Ricardo Chamorro Delmo
Muchas gracias, señora presidenta. Señorías, las manifestaciones de los agricultores, ganaderos, transportistas o pescadores tienen un problema importante para su solución. Casi todos los partidos del arco parlamentario les han engañado y ahora disimulan diciendo que los agricultores son extremistas, que los de VOX estamos locos o cosas parecidas. Los hechos son indiscutibles. Socialistas, populares, Ciudadanos, la izquierda radical —que antes estaba hablando de que defienden a los pequeños agricultores— y los verdes en Europa votaron a favor de un Pacto Verde que está suponiendo la ruina del sector productivo español y europeo. Lo dijo y lo dice González Pons. Existe una coalición entre socialistas, populares, liberales y verdes en torno al Pacto Verde. Es una realidad o, al menos, esa coalición existía antes de que se viera que vamos a tener unas elecciones en junio, dentro de poco, y parece ser que ya se retiran o disimulan con respecto a esa coalición. Lo decimos porque es interesante que se recuerde que Miguel Arias Cañete, exministro de Agricultura del PP y comisario europeo de Energía y Acción por el Cambio Climático, suscribió el Acuerdo de París y puso las bases de este Pacto Verde que está machacando a nuestro sector agrario y productivo. Luego, el comisario socialista Timmermans, que ahora ya ha dimitido, y la popular Von der Leyen han impulsado este Pacto Verde que es totalmente nocivo para los agricultores y ganaderos. El voto en 2020 fue favorable al Pacto Verde de todos los partidos españoles, menos VOX. También Mariano Rajoy suscribió la Agenda 2030 en 2015, como recordamos el otro día, y, por supuesto, nos metió en el Acuerdo de París y no puso ni una sola pega a la barbaridad de las normativas fanáticas que se veían venir. Pablo Casado también ratificó ese Pacto Verde y reivindico el papel del PP en toda la legislación climática desde Kioto. Teresa Ribera y Luis Planas, del Partido Socialista Obrero Español, no solo son defensores del Pacto Verde, sino que son de los que van más allá del Pacto Verde en esa carrera hacia el suicidio productivo al que nos someten las élites de Bruselas; quieren ser los primeros de la clase para que las élites les pasen la mano por el lomo. Todos son protagonistas de esa burocracia verde, de esa Agenda 2030 y de ese fanatismo climático, incluido SUMAR y Podemos, que, vuelvo a repetir, antes decían que defendían a los pequeños productores agrarios y ganaderos. Aprovecho para pedir en este Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, la dimisión de la comisaria europea Von der Leyen, que dice que se vuelve a presentar a la Presidencia de la Comisión Europea; una presidenta nefasta para el sector agrario, culpable de la ruina de nuestros agricultores y ganaderos. En relación con los acuerdos de libre comercio, tanto el Partido Popular como el PSOE son claros defensores de acuerdos como el de Marruecos o el de Mercosur, y lo hemos visto además en las comisiones de Agricultura. La izquierda radical tampoco ha votado a favor de las propuestas que hemos hecho con relación a los acuerdos de la preferencia comunitaria, el acuerdo de Marruecos o nuestras propuestas a favor de la soberanía alimentaria, siempre han votado en contra. Son acuerdos que favorecen, efectivamente, a los grandes capitales globales frente al tejido empresarial de millones de empresas españolas y europeas. Son destructores además desde hace décadas de la clase media, y eso es un hecho absolutamente indiscutible. Están ustedes aquí ―ustedes, todos los que están aquí, menos VOX― para servir a las élites, están comprometidos con una Unión Europea que ahora se ha volcado con el globalismo y no con los principios fundacionales de esa Unión Europea: la preferencia comunitaria, la unidad de mercado, la solidaridad financiera. Eso ya se ha olvidado, ahora vamos hacia ese globalismo. Están comprometidos con un libre comercio anárquico que beneficia solo a las multinacionales, a los fondos de inversión y a las grandes corporaciones, pero están destruyendo el tejido social y productivo de las viejas naciones europeas (aplausos), y la extrema izquierda y separatistas son sus trompeteros, son su coartada, pero al fin y al cabo todos llevan en la solapa el pin de la Agenda 2030, letal para nuestro sector agrario. Odian las fronteras, están en contra ustedes de las fronteras siempre y cuando no sea en países comunistas, donde a quien se salta la frontera le pegan un tiro. Es el mismo globalismo y las mismas agendas que dictaron la ley de transición ecológica y energética, que destruye nuestra industria y nuestro tejido productivo, que cuenta con el apoyo de todo este Congreso, exceptuando a VOX.
Este libre comercio globalista, en el que está incluido la China comunista, que además aparece allí en Davos, que les gusta a ustedes mucho, es un concepto que no tiene que ver con el concepto clásico de libre mercado, aunque a las élites les convenga que lo confundamos. El libre mercado se circunscribe a un espacio en donde se utiliza la misma moneda, el nivel de vida es parecido y hay una unidad jurídica y legislativa, por lo que todos estamos sujetos a las mismas reglas. Hay límites, existen fronteras que lo protegen de las fluctuaciones externas, existen potentes leyes antimonopolio y antitrust, y, por lo tanto, para que haya libre mercado es necesaria una competencia leal para no hundir los costes de producción, como ocurre en la actualidad con esa invasión de productos que están hundiendo los precios, y por eso se está arruinando nuestro sector agrario. (Aplausos).
El globalismo está hundiendo a las explotaciones agrarias europeas, que se entere todo el mundo, como hundieron las empresas de confección españolas, que se deslocalizaron a Marruecos o a China, las empresas de calzado de Levante o las zonas mineras del norte de España, como van a arruinar a toda la comarca extremeña, que vive de la central nuclear de Almaraz. Por supuesto que nosotros abogamos por un libre comercio equilibrado, que venga a complementarnos, pero no a sustituirnos. Un libre comercio alineado con los intereses nacionales de España y las naciones europeas, no solo de las grandes multinacionales y las élites globalistas. Esa es la diferencia entre el globalismo y los patriotas. Para nosotros nuestra referencia es nuestra patria y es nuestro pueblo español; para ustedes es Bruselas, Nueva York, Pekín, el mundo mundial y las ideas peregrinas de los multimillonarios que nos azuzan con sus lobbies y consultoras, y con los líderes comunistas que abren las conferencias de Davos.
La defensa de la preferencia comunitaria es tan sencilla como resaltar que España es ya aportante neto de la Unión Europea y que le conviene defender esa preferencia y las fronteras de Europa, porque las exportaciones dirigidas a la Unión Europea representan el 62,9 % del total en marzo de 2023, y el 64,2 % en marzo de 2022, experimentando un aumento del 15,4 %. Las exportaciones hacia la zona euro crecieron un 14,8 %, mientras que las dirigidas al resto de la Unión Europea aumentaron un 20,1 %. Por lo tanto, la defensa que hacemos de la preferencia comunitaria es absolutamente lógica y objetiva. A España le interesa una Europa con fronteras robustas, un espacio económico fuerte; en cambio, a los capitales globales especulativos no tanto, porque tienen mucho más margen en países en desarrollo. Que no nos engañen ustedes ―los de la izquierda también― con supuestos mensajes humanistas, lo que están beneficiando es la ruina y la deslocalización de nuestro sector agrario y de nuestro sector empresarial en Europa.
La semana pasada estuvimos en Bruselas con Jorge Buxadé…