Carlos Flores Juberías
Con la venia, señor presidente. Señorías, no son pocos los que piensan que la clase política española constituye una casta aparte, que vive apalancada en una torre de marfil ajena a los problemas y las inquietudes de la sociedad a la que dice representar, pero no desesperen porque días como el de hoy y debates como este están llamados a desmentir ese tópico tan inquietante. ¿Qué estamos haciendo aquí y ahora sino replicar fielmente lo que miles y miles de españoles de a pie andan haciendo en estos precisos instantes en la Gran Vía de Madrid, en el Passeig de Gràcia de Barcelona o en la calle Colón de Valencia? Sí, señorías, irnos de rebajas, aprovechar los últimos días de julio para conseguir a mitad de precio ese caprichito al que le habíamos echado el ojo al inicio de la temporada y que hasta ahora tenía un precio prohibitivo. O para llevarnos a casa ese modelito que tal vez no nos haga falta de momento, pero que igual nos viene bien el próximo verano, que luego se adelanta la calor y todo son prisas. Irnos de rebajas fue lo que hicimos la pasada semana cuando aprobamos esa despenalización de los delitos contra la Corona y los sentimientos religiosos a la que el señor Santiago le venía haciendo ojitos desde hace tres años y con la que su sugar daddy, el PSOE, no lo había querido premiar hasta ahora. Irnos de rebajas es lo que estamos haciendo en estos momentos, facilitando a sus señorías de Junts, de Esquerra, de SUMAR y de Podemos la futura conformación de sus grupos parlamentarios, una fórmula a prueba de catástrofes electorales, como la que se les viene encima. Pero antes de fundir el plástico de la tarjeta, señorías, permítame un recordatorio. ¿Son ustedes conscientes de que las rebajas solamente suceden a final de temporada, cuando el dueño de la tienda concluye que es mejor liquidar hoy a mitad de precio la mercancía que mañana nadie va a quererse llevar ni regalada, ya que carece de sentido almacenar género pasado de moda cuando las pasarelas de Roma, de París o de Londres ya han anunciado qué color se va a llevar más la temporada próxima? Señorías, esta iniciativa de rebajar hasta límites ridículos los requisitos reglamentarios para la formación de grupos parlamentarios es la prueba más evidente de que, diga lo que diga el presidente del Gobierno, la legislatura ha terminado. Porque si las próximas elecciones fueran a celebrarse cuando tocan, que es exactamente dentro de trescientos sesenta y cinco días, ¿qué sentido tendría haber apresurado a julio de este año la adopción de una norma como esta, cuya entrada en vigor no se debería producir hasta agosto o septiembre del año próximo? Sin duda alguna, el señor secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, que fue quien informó a la Mesa del Congreso de que esta era una de las iniciativas en tramitación cuya adopción consideraba urgente y para la que solicitaba la celebración de sesiones extraordinarias de los órganos necesarios de esta Cámara, podrá darnos una explicación al respecto, pero yo ya tengo mi propia hipótesis. Y ya puestos, también nos podría explicar qué le va al Gobierno en este asunto. Y es que la iniciativa que el señor secretario de Estado de Relaciones con las Cortes ha considerado urgente adoptar no es una iniciativa del Gobierno, ni siquiera lo es del partido del Gobierno; es una iniciativa de los partidos que le dan sustento y a los que el Grupo Socialista se ha apresurado a complacer con lealtad auténticamente perruna, revelando con claridad que el PSOE no puede vivir sin sus socios, que es rehén de sus caprichos y que es esclavo de sus urgencias. Por mi parte, solo tengo una duda: ¿es el premio ―el regalo de despedida más bien― por tres años de apoyo fiel o es el pago anticipado por el sustento que espera recibir de ellos en la próxima legislatura un partido que se sabe nuevamente perdedor y que fía su última esperanza de aferrarse al poder en una aritmética electoral que prime a sus actuales socios y en una negociación que deje chiquitas las claudicaciones de otoño del año 2023? Si va a ser así, permítanme que les augure un futuro muy, pero que muy negro, tanto como el que les aguarda, de una parte, a los partidos nacionalistas y, de otra, a los ubicados a la izquierda del PSOE, y del que unos y otros al promover esta reforma admiten tácitamente ser conscientes.
No me dirigiré a sus señorías de SUMAR porque es más que obvio que sus siglas no van a llegar enteras a las próximas elecciones ni aunque fuesen convocadas mañana mismo. (Aplausos). Pero sí lo haría a sus señorías de Podemos si nos hubiesen agraciado con su presencia. Las tres últimas veces que Podemos concurrió a unas elecciones en solitario cosecharon el 0,9 % de los votos en Aragón, el 0,7 % en Castilla y León y el 0,2 % en Galicia. ¿De verdad no les apetece darle una altra pensadeta a esta iniciativa y fijar, no sé, en 1 el número mínimo de escaños o en 0,1 % el porcentaje mínimo de votos para formar grupo parlamentario y así vamos a lo seguro? Y sus señorías de Junts, con las últimas encuestas del CEO dándoles el 11,8 % de los votos en Cataluña, ¿de verdad se van a conformar con rebajar el listón para la formación de grupos parlamentarios solo hasta el 10 % de los votos? Háganme caso, dormirán más tranquilos si lo rebajan también hasta el 0,1 %. (Aplausos). Propónganlo. Porque siempre será preferible tener normas absurdas que se cumplan a normas justas que se violen. Porque si de algo estoy seguro es de que esta reforma que hoy van a sacar adelante va a durar lo que tarden en mudar sus intereses y sus conveniencias. Otorgando la condición plena de diputados a trileros que esquivaron su deber de jurar la Constitución, vetando la presencia del tercer partido del país en la Mesa de la Cámara y en las Mesas de las comisiones, y consintiendo el uso de lenguas distintas de la oficial del Estado incluso antes de contemplarlo el Reglamento sus señorías dejaron bien claro al comienzo de esta legislatura que en esta Cámara ya no había reglas, y rompiendo con treinta y cuatro años y catorce legislaturas de consenso, utilizando a los letrados de la Cámara para sacar adelante lo que sin su concurso les causaba sonrojo proponer, aplazando votaciones cuando les faltan diputados para ganarlas ―señor presidente, tenga cuidado porque el señor Pisarello sigue de vacaciones― y negándose a recoger en el Reglamento la proscripción de la práctica viciada y viciosa del préstamo de los diputados…