La respuesta que me ha dado usted es en euros y no en volumen de ventas, porque sabe que la inflación ha subido las cifras, pero, sin embargo, el balance de nuestra relación comercial va francamente mal y se están invirtiendo las tendencias, de modo que nuestros agricultores tienen muchas razones para salir a la calle.
Fíjese, las inspecciones en los puestos de inspección fronteriza a mercancías que vienen de fuera se hacen al 1 % de los camiones que entran en España. Sin embargo, las inspecciones que se hacen a nuestros propios agricultores se elevan hasta el 3 y el 5 %. Esto significa que ustedes desconfían en nuestros agricultores el triple de lo que lo hacen con las mercancías que vienen de fuera, y eso es lo que conduce a que los agricultores se sientan dañados y sientan que no se produce una igualdad en la capacidad comercial.
Lo mismo sucede con las buenas prácticas agrícolas y medioambientales, que se exigen a los agricultores europeos y a los agricultores españoles, pero no se exigen a los extranjeros, de modo que, de nuevo, vuelve a haber una competencia desleal, porque nosotros nos exigimos más a nosotros mismos de lo que exigimos a los que vienen de fuera. Lo mismo sucede en la pesca. Están entrando enormes contingentes asiáticos de atún que compiten sin tener que cumplir los estándares medioambientales que sí exigimos, por ejemplo, a los arrantzales de Bermeo. Esto es lo que hace que los agricultores, ganaderos y pescadores españoles se sientan en desventaja.
Señor ministro, hay que hacer algo. Usted no puede decir que no estamos en una situación de desventaja respecto a lo que está entrando desde fuera. Ustedes no están haciendo nada. Lo que están haciendo realmente es un ecologismo de salón. Si creyeran de verdad en la ecología, pensarían en el conjunto del planeta y no en aplicarla solamente aquí, lo que conduce a que no tengamos las oportunidades de competencia que sí tiene, sin embargo, el resto de nuestros competidores.
Muchas gracias. (Aplausos).