Eskerrik asko, presidente jauna. Egun on. Ohore handi bat da niretzat gaur hemen egotea berdintasunaren alde hitz egiten. Egon zirenak, orain daudenak eta egongo direnen alde. Benetako plazera da hemen hitz egitea, sozialista, feminista era berdinean naizenez.
Gracias, señor presidente. Buenos días, señorías; muy buenos días a todos y a todas. Para mí es un honor estar hoy aquí para hablar a favor de la igualdad, por las que estuvieron, por las que están y por las que estarán. Es un verdadero placer poder hablar hoy aquí como socialista y como feminista a partes iguales. (Aplausos).
Señorías de VOX, ya les advierto que quizá cortocircuiten un poco esta mañana con mi intervención. No voy a insultar, no voy a hacer demagogia por respeto a esta Cámara, cosa que ustedes no han tenido a bien, pero, atención, voy a unir en la misma frase Agenda 2030 y feminismo o Tribunal Constitucional e igualdad de oportunidades. (Aplausos). Y otro cortocircuito ya les adelanto: el feminismo ha beneficiado a todas las mujeres, incluso a las que no lo defienden, también a las mujeres de la ultraderecha; se pongan como se pongan, a ustedes, señorías de VOX, también les ha beneficiado la lucha del feminismo. (Aplausos).
Ya sé que no les va a esto del feminismo, lo hemos intuido quizá con algunos de los calificativos que usan ustedes en esa enmienda a la totalidad: nefastas consecuencias, ataques a la libertad, inaceptable, escandalosa… Pero ¿saben, sobre todo, por qué sabemos que no les va esto del feminismo? Porque mantienen en su bancada a un condenado por violencia machista que, además de hacer declaraciones impresentables, se permite el lujo de señalar a compañeras mías en las redes. (Aplausos). Además, van desmantelando allá por donde pasan —con la aquiescencia del Partido Popular, por cierto— cualquier atisbo de trabajo de igualdad en las instituciones o en la sociedad civil organizada para luchar contra la violencia machista.
Pero hoy van a tener que escucharnos a las feministas, orgullosas de pertenecer al partido que ha realizado los grandes cambios legales en este país en torno a la igualdad de mujeres y hombres, desde la defensa tenaz de Clara Campoamor, en 1931, del sufragio femenino a la ley de igualdad, a la despenalización del aborto, a la ley de violencia de género, a la subida del salario mínimo interprofesional, que afecta fundamentalmente a las mujeres, a la subida de las pensiones o al paquete de las becas, imprescindibles para la emancipación de las mujeres —feminismo presente en la agenda del Gobierno desde 2008 (aplausos)—, y, por supuesto, orgullosas de ser del partido que comenzó en su momento con la cuota de participación femenina del 25 % en las listas electorales y que cambió este país para siempre, porque permitió que las mujeres estuviéramos representadas en todos los ámbitos políticos. Por cierto, señorías de VOX, ustedes se han quedado aún en ese porcentaje. Y sí, estamos orgullosas de dar este paso de gigante proponiendo esta ley de paridad. Avanzamos en el camino trazado por la ley 2007 del presidente Zapatero, que ya incorporaba el principio de representación equilibrada y que en realidad lo que busca es lo que decía la ministra: garantizar la representación efectiva de las mujeres en los ámbitos de decisión de la vida política y de la vida económica. Es una ley de representatividad paritaria en los centros de decisión sin precedentes en España. Esta ley va a ser una auténtica revolución, una revolución como las que hacemos las feministas: pacífica y justa, profundamente justa. (Aplausos).
Se trata de avanzar de forma real en la igualdad entre mujeres y hombres y de cumplir el mandato constitucional y los mandatos europeos, porque España, mal que les pese, continúa exportando derechos, siendo un referente mundial de la mano de los socialistas y las socialistas. Y miren, la meritocracia sin paridad no es posible, es que no es posible. Se trata de despegarnos de esos suelos pegajosos que están barnizados de machismo, a veces explícito y otras veces soterrado, y de romper los techos de cristal famosos. Y, créanme, es indiferente, absolutamente indiferente la estatura de cualquier mujer. Todas, todas nos topamos con el techo de cristal. Las mujeres somos más de la mitad de la población, así que la mitad del poder político y la mitad del poder económico tiene que ser de las mujeres sin complejos ni cargas de culpa. Y como decía la política estadounidense Bella Abzug: Si puedes o no hacer un trabajo, no debería ser la organización de tus cromosomas quien te lo marque.
Así que, ahora que les he explicado que lo personal es político, que las socialistas somos feministas sin complejos y que la sociedad no se transforma si no se ponen en marcha medidas de todo tipo para la igualdad real y efectiva, continúo con la parte jurídica para que se queden tranquilos, tranquilas. Yo sé que los juristas de la bancada de VOX están en un sinvivir con esta pata, así que se lo explico rápido. La jurisprudencia constitucional a la que ustedes aluden en su enmienda tiene la finalidad de argumentar exactamente lo contrario de lo que ustedes dicen. El Tribunal Constitucional expresa en reiterada jurisprudencia que el principio de igualdad ante la ley, derivado del artículo 14 de la Constitución, constituye un límite para el legislador o legisladora en la medida en que le impide dispensar un tratamiento diferente a personas que se encuentran en la misma situación. Y ahí está el asunto, que en la actualidad las mujeres y los hombres no nos encontramos en la misma situación, tampoco en lo que respecta al acceso a cuotas de poder político y económico, y así lo muestran todos los datos, como les contaba antes la ministra.
