Enrique Fernando Santiago Romero
Grupo SumarDiputado.Página 50Vídeo
Gracias, presidente. En 1823 el presidente Monroe declaraba América como de exclusiva injerencia de los Estados Unidos. En 1898 la provincia española de ultramar, Cuba, fue ocupada por Estados Unidos y convertida en una colonia. No consiguió disfrutar de su independencia hasta 1959, cuando el Movimiento 26 de julio, liderado por Fidel Castro, acabó con la dictadura de Batista, sucesora de la de Machado, ambos puestos por los Estados Unidos. (Rumores). A la vista de las graves injerencias de Trump en Canadá, Panamá, México, Groenlandia, Venezuela o Colombia, poco ha cambiado la actitud de los Estados Unidos desde 1823. Nadie se cree que Estados Unidos busque imponer la democracia en Cuba. Es obvio que Cuba solo puede conservar su independencia y soberanía defendiéndose de los Estados
Unidos. (Aplausos). Las condiciones de vida impuestas a los cubanos y las cubanas por Estados Unidos ya son calificadas por la comunidad jurídica internacional como de lento genocidio contra el pueblo cubano. No hay justificación alguna para este castigo colectivo. Cuba es objeto de un obsesivo bloqueo económico, comercial y financiero impuesto sin respaldo de Naciones Unidas y que viola los principios de igualdad soberana de los Estados, de no injerencia en los asuntos internos de otros países y de prohibición del uso de medidas coercitivas, todos recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. (Continúan los rumores). Ningún otro país ha sufrido nunca una guerra económica de tal magnitud. Naciones Unidas calcula que hasta 2025 el daño causado a Cuba por estas medidas ilegales ascendía a 1,5 billones de dólares.
Desde el fracaso de la invasión a Cuba organizada por Estados Unidos en 1961 ―Cuba aún no se había declarado un país socialista―, la sucesión de medidas coercitivas ha sido implacable. En 1962 se congelaron todos los activos cubanos en Estados Unidos, prohibiendo las transacciones entre ambos países y cualquier transacción en dólares estadounidenses con Cuba, y se introdujo la prohibición de exportación a la isla de bienes que contengan un 10 % o más de componentes, patentes o tecnología estadounidense. En 1979 se aprobaron más sanciones. En 1992, la Ley Torricelli. En 1996, la Ley Helms‑Burton, que amplió extraterritorialmente las coacciones, acordando sanciones a ejecutivos de empresas extranjeras, incluidas las españolas, catalanas, gallegas y vascas, acciones contra Cuba ante tribunales de Estados Unidos o prohibición de los viajes turísticos de estadounidenses. En 1982, 2021 y 2025 Estados Unidos designó a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, prohibiendo a los bancos internacionales operar en Cuba. Solo el BNP Paribas pagó en sanciones 8900 millones de dólares en 2014 a los Estados Unidos.
A pesar de las duras consecuencias de las anteriores medidas, la furia obsesiva de Trump ha continuado volcándose contra nuestro pueblo hermano cubano. La orden ejecutiva de 29 de enero de 2026 declara una emergencia nacional en Estados Unidos con respecto a Cuba. Nadie en este planeta puede creerse que la pequeña isla de las Antillas sea una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Han impuesto el bloqueo total de petróleo y sus derivados, buscando el colapso de la economía cubana, echando a empresas españolas como Meliá o Iberostar y provocando una crisis humanitaria para justificar la intervención política y una futura intervención militar. Ante tamaña agresión, a nadie debe extrañar que la indignación del pueblo cubano se dirija contra quienes pretenden matarlos de hambre y de enfermedades. (Continúan los rumores). Por eso, Trump no se ha atrevido todavía a una agresión militar como la que realizó el 3 de enero en Venezuela.
El 20 de julio pasado Estados Unidos publicó un nuevo informe en el que se describe a la extenuada Cuba como una amenaza multifacética para la seguridad nacional de Estados Unidos y la estabilidad del hemisferio. Expertos de Naciones Unidas han señalado que el informe solo aporta consideraciones políticas e ideológicas del Gobierno de Trump para justificar medidas coercitivas que pretenden alterar el orden constitucional de un Estado soberano. Las sanciones anunciadas el 23 de julio han bloqueado también la adquisición de combustible por razones humanitarias. Son ya varios meses sin que entre una gota de petróleo. No es exagerado hablar de lento genocidio o de una Gaza silenciosa, en palabras de miembros del Congreso de los Estados Unidos. Los salarios han disminuido, el transporte y el suministro de energía están bajo mínimos, faltan materiales educativos básicos y equipos científicos. (Continúan los rumores.―Varias señoras y señores diputados chistan pidiendo silencio). Las remesas enviadas por familiares en el extranjero no se reciben tras el cese de servicios empresariales y la imposibilidad de operar del sector bancario internacional. Los prolongados apagones interrumpen los servicios sanitarios, provocan escasez crítica de medicamentos, incapacidad para el tratamiento de enfermedades graves como el cáncer y los residuos no recogidos se acumulan, agravando el riesgo de propagación de enfermedades. La actividad turística y las inversiones extranjeras han desaparecido, incluso se ha impedido que opere la ayuda humanitaria internacional tras el huracán Melisa. Esta situación afecta de forma desproporcionada a mujeres, niños, personas mayores; en general, a grupos vulnerables. El derecho a la vida y a la salud está afectado gravemente. Desde 1992, la Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado, cada año y por mayoría abrumadora, resoluciones que exigen el fin del bloqueo. (Continúan los rumores). España ha votado de manera constante a favor de estas resoluciones en defensa del derecho internacional.
Hoy les pedimos a todos dejar al margen consideraciones políticas e ideológicas y unirnos en defensa del derecho a la existencia de un pueblo hermano que está siendo exterminado lentamente. (Aplausos). Simplemente les pedimos que voten a favor del derecho internacional contra las medidas coactivas a Cuba y de que el bárbaro castigo que Estados Unidos está imponiendo al pueblo cubano por negarse a convertirse en su colonia no pueda hacerse en nuestro nombre. (Aplausos).