Ione Belarra Urteaga
PodemosDiputada.Página 64Vídeo
Gracias, presidenta. Buenas tardes, señorías. No sabía que había diputados de Donald Trump en este Congreso, pero hágase así (hace un gesto con la mano simulando que se limpia la boca), portavoz de VOX, porque se le ha quedado un poquito de suela del zapato de Donald Trump en la lengua. (Aplausos). ¡Madre mía, qué lacayismo! (Rumores).
Decía, señorías, que traemos hoy una iniciativa porque acabamos de conocer unos datos muy preocupantes. En agosto los carburantes han subido un 24 %, un 24 % respecto al mismo mes del año pasado; la inflación se ha disparado hasta el 4,3 % en máximos de los últimos tres años; la factura de la luz ha subido un 9 % en el último año. Pueden parecer datos, señorías, pero detrás de estos datos hay personas, hay vidas, hay gente que tiene que pasar dos horas y media cada día en un autobús, en el metro, sudando, leyéndole por encima los mensajes de WhatsApp a la persona que tiene al lado porque va pegada a ella; personas que cuando llegan a pagar a la caja del supermercado se lo piensan mejor y tienen que dejar los yogures o los huevos; personas que pasan frío en su casa en invierno, mucho calor en verano y que ponen una sola lavadora en toda la semana hasta arriba porque tienen miedo de la factura que les va a llegar del gas o de la luz.
Esto no es vida, señorías. Este es un sistema injusto. Este sistema no funciona. La semana pasada les hablé de Daniel y de María, de sus hijos, Mateo y Lucía, de que ingresan 48 000 euros al año y, a pesar de eso, llegan al límite a final de año. Familias que hace pocos años cualquiera de nosotras podría haber considerado como de clase media ahora van muy justas. Ir al límite, señorías, significa que no te puedes permitir ningún capricho y, sobre todo, que no te puedes permitir ningún imprevisto. Pero si Daniel y María están así, señorías, ¿cómo están las demás? ¿Qué pasa con las madres que crían solas, con las parejas separadas? ¿Qué pasa con quien tiene una persona dependiente, una enferma crónica en la familia, con quien tiene que mantener a su familia en otro país? Pues pasa, señorías, que no tienen vida, que su vida es pura supervivencia.
Yo no quiero eso para mi país, yo quiero que la gente pueda vivir con dignidad, no solo sobrevivir. Como Gemma, madre de un chaval de 16 años que no puede permitirse ni alquilar una habitación y que tiene que convivir con su expareja. Como Raúl, que tiene 36 años y que, después de 12 años viviendo de forma independiente, ha tenido que volver a casa de sus padres y lo siente como un fracaso. O Sonia, madre de tres hijos, que tuvo también que irse a vivir a casa de sus padres y su marido vive en otro lugar. Sonia nos cuenta que ingresan juntos 2200 euros y, aun así, no llegan. Su crisis de vivienda, señorías, su especulación le está costando la vida a la gente trabajadora de este país y le está costando la salud mental. (Aplausos). Su crisis de vivienda y su especulación. Simplemente no podemos seguir así.
La gente trabajadora, quienes viven de su trabajo, tiene que poder vivir con dignidad, y eso exige de este Gobierno algo más que gastarse todo el dinero público en armas y tanques por orden de Donald Trump y algo más que meter la mano en la caja. El Estado tiene que dejar de ser una herramienta al servicio del negocio de la vivienda. El Estado tiene que ser una herramienta de protección de la gente trabajadora. Por eso traemos hoy esta iniciativa.
Señorías, hay cuatro medidas para volver a lo básico: paz, casa y trabajo ―hay que volver a lo básico, señorías―. Cuatro medidas: topar los márgenes de beneficio de las grandes empresas de alimentación ―no puede ser que Juan Roig se embolse 1700 millones de euros mientras la gente no puede llenar la nevera―; crear un supermercado público, como está proponiendo ahora Mamdani ―a ver si el señor Sánchez, ahora que se va a reunir con él, coge la idea que ya le dio Podemos y la aplica en España― (aplausos); bajar los precios de la vivienda también por ley, o expropiar esas 650 000 viviendas que tienen los grandes propietarios en España para ponerlas de una vez por todas en el parque de vivienda en alquiler público. Ya que la semana pasada el señor Cuerpo no me dijo qué piensa de estas medidas, hoy el Grupo Socialista va a tener la oportunidad de votar y de tomar posición sobre ellas. Para elegir, señorías del Partido Socialista, si ustedes están del lado del Partido Popular y VOX, quienes nos dicen que la culpa de todos nuestros problemas es nuestro vecino, nuestra vecina que está al lado, esas personas migrantes que vienen a trabajar y a vivir con nosotras; o si están ustedes dispuestos de una vez por todas a mirar hacia arriba, señorías, hacia arriba, donde está la riqueza, donde se está acumulando la riqueza en unas pocas manos. (Aplausos).
Para terminar, señorías, hoy les quería proponer también un juego. Les voy a leer situaciones reales de personas que viven en este país, a ver si ustedes y quienes nos están viendo en sus casas adivinan cuál es la profesión de estas personas. Eugenia cobra algo menos de 2000 euros, pagaba 1400 de alquiler, le quedaban poco menos de 500 para el transporte, las facturas, pagar las cosas que necesitaba su madre, que es una enferma crónica; se tuvo que ir fuera de Madrid a vivir porque era imposible. Elena vive en un piso compartido con tres personas, está cansada de que en su casa haya ruido a todas horas y que sea imposible tener un poquito de intimidad; esa habitación es lo único que puede permitirse ahora. Juan Carlos trabaja todo el día en un empleo y por las tardes, cuando sale, tiene otro para poder afrontar los gastos familiares que tiene. Los tres se dedican a lo mismo. ¿A qué se dedican, señorías? ¿Quizás a la hostelería, a la construcción, los sectores que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en precariedad laboral? Pues no, señorías, son profes, profes de la pública. (Aplausos). Juan Carlos es profe de primaria en Cataluña y tiene otro trabajo para completar el suyo.
Señorías, un país que no cuida su educación es un país condenado al fracaso. Las profesoras y profesores a lo largo y ancho de este país han alzado la voz y han dicho basta, la huelga y la movilización histórica en Cataluña, la primavera histórica de educación pública en la Comunitat Valenciana, los más de 150 días que llevan las educadoras infantiles en huelga indefinida en la Comunidad de Madrid. Hablan en su nombre y en nombre de todos esos niños y niñas y toda esa juventud que tiene derecho a una educación digna. Es indecente tener a los profesores cobrando lo mismo que hace una década y es indecente tener un sistema educativo que es propio del siglo XIX, señorías. Ya está bien. ¿Qué es eso de una hora por clase, de un profe por aula, de libros de texto? ¡Que estamos en el siglo XXI! Hay que mirar al futuro y hay que trabajar con esperanza. (Aplausos). Si les preocupa tanto la extrema derecha, a ver si invierten un poquito más en educación.
Muchas gracias. (Aplausos).