Y, por si acaso —q ue yo sé que ustedes tampoco son mucho de lo multilateral—, sigo sembrando. Les cuento que existen diversas resoluciones internacionales que promueven esa participación equitativa: la CEDAW; la Declaración de Pekín; la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; iniciativas del Consejo de Europa y de la OCDE; diversas directivas de la Unión Europea, y, por supuesto, la Agenda 2030 y el objetivo 5 de igualdad de género. (Aplausos). Creo que queda claro, señorías. Las medidas de acción positiva están avaladas por la doctrina del Constitucional y la trasposición de normativa comunitaria e internacional, y no son inconstitucionales ni en las candidaturas electorales ni en la Función pública ni en las empresas ni en los jurados ni en los colegios profesionales.
Vista esta parte más jurídica, vamos a intentar explicar algo más con las ideas, eso que ustedes llaman ideología de género, chatarra ideológica, adoctrinamiento, que en realidad es calidad democrática de un país y, básicamente, son derechos humanos. El feminismo es democracia. La igualdad entre mujeres y hombres es el epicentro de la democracia. Y no hay democracia ni se puede llamar así si el espacio construido tiene a la mitad de su población fuera del campo de juego. Nosotras queremos jugar de titulares dentro del terreno de juego, no calentar en la banda. (Aplausos). Y, además, como árbitro —incluido el VAR—, queremos ese instrumento poderoso que es el Boletín Oficial del Estado. Porque nuestra invisibilidad ya histórica en el poder, pero también en la división de los trabajos masculinos y femeninos ha sido una de las herramientas más potentes de las que se ha servido el patriarcado; cortocircuito otra vez: patriarcado.
Y ya sin pensar en los derechos, aunque solo sea por necesidad, la paridad en los espacios laborales es necesaria. Claro, queremos profesores de educación infantil; claro, queremos enfermeros; claro, queremos cuidadores en centros de residencias, de la misma manera que queremos bomberas, ingenieras o astronautas (aplausos), y esa misma paridad, esa misma, también la queremos en los espacios de poder.
Necesitamos aprovechar el cien por cien del talento. Ninguna sociedad puede renunciar a la mitad de su potencial, así que, a candidatos igualmente cualificados, prioridad al candidato del sexo menos representado. Y tienen que admitir que no siempre a la hora de seleccionar trabajadoras y trabajadores para puestos de mucha responsabilidad se usan criterios acordes con las habilidades de las personas; lo que se usa, a veces, son redes de promoción de las que las mujeres formamos parte en mucha menor medida. ¿O será que los hombres machistas perciben a las mujeres como competencia real? Yo voy a ser tajante. Los hombres machistas no comprenden que en muchos casos no hubieran tenido acceso a cotas de poder si no hubieran nacido hombres. Esos hombres machistas son los que vuelven una y otra vez sobre el argumento de los méritos y las capacidades para llegar al poder, casualmente, de las mujeres. Los hombres machistas suelen pensar que los perfiles deben ser cubiertos por las personas más idóneas, oye, que casi siempre coinciden con los de su mismo sexo. Y con ese razonamiento suyo, señorías de VOX, entiendo que admiten que el bajo porcentaje de mujeres en puestos de poder es porque valemos menos. Pero si es que por estadística, solo por estadística somos ya la mitad.
Además, los de la cultura machista han conseguido otra cosa, han conseguido que muchas mujeres interioricen el mal llamado síndrome de la impostura —lo dicen en su enmienda—, que es una actitud paternalista y que fomenta una percepción de vulnerables entre las mujeres. La cultura machista intenta que las mujeres interioricemos que las cuotas, que la paridad desvirtúan nuestros logros; que pensemos que, si somos elegidas para un puesto de poder, vamos a convivir con ese estigma del puesto regalado por la paridad, de la falta de mérito premiada por ser mujer. Lo que sí ocurrirá —ya se lo digo yo— es que a una mujer se le seguirá exigiendo excelencia y se la seguirá juzgando mucho más duramente que a sus compañeros varones. (Aplausos). Pero, oye, los hombres machistas, los que mandan, los que otorgan esa gracia entienden que es por la paridad obligatoria, y consideran ellos que quizás las mujeres no estemos preparadas todavía, pero paridad obliga, cuando en realidad son los dirigentes machistas quienes no están preparados para ceder sus privilegios masculinos y entienden, además —a tención—, que no hay prisa. Oye, si las mujeres hemos esperado siglos para sustantivar nuestros derechos, lo mismo podemos esperar otros setenta años. Pero, miren, que no y que no. No vamos a asumir el síndrome de la impostora y no estamos dispuestas a esperar décadas para que las mujeres estemos representadas en pie de igualdad en puestos de poder y en puestos de liderazgo. (La señora presidenta ocupa la Presidencia). Por si no les ha quedado claro: Somos la mitad de la población y queremos la mitad de todo.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista, puestos en pie).