Margarita Martín Rodríguez
Gracias, presidenta. Buenas tardes, diputadas y diputados. Permítanme que mis primeras palabras sean para saludar y dar la bienvenida a los representantes de los colegios oficiales de biólogos y biólogas y de Trabajo Social que hoy nos acompañan desde la tribuna. (Aplausos.― El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia). Gracias, gracias por estar aquí hoy, pero sobre todo gracias por el trabajo realizado, por la tenacidad demostrada durante tantos años para que el reconocimiento de estas profesiones como profesiones sanitarias llegue finalmente al Pleno de este Congreso de los Diputados. Porque el debate que hoy mantenemos no nace de la improvisación: detrás hay años de trabajo, de reivindicación y de diálogo y, sobre todo, años de ejercicio profesional que han demostrado que la realidad sanitaria ha avanzado más deprisa que la legislación. Hay debates parlamentarios que sirven para crear nuevas realidades y hay otros, como este, en los que nuestra obligación es reconocer una realidad que ya existe, pero a la que la ley todavía no ha dado la respuesta adecuada. De eso hablamos hoy, de hacer que la ley avance al ritmo que ha avanzado la ciencia, la sociedad y nuestra manera de entender la salud. Y quiero poner en valor algo especialmente importante. Esto no es una iniciativa de un único grupo parlamentario. Esta proposición de ley nace del acuerdo entre distintos grupos de esta Cámara, en diálogo con el Gobierno, y eso importa. En un tiempo en el que demasiadas veces se presenta la política como un sinónimo de confrontación, hoy demostramos que existe otra política: la que escucha, la que dialoga y la que es capaz de construir acuerdos ante una causa justa. (Aplausos).
En el Grupo Parlamentario Socialista queremos contribuir a ampliar ese consenso. Lo hacemos también desde una convicción profundamente política. Los socialistas y las socialistas creemos que la política sirve para reconocer derechos, para ampliarlos y para conseguir que las leyes respondan a la vida real de las personas. Pero conviene dejar algo claro. Aquí no estamos regalando una condición profesional ni creando artificialmente una realidad que no existe. Estamos reconociendo jurídicamente funciones que ya se desarrollan todos los días en el ámbito sanitario. La sanidad del siglo XXI no es la misma que la de los años noventa. Han avanzado la genética, la biología molecular, la reproducción humana asistida, las técnicas diagnósticas, y también ha cambiado nuestra manera de entender la salud. Hoy sabemos que las condiciones sociales, familiares, económicas y comunitarias pueden determinar cómo enfermamos y cuáles son nuestros resultados en salud. Por tanto, también han cambiado los equipos que necesitamos.
Una sanidad moderna es necesariamente una sanidad multidisciplinar, y ahí encontramos a los biólogos y a las biólogas, profesionales que llevan décadas desarrollando funciones esenciales en laboratorios clínicos, en diagnóstico genético y genómico, en biología molecular, en microbiología o inmunología; funciones con incidencia directa en el diagnóstico, en el pronóstico y en la toma de decisiones clínicas. No hablamos de una posibilidad futura, hablamos de profesionales que ya están ahí; profesionales que trabajan en genética, en reproducción humana asistida, en terapia celular, en biobancos, en investigación biomédica o en salud pública. No parece razonable beneficiarnos de su conocimiento, de su especialización y de su trabajo y mantener al mismo tiempo un marco normativo que no reconoce adecuadamente la naturaleza sanitaria de las funciones que desempeñan.
