Alberto Ibáñez Mezquita
Grupo SumarDiputado.Página 20Vídeo
Moltes gràcies, senyora presidenta. Hoy, compañeros y compañeras, tenemos una segunda oportunidad, aunque por el camino nos hemos dejado a mucha gente, a demasiada; demasiada gente que no ha tenido una segunda oportunidad cuando fondos buitre, cuando sociedades, cuando bancos les han echado sin ningún tipo de contemplación de sus casas. Hoy tenemos una segunda oportunidad para que nos podamos mirar al espejo y reconocer como una sociedad justa, empática y madura que protege a las familias de los fondos buitre, de las corporaciones, de las sociedades, de bancos y empresas que compran y compran para continuar acaparando. En el debate anterior se ha hablado muchísimo de seguridad nacional con discursos abiertamente racistas y de odio que demuestran que no solamente son injustos, sino que son claramente hipócritas, ya que no tienen la misma vara de medir con los millonarios y fondos extranjeros que disparan la vivienda en nuestro país. En Alacant, el año pasado, una de cada tres viviendas se compró por población no residente, es decir, por población que ni vive ni trabaja en Alacant. ¿Les parece esto aceptable a los patriotas de la Cámara? Señorías, otro ejemplo: en Valencia, los fondos buitre despellejan nuestros barrios comprando edificios enteros. Compran con avaricia, y es que donde antes había una casa donde vivía una familia, sacan tres miniapartamentos decorados por Ikea para alquilar a turistas. Solo Blackstone, un fondo con capital norteamericano, acapara ya más de 46 000 viviendas en nuestro país. ¿Les parece esto patriota, señorías? Ya les digo yo que no, que no se puede ser patriota ni promover la defensa nacional y votar en contra de una proposición de ley justa que lo que pide es que el capital extranjero no compre nuestro territorio, nuestro país, nuestra ciudad, nuestra nación, nuestro Estado, nuestro barrio ― cada cual que lo llame como se sienta más cómodo―. Mientras, la gente, las familias normales, tienen que elegir entre pagar el alquiler o poder comprar los zapatos a sus hijos para empezar el curso. (Aplausos).
Señorías de VOX, me parecería bastante curioso que ustedes, que siguen la luz del trumpismo, algo que yo detesto, y que siempre hacen aquello que él les manda desde Estados Unidos, hoy, por primera vez, se rebelasen. Y es que el señor Trump ha pedido que se prohíba que las corporaciones puedan comprar viviendas. Espero que ustedes, hoy, entre Trump y la gente, puedan elegir. Y hoy, solo hoy, es lo mismo. Espero que los CEO de los fondos buitre y los bancos no les hayan comprado demasiado pronto.
Señorías del Grupo Popular, hoy ustedes tienen una oportunidad única para desmarcarse de la política caníbal de sus barones. Mientras aquí vienen a defender que están en contra de la intervención pública del mercado de la vivienda porque esto es no sé cuántas cosas y no ayuda, la realidad es que en Alacant la única construcción de vivienda protegida se la han repartido y choriceado entre sus concejales y amiguetes. (Aplausos). O la realidad es que, mientras la señora Ayuso dice estar en contra de invertir dinero público en la vivienda, porque para eso está el libre mercado, se compra un ático de 6,3 millones de euros. Mientras, mañana se va a intentar volver a desahuciar a Mari Carmen, que lleva 70 años viviendo en la misma casa. (Aplausos). Ustedes, que dicen ser católicos, tienen hoy la posibilidad de enmienda, de dejar atrás las políticas caníbales de los suyos en las comunidades autónomas competentes en la materia de vivienda y dar una oportunidad a la gente.
Senyories de Junts, no es defensa Catalunya defensant els fons voltor ni les multinacionals que compren barris sencers de ciutats i viles. Sé que tenim moltes diferències, segurament per a vostè, probablement, jo i que inclús li puc caure bé. Les meves polítiques li semblen el dimoni, però aquest projecte de llei és una proposta senzilla i clara que s’allunya dels fantasmes. I és que les xifres expliquen com els darrers anys la realitat ha canviat i el petit propietari, eixe comodí habitual en Junts, ja no representa ni quatre de cada deu lloguers a l’Estat espanyol. I just aquesta proposta va només destinada a aquelles societats, fons i bancs que compren i compren cases a tot arreu. Amb el seu vot no bloquejaran a Espanya ni bloquejaran la majoria progressista. El que faran és bloquejar la esperança de les famílies treballadores i les classes mitjanes del país i la incapacitat d’acordar no només en habitatge no farà altra cosa que omplir el fantasma, en el seu cas d’Aliança Catalana i en el nostre de VOX.
