Lídia Guinart Moreno
Gracias, presidenta. Señorías, el Instituto de las Mujeres es una institución clave en la promoción de la defensa de los derechos de las mujeres en España. En sus más de cuarenta años de historia, ha estado detrás del impulso de absolutamente todos los avances hacia la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres que se han dado en este país, claro referente desde hace muchos años en políticas públicas de igualdad con legislación pionera y avanzada. Hoy traemos a esta Cámara la modificación de la Ley 16/1983, de 24 de octubre, de creación del Instituto de la Mujer y de determinadas leyes procesales dentro de su ámbito competencial. Se trata de la trasposición necesaria de dos directivas de la Unión Europea que permitirán, a su vez, una puesta al día del instituto con el refuerzo de su arquitectura institucional. Y se trata también del fortalecimiento de un modelo de organismos de igualdad en unos momentos convulsos, difíciles y amenazantes para los derechos de más de la mitad de la población. Desde la creación del instituto, hace, como decía, más de cuatro décadas, se han ido incorporando diferentes normas al marco regulatorio de este país. Las políticas de igualdad son hoy muy distintas a las de 1983, de manera que el marco legal del instituto no refleja ya esa realidad. Por lo tanto, estamos ante una oportunidad, no solo ante una necesidad de trasposición de directivas europeas. Vamos a hacer de la necesidad virtud al actualizar las competencias de este organismo para que pueda seguir desarrollando, con plenas garantías, su papel como organismo de igualdad. Recordemos que fue la ley de igualdad la que le otorgó este carácter hace casi veinte años. Debemos avanzar hacia un modelo sólido, coherente, en el que coexistan diversos organismos de igualdad con la capacidad de actuar de manera especializada ante vulneraciones de derechos. Fue un Gobierno socialista el que creó esta institución. Corría 1983, en la II Legislatura, y entonces se denominaba Organismo Autónomo Instituto de la Mujer. Su primera directora fue la diputada constituyente, la recordada y añorada Carlota Bustelo. (Aplausos). Bustelo permitió la conexión de las incipientes políticas de igualdad españolas con las políticas europeas e incluso con las de América Latina. Así lo recordaba tras su fallecimiento la
Fundación Mujeres, de la que precisamente era presidenta de honor. El impulso legislativo hacia la igualdad lo efectúa siempre un Gobierno socialista y lo rechaza de manera sistemática el Partido Popular, que ha remado siempre en contra de estos avances, pero, en cambio, se ha beneficiado de ellos. Por supuesto que se ha beneficiado. Beneficiarse, siempre; votarlos a favor, nunca. Ese es su doble rasero, señorías del Partido Popular. Se han aprovechado ustedes de todas y cada una de las leyes que han hecho avanzar los derechos de las mujeres, desde la del aborto a las leyes de paridad o la ley de igualdad; derechos que hoy en día la sociedad española ha hecho suyos y a los que de ninguna manera está dispuesta a renunciar.
Señorías, en la actualidad, el Instituto de las Mujeres es un organismo autónomo adherido al Ministerio de Igualdad. Es, sin ninguna duda, una institución clave en la promoción de la defensa de los derechos de las mujeres en España. En sus cuarenta años de historia el instituto ha estado detrás del impulso de todos esos avances hacia la igualdad que se han dado en el país. Y lo ha hecho siempre de la mano de la sociedad civil, siempre de la mano del feminismo, que siempre y en todo momento empuja hacia adelante, que siempre está, que siempre es imprescindible para construir, para sustentar una sociedad cada vez más democrática y más justa. (Aplausos). Porque sin el feminismo, señorías, sin su aliento, sin su fuerza, serían impensables todas y cada una de esas transformaciones sociales y legislativas que hemos vivido y que nos quedan todavía por hacer realidad. El Instituto de las Mujeres ha sido y es el responsable de políticas tales como los planes para la igualdad de las mujeres; el centro de información de los derechos de la mujer; programas de educación; campañas de sensibilización, de información, de asesoramiento para empresarias y emprendedoras; programas de salud y de servicios sociales; la gestión de fondos europeos o subvenciones para entidades que trabajan en el ámbito de la igualdad o también del Observatorio sobre la Imagen de las Mujeres, creado hace ya treinta y dos años y que vela por que la información y la publicidad no sean sexistas.
En estos tiempos en los que la inteligencia artificial nos hace más fácil la vida, pero que, a su vez, supone una amenaza real por el uso de las deepfakes, de la pornografía, del ciberacoso, de la cosificación del cuerpo de las mujeres y otras formas de violencia, el instituto está trabajando en políticas de igualdad avanzadas. Sin ir más lejos, recientemente ha firmado un convenio con la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial, la AESIA, con la finalidad de corregir los sesgos de género y combatir la violencia digital. El instituto actúa como organismo clave en su doble papel de impulso, promoción, desarrollo, coordinación y evaluación de las políticas públicas dirigidas a la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, así como de prevención de la discriminación, asistencia y apoyo independiente y especializado a víctimas de discriminación por razón de sexo. Por su parte, la Autoridad Independiente para la Igualdad de Trato y No Discriminación actúa en defensa de diversos motivos de discriminación.
