Íñigo Errejón Galván
Grupo SumarDiputado.Página 46Vídeo
Gracias, señora presidenta. Buenas tardes, señorías. Hoy traemos aquí una de esas propuestas que primero son resistidas por algunos y luego acaban siendo disfrutadas por todos, también por aquellos que las resistían. Así pasó cuando abrimos aquí la discusión del derecho a la salud mental, que algunos se reían, y hoy nadie se lo quita de la boca; así pasó cuando subimos el salario mínimo interprofesional, que algunos estaban en contra, y no creo que ni siquiera ellos se atrevieran hoy a votar por bajarlo a como estaba antes, y así ha pasado históricamente y va a volver a suceder con la discusión que traemos aquí sobre la reducción de la jornada laboral sin reducción del salario. Miren ustedes, hay dos cuestiones que en nuestra opinión son decisivas para el futuro y para la calidad de vida: la primera es el planeta, el derecho a la tierra, y la segunda es la lucha por la tranquilidad y el derecho al tiempo. En esto conviene que no seamos hipócritas. Todos queremos más tiempo para vivir, todos queremos más tiempo libre para la vida. Aquí la disyuntiva ideológica está entre quienes proponen que ese tiempo dependa de la herencia que te viene de familia o de la suerte que tienes y quienes decimos que ese derecho al tiempo se tiene que conquistar con leyes para el conjunto de la sociedad, pero es el leitmotiv de nuestra sociedad. Habrán visto ustedes hoy que Internet está lleno de charlatanes que te prometen que comprando criptomonedas, que haciendo burpees o que apostando vas a conseguir salvarte, vas a conseguir emanciparse del trabajo, ser tu propio jefe, producir tu propio contenido y liberar más tiempo, ser libre. En realidad, esta es una fórmula medio nueva. La mitad de quienes la proponen aspiran a librarse ellos estafando al resto y la otra mitad son gente que lo dice desde la tranquilidad de una cuna privilegiada, pero que se llaman, obviamente, hombres hechos a sí mismos. Sin embargo, la fórmula tradicional de la servidumbre —la opción más moderna— era la de echar más horas que un reloj, calentar la silla, hacer la pelota al jefe y confiar en que heredarás la empresa, y eso nunca pasa. En estas opciones, en el mejor de los casos, solo se salvan unos pocos y, además, se salvan siempre los mismos. El resto acaba frustrado, acaba estafado, acaba resignado y acaba agotado. La vía que funciona no es esta, no es la de la libertad contra los otros, no es la de ganar tiempo contra los otros, es la de la libertad con el resto y en sociedad. El 4 de abril de 1919 se publicó oficialmente en La Gaceta de Madrid —el Boletín Oficial del Estado de entonces— la jornada laboral de ocho horas al día. Los trabajadores no la consiguieron haciendo burpees ni concursos de coaching ni por estafas piramidales ni haciéndole la pelota al jefe. Tampoco se decidió en un simposio de economistas. Va ser el resultat d’un mes i mig de vaga de La Canadenca a Barcelona. Va ser el resultat dels piquets i de la solidaritat de tota la classe treballadora catalana, organitzada amb la mítica CNT del Noi del Sucre. Va ser així com els nostres besavis van conquerir més llibertat per a tothom, més llibertat per al conjunt de la classe treballadora espanyola, fins i tot més llibertat per aquells que no estaven d’acord amb la vaga. No va ser l’individualisme, no va ser el coaching, va ser la comunitat, va ser la lluita.
Fue el resultado de un mes y medio de huelga de La Canadiense en Barcelona. Fue el resultado de los piquetes y de la solidaridad de toda la clase trabajadora catalana organizada con la mítica CNT del Noi del Sucre, el chico del azúcar. Fue así como nuestros bisabuelos consiguieron más libertad para el conjunto de la causa trabajadora española, incluso más libertad para aquellos que no estaban de acuerdo con la huelga. No fue el individualismo, no fue el coaching, fue la comunidad, fue la lucha. (Aplausos).
Se trató de una de aquellas transformaciones que André Gorz llamaba las reformas no reformistas. Son cambios pequeños que, al tiempo que mejoran la vida a la gente, educan en que la lucha sirve, muestran que se puede ir más allá, cambian la correlación de fuerzas entre los que siempre mandan y los que siempre obedecen, y estos últimos ganan autonomía, ganan derechos, ganan confianza en sí mismos y ganan fuerza para ir a por más. Nosotras y nosotros, desde el Grupo Plurinacional de SUMAR, mucho más humildes, pero inspirados también por la mejor tradición del movimiento obrero ibérico, traemos hoy aquí una de esas pequeñas modificaciones que mejoran la vida, que construyen poder para los que lo tienen más difícil y que expanden la igual libertad de todos: ganar tiempo de vida. Proponemos que esta Cámara, en nombre del pueblo español, inste y respalde al Gobierno, en particular al Ministerio de Trabajo, a continuar en su nombre las labores para reducir la jornada laboral sin reducción de salario a treinta y siete horas y media al final de la legislatura y a treinta y ocho horas y media al final de este año. (Aplausos).
