Jaime Eduardo de Olano Vela
PPDiputado.Página 132Vídeo
Buenas tardes, señorías. Esta moción no trata únicamente de la continuidad de un Gobierno o de la convocatoria de elecciones, plantea si estamos dispuestos a aceptar que una anomalía democrática se convierta en la nueva normalidad. Señorías, en el siglo XXI las democracias no suelen morir de manera repentina: se deterioran lentamente, cuando los límites institucionales pasan a ser obstáculos para el poder; cuando quien gobierna confunde el interés general con su supervivencia política; en definitiva, cuando el poder deja de sentirse sometido a controles. Decía Montesquieu que el poder debe frenar al poder y esa es la esencia de la democracia liberal. Ni la confianza ciega en una persona ni la adhesión inquebrantable a un partido ni la convicción de que una mayoría circunstancial otorga carta blanca para hacer cualquier cosa. La democracia liberal descansa sobre una idea muy sencilla, y muy profunda: nadie está por encima de las instituciones. Nadie: ni un Gobierno ni un presidente ni una mayoría puntual. (Aplausos). Señorías, la generación de la transición comprendió que la convivencia era más importante que cualquier proyecto partidista. Sin embargo, hoy asistimos a fenómenos que erosionan ese legado: la colonización de las instituciones, la deslegitimación de la justicia, la presión sobre medios incómodos, la confusión deliberada entre Gobierno y Estado, la sustitución del debate por la propaganda. En definitiva, la idea de que cualquier límite o control constituye una amenaza para el poder. Señorías, en una democracia parlamentaria la confianza no se presume, se demuestra. Y cuando surgen dudas razonables —y no presentar presupuestos durante tres años es una duda francamente razonable—, existen mecanismos constitucionales para verificarlas.
Lo contrario supone vaciar de contenido el parlamentarismo, supone convertir esta Cámara en mera escenografía y supone sustituir la lógica democrática por la lógica autocrática de la resistencia. (Aplausos). Dicho de otra forma, señorías, supone aparcar el interés general y defender únicamente el interés de una persona, de una familia, de una organización criminal.
Hoy tenemos un Gobierno que no gobierna, que resiste, dice; que resiste una semana más, un mes más, un Pleno más, una sentencia más. Y esto, señorías, en democracia, es inadmisible: esto es un fraude democrático en toda regla.
Señorías, para conservar las instituciones libres es necesaria una mínima moral pública y, por supuesto, exigir la rendición de cuentas. Precisamente por eso no podemos ignorar la acumulación de escándalos y procedimientos judiciales que afectan al entorno político y personal de Pedro Sánchez. ¿Corresponde a los tribunales determinar las responsabilidades penales? Por supuesto. Pero a esta Cámara le corresponde determinar las responsabilidades políticas, y eso no se despacha con una comparecencia surrealista como la de esta mañana. Existen quince procedimientos judiciales, noventa y siete imputados —tres más en la última semana—, diecinueve delitos investigados. Esta misma semana les han caído cincuenta años de cárcel a tres socialistas insignes, señorías. No estamos ante episodios aislados, estamos ante una crisis política de enorme magnitud. No se trata de cuatro golfos con carnet del PSOE, como quiere hacer creer el señor Sánchez. Estamos ante un verdadero modus operandi. (Aplausos). Se trata del siniestro plan de P. S., apoyado en el Partido Socialista y sirviéndose de todos los resortes del Gobierno.
Señorías, la corrupción está carcomiendo nuestro sistema democrático. La corrupción opera como un fenómeno que distorsiona la finalidad del poder, debilita los contrapesos institucionales y compromete la igualdad de los ciudadanos ante la ley. La cita no es mía, es del Tribunal Supremo alertando de los efectos de la organización criminal sanchista inserta en el núcleo mismo del Gobierno y del Partido Socialista.
Ante una crisis política de esta magnitud, lo que se espera es transparencia, no cloacas contra jueces, fiscales o guardias civiles. Lo que se espera son explicaciones, no ataques a periodistas que investigan. Lo que se espera es asunción de responsabilidades, no negar sistemáticamente la realidad, como hizo hoy P. S. Señorías de la izquierda, no tomen a sus votantes por idiotas. Sánchez ha engañado mucho y pretende seguir haciéndolo con anuncios que no cumplirá. Ustedes lo saben. Ya puede hablar de viviendas, de planes, de inversiones de miles de millones, no lo hará, no cumplirá; no lo ha hecho nunca y, además, es que no depende solo de él.
Hannah Arendt afirmó que la primera obligación de un ciudadano es no dejarse engañar. Como demócratas, señorías, estamos obligados a exigir la verdad. Pretender convencer a la gente de que no hay alternativa a la mentira, a la arbitrariedad, al abuso, a la corrupción, a las drogas, a la prostitución y a las joyas es un absurdo, señorías. Claro que hay alternativa: se llama decencia, aunque ustedes parecen no conocerla. (Aplausos.—Un señor diputado: ¡Muy bien!). La lealtad a los hechos debe estar por encima de la lealtad a los partidos, o de ideologías, porque una democracia puede sobrevivir a muchos errores, pero difícilmente sobrevive cuando la mentira y el delito se convierten en métodos de gobierno y la verdad y la ley en enemigos del Gobierno. Julio Anguita lo resumió así: «Al ladrón no lo votéis, aunque tenga la hoz y el martillo» —o el puño y la rosa, por supuesto—. Sin duda, Anguita no era Yolanda Díaz ni Mónica García, ni siquiera Maíllo, ni siquiera Rufián; Julio Anguita era una persona decente, señorías. (Rumores.—Aplausos). El Partido Nacionalista Vasco tendrá que responder a una pregunta muy sencilla, si quiere estar con la decencia o quiere estar con los indecentes.
Señorías, la honestidad no es de derechas ni de izquierdas, es la condición mínima para ejercer responsabilidades públicas. No queremos una España de bandos ni de bandas, queremos una España de ciudadanos libres e iguales. No queremos la España de los 61 cacareando memeces enviadas por Moncloa, queremos periodistas libres y exigentes con el poder. Queremos una España donde el Parlamento controle al Gobierno y no al revés. Por eso rechazamos la degradación democrática del PSOE y SUMAR en la Mesa del Congreso, dispuestos a saltarse la ley y la Constitución por puro servilismo gubernamental. (Aplausos). Dicho de una forma más gráfica, señorías: la señora Armengol convertida en la Gertru de P. S.
Y hablando de Gertru, parece que nos vamos a reír con la agenda de la señora Gertrudis; una agenda que demuestra que Zapatero, el faro inmoral del Partido Socialista, la musa del progre, resultó ser el gran conseguidor en este Gobierno y, además, un gran admirador de la fontanera Leire, uno de los más importantes en la organización criminal sanchista.
Señorías, cuando las instituciones están siendo gravemente atacadas, la obligación de los demócratas es defenderlas, nunca mirar para otro lado y hoy, señorías, defender las instituciones, defender la democracia es exigir devolver la palabra a los españoles. Convoquen elecciones ya.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).