Ambos organismos deben cooperar de manera estructurada en el ejercicio de sus respectivas y diferenciadas funciones como organismos nacionales de igualdad, y deben hacerlo también a partir de la aprobación de esta ley que hoy les presentamos de conformidad con las directivas europeas en la materia. Así, tanto la autoridad independiente como el propio instituto tendrán legitimación procesal en situaciones análogas dentro de sus ámbitos de aplicación. Ahora, en el segundo cuarto del siglo XXI, las nuevas directivas europeas sobre organismos de igualdad requieren necesariamente que estos organismos estén habilitados para actuar en procedimientos judiciales y, en determinados supuestos, iniciar acciones en nombre propio para defender el interés público.
Es una exigencia europea, señorías, sí, lo es, pero la modificación de las leyes procesales no responde solo a esa exigencia, sino que con esta reforma el instituto amplía sus funciones en respuesta a una necesidad que es política y también jurídica: podrá actuar en situaciones de discriminación cuando se vean afectados intereses colectivos o difusos, y lo podrá hacer con coherencia y con capacidad estratégica.
Por otra parte, la regulación de la presidencia del instituto obedece también a una adaptación normativa, en concreto, a la Ley de Régimen Jurídico del Sector Público. Este cambio refuerza su capacitación y su autonomía personal, respondiendo así a otra de las exigencias de las directivas europeas que estamos trasponiendo. La presidencia se equipara al rango de otros organismos de igualdad equivalentes. Deberá elegirse mediante un procedimiento más abierto que en la actualidad, siempre entre personas de reconocido prestigio que acrediten idoneidad, competencia profesional y experiencia en la defensa de los derechos de las mujeres y en la promoción de la igualdad; además, para esa elección deberá contarse con el Consejo de Participación de la Mujer.
Esta reforma se impulsa de manera paralela a la elaboración de los nuevos estatutos del Instituto de las Mujeres que acaban de someterse a audiencia pública. España no solo ha hecho los deberes, sino que está mucho más avanzada que la inmensa mayoría de países de la Unión en el cumplimiento de lo que dictan las directivas europeas que ahora trasponemos. Con esta proposición de ley completamos el cumplimiento del mandato de las directivas, especialmente en lo que se refiere a la parte procesal a la que ya nos hemos referido. Las víctimas de discriminación ―de cualquier discriminación― merecen un sistema de protección robusto que les garantice atención especializada y adecuada al motivo de la discriminación; un sistema coherente con el papel central que las políticas de igualdad ocupan en el Gobierno de España; un sistema que en el futuro nos continúe situando a la vanguardia europea. Reforzar el Instituto de las Mujeres es fortalecer el Estado democrático de derecho, es garantizar más y mejor los derechos fundamentales, más aún en un contexto de cuestionamiento creciente de los avances de igualdad, de discursos cargados de misoginia, de negacionismo e incluso de odio, y con el difícil reto de instaurar los derechos digitales frente a los riesgos de la sociedad digitalizada, que ya no es futuro, señorías, ya es presente.
No hay espacio para los retrocesos en derechos. Hay que trabajar, remangarse, empujar, no dejar de empujar hacia la plena igualdad entre mujeres y hombres, porque la amenaza de involución es real, lamentablemente. Las mujeres lo sabemos y el instituto trabaja para que los avances estén asegurados, y lo hará, señorías, en el ámbito de sus competencias y de la mano de todos los organismos autonómicos de igualdad: del Institut Català de les Dones, ICD; del Institut Valencià de les Dones; del Emakunde, Instituto vasco de la mujer; del IAM andaluz; del Instituto de la Mujer de Castilla‑La Mancha y de todos los demás organismos, porque este es un país de autonomías, un país descentralizado. (Aplausos).
Dolors Renau fue una psicóloga catalana, feminista referente, diputada del Partit dels Socialistes de Catalunya y presidenta de la Internacional Socialista de Mujeres. En su blog escribió hace ya algún tiempo algo que resulta plenamente vigente:
Les dones rondinem, protestem, som massa obedients o massa poc. Però entretant ens ocupem de la vida, de que no falti res, del dia a dia, de la cura. I és més difícil que decreten la fi del món i el desastre general. I mentre es declara gairebé la fi del món, s’intenta acabar amb l’esperança. I aquesta és justament el motor que belluga tot el canvi. Casual, oi? Doncs em declaro esperançada i, si hi ha un pessimisme il·lustrat o no, tenim dret a tenir un optimisme il·lustrat o no. Ens cal per ajudar‑nos a viure.
Las mujeres protestamos, pero, entre tanto, nos ocupamos de la vida, de que no falte nada, del día a día, del cuidado, y es más difícil que paremos el desastre general y el fin del mundo. Al declarar el fin del mundo, se intenta acabar con la esperanza, y esta es justamente el motor que mueve todo el cambio. Casual, ¿no? Pues yo me declaro esperanzada. Y si hay un pesimismo, tenemos derecho a tener el optimismo ilustrado o no. Lo necesitamos para ayudarnos a vivir.
Eso es precisamente, ayudarnos a vivir en plena igualdad, lo que hace y seguirá haciendo el Instituto de las Mujeres más fortalecido. Por eso, les pido el voto a favor para la toma en consideración de esta proposición de ley.
Muchas gracias. (Aplausos).