Arcadi España García
GobiernoMinistro de Hacienda.Página 114Vídeo
Gracias, presidente. Señorías, buenas tardes.
Intervengo para defender el Proyecto de ley orgánica de medidas excepcionales de sostenibilidad financiera para las comunidades autónomas de régimen común y también para dar respuesta a las enmiendas de totalidad presentadas por dos grupos parlamentarios.
Antes de exponer el contenido de este proyecto de ley, permítanme recordar cuál es la situación financiera de partida de nuestras comunidades autónomas. Las dos comunidades autónomas con más deuda son la Comunidad Valenciana y Murcia, pero veamos el panorama global con datos del Banco de España del primer trimestre de 2026. La deuda sobre el PIB del conjunto de comunidades autónomas es del 20,3 %, con una disparidad muy grande entre distintos territorios. Por ejemplo, la que menos tiene sobre PIB sería Canarias, con un 10,5, y la que más tiene, como les decía, sería la Comunidad Valenciana, con un 40,4 %. Hay casi 30 puntos de diferencia entre la comunidad autónoma más endeudada y la menos endeudada. Pero creo que es importante no solo analizar la foto fija del primer trimestre de este año que nos da el Banco de España, sino la evolución. Y me centraré, si me permiten, en las dos comunidades autónomas con mayor nivel de endeudamiento, analizando la evolución de los datos en dieciocho años, desde el año 2008 hasta el primer trimestre de 2026. La Comunidad Valenciana tenía en 2008 un 12,7 % de endeudamiento sobre PIB. En 2026, tenía un 40,4 %. El salto grande de endeudamiento se produce del año 2008 al año 2015, con una subida de 28,8 puntos, gobernando durante esos años el Partido Popular. (Rumores). En la Comunidad Autónoma de Murcia, en 2008 era el 2,6 % del PIB y en 2026, el 31,1 %. Son 28,5 puntos. Dieciocho años de Gobierno ininterrumpido del Partido Popular. Las dos comunidades autónomas con mayor deuda son aquellas en las que más tiempo ha estado gobernando el Partido Popular. Si, como dicen algunos, hay un problema de gestión para ese gran endeudamiento, pues habrá que ver a quién están señalando en realidad. En todo caso, por tener un debate serio, es verdad que el sobreendeudamiento de determinados territorios en nuestro país responde a una casuística elevada. Hay una parte, desde luego, de gestión; hay una parte que tiene que ver con el modelo de financiación autonómica; hay una parte muy importante consecuencia de la crisis del COVID, y también hay una parte muy importante relacionada con la crisis financiera. Estos son los datos, esta es la situación, y las consecuencias son obvias para todas las comunidades, especialmente para las más endeudadas: una incapacidad de acudir al mercado; una dependencia absoluta de mecanismos extraordinarios de financiación, como el Fondo de Liquidez Autonómico; la pérdida de autonomía financiera, que se traduce, por desgracia, en una pérdida de autonomía política, y el riesgo de sostenimiento financiero de las competencias que tienen otorgadas del Estado del bienestar.
