Llanos De Luna Tobarra
Gracias. Señorías, buenas tardes. Hoy abordamos una cuestión que afecta directamente al núcleo de nuestro sistema democrático: el control al Gobierno por parte de este Parlamento. Nuestra Constitución consagra que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado, y ese pueblo se expresa a través de la democracia representativa, a través de sus representantes, es decir, de todos nosotros. Una de las principales funciones de las Cortes Generales, como manifestación del principio de separación de poderes, es el control de la acción del Gobierno, lo que conlleva la correlativa obligación de rendir cuentas sobre su gestión en el Parlamento. Esta rendición de cuentas no es voluntaria, es una obligación constitucional. Esto tiene una finalidad muy clara: evitar abusos, garantizar la transparencia y mantener el equilibrio entre poderes. Sin control parlamentario, la democracia pierde uno de sus pilares fundamentales. Lamentablemente, en la actualidad, lo que debería ser un espacio de explicación y de responsabilidad política se ha ido transformando en algo distinto en demasiadas ocasiones, en una escenificación.
El Grupo Parlamentario Popular ha venido denunciando reiteradamente las habituales prácticas de este Gobierno de eludir el control del Parlamento, así como el desprecio general al Poder Legislativo. Suponemos que esta propuesta de reforma será apoyada por el PNV, ya que ha sido uno de los grupos que en reiteradísimas ocasiones ha solicitado explicaciones sobre cómo se encontraban, o en qué trámite, bien proposiciones de ley, bien otro tipo de iniciativas parlamentarias que habían sido aprobadas por el Pleno.
Hemos exigido a la presidenta, como representante de la Cámara en su conjunto, que reconvenga al Gobierno por no estar cumpliendo con sus obligaciones de someterse a la fiscalización de los grupos de la oposición en los Plenos. La aversión de este Gobierno a someterse al control de los representantes de los ciudadanos impide el ejercicio de una de sus funciones principales: el control al Ejecutivo; control que es la expresión de uno de los contrapoderes del Estado democrático precisamente para evitar tics totalitarios.
La obstrucción de las iniciativas de los grupos de la oposición con vetos injustificados, como pudimos ver la semana pasada; la congelación de las proposiciones de ley que vienen del Senado; el abuso de los decretos leyes por parte de este Gobierno cercenando la competencia legislativa a esta Cámara, y su menosprecio a las sesiones de control de los miércoles son actitudes más propias de regímenes autocráticos que de democracias parlamentarias. (Aplausos). Lo que acabo de describir es parte del proceso antidemocrático en que se ha instalado este Gobierno y, como parte de ese proyecto de demolición de los contrapoderes del Estado democrático, el abandono de las sesiones de control es una evidencia. (Rumores).
Nos encontramos ante un escenario preocupante, que es la degradación progresiva y cada vez menos disimulada del control parlamentario. Empecemos por lo más palpable, por las ausencias. Se ha convertido en algo habitual que miembros del Gobierno no acudan a las sesiones de control. Lo hacen amparándose en ese pretexto ambiguo y recurrente que es el de los motivos de agenda. Pero, claro, teniendo en cuenta las escandalosas noticias que conocemos cada día sobre las cloacas y la presunta organización criminal en el seno del PSOE y del Gobierno, cuando alegan motivos de agenda para no acudir a los Plenos entendemos que deben referirse a las agendas de Leire y de Cerdán. (Aplausos). Están utilizando, además, una argucia, una artimaña que la presidenta del Congreso no debería permitir y es la siguiente. La semana anterior se comunica en tiempo la ausencia de determinados ministros para la sesión plenaria del miércoles de la semana siguiente. Entonces, cuando ya se han registrado las preguntas y las interpelaciones de todos los grupos parlamentarios que han excluido ―como es lógico― aquellas materias, asunto de la competencia de esos presuntos ausentes, en ese momento, cuando ya está registrado y cerrado el orden del día, ¡ah!, desaparecen de forma súbita esos compromisos