Esta propuesta llega aquí gracias al trabajo de muchas compañeras y compañeros: de Verónica Barbero, de Aina Vidal y de los compañeros y las compañeras del Ministerio de Trabajo, encabezado por la vicepresidenta Yolanda Díaz. Queremos agradecer su apoyo a los grupos que han manifestado que van a votar favorablemente. A los que todavía dudan solo les trasladaríamos una pregunta: ¿Qué creen que quieren sus votantes?
Nosotros les proponemos una medida que es buena. En primer lugar, es una medida buena para la economía. El desarrollo tecnológico, la economía del conocimiento y la robotización han hecho que la generación de valor ya no esté tan ligada exclusivamente a la cantidad de horas y han diluido el vínculo horario-productividad. Trabajadores más felices son trabajadores más creativos y más productivos.
En segundo lugar, es una medida buena para la salud física y mental. En todos los lugares donde se han puesto en marcha proyectos piloto se ha reducido el insomnio, se ha reducido la ansiedad y se ha mejorado la calidad de vida. Fundamentalmente, ganar tiempo es ganarlo para cuidar y para ser cuidados repartiendo de manera más equitativa estas tareas.
En tercer lugar, es una medida buena para combatir el cambio climático. Vidas más lentas son vidas menos contaminantes, en las que se puede hacer más compra de proximidad, en las que se puede hacer una alimentación más saludable, en las que se puede cocinar y no solo comer productos ultraprocesados a última hora, en las que se pueden tener hábitos que son más saludables para el propio cuerpo y para el planeta.
En último lugar, es una medida buena para la libertad. Es una medida buena para la libertad, repito, en particular para la libertad individual, señorías de la derecha, ustedes, que a menudo intentan abanderarla. ¿Acaso es libre un individuo que no tiene tiempo? ¿Alguien a quien no le pertenecen sus horas? ¿Alguien que solo se dedica a arrastrar su cansancio de un lugar a otro y que no tiene tiempo para hacer aquello que le gusta, aquello que le realiza, aquello que le permite ser quien quiere ser en la vida? ¿Una persona así es libre? Nosotros creemos que una persona que tiene que pedir permiso para existir no es libre. (Aplausos). La diferencia fundamental aquí es que para ustedes la posibilidad de que alguien sea libre de disponer del propio tiempo depende del dinero que tenga en el bolsillo, y nosotros la queremos hacer ley, la queremos hacer derecho y la queremos hacer acuerdo social. (Aplausos).
Acabo, señora presidenta. Es posible que haya quien nos diga que esta es una idea muy hermosa, que a todos nos gustaría, pero que no se puede aplicar. Permítanme que les diga al respecto dos cuestiones. La primera, que el último estudio publicado en julio de 2023 mostraba que un 67 % de los españoles creían no que esta medida, sino que la reducción de la jornada a cuatro días era no solo deseable, sino aplicable. Por fuerza, si son dos de cada tres españoles, aquí también hay votantes de las fuerzas políticas que hoy piensan en oponerse. Y, en segundo lugar ―y acabo, señora presidenta―, es posible que digan: bueno, sí, puede que la sociedad española esté dispuesta a adoptar la medida, pero el mercado ―y ustedes, cuando hablan de mercado, hablan de una especie de Dios con poderes sobrenaturales― no va a poder aceptar esto. Vamos a ver un dato. Desde 1995 a 2022 la productividad media de los trabajadores españoles creció un 15,3 % y el salario real tan solo un 1,2 %. Eso significa que en tres décadas el trabajo de los españoles genera más riqueza, pero los trabajadores no son más ricos, sino que cada vez tienen más dificultades y tienen menos tiempo para sí mismos. Eso significa que el capital succiona cada vez más vida y devuelve más agobio, más ansiedad, más destrucción climática, más «no llego» y más «no me da la vida».
Es hora de que esa productividad la repartamos, y hay que repartirla en tiempo de vida; en libertad para que la vida no sea solo pasear un cuerpo cansado; en libertad para hacer deporte, para cuidar y ser cuidado, para estar con los amigos, para leer, para dormir o para inventar. Seremos así una sociedad más sana, más creativa, más verde y más feliz. Por eso, señorías, defendemos la reducción de la jornada laboral sin reducción de salario, para repartir, para que la tranquilidad no sea un lujo y para que, como decía aquel, paso a paso, el reino de la necesidad vaya siendo sustituido por el reino de la libertad.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).