Una vez analizados los datos y constatada la magnitud del problema, la gran pregunta que debemos hacernos como responsables políticos es muy sencilla: ¿queremos solucionar este problema o queremos seguir mirando hacia otro lado con los brazos cruzados y sin hacer nada? Porque hoy nadie puede negar la realidad: tenemos comunidades autónomas que arrastran niveles de endeudamiento extraordinariamente elevados y que ven limitada su capacidad para prestar servicios públicos, invertir y desarrollar políticas en beneficio de sus ciudadanos. Ante esta realidad, podemos actuar o no hacer nada. El Gobierno ha decidido actuar, y eso lo expondré a continuación, pero hay una pregunta dentro de todo este debate muy importante: ¿se cree o no se cree en el Estado de las autonomías? Si la respuesta es que no, no tiene sentido continuar ni escuchar lo que vamos a debatir esta tarde en la Cámara. Si creemos en el Estado de las autonomías, eso significa que todas las comunidades autónomas deben disponer de los recursos necesarios para ejercer adecuadamente las competencias que la Constitución y las leyes les atribuyen; significa entender que la sanidad, la educación, los servicios sociales o la dependencia se prestan desde los territorios y que los ciudadanos tienen derecho a recibir unos servicios públicos de calidad con independencia de dónde residan. Y significa también asumir que cuando existen problemas estructurales que afectan al funcionamiento del sistema, el Estado, el Gobierno central, tiene la obligación de abordarlos y corregirlos como hace con este proyecto de ley, absorbiendo una parte de la deuda de las comunidades autónomas. Por eso, este debate trasciende las cifras y balances contables. Lo que hoy estamos discutiendo es si queremos fortalecer nuestro modelo territorial o debilitarlo, si queremos asumir nuestra responsabilidad o refugiarnos en la comodidad de la crítica. (Rumores).
Señorías, resulta imprescindible dar una respuesta a los distintos shocks económicos que han azotado la Unión Europea y nuestro país en los últimos años. En primer lugar, la crisis financiera de 2008, que se transformó en una crisis de deuda soberana y dio lugar a un incremento sin precedentes del volumen de deuda del conjunto de las Administraciones públicas. Se pasó del 53,1 % del PIB en 2009 al 100 % del PIB a finales de 2013. Más concretamente, en el ámbito de las comunidades autónomas este impacto fue aún más agresivo, ya que su deuda creció en más de un 125 %, pasando del 8,7 % al 20,6 % del PIB en el periodo que indicaba. Y, en segundo lugar, el impacto de la pandemia y el repunte inflacionario agravado por la inestabilidad geopolítica y los conflictos bélicos.
Señorías, el objetivo del proyecto de ley no es ni más ni menos que corregir ese sobreendeudamiento de las comunidades autónomas durante la crisis financiera y la exclusión del mercado que esto ha supuesto para ellas. El proyecto que debatimos se encuentra en línea con lo acordado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera de 26 de febrero de 2025. Se prevé que el Estado asuma 83 252 millones de euros de deuda de las comunidades autónomas, una notable reducción del pasivo de las comunidades autónomas, que además tiene unas consecuencias positivas: tendrán mayor facilidad para salir a los mercados, podrán mejorar las condiciones en las que salen y un ahorro previsto en intereses que puede oscilar entre los 6000 y 7000 millones de euros, además de ayudarles a cumplir los objetivos de estabilidad. El procedimiento de aplicación de la norma tiene en cuenta las características propias de cada una de las comunidades. Hay algunas que tienen saldos vivos suficientes con el Fondo de Liquidez Autonómico y otras que no los tienen y será necesaria la subrogación del Estado en las operaciones de endeudamiento adquiridas en el mercado. Para las primeras, para las que tienen préstamos vigentes con un volumen suficiente en el Fondo de Liquidez Autonómico, el procedimiento resultará directo. Para las segundas, aquellas que no tienen deuda significativa con el FLA, se prevé un mecanismo específico que garantice el acceso a la medida en condiciones de igualdad.
Asimismo, señorías, la metodología para establecer el importe de la asunción de deuda por parte del Estado responde a criterios técnicos, objetivos y transparentes. En primer lugar, la denominada fase I toma como referencia el crecimiento de la deuda autonómica durante dos periodos excepcionales para la economía española: la crisis financiera y la pandemia, junto con la invasión rusa de Ucrania. En segundo lugar, la fase II incorpora un mecanismo corrector destinado a reforzar la equidad territorial. Su finalidad es garantizar que ninguna comunidad autónoma quede por debajo de esa reducción media del 19 % de su deuda. Y en la fase III se introducen dos ajustes complementarios para situaciones específicas. El primero tiene en cuenta la financiación recibida por cada territorio entre 2010 y 2022. Se parte de la comunidad autónoma que tras las fases anteriores alcanza un mayor volumen por habitante ajustado y, a continuación, se eleva la condonación de aquellas comunidades que durante este periodo estuvieron por debajo de la media de financiación homogénea por habitante ajustado. El segundo ajuste reconoce el esfuerzo fiscal realizado por determinadas comunidades autónomas en el ejercicio de sus competencias normativas en IRPF. Se trata de un criterio que pretende valorar el esfuerzo realizado para reforzar los ingresos públicos y contribuir al saneamiento de las cuentas autonómicas.
