de otros grupos parlamentarios para mejorar el texto. Nuestra intención no es tanto plantear un documento cerrado, sino propiciar un debate que impulse un cambio del modo de proceder de un pasado autoritario en cuanto a los secretos oficiales, incompatible con un sistema democrático.
Señorías, esos elementos o indicios a los que me refiero y que nos hacen sospechar que el Gobierno puede tener la tentación de dejar morir la modificación del régimen jurídico de los secretos oficiales en España se cifran en las severas críticas a elementos nucleares del anteproyecto del Gobierno emitido por los distintos consejos y plataformas que lo informaron, de los que se han hecho eco no solo distintos medios de comunicación, sino también distintos partidos políticos y grupos parlamentarios de esta Cámara. A esto hay que sumar que en lo que llevamos legislatura, a pesar de las afirmaciones del Gobierno sobre su compromiso con la ampliación de los derechos y libertades, no ha citado de oficio ni una sola vez la reforma del régimen jurídico de los secretos oficiales. Solo de manera rogada la semana pasada en la Comisión Constitucional, cuando se le inquirió al ministro compareciente sobre la cuestión, después de que anunciara la remisión en breve a esta Cámara del calendario anual normativo, enfatizó el eje de la ampliación de los derechos y libertades, aunque estando únicamente citada la ley del derecho de defensa en juicio, a la que, por cierto, el Gobierno puede ya no incluir, porque la semana que viene finaliza el plazo de enmiendas en esta Cámara. En cualquier caso, el ministro compareciente volvió a manifestar el compromiso del Gobierno con una nueva ley, pero sin asumir compromiso alguno y sin ni siquiera manifestar que se incluiría en el calendario anual normativo de 2024.
Finalizo, presidenta. En resumen, solicito de sus señorías el voto favorable a la toma en consideración de la iniciativa que presentamos para una nueva Ley de Secretos Oficiales. Consideramos que será un primer paso en la buena dirección para solventar una situación impropia de un Estado que se dice democrático. Entre todos los grupos parlamentarios podremos llevarla a buen puerto, con el trabajo en Ponencia y en Comisión, salvo VOX, que quizá siga encontrándose más cómodo con una ley franquista como lo es la vigente Ley de Secretos Oficiales. Señorías de VOX, dense por contestados respecto a su turno en contra.
Nada más y muchas gracias.