Esteban González Pons
¿Hasta cuándo va a abusar de la paciencia del Parlamento, señor Marlaska? A esta misma hora, el Senado está votando su reprobación y será la segunda. Luego vendrá la del Congreso otra vez, salvo que le respalden sus socios de Bildu. ¿Cuántas veces ha de reprobarle el Parlamento para que entienda que se tiene que marchar? ¿Qué respeto le merecen a usted las reprobaciones del Parlamento? ¿De verdad piensa que algún diputado, siquiera uno de su grupo, respalda su gestión en la lucha contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar? ¿Cree que alguien aquí entiende su reacción y la de sus acólitos ante los asesinatos de Barbate? ¿Ha escuchado lo que los diputados de su grupo dicen de usted en privado? (Rumores.—El señor López Álvarez pronuncia palabras que no se perciben). ¿No ve lo que vemos todos? Respetar a la Policía y a la Guardia Civil pasa por asumir como propia la culpa que únicamente le corresponde a usted. ¿No se da cuenta de lo solo que está en el banco azul? ¿No ve que le van a dejar caer?
¿Qué queda de aquel juez que perseguía a ETA, después de la asociación política de su Gobierno con Bildu? ¿No le remuerde la conciencia? ¿Está usted cómodo en un Gobierno que le ha regalado la alcaldía de Pamplona a Bildu? ¿Se ha olvidado de lo que usted sabía de Bildu o simplemente prefiere no acordarse para seguir siendo ministro? (Aplausos). ¿Se ha visto ya en la situación de compartir reunión, acuerdo y quizá abrazo con alguien que a usted le consta que fue un terrorista? ¿Dónde perdió sus principios ese juez que no rechista cuando sus colegas de Bildu y otros persiguen a los magistrados que honran la toga? ¿Se acuerda de cuando pidió que mi partido le propusiera como vocal del Consejo General del Poder Judicial? ¿Se acuerda de cuando se ofreció a Mariano Rajoy como Fiscal General del Estado? ¿Qué pasó con esa independencia que entonces prometía profesar? ¿Ya era mentira? ¿Le vale más que le llamen señor ministro?
Lo peor que le puede suceder a un mando es perder el respeto de sus subordinados, de aquellos que por dignidad y disciplina guardan silencio y obedecen solo por dignidad y disciplina, y a usted le han perdido el respeto.
Según cuenta la prensa, el pasado 9 de febrero un coronel de la Comandancia de Cádiz que disfrutaba del carnaval en el teatro fue incomodado por la llamada de un alcalde harto y, sin dejar el palco, dio una orden tajante: que se metan en el agua y hagan lo que puedan. Esa orden fue repetida por un capitán que estaba de permiso: sí, que se metan en el agua y hagan lo que puedan. Y cuatro agentes se metieron en el agua, hicieron lo que pudieron y dos murieron. David Pérez Carracedo y Miguel Ángel González Gómez fueron asesinados. Pronuncio aquí sus nombres para honrarlos. No murieron porque sus asesinos fueran unas bestias, que lo eran, murieron porque su ministro, usted, no les dotó de medios para protegerse de esas bestias asesinas. (Aplausos).
Usted dirá que con mis palabras ofendo a la Guardia Civil, pero fue usted quien los puso desarmados frente a los asesinos, no yo. ¿O le parece normal que los guardias se metan en el agua y hagan lo que puedan, señor ministro? ¿Ese es el espíritu que usted traslada a su director adjunto operativo? ¿Está depurando responsabilidades por esta barbaridad o teme que los depurados le señalen? Lo preguntaré de otra forma, ¿qué instrucción política tiene ese coronel para ordenar que los guardias civiles se metan en el agua con una chalupa y hagan lo que puedan frente a las narcolanchas? ¿Dio usted la orden? Si lo piensa, teniendo en cuenta los precarios medios que pone a disposición de estos servidores del Estado, si la orden no es suya, al menos debe responder por ella ante los familiares, ante los guardias civiles, ante el resto de la Guardia Civil, ante este Parlamento, ante España y ante la provincia de Cádiz, por la que usted se presentó a diputado. Qué lástima que estas muertes sean el legado que deja en Cádiz el diputado por Cádiz. (Aplausos).
¿Coincide conmigo, señor Marlaska, en que aquí hay un responsable político y que a este Parlamento le corresponde desenmascararlo? ¿Coincide conmigo en que este Parlamento no puede consentir que quien sea responsable político de esas dos muertes se oculte ni un minuto más? Y, sobre todo, ¿coincide conmigo en que, si el responsable político se escondiera tras el buen nombre de los uniformes de la Guardia Civil para no asumir su propia responsabilidad, sería un cobarde y no merecería el cargo que ocupa?