Señorías, los criterios pueden parecerles mejor o peor, criticarlos de una forma u otra, pero son transparentes y objetivos. De hecho, 7 de cada 10 euros benefician a comunidades autónomas gobernadas por el principal partido de la oposición, siendo Andalucía la que recibirá el mayor volumen total, con 18 791 millones de euros; la Comunidad Valenciana será la que perciba más reducción por habitante ajustado, con 2284 euros, y Canarias la verá reducida en mayor proporción, en un 50 %. Por último, la norma, como no puede ser de otra forma, se concibe como una medida compatible y complementaria con la futura reforma de la financiación autonómica. Hablamos del kilómetro cero de la reforma del modelo de financiación autonómica.
Señorías, paso ahora a comentar las enmiendas a la totalidad de devolución presentadas por el Grupo Parlamentario Popular y el Grupo Parlamentario VOX. En primer lugar, el Grupo Parlamentario VOX no solo se opone a la medida, sino que en realidad nunca haría nada para abordar el problema de endeudamiento de las comunidades autónomas. Es más, tengo la impresión, una vez leída la enmienda, de que si dependiera de ellos, si dependiera de las señorías de VOX, aprovecharían cualquier excusa para avanzar en un proceso de recentralización de competencias y debilitamiento del Estado autonómico, sencillamente porque no creen en él. Es más, hay una frase literal en el texto que expone que el Estado autonómico ha provocado un verdadero caos en nuestro país. Han defendido abiertamente la superación del Estado autonómico, la devolución de competencias y la limitación de la capacidad legislativa. Y han dicho que el Estado de las autonomías supone el fin de la igualdad entre españoles y españolas. Por tanto, cuando hablan de deuda autonómica, no lo hacen con la voluntad de mejorar el modelo, sino de sustituirlo. La igualdad no consiste en uniformizar nuestro país, la igualdad consiste en garantizar que todos los ciudadanos, vivan donde vivan, tengan acceso a unos servicios públicos de calidad y dispongan de los recursos necesarios para financiarlos. (Aplausos).
La realidad es que detrás de su oposición a esta medida hay una concepción territorial de España que mira al pasado y no mira al futuro, una visión centralista que no se corresponde con la Constitución de 1978 ni con los Estatutos de Autonomía, ni con la pluralidad política, social y territorial de la España de hoy. Más que un problema técnico, lo que el Grupo Parlamentario VOX tiene es una discrepancia en cuanto al modelo político de país.
