Ignacio Hoces Íñiguez
Muchas gracias, señor presidente. En esta interpelación urgente, señor ministro, queremos que el Gobierno dé cuentas de todas y cada una de las acciones que han emprendido sobre una invasión que afecta a la seguridad nacional, a la integridad territorial de España, a la situación, evidentemente, de los ceutíes y a su vida cotidiana y a nuestras relaciones con Marruecos. Antes de nada, un apunte conceptual, porque, señor ministro, las palabras importan y mucho. Koselleck hablaba de que los conceptos políticos determinan cómo observamos la realidad. Por eso, su Gobierno habla simplemente de crisis humanitaria o presión migratoria, en vez de hablar de conceptos mucho más ajustados a la realidad, como invasión, como guerra híbrida o ataque a la integridad territorial de España. (Aplausos). Claro que llamar a las cosas por su nombre equivale a que el Gobierno reconozca que decidió no controlar nuestras fronteras, aunque, como todo el mundo sabe, desde que llegó Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa, e incluso antes, no hay ni fronteras ni control. Y si el Gobierno conocía la invasión y colaboró y facilitó la misma, estamos hablando de traición. El Gobierno no utiliza el concepto de invasión, que es el término que sufren, que padecen y que utilizan la inmensa mayoría de los ceutíes. Pero es que además el Gobierno ni siquiera es capaz de utilizar el concepto de guerra híbrida, que es el término que ha utilizado el Parlamento Europeo en su resolución del pasado 17 de septiembre, cuando ha vuelto a decir que ha habido un ataque a la integridad territorial de España porque Marruecos utiliza e instrumentaliza la inmigración ilegal. Su Gobierno evita hablar de invasión porque sería reconocer que no hay fronteras con ustedes; evita hablar de guerra híbrida porque significaría señalar a Marruecos, y evita hablar de responsabilidades porque tendrían que dimitir todos ustedes. (Aplausos). Las palabras, señor ministro, no son inocentes; cambian el nombre de una invasión para también cambiar las supuestas soluciones. Por eso, si ustedes hablan de presión migratoria o de crisis humanitaria, las soluciones son las suyas: campamentos, subvenciones y buenas palabras precisamente para los invasores y también para Marruecos. (Aplausos). En cambio, si se utiliza el término que nosotros utilizamos, que es invasión instrumentalizada por una potencia extranjera, las medidas son: defender las fronteras, señalar al enemigo, restituir la soberanía y expulsión inmediata de todos y cada uno de los invasores. Además, señor ministro, ustedes no pueden fingir sorpresa. Marruecos lleva reclamando Ceuta y Melilla desde hace décadas y lleva instrumentalizando la inmigración ilegal para atacar a España también desde hace demasiado tiempo. Por eso VOX exigía y exige control férreo de las fronteras, incremento de los efectivos militares, expulsión siempre de los invasores o de los inmigrantes ilegales y absoluta firmeza ante cualquier provocación. Ustedes nos llamaron alarmistas y hoy los ceutíes sufren y padecen las consecuencias de su traición y de su irresponsabilidad. (Aplausos). Y además de esta amenaza exterior, ustedes generan un efecto llamada desde el interior con sus leyes de extranjería, con su arraigo y con su regularización extraordinaria y masiva. Ustedes han mandado un mensaje a todo el planeta: que venga quien quiera, a la hora que quiera y del lugar que quiera, que nosotros les acogeremos, les regularizaremos y les entregaremos ayudas sociales. Usted, señor ministro, ha sido designado autoridad funcional y mando único y, por tanto, debe responder por qué tanta maldad y por qué tanta decisión de asfixia a los ceutíes. La invasión se produjo los pasados días 30 y 31 de julio y el Gobierno declaró la situación de interés para la seguridad nacional el 25 de agosto. Es decir, veintiséis días después de la violación de nuestras fronteras y de la violación de los derechos y libertades de los ceutíes. ¿Qué pasó durante esos veintiséis días, señor ministro? ¿Se dieron cuenta de que Ceuta es España y de que hay que defender nuestras fronteras? ¿O más bien se dieron cuenta de que no podían seguir ocultando la traición al pueblo español? (Aplausos).
Y cuando por fin reaccionaron, aunque fuera de forma tibia, meliflua y timorata, ustedes llenaron España de reales decretos de forma suicida. El 25 de agosto aprobaron el real decreto para declarar la situación de interés para la seguridad nacional. Al día siguiente aprueban un nuevo real decreto para determinar los recursos. El 1 de septiembre aprueban un nuevo real decreto para modificar el primer real decreto, es decir, el del 25 de agosto. Y, luego, el 2 de septiembre, aprueban un nuevo real decreto para corregir el catálogo de recursos. Es decir, cuatro reales decretos en apenas nueve días en una supuesta crisis que había sido solucionada, como había dicho el ministro de Transportes. Ustedes lo llaman adaptación; nosotros lo seguimos llamando traición y someter a nuestra gente a vejaciones. (Aplausos).
Existe todavía una contradicción mucho más grave, y es que ustedes aprobaron el real decreto para declarar la situación de interés para la seguridad nacional, invocando la Ley de Seguridad Nacional, pero, luego, ustedes nos hablan de una mera crisis migratoria ― ahora, ya de gran alcance―, pero usted concentra recursos y también concentra competencias. Es decir, en el fondo, nos están diciendo que realmente ha habido una amenaza consumada contra los intereses esenciales de España.