Señorías de Junts, no se defiende Cataluña defendiendo a aquellas multinacionales y fondos que compran barrios enteros de ciudades y villas. Sé que tenemos muchas diferencias, seguramente, para ustedes, señoras y señores de Junts, no yo mismo ― porque quizá les puedo incluso caer bien―, pero quizá mis políticas les parezcan el demonio. Pero este proyecto de ley es una propuesta sencilla y clara que se aleja de los fantasmas. Y es que las cifras explican cómo en los últimos años la realidad ha cambiado y el pequeño propietario, como se utiliza a menudo en Junts, ya no representa ni a cuatro de cada diez alquileres en el Estado español. Y justo esta propuesta va solo destinada a esas sociedades, fondos y bancos que compran y siguen comprando casas por doquier. Con su voto no van a bloquear España ni bloquearán la mayoría progresista; con su voto lo que harán es bloquear la esperanza de las familias trabajadoras y las clases medias del país. La incapacidad de este acuerdo solo hará inflar el fantasma como hace, en su caso, Aliança Catalana, y en nuestro caso, VOX.
Señorías del Grupo Vasco y del Grupo Socialista, la última vez se abstuvieron y no creí en aquel momento y tampoco lo creo ahora que sea porque las patronales inmobiliarias les tienen comprados. Sé que existe un debate en sus organizaciones, también en las nuestras. El debate de la vivienda no solo es una cuestión económica o no solamente es una cuestión de planificación urbanística; está atravesado por una cuestión aspiracional, cultural, social y profundamente sensible. Pero les pido que hagan un esfuerzo hoy para cambiar su voto de la abstención al sí, no solamente por una cuestión de vivienda, porque la ciudadanía ahí fuera necesita ver que somos capaces de ceder, de avanzar y ―por qué no― de acordar entre diferentes.
També vull agrair als grups d’esquerres que van donar suport a aquesta iniciativa, malgrat no ser una proposta radical i global al problema de l’habitatge. Però també aquesta proposta capgira la mentalitat del legislador. I és que per primera volta posa límits al dret absolutista a la propietat privada i entén que el dret a l’habitatge és parlar del dret a la salut, és parlar del dret a la intimitat, és parlar del dret a poder viure amb dignitat.
Hoy también quiero dar gracias a los grupos de izquierdas que dieron apoyo a esta iniciativa, a pesar de no ser una propuesta radical y global al problema de la vivienda. Pero también esta propuesta cambia la mentalidad del legislador y es que, por primera vez, pone límites al derecho absolutista a la propiedad privada y entiende que el derecho a la vivienda es hablar del derecho a la salud, del derecho a la intimidad, es también hablar del derecho a poder vivir con dignidad.
Hace casi un año votamos esta misma proposición de ley y, desgraciadamente, no fue posible. Pero les tengo que decir que la situación ha empeorado muchísimo. De hecho, lleva 49 trimestres empeorando. Señorías, nada hace sospechar que, si seguimos haciendo lo mismo, la cosa va a poder cambiar. Por eso hoy no solamente voy a apelar a los grupos parlamentarios de la Cámara, hoy les voy a apelar personalmente a cada uno de ustedes, a los 350 diputados y diputadas que se sientan hoy en este hemiciclo. Cuando aprieten el botón, no piensen en quién redactó esta iniciativa; cuando aprieten el botón, no piensen en si la legislatura va a durar mucho o poco; cuando aprieten el botón, piensen en aquella gente que tiene ansiedad cuando abre el correo electrónico porque un fondo buitre le ha expulsado de su casa; cuando aprieten el botón, piensen en aquella gente que es incapaz de poder dormir, ni siquiera con Lorazepam, porque tiene pánico al no saber si tiene que pagar el alquiler o el agua de su casa.