Y respecto a la enmienda de totalidad de devolución del Grupo Popular, la realidad es que escuchamos muchas críticas, pero seguimos sin conocer su alternativa. Se puede discrepar de la solución que propone hoy el Gobierno de España. Es legítimo. Lo que me temo que no vamos a escuchar es cuál es la alternativa. Porque si realmente consideraran que existe una solución mejor, habrían presentado una enmienda de totalidad con texto alternativo y no lo han hecho. De nuevo, asistimos a un debate en el que algunos intentan convertir una medida de alivio financiero para las comunidades autónomas en un agravio, en una injusticia o en una amenaza para nuestro modelo constitucional. Pero cuando analizamos los argumentos con rigor, no resisten el contraste de los hechos y los datos. En primer lugar, la enmienda de totalidad afirma que los criterios de reparto son arbitrarios. Nada más lejos de la realidad. La mayor parte de la deuda asumida, más del 70 % del total, se distribuye atendiendo a la población ajustada, que es el indicador utilizado en el propio modelo de financiación como el que se aproxima a las necesidades de gasto de los distintos territorios. Se critica también que una parte de la distribución tenga en cuenta el nivel de endeudamiento previo. Yo no sé si las señorías del Grupo Parlamentario Popular han hablado con sus compañeros de la Comunidad Valenciana o de la Región de Murcia. Hablen con ellos, hablen con la Comunidad Valenciana, que tiene una ratio de deuda del 40,4 %. Hablen con los diputados y representantes de la Región de Murcia, la segunda más endeudada, con una ratio de endeudamiento del 31,1 % del PIB. Hablen con ellos y explíquenles por qué, por razones estrictamente partidistas, ustedes prefieren que sigan soportando esa carga financiera. Y después explíquenles por qué algunos miembros de su partido se refirieron a una futura condonación como de justicia. Me da la sensación de que el texto de la enmienda de totalidad se ha elaborado en la Puerta del Sol y solo con la visión de una comunidad autónoma. También cuestionan que se considere el esfuerzo fiscal realizado en el IRPF, pero reconocer el esfuerzo fiscal no supone castigar a nadie, supone valorar la corresponsabilidad fiscal de aquellas comunidades autónomas que han utilizado las herramientas tributarias de las que disponen para sostener sus servicios públicos.
En segundo lugar, la enmienda a la totalidad del Grupo Popular nos advierte de un supuesto riesgo moral. Permítanme que les diga que me sorprende escuchar ese argumento precisamente de aquellos que impulsaron la amnistía fiscal. Y conviene recordarlo, muchas de las comunidades autónomas que se benefician de esta medida están gobernadas por el Partido Popular. Por tanto, cuando se habla de riesgo moral parece que están cuestionando la responsabilidad fiscal de los Gobiernos de su propio partido. Parece que están diciendo que si se adopta esta medida, los Ejecutivos autonómicos del Partido Popular no serán capaces de actuar con prudencia fiscal y responsabilidad presupuestaria. Y otro de los argumentos ―y cito literalmente― es que no se exige a las comunidades autónomas ningún compromiso de disciplina, plan de ajuste o contrapartida. ¿Esto significa que la propuesta es volver a la receta de siempre? ¿Que las comunidades sobreendeudadas, como el caso de la Comunidad Valenciana o la Región de Murcia, tienen que estar condenadas a más ajustes, más recortes y más condicionantes para sus ciudadanos y ciudadanas? Este proyecto de ley no mira al pasado, que podríamos; mira al futuro. No pretende reabrir debates ni buscar culpables, que podríamos; pretende ofrecer una solución a un problema real que afecta a numerosas comunidades autónomas y que condiciona su capacidad de actuación. Conviene recordar que esta ley no elimina ninguna obligación de disciplina fiscal; las reglas presupuestarias siguen vigentes, los mecanismos de supervisión siguen vigentes y las obligaciones derivadas de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria siguen vigentes. La medida reduce la deuda acumulada, pero no libera a ninguna comunidad autónoma de sus responsabilidades presentes y futuras.
En tercer lugar, sostienen que la norma carece de consenso. La realidad es que el proyecto ha sido debatido en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y ha pasado por los trámites de consulta pública. De hecho, conviene recordar lo que pasó en el Consejo de Política Fiscal y Financiera del pasado 26 de febrero: cuando se planteaba esta medida en un foro multilateral, las comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular optaron por levantarse de la mesa y abandonar la reunión; lo que, si me permiten, podríamos denominar gamberrismo institucional. Naturalmente, no todas las comunidades autónomas comparten la misma posición política que el Gobierno, esto es perfectamente legítimo, pero no puede confundirse la falta de unanimidad con la ausencia de diálogo.
