Joaquín Robles López
Presidente, señorías. Señora ministra, el desastre de PISA es el resultado de décadas de errores y de pésimas leyes que sustanciaban una concepción de la educación en donde parece que lo menos importante son los conocimientos que adquiere el alumnado. Además, parece que influye también el hecho de que llevemos más de quince años sin evaluaciones internas nacionales. El responsable de esto no fue usted, ni tampoco su antecesora en el cargo, fue el señor Méndez de Vigo, del Partido Popular, que anuló esas evaluaciones y que rebajó los conocimientos que se impartían en las comunidades autónomas, perdiendo 25 puntos en PISA. Lo que yo pretendo es ofrecerle un análisis de los nefastos resultados de España en PISA, de las razones que a mi juicio los explican y de las medidas que debería tomar usted para impedir esta caída libre, que nos sitúa en el peor resultado desde que existe esta prueba. Los resultados son pésimos, catastróficos en las tres áreas evaluadas; en los tres casos nos encontramos en mínimos. Comparando los resultados de España con el resto de países y en función de la serie histórica, España ya partía en PISA con 24 puntos por debajo de la media de la OCDE en matemáticas, 7 puntos en lectura y 9 en ciencias. En un cuarto de siglo nuestros alumnos han caído todavía más, 20 puntos respecto de 2000 en matemáticas, 40 en lectura y 8 en ciencias; aunque también ha caído la media de la OCDE hasta los 467 puntos. Si tomamos de referencia, por ejemplo, a China y sus 610 puntos en matemáticas, tenemos que decir que esto representa siete cursos de ventaja. Es decir, un alumno español de 4.º de la ESO con quince años tiene el mismo nivel matemático que un alumno en China en 3.º de primaria con ocho años. (Aplausos). ¡Es una vergüenza!, una vergüenza para España y para esta Europa multicultural e invadida que no se tenga conocimiento de la disciplina que propició el desarrollo industrial y tecnológico del mundo civilizado. Tampoco en comprensión lectora nos acercamos a China o a Singapur, que nos llevan más de tres cursos de ventaja. Si miramos internamente, lo que está sucediendo es que, efectivamente, como ustedes persiguen la equidad, la han conseguido, han logrado la equidad, los alumnos que proceden de familias con rentas altas se han igualado a los alumnos con rentas bajas. Y también se han igualado los resultados entre diferentes comunidades autónomas, pero no porque hayan subido las notas de los alumnos que proceden de familias con rentas bajas, sino porque los otros se han estrellado: han bajado 15 puntos los alumnos con rentas bajas y 33 los que proceden de familias con rentas altas. Una prueba más del obrar de esta izquierda ecosocialista y vicecomunista; establecer la equidad consiste en empobrecer a todo el mundo menos a ellos. (Aplausos). En Cuba y en Venezuela saben de lo que estoy hablando. Pero es que, además, el fracaso del sistema se acentúa en aquellas comunidades autónomas que practican la inmersión lingüística como medio para presentarse como una nación cultural diferente a la española. La autonomía vasca ―la que más dinero dedica por alumno y año, doblando a algunas regiones y teniendo, además, uno de los mejores índices de desarrollo socioeconómico― ha conseguido los peores resultados de España, exceptuadas Ceuta y Melilla, que dependen de usted. Las notas en PISA del País Vasco estaban entre las mejores de toda España en las tres materias evaluadas y ahora son las peores de la Península. La principal razón no son las pantallas ni las ratios ni la inteligencia artificial; la razón es que los alumnos vascos están atrapados en un sistema que tiene como principio rector —q ue condiciona a todos los demás— el construir un pueblo con un idioma distinto del español, que es el idioma materno de más del 80 % de la población vasca (aplausos), con el propósito, como decía, de presentarse como una nación cultural diferente. La falacia de petición de principio sería de chiste si no mediaran miles de asesinatos. Los separatistas vascos reivindican una nación política diferente con el pretexto de que históricamente son una nación cultural también diferente y, al tiempo, tienen que construir artificiosamente esa nación cultural mediante la inmersión lingüística en la escuela, porque no existe esa nación cultural. (Aplausos). De momento, digamos que ese volksgeist prehistórico, romántico y prehispánico, el espíritu del pueblo, del Rh negativo de Arzalluz que sopla en euskera batua, resulta que no prospera mucho porque la mayor parte del pueblo vasco tiene como idioma el español. Han instalado artificialmente esta lengua en la escuela, perjudicando tanto a la mayoría hispanohablante como a la minoría que se expresa en los cinco dialectos históricos de lo que los separatistas llaman Euskal Herria. El 84,3 % de los alumnos de enseñanzas no universitarias estudian Matemáticas total o parcialmente en euskera en el País Vasco, según los datos de su propio instituto de estadística. ¿De verdad creían los separatistas que impartir clases de Matemáticas en una lengua distinta a la habitual no iba a arrojar estos resultados o en comprensión lectora, donde tienen los peores resultados en veinticinco años? Enhorabuena a todos los separatistas, se han gastado el doble que los demás en la educación, querían construir una nación cultural y lo que están consiguiendo es una región inculta. (Aplausos).