Mientras el Gobierno corrige sus reales decretos, miles y miles de inmigrantes ilegales, es decir, de invasores, campan a sus anchas por las playas, por las plazas y por las calles de Ceuta. Unos agreden, otros violan, otros roban y todos generan el caos en la ciudad; además, han degradado los espacios públicos. Los responsables, señor ministro, son Sánchez y usted. (Aplausos). No solo nos mienten sobre las cifras de invasores ―no tienen ni siquiera un censo fiable―, sino que, además, utilizan el respeto de los derechos de unos para atacar directamente los derechos y libertades de los ceutíes y socavar todavía más la dignidad nacional. Es absolutamente inaceptable.
No nos diga que no puede actuar porque la ley se lo impide. La ley de extranjería también se puede modificar. Nosotros llevamos reclamándolo desde hace décadas. Usted podría tranquilamente modificar el artículo 58 de la ley de extranjería para devolver, en casos de invasión, a todos y cada uno de los inmigrantes de forma inmediata, y no solamente no lo hace, sino que no condiciona las ayudas y la cooperación de España a Marruecos a que Marruecos acepte a todos y cada uno de los inmigrantes ilegales, de los invasores, pero no solamente los de Ceuta, sino a todos los inmigrantes ilegales que campan a sus anchas por todo el territorio nacional. (Aplausos). Cuando se trata de aprobar indultos, amnistías o llenar este hemiciclo de pinganillos, ustedes tardan segundos. Cuando se trata de proteger los derechos y libertades de los ceutíes, ustedes se llenan de excusas y de obstáculos.
Sigo hablando de Marruecos. Mientras Marruecos sigue reclamando las ciudades de Ceuta y Melilla, mientras sigue utilizando e instrumentalizando la inmigración ilegal para atacar los intereses esenciales de España, ustedes lo llenan de ayudas y de diferentes pleitesías. Señor ministro, esto es como recompensar al pirómano mientras todavía la casa sigue ardiendo.
No se declare incompetente, señor Torres, porque el artículo 6 del real decreto, aprobado el 25 de agosto, le da a usted perfectamente competencias para intentar ― dice― solucionar esta crisis humanitaria, como usted la llama. Nosotros le preguntamos lo siguiente: ¿va a pasar la factura a Marruecos de todos estos gastos que está suponiendo el mantenimiento de los inmigrantes ilegales y de los invasores? ¿Le va a pasar usted la factura a Marruecos? (Aplausos). Además, señor ministro, la semana pasada ustedes trajeron aquí para su convalidación un real decreto ley que incluye 309 millones de euros para los ceutíes. ¿Cómo se puede ser tan miserable si casi el 40 % de ese dinero va destinado a los invasores ilegales, a los inmigrantes ilegales, para su manutención, alojamiento y demás caprichos?
Hablemos también de la seguridad de los ceutíes, no de lo que describe el Gobierno todas las semanas en su rueda de prensa. Ha habido treinta y siete agresiones sexuales a mujeres de Ceuta, agresiones a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y, también, a las Fuerzas Armadas. Señor ministro, ninguna mujer debería tener miedo a caminar sola por su ciudad, a pasear por el parque o a caminar también por su ciudad (una señora diputada: ¡Por toda España!), como estoy diciendo, y por toda España, sin duda alguna.
Escuche también, señor ministro, a los policías nacionales, a los guardias civiles y a los militares, que están hartos de ustedes. No les proporcionan los medios humanos ni materiales ni los medios jurídicos, cambian las instrucciones y las órdenes cada día y trabajan una cantidad de horas tremendas. Es decir, primero ustedes abandonaron nuestras fronteras, luego abandonaron a los ceutíes, y los siguen abandonando, y finalmente abandonaron a los que tienen que protegernos a todos.
Mientras todo esto sucede, mientras los ceutíes luchan por su libertad, mientras los ceutíes luchan por sus derechos y libertades y por la españolidad de Ceuta, el diario El País ―el diario de cabecera del Partido Socialista― publica en una tribuna que hay que entregar Ceuta y Melilla a Marruecos en un gesto histórico y realista. Señor ministro, Ceuta no es una carga, Ceuta es España, Ceuta no se negocia jamás. (Aplausos). Queremos una frontera que proteja y queremos una ley que se cumpla y un Estado que defienda mucho antes a los españoles que a los invasores, que es justo lo contrario de lo que ustedes hacen. Queremos seguridad para nuestras mujeres y queremos tranquilidad para nuestras familias y respaldo para los militares, para los guardias civiles y, también, para los policías nacionales.
Frente a su caos, queremos orden. Frente a la impunidad, queremos ley. Frente al chantaje de Marruecos, absoluta firmeza. Frente a quienes pretenden que los ceutíes se acostumbren a una situación de inseguridad, la defensa de una nación que quiere seguir protegiéndolos, porque su frontera es nuestra frontera, su seguridad es nuestra seguridad y su bandera es nuestra bandera. (Aplausos). Todos y cada uno de los que han rendido nuestras fronteras, los que han acabado con la seguridad facilitando la invasión o los que mancillan la grandeza de nuestra bandera tienen que ir a juicio por traición.
Muchísimas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).