Queremos saber, señor ministro —¿usted no o usted ya sabe?—, quién se hace responsable de que los agentes fueran arrollados por una narcolancha de más de 14 metros de eslora cuando viajaban en una zódiac de apenas 5 metros que se utiliza para actividades subacuáticas. Queremos saber, este Parlamento quiere saber quién y por qué ignoró los informes de la propia Guardia Civil que advertían de la situación y del riesgo. Queremos saber por qué el instituto armado carece de medios adecuados aéreos, náuticos y terrestres necesarios para oponerse a los narcos. Queremos saber quién y por qué decidió enviar solo una zódiac de los GEAS para —cito textualmente— intentar asustar a las narcolanchas, disuadirlas y que se fueran. Queremos saber por qué no se solicitó el apoyo de la Armada, cuyas patrulleras tienen casco balístico, y si sus malas relaciones con la ministra de Defensa le condicionan hasta ese punto. Queremos saber qué dice el protocolo de enfrentamientos impuesto por su ministerio en el Campo de Gibraltar sobre choques de yates de narcos contra pateras policiales.
Queremos saber por qué las patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil continúan amarradas en sus bases, inoperativas y averiadas. Quizá el ministro quiera hoy esclarecer ese misterio. Queremos saber por qué no han decretado de manera oficial un minuto de silencio en los cuarteles y por qué se prohibió a los guardias que acudieran a los minutos de silencio. Queremos saber por qué tampoco el Ministerio de Defensa dio orden de que las banderas ondeasen a media asta, en señal de respeto. El Parlamento debe saber en qué condiciones trabajan la Policía y la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar.
Queremos saber, ministro, si usted ha abierto una investigación interna o si la tendrá que abrir este Congreso de los Diputados o el Senado, porque alguien debe hacerlo, y trasladar las conclusiones a la Fiscalía. La incompetencia y la desgana que causan muertes también son delito, y usted lo sabe o lo sabía. Tanto presumir, tanto oírle presumir, pero lo cierto es que cada vez se decomisa menos droga en el Campo de Gibraltar, lo que, según la Fiscalía, se debe a una menor presión policial y a la desaparición del grupo operativo OCON-SUR —según la Fiscalía, repito—. (Aplausos). ¿Podría usted explicar ese asunto? ¿Podría usted explicar a los españoles qué motivos de fondo hay para que ese grupo de élite haya sido disuelto y por qué, según el fiscal general del Estado, usted no informó a la Fiscalía de su disolución? Raro, ¿verdad?
Durante el tiempo que estuvo funcionando OCON-SUR se llegó a arrinconar al narco. Desde su desmantelamiento, el narco se ha vuelto a sentir impune. ¿De quién es la culpa, ministro? Si había dudas de corrupción, como ahora se sugiere desde su despacho, se podía haber relevado a los mandos, pero no al resto de los componentes; deshacer la unidad al completo por dudas de corrupción sobre alguno de sus mandos equivale a proclamar un estado de corrupción generalizado en una unidad que estaba dando frutos. No creo que usted defienda esa posición hoy desde la tribuna, ¿o sí, ministro? Y si eso fuera así, ¿tampoco sería culpa suya? Desde el «disparen a la barriga» de los sucesos de Casas Viejas ninguna frase había resultado tan comprometedora para un ministro del Interior como esta de «que se metan en el agua y hagan lo que puedan».
Ministro, su insensibilidad se vuelve inmoral en el funeral del guardia Pérez Carracedo. Usted era conocedor de antemano de que la viuda, por razones que la Cámara imagina, sin que se les tengan que explicar, no quería que usted le impusiera la condecoración a su marido. Aun así, violentó la situación y, en presencia del féretro, provocó un bochorno inmerecido para familiares y amigos. Tuvo que ser la propia viuda la que le impidiera acercarse al caído. ¿Qué tipo de afecto se tiene por la Guardia Civil cuando se fuerza un incidente como ese, ministro? ¿Qué razón política le impulsó a dar el primer paso? ¿O solo fue un ansia incontrolada de protagonismo y propaganda a toda costa? ¿Qué necesidad tenía usted —repito, ¿qué necesidad tenía usted?— de hacer política con el dolor ajeno de forma tan burda? (Aplausos). ¿Es cierto que, en represalia contra la viuda, el director adjunto operativo se negó a ser él mismo quien impusiera la medalla y la dio por impuesta a título póstumo? ¿No entiende usted el mensaje que por boca de esa viuda le está enviando todo el cuerpo de la Guardia Civil? ¿Después de eso va a subir usted aquí, como ayer contra Marimar Blanco, a exponer el completo de su facundia o, con más decencia, se va a explicar, va a pedir disculpas y luego va a dimitir?
Señor Marlaska, además de su jefe, que lo tiene a usted disecado para que aguante, ¿queda alguien en España que no le haya pedido la dimisión? Los sindicatos se la han pedido todos, ¿verdad? Usted sabe que hoy va a ser el Senado y que la próxima semana probablemente sea el Congreso. ¿No prefiere irse un minuto antes? ¿O le parece mejor seguir en su cargo, sostenido por los votos de Bildu y de todas las fuerzas políticas que ayer se negaron a mantener un minuto de silencio por los guardias civiles asesinados? (Aplausos). ¿Son esos los socios que elige el ministro del Interior? ¿Son esos los socios del jefe de la Policía y de la Guardia Civil? ¡Qué pena, no qué indignación! ¿Qué pena, ministro! ¡Qué pena para España! ¿Hasta cuándo va a abusar usted de la paciencia de la Policía y de la Guardia Civil? Usted se ha cambiado de bando. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).