Algo semejante ocurre con el trabajo social sanitario. Hablamos de profesionales que identifican, que estudian, que valoran e intervienen sobre los factores sociales, familiares, económicos y comunitarios que inciden en la salud y en la enfermedad; realizan la valoración social y elaboran un diagnóstico social sanitario complementario al diagnóstico clínico; intervienen sobre los determinantes sociales de la salud; trabajan en prevención y detección de situaciones de riesgo; desarrollan intervención familiar y comunitaria y realizan una labor fundamental de coordinación sociosanitaria. El trabajo social forma parte desde hace décadas de hospitales, de la atención primaria, de la salud mental y de otros dispositivos sanitarios. Nuestra propia legislación ha ido reconociendo esa presencia. Según los datos que maneja el Consejo General de Colegios de Biólogos y biólogas, cerca del 40 % de los y las tituladas en Biología ejercen funciones sanitarias, lo que supone que no menos de 30 000 de estos profesionales trabajan en el sistema sanitario de nuestro país. Por lo que respecta al trabajo social, el consejo general de colegios de trabajadoras sociales estima que un 20 % de los y las tituladas ejercen funciones en el ámbito sanitario. Por lo tanto, estamos hablando de más de 40 000 personas de estos dos ámbitos profesionales que estarían afectados por este reconocimiento.
Señorías, la pregunta es sencilla: ¿debe la legislación ignorar la realidad o debe adaptarse a ella? Para nosotros la respuesta es clara: debe adaptarse. Porque este reconocimiento no afecta únicamente a quienes ejercen estas profesiones, afecta también a la calidad del sistema y a la seguridad de los pacientes. Un marco jurídico claro permite definir responsabilidades, ordenar competencias, establecer requisitos de cualificación y ofrecer mayor seguridad. Esta proposición lo hace con prudencia. El reconocimiento se vincula al ejercicio profesional en el ámbito sanitario y establece requisitos específicos. Se hace, además, sin perjuicio de las competencias correspondientes a otras profesiones y preservando el carácter multiprofesional de los equipos.
Por tanto, reconocer no significa invadir. No se trata de quitar espacio a nadie, se trata de ordenar, de reconocer y de sumar conocimiento; un planteamiento compartido y reivindicado por los propios colegios profesionales. En el caso de los biólogos y las biólogas, en esta reforma optamos por hacer compatible el reconocimiento tanto de la realidad de los profesionales que ya trabajan en la sanidad como el valor de las y los especialistas y de las competencias que tienen atribuidas. De ahí que esta proposición de ley establezca vías de habilitación normativa para los y las profesionales que trabajan actualmente en el ámbito sanitario, siempre que dichas actividades no se encuentren incluidas entre las competencias propias de los especialistas en ciencias de la salud.
Señorías, con esta proposición respondemos a una deuda histórica con estos profesionales, que ya no pueden esperar más. La modernización del sistema, la salud pública, la seguridad de los pacientes y la justicia con estos profesionales no admite más demora.
Esta iniciativa representa también una determinada manera de hacer política: la de ampliar derechos. Lo hicimos incrementando los derechos civiles, lo hacemos fortaleciendo los derechos sociales y debemos hacerlo también reconociendo derechos profesionales, cuando ese reconocimiento contribuye a mejorar la vida de la ciudadanía. (Aplausos). Porque esta iniciativa no beneficia únicamente a biólogos y biólogas o a trabajadores y trabajadoras sociales: nos beneficia a todos como sociedad. Significa equipos sanitarios mejor ordenados, mayor seguridad jurídica y una sanidad capaz de asumir plenamente la multidisciplinaridad que exige nuestro tiempo. Por eso, termino apelando a todos los grupos de esta Cámara. Esta proposición nació desde el acuerdo. Hagamos que ese acuerdo sea todavía mayor, que una iniciativa que ha llegado hasta aquí gracias al entendimiento entre diferentes fuerzas políticas continúe su camino con un respaldo aún más amplio. Porque, cuando somos capaces de ponernos de acuerdo para mejorar nuestro sistema sanitario no gana un grupo parlamentario, gana la ciudadanía. No se trata de conceder un privilegio, se trata de reconocer una responsabilidad que estos profesionales ya ejercen.
Por eso desde el Grupo Parlamentario Socialista pedimos el apoyo de esta Cámara a la toma en consideración. Abramos el debate, mejoremos el texto entre todos, ampliemos el consenso con el que esta iniciativa llegó al Congreso y demos un paso más hacia una sanidad más moderna, más multidisciplinar, más segura y más justa. Señorías, hagamos que la ley reconozca por fin lo que la realidad lleva años demostrando.
Muchas gracias. (Aplausos).