Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos
Señor Bolaños, pierda toda esperanza. Su inconstitucional, antieuropea y corrupta ley de amnistía está condenada al fracaso, y con ella el Gobierno del que usted es ubicuo ministro y sombrío muñidor. Aunque consigan tramitarla con la connivencia de la Presidencia de la Cámara, aunque logren aprobarla venciendo los recelos de los delincuentes a los que a la vez blanquean y engañan, no podrán blindar al prófugo Puigdemont y, por tanto, tampoco al presidente Sánchez, pues para eso tendrían que blindar a España frente a la justicia, frente a la Constitución, frente a Europa y frente a la mayoría del pueblo español y eso, como comprenderá, es imposible. Se dirigen ustedes a toda velocidad contra un muro, pero ese muro no es el que su Hércules particular pretendía levantar contra la derecha, es el derecho, es decir, lo que a todos nos ampara y nos obliga, a usted, a mí, a sus socios e incluso al señor Sánchez.
Y ahora, señor Bolaños, voy a hacerle una serie de preguntas que deberá contestar, porque esto es una interpelación. Empiezo por la base. ¿Qué precedentes conoce, qué precedentes hay de una amnistía concedida a cambio del poder? No me hable de Italia, Portugal, Alemania ni de ninguno de los países a los que se empeña en citar en vano, le pregunto por una amnistía como la que viene recogida en este documento (muestra un documento), que usted conoce bien porque en parte lo redactó. En la página 3, el Partido Socialista se compromete a borrar los delitos del separatismo golpista y asume que los jueces españoles prevarican. En la página 4, el separatismo golpista se compromete a votar a favor de la investidura del señor Sánchez. Yo te borro a ti tus delitos y tú me aseguras a mí el poder. ¿Cómo se llama eso? Tiene que saberlo, fue número uno de su promoción ―es verdad que de cursos de posgrado—. El Gobierno es fruto de una transacción corrupta. Han comprado ustedes el poder con bienes que no son suyos: la justicia, la igualdad y lo que, a riesgo de sonar enfáticos, llamaremos la dignidad del Estado. Y, más prosaicamente, es verdad, 15 000 millones de quita.
No existe un solo precedente de una amnistía concedida en estos términos. Son ustedes únicos; corruptamente únicos. Y si el fiscal general lo fuera del Estado y no del señor Sánchez ya habría actuado contra ustedes de oficio. Está demasiado ocupado y ofuscado defendiendo a un prófugo. Por cierto, qué devastadora para ustedes ―debo decir— y qué esperanzadora para la justicia la decisión de la Junta de Fiscales del Supremo. (Aplausos).
Es propio de los momentos críticos de una nación que todo el mundo se retrate. Bien lo saben también los letrados de esta Cámara. Un Gobierno nacido de la corrupción es un Gobierno con pies de barro.
Segunda pregunta, ahora sobre la convivencia. Se lo pregunté en un control y su respuesta fue llamarme ultra. Supongo que hoy será más prudente, o no. ¿Qué entiende usted por convivencia o por reencuentro, o por una España más unida y habitable, o por cualquiera de las consignas del Gobierno para justificar la amnistía? ¿Cree que dar la razón al separatismo golpista favorece la cohesión de España? ¿En serio? Y cuando usted repite, como un eco vicario, que la amnistía es valiente y reparadora, ¿piensa, aunque sea un instante, en los constitucionalistas catalanes, en quienes vieron pisoteado su derecho a ser españoles, en los que quitaban lazos amarillos no para sustituirlos por lazos verdes o azules sino para preservar la neutralidad del espacio público, en los que todavía hoy tienen que soportar que los llamen ñordos, colonos y botiflers? ¿Y en la niña de Canet? ¿Y en los que sufrieron el salvaje asalto al Prat y las noches de fuego y violencia en Barcelona? ¿Piensa en ellos? Y, sobre todo, señor Bolaños, ¿piensa ―aunque sea un instante, como quien despeja una mosca― en los policías heridos? Yo visité a uno de ellos en el hospital. Estaba tumbado en una camilla, con el cráneo partido y los pulmones encharcados, luchando por su vida. Le pregunté qué podíamos hacer por él. ¿Sabe lo que me contestó? Solo pido una cosa: reconocimiento para mis compañeros. Ahora vaya, señor Bolaños, y dígale que la amnistía es valiente y reparadora. (Aplausos).
Su amnistía los condena a él y a todos los que defendieron la democracia en sus horas más oscuras. No solo blanquea el ataque a la convivencia del que fueron víctimas, además alienta el siguiente, y esto usted también lo sabe. ¿O no ha escuchado lo que dicen sus socios? Aragonès: La amnistía es el punto de partida para lograr un referéndum. Borrás: Nuestro proyecto no es la gobernabilidad, sino la independencia. Y lo que dijo Nogueras no lo repito por piedad hacia usted.
