Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos
Gracias. Señor Bolaños, permítame que antes felicite a los grandes vencedores en las elecciones gallegas: a la señora Yolanda Díaz, cuyo flamante portavoz por fin ha entendido lo que significa sumar cero —del anterior mejor no hablar—; al señor Tezanos, que, según la ministra Alegría, acierta siempre —desde luego, siempre en la diana de la malversación—; al señor Zapatero que, entre chiste y chiste, auguró gravísimas turbulencias en el Partido Popular —que pregunte hoy en Castilla-La Mancha o en cualquier federación—, y, por supuesto, al señor Sánchez, el primer responsable de liquidar al Partido Socialista como partido nacional —el segundo, como en todo, es usted, señor Bolaños—. Y, ahora sí, díganos qué pasa, qué está pasando con su ley de amnistía. Tanta prisa, tanta urgencia y ahora piden una prórroga, y supongo que luego otra. No me diga que el prófugo ya no se fía de ustedes. No me diga que empieza a intuir que le engañaron, que le prometieron impunidad total, y resulta que, en España, hay jueces independientes, fiscales con criterio, una Constitución y el derecho europeo. Es decir, que la amnistía podrá ser aprobada, pero no aplicada. Y yo le pregunto: ¿Qué van a hacer cuando los tribunales constaten que su brillantísima obra de ingeniería jurídica choca frontalmente contra la Constitución y el derecho europeo? (Aplausos).