Señorías, quizá demasiadas veces nos olvidamos de que el salario más habitual en nuestro país es de 18 400 euros brutos al año. ¿Alguien de aquí puede explicarme cómo con 18 000 euros de ingresos se puede alquilar una casa de 1000, 1100, 1200, 1300 euros? ¿Qué le estamos diciendo a la gente? ¡¿Qué le estamos diciendo a la gente?! Pues imagínense si esta gente encima nos escucha decir que la culpa es suya, que la culpa es suya porque no se han esforzado lo suficiente, que la culpa es suya porque tienen lujos como pagar 9 euros al mes para poder ver Netflix, que la culpa es suya porque el miércoles se atrevieron a gastarse 1,60 euros para tomar un café con una amiga que hacía tiempo que no veían. Imagínense cómo se siente esa gente. Esa gente no va a entender de cuestiones partidistas, esa gente no va a entender qué estamos haciendo aquí. Y luego nos va a sorprender que quieran impugnar el sistema, pero no para mejorarlo, no para hacerlo más justo, sino para que todo reviente y las cosas puedan volver a ser de otra forma.
Creo que muchas veces nos alejamos de la calle hablando de cosas que son difíciles de entender, y sé que hay diferencias ideológicas entre las diferentes fuerzas y lo entiendo, pero hoy no estamos haciendo otra cosa que decidir si prohibimos que los fondos buitre puedan comprar casas o no. Es sencillo, es una ley sencilla, o sí o no. Eso es lo que estamos votando hoy aquí. Señorías, cuando votamos esto, lo que estamos diciendo es si creemos que el derecho a la vivienda es un derecho o no; cuando estamos aquí, lo que votamos es si creemos en la soberanía, en la libertad, si creemos en la esperanza o no. Y miren, ¡ya está bien! Ya está bien de que crean que el derecho a la vivienda no lo tenemos que garantizar las Administraciones públicas. No le digan más a la gente que, si no pueden pagar el alquiler o si no pueden comprar una casa, es su culpa; no le digan a una madre que tiene dos trabajos para poder llegar a final de mes que, si no puede reunir 1200 euros, es su culpa; no le digan a un padre que ha trabajado desde los 15 años en la misma fábrica, que perdió el brazo y fue incapaz de denunciar a la empresa porque creía que esa empresa le daba de comer, que cuando las cosas van mal lo echan a la calle y, si no paga el alquiler, es culpa suya. Señorías, no le digan a la gente que para poder estudiar en una ciudad, en una habitación de un piso compartido, necesita que su hermana que se ha dejado los estudios le adelante el dinero porque las becas llegan tarde o su abuelo a escondidas le dé un billete de 10 euros para poder pagar el cercanías que, si no puede, es culpa suya.
Si la gente en este país ―con esto termino, presidenta― no puede pagar el alquiler, es culpa de las trescientas cincuenta personas que nos sentamos en esta Cámara, y en nuestras manos tenemos hoy la posibilidad de cambiar, de poder dar esperanza, de poder decirle a la gente que ante las multinacionales, ante los fondos buitre, ante la gran banca, existe la democracia, y la democracia es proteger a los de abajo y no lo que se ha hecho antes en este hemiciclo, que es confrontar a los que no tienen nada entre ellos para que no miremos hacia arriba, porque hacia arriba está Blackstone, está el Banco Santander, están las mismas empresas y las mismas familias de siempre. Probablemente algunos de ellos se sienten aquí, por eso duela, pero la verdad es que si en nuestro país no hay viviendas, no es porque falte suelo, no es porque la gente no se lo merezca, es porque unos pocos acaparan demasiado y el turismo ha decidido que las familias sobran en los barrios para poder hacer de nuestras ciudades parques temáticos.
Así que les pido uno por uno, a todos ustedes, que, por favor, cuando voten este proyecto de ley piensen en la gente que tiene ansiedad, en la gente que perdió su vida suicidándose porque no podía pagar el alquiler, en la gente que es incapaz de poder garantizar que sus hijos tomen pescado porque tiene que pagar 1500 euros por un piso de 90 metros cuadrados. Si piensan en eso y no en otras cosas, no tengo dudas de que hoy lo aprobaremos con una inmensa mayoría.
Moltes gràcies. (Aplausos de las señoras diputadas y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).