Le propongo un ejercicio. Vamos a las fuentes. Señorías de Eskerra y Junts —si queda alguno aquí—, ¿cuál es el propósito de la amnistía? ¿Reforzar la convivencia española o legitimar y reanudar el proceso separatista? ¿Van a renunciar al referéndum? ¿Van a respetar los derechos de los no nacionalistas? ¿Van a restituir al clarinetista al que echaron por no hablar catalán? ¡Ah, no, que eso lo hizo el PSC! Ahí quería llegar. Señor Bolaños, no es que a sus socios no les importe un comino la convivencia ―como dijo con elegancia la señora Bassa—, es que todo indica que a ustedes tampoco. A ustedes la única convivencia que les preocupa es la convivencia entre el chantajista y el chantajeado, porque sin ella colorín colorado, y que me perdonen el pareado, por favor.
Incluso voy más allá. Ustedes invocan la convivencia con el separatismo para liquidar la convivencia constitucional, porque eso es en realidad la ley de amnistía: un instrumento para impedir la alternancia en España, un paso más en la estrategia iniciada por el señor Zapatero para echar a la derecha del tablero político mediante un cambio espurio en las reglas del juego. Hace unos días, ese sherpa de la liquidación constitucional, el íntimo amigo de Maduro, volvió a señalarles el camino, ahora desde La Vanguardia. El reto de esta legislatura —dijo— es el reconocimiento de la identidad nacional de Cataluña. ¿En serio, señor Bolaños? ¿Está de acuerdo? ¿El siguiente paso es un referéndum de autodeterminación? ¿Ya lo ha negociado en el chalé suizo o donde sea? ¿Esta legislatura? Le contesto yo. Acierta hoy el señor Sánchez. No habrá referéndum de independencia, pero no porque ustedes no lo quieran, sino porque la Constitución lo impide. Y añado: sabemos que están dispuestos a todo para seguir en el poder. Entre ustedes, incluso hay quienes fantasean con plebiscitar las próximas elecciones generales para que, en vez de gobierno, se elija régimen, monarquía constitucional o un Frankenstein de repúblicas identitarias más o menos enfrentadas. También van a fracasar. La inmensa mayoría de los españoles queremos vivir libres, iguales y juntos. Sabemos que no hay convivencia sin Constitución y que corona y democracia son hoy indisociables. Sánchez pasará; la España constitucional prevalecerá.
Más preguntas, señor Bolaños. Ahora, sobre las enmiendas que el Gobierno ha asumido por exigencia de unos delincuentes, sin que a los delincuentes les bastara. Yo no sé si usted suele rever sus intervenciones. Entiendo que no sea fácil. La incoherencia y el cinismo no son compañeros agradables. Empiezo por el borrado de los delitos de terrorismo. Dijo usted que es una enmienda técnica. Técnica, sí. ¡Qué valor! Luego añadió: borraremos los que no supongan una violación grave de los derechos humanos. Es decir, solo las violaciones light. ¿Y quién decide si una violación es grave o light? ¿Usted? ¿Su jefe? ¿El jefe de su jefe desde Waterloo? Pero no quiero despreciar su histórica aportación a la jurisprudencia patria. Gracias al señor Bolaños en España ya hay dos tipos de terrorismo: el que viola los derechos humanos y el que te garantiza siete votos para seguir en la Moncloa. (Aplausos). Desarróllelo, por favor, en su réplica.
Y de paso, señor Bolaños, díganos cómo va a afectar esto a otros terroristas, por ejemplo a los de ETA. El Tribunal Constitucional, por cierto, acaba de ratificar al señor Otegi en su condición de terrorista. Ya lo pueden ir amnistiando. A los terroristas con delitos de sangre supongo que es más complicado, aunque todo se andará. Ustedes ven una línea roja y se abalanzan sobre ella para cruzarla. Pero a los etarras procesados por colaboración, extorsión, amenazas, estragos, ¿por qué no? ¿O van ustedes a derogar el principio de igualdad también para los terroristas: amnistiables catalanes, no amnistiables vascos?
¿Y el secuestro, señor Bolaños? ¿Qué hacemos con el secuestro? Entiendo que el de Ortega Lara, 532 días en un zulo, lo calificaría como una violación grave de los derechos humanos. ¿O como es de VOX ya no?