En cuarto lugar, el Partido Popular afirma que la medida vulnera los principios constitucionales de igualdad, solidaridad o autonomía financiera. Pues bien, como ha dicho en numerosas ocasiones el Tribunal Constitucional, el principio de igualdad no exige un tratamiento idéntico para realidades diferentes, lo que prohíbe son las diferencias arbitrarias o carentes de justificación objetiva. Y no todas las comunidades autónomas presentan el mismo nivel de deuda, no todas han soportado las mismas situaciones de infrafinanciación y no todas afrontan los mismos desafíos de sostenibilidad financiera. Atender a estas diferencias no vulnera la igualdad, es precisamente actuar con justicia. Tampoco se vulnera la solidaridad interterritorial, al contrario, consiste en evitar que determinados desequilibrios acumulados comprometan la estabilidad del conjunto del Estado autonómico y la adecuada prestación de los servicios públicos esenciales. Esta ley no altera competencias, no modifica el reparto competencial y no impone ninguna decisión a las comunidades autónomas. Señorías, nadie ha defendido que una quita de deuda resuelva por sí todos los problemas financieros de nuestro Estado autonómico. Por eso, la reforma sigue siendo necesaria y la plantearemos a esta Cámara. Pero es indiscutible que una reducción sustancial de la deuda mejora los indicadores de solvencia, reduce la carga financiera y fortalece la posición de las comunidades autónomas ante los mercados.
Voy terminando. Permítanme comentar la crítica más sorprendente que hace el Partido Popular sobre la voluntariedad de la medida. No les parece bien que la medida sea voluntaria para las comunidades autónomas y yo creo que, al contrario, es una fortaleza, un reconocimiento y un respeto institucional al conjunto de los territorios. Imaginemos una familia con una hipoteca de 250 000 euros. Un día su banco le comunica que va a asumir parte de esa deuda, que le va a condonar 100 000 euros. Es decir, donde debía 250 000 euros, pasará a deber solo 150 000. ¿Alguien cree que esa familia abandonaría la oficina del banco sin decir nada y diciendo que no quiere que le reduzcan la hipoteca que tiene? Nadie lo entendería. (Aplausos). Lo mismo ocurre cuando el Estado asume una parte de la deuda de una comunidad autónoma. (Rumores). Podemos debatir los criterios técnicos y las cantidades, pero resulta difícil de explicar que alguien se oponga a que disminuya su pasivo, es decir, que disminuya la deuda que tiene su institución con los ciudadanos y los conciudadanos de su territorio. Es verdad, la deuda no desaparece, la deuda la asume el Estado y libera a las comunidades autónomas ese margen de una forma excepcional y extraordinaria. Eso se llama solidaridad, responsabilidad y creer en el Estado autonómico.
Por eso, hoy no estamos pidiendo a nadie que renuncie a sus posiciones políticas, ni que comparta necesariamente todos y cada uno de los elementos de esta reforma. Lo que pedimos algo más sencillo, que no se impida que otras comunidades autónomas puedan beneficiarse de esta medida y que no se bloquee su tramitación como proyecto de ley en esta Cámara. Quienes consideren que esta medida no es adecuada para su territorio, estarán en su derecho de no adherirse, pero no bloqueen que otras comunidades que quieran se puedan adherir. Permitan la tramitación del proyecto, dejen que cada comunidad decida libremente y no cierren la puerta a aquellas que sí que quieren ver reducido su pasivo. Corresponde ahora a las Cortes Generales examinar este proyecto de ley con rigor, con transparencia y con pleno respeto a los principios de igualdad, solidaridad y seguridad jurídica que inspiran nuestro ordenamiento constitucional. Y corresponde también hacerlo con una actitud constructiva, porque precisamente en eso consiste el trámite parlamentario, en debatir, en escuchar, en incorporar las aportaciones de los grupos y en mejorar el texto a través de las enmiendas que se consideren oportunas.
Señorías, permitan el debate, permitan el trabajo parlamentario, permitan que esta Cámara ejerza su función legislativa y, sobre todo, permitan que las comunidades autónomas y sus ciudadanos y ciudadanas que consideren que esta reforma es beneficiosa se la puedan aplicar.
Muchísimas gracias. (Aplausos).