¿Y qué decir de Cataluña? Ese modelo fantástico que nos pregonan aquí los diputados del PSC, de Esquerra Republicana y de Junts, incluso hasta la Fundación Bofill, l’escola catalana, algo así como la encarnación de la superioridad intelectual y racial catalana que ya defendía en su momento Valentín Almirall cuando decía: La raza catalana es de tipo ario o pirenaico, trabajadora, analítica y fría, frente a la raza castellana, que es semítica, generalizadora, imaginativa y perezosa. O Pompeu Fabra, que tiene hasta una universidad financiada por la Generalidad, que decía: Los catalanes somos de raza ariana, los españoles en cambio pertenecen en su mayoría a razas inferiores de origen semítico o prehistórico; por eso nosotros progresamos y ellos se hunden en el estatismo y la ignorancia. O Prat de la Riba, que decía: Cataluña es prácticamente la principal representante de la civilización europea en ese fajo mal atado de cabilas africanas que el Estado español encarna. Lo de las cabilas no sé si actualmente se atrevería a decirlo.
¡Ah, l’escola catalana!, ese remanso de cultura, europeísmo, innovación pedagógica y de buenas notas, es cierto, porque tenían mejores notas que el resto, pues resulta que ya no. Alarmados por los resultados de 2022, que rompían con esa tradición, lo que han hecho en Cataluña es hacer trampas. La exclusión masiva de estudiantes en Cataluña durante la realización de PISA 2025 es el mayor escándalo desde que existe PISA. Ante la presión para no obtener malos resultados, excluyeron al 23,2 de los estudiantes seleccionados por PISA ―el 23,2―, cuando PISA solo permite la exclusión de un 5 % y además por dos motivos justificados: que acabaran de entrar en el sistema educativo o que no conocieran la lengua vehicular. Pues bien, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa les avisó por siete veces que esos alumnos que habían sido eliminados tenían que hacer la prueba, y por siete veces lo negaron. Pero claro, si ustedes ni siquiera le hacen caso al Tribunal Superior de Justicia cuando les exige al menos un miserable 25 % de las clases en castellano, ¿le van a hacer caso al Instituto Nacional de Evaluación? (Aplausos). En definitiva, los grupos separatistas, en su injustificada y enfermiza obsesión por promocionar una nación diferente, han conseguido estos resultados, que son inadmisibles.
Señora ministra, este sistema ya no se sostiene. PISA nos ha dado el último aviso de que ya no hay marcha atrás, salvo que ustedes se vayan de una puñetera vez. Este sistema no se sostiene con la LOGSE y las sucesivas reformas hasta llegar a la nefasta LOMLOE, con la rebaja de contenidos, de la exigencia, con su evaluación por competencias, con la obsesión de formar activistas, de introducir la ideología hasta en las matemáticas, de construir naciones fraccionarias con las políticas de inmersión lingüística y, muy principalmente, con el desprecio por el conocimiento y por la verdad, han devaluado la enseñanza y han impedido el acceso a conocimientos esenciales a casi dos generaciones de españoles. (Aplausos).
La mentira del sistema educativo queda clara cuando la evaluación de PISA ―evaluación externa― nos suspende el mismo año en donde las notas de selectividad y Bachillerato baten el récord de sobresalientes. Es todo una mentira, una impostura.
Hace cuatro años le recordaba a su antecesora en el cargo, en este mismo lugar, que con la rebaja de contenidos en Matemáticas, Historia, Física o Filosofía; con sus perspectivas de género; con su enfoque competencial, su fanatismo climático y el resto de patrañas progres, el PSOE había arruinado la enseñanza pública, perjudicando al pueblo español al anular la función tradicional que tenía de ascensor social. Por su absurda idea de igualar por abajo, de reprimir al excelente y promocionar al mediocre, se colige que el PSOE y sus aliados no quieren ciudadanos bien formados intelectualmente. Prefieren súbditos alimentados por su renta mínima y carentes de interés por el conocimiento. O peor, a fanáticos subvencionados que creen que tener espíritu crítico es repetir las consignas sobre la emergencia climática, la memoria histérica y todas y cada una de las extravagancias del wokismo. (Aplausos).
Señora ministra, el sistema exige reformas radicales que usted no puede realizar, salvo que, por no sé qué suerte, hiciera honor a su nombre de pila ―Milagros, para el que no lo sepa―. Un plan nacional que ponga coto al delirio autonomista y separatista; que modifique la preparación del profesorado y su carrera docente; que dote de autonomía a los centros para contratar y establecer sus planes de estudio dentro de un marco común, fiscalizando la eficacia de esos planes con reválidas y una exigente selectividad, la misma para toda España. Y hay más: un bachillerato sólido de al menos cuatro años; un programa nacional para reforzar la lectura, las ciencias y las matemáticas en primaria, secundaria y bachillerato; la disminución de la interinidad que permita crear plantillas estables en los centros; la eliminación de la ideología; la redacción de currículos exigentes; un plan nacional para la erradicación del acoso escolar, y protocolos de atención para elevar a los estudiantes rezagados, en lugar de rebajar la exigencia académica o aprobarles por decreto. Eliminar la absurda carga burocrática y reformar las oposiciones.
Usted ni puede ni quiere hacer estas y otras reformas necesarias. La educación en España solo levantará cabeza cuando se vayan y se lleven con ustedes, señorías socialistas y separatistas, las políticas educativas que nos han conducido a este desastre.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).