Explíquenos también la última sentencia, en sentido literal, del señor Sánchez: con esta ley todos los independentistas catalanes van a ser amnistiados porque no son terroristas. ¿En calidad de qué lo dijo exactamente? ¿De pitonisa? ¿De autoproclamado juez supremo? Y si entre los golpistas no hay ningún terrorista, ¿para que incluyen el terrorismo en la amnistía? También en esto el señor Sánchez ha cambiado de opinión; en 2019 exigió al señor Torra que condenara la violencia terrorista en los CDR. Se ve que lo consideraba de algún modo responsable de ella. Pero ahora el que «apreteu, apreteu» es él: a los jueces, al Código Penal e incluso, si pudiera, al diccionario. ¿O ya han descartado cambiar la definición de terrorismo, como sugería SUMAR? Habría sido la bomba ―nunca mejor dicho―: un nuevo sí es sí ahora con terroristas saliendo a la calle en manada.
Los señores Sánchez y Bolaños querían pasar a la historia, y lo harán, desde luego, pero no por sacar a un dictador muerto del Valle de los Caídos, sino a delincuentes vivos de las cárceles, unas veces por incompetencia, otras por oportunismo. (Aplausos).
En fin, señor Bolaños, por fortuna, España sigue siendo un Estado de Derecho y no será el Gobierno quien decida si una conducta califica o no como terrorismo, sino que serán los jueces, esos servidores de la ley a los que ustedes quieren unos días suplantar y otros someter.
Precisamente sobre la justicia van mis últimas preguntas. Son sencillas. Ha dicho usted enfático, hoy también: voy a defender a los jueces de los ataques, de todos, vengan de donde vengan. ¿Y bien? ¿Qué hace la señora Ribera todavía en el cargo? ¿Qué hace la señora Montero todavía en el cargo? ¿Qué hace la señora Armengol todavía en el cargo? Y si ellas siguen en sus cargos, ¿por qué sigue usted en el suyo? (Aplausos). Será que la suya es una cartera fake. Usted no es ministro de Justicia, sino un meritorio ―quizá incluso aspirante a sustituto de un perdedor sin escrúpulos―, y un servidor, un meritorio —siento decírselo— no particularmente eficaz. Su última ocurrencia no tiene desperdicio: un apaño en la Ley de Enjuiciamiento Criminal para limitar el margen de actuación del juez García-Castellón. No es ya que legislen a favor de delincuentes concretos, ad delinquens, es que ya legislan contra jueces concretos. Sus contorsiones empiezan a resultar casi cómicas; casi cómicas, pero igual de inútiles.
Señor Bolaños, los jueces españoles fueron el dique de contención del orden constitucional en 2017 y no van a dejar de serlo ahora que ustedes encabezan el proceso. Y vuelvo a felicitar a la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial, autores de esta guía para el planteamiento de cuestiones prejudiciales ante el TJUE, que es un documento verdaderamente formidable. ¿Lo ha leído? El señor Boye seguro que sí, de ahí que no se fíe de usted y de sus promesas. Ni impunidad total, ni blindaje absoluto, ni alfombra roja para el señor Puigdemont; hay algo por encima de la voluntad del señor Sánchez y hasta de cualquier mayoría parlamentaria: la Constitución española y el derecho europeo. Y los jueces lo saben. Saben, por ejemplo, que si una ley contraviene el derecho europeo están obligados a tramitar una cuestión prejudicial y que eso deja en suspenso cualquier resolución hasta que Europa se pronuncie. Sí, en suspenso, aunque la ley diga lo contrario en negrita. Por resumir, tendrán ustedes que esperar como mínimo el veredicto de Europa y, sinceramente, no creo que Europa esté dispuesta a derogarse a sí misma para satisfacer a los cómplices de Putin, y España tampoco. Las leyes de los días 6 y 7 de septiembre de 2017 intentaron desconectar a Cataluña del derecho y de la democracia. La ley de amnistía proyecta la misma sombra sobre el conjunto de España, pero se lo digo y se lo repito: se dirigen ustedes hacia un muro. No podrán blindar a Puigdemont, ni por extensión al señor Sánchez, porque para eso tendrían que blindar a España frente a la realidad. Los jueces existen, la Constitución existe, el derecho europeo existe, la nación existe y, fíjese, hasta existe una alternativa. Pierdan toda esperanza.
Y ya para acabar, una última pregunta. El sábado el señor Sánchez intentó disipar las dudas sobre la estabilidad del Gobierno con la siguiente frase. Quedan 1265 días ―dijo―. ¿Le pidió a usted que los contase? ¿En serio? ¿A mano? ¿Con una calculadora científica? En fin, señor Bolaños, están ustedes mucho peor de lo que incluso una mujer optimista como yo hubiera imaginado.
Muchas gracias. (Aplausos).