ineludibles que les hacían faltar. Es decir, que, entonces, acuden. Es una auténtica burla lo que están haciendo y un desprecio al Parlamento, pero sobre todo es una muestra de frivolidad en el cumplimiento de las obligaciones del Gobierno. Es una falta de respeto institucional. (Aplausos). Además de la falta de respeto institucional, no solo están evitando a la oposición, están evitando dar explicaciones a los ciudadanos. Pero incluso cuando los ministros acuden, el problema no desaparece, porque entonces sucede algo que cualquier ciudadano que siga las sesiones de control puede observar perfectamente: que el Gobierno no responde a lo que se le pregunta. Se formulan preguntas claras, concretas y directas y se reciben respuestas que no guardan relación con la cuestión planteada. Se cambia el foco, se desvía el debate. En lugar de contestar, se recurre al discurso prefabricado; en lugar de explicar, se utiliza la descalificación; en lugar de aportar datos, se lanza un mensaje político que no tiene nada que ver con la pregunta. Y esto no es una valoración subjetiva, es algo observable, repetido y constante. Da igual lo que se le pregunte porque la respuesta ya está decidida de antemano. Se repite la consigna y el argumentario que les dicta la Moncloa, una consigna que los ministros reproducen casi de forma literal, sin matices, sin adaptación, sin ni siquiera el esfuerzo mínimo por intentar adaptarla a la pregunta que se les plantea. Esto convierte las sesiones de control en un escenario donde no hay diálogo, sino monólogo; donde no hay rendición de cuentas, sino comunicación política; donde el Gobierno, en lugar de comparecer para explicar su gestión, hace preguntas al interpelante, es decir, viene a hacer oposición a la oposición. (Aplausos). Se sustituye la respuesta por el relato, la explicación por el eslogan y el dato por la consigna. Miren, esto no es control parlamentario, es una forma de evitar preguntas incómodas. Es, en definitiva, una manera de esquivar el control parlamentario.
Pero hablemos también del escapismo. Una imagen penosa que se repite cada semana es la carrera veloz hacia la salida del hemiciclo cuando se ha acabado el turno de preguntas, empezando por el presidente, que se va a toda prisa, abandonando a sus ministros. Cuando hay algún asunto turbio ―algo ya muy habitual― que apunta a algún miembro del Gobierno, se produce una estampida de ministros y de los protagonistas de la polémica. La imagen de soledad de este Gobierno cada vez es más evidente, con una bancada azul prácticamente vacía y, además, una bancada socialista cada vez con menos diputados, que no se quedan ni siquiera para arropar a sus ministros. (Aplausos). Están todos en el sálvese quien pueda. (Risas). Viven en el sobresalto continuo, están más pendientes de las noticias de los juzgados que de sus competencias ministeriales. (Risas). Sí, sí, ríanse. El día a día se reduce a ver a quién imputan hoy, a ver qué se conoce de las cloacas, a ver qué notas salen de las agendas de Leire y de Cerdán, a ver qué wasaps se publican y entre quiénes. En esto, señorías, se ha convertido la actualidad política de este Gobierno rodeado de corrupción y agonizante. (La señora Mínguez García: ¡Vamos!).
El control al Gobierno cada vez está más degradado y lo que se está produciendo es una erosión real del equilibrio de poderes. El Gobierno deja de estar controlado en la práctica, y cuando el control se debilita lo que se debilita es la democracia. Por eso, esta reforma que proponemos no es una cuestión menor. Lo que se pretende es algo tan básico como imprescindible: que el Gobierno acuda, que justifique de forma real sus ausencias y, sobre todo, que responda a lo que se le pregunta, sin evasivas, sin discursos ajenos y sin propaganda, porque cuando el Gobierno no responde no solo no cumple una obligación política y constitucional, sino que falta al respeto a esta Cámara y, lo que es más importante, falta al respeto a los ciudadanos.
Señorías, tenemos una enorme responsabilidad. Hoy no estamos debatiendo una simple reforma del Reglamento de esta Cámara: hoy lo que estamos defendiendo es la calidad de nuestra democracia.
Gracias. (Aplausos).