Gracias. Vamos a ver, señorías de las izquierdas, ¿qué parte no han entendido de que no están ustedes en condiciones de dar lecciones de nada, y mucho menos de feminismo? (Aplausos). De nada, porque fueron ustedes los que votaron en contra en esta Cámara de prohibir el burka y el nicab en los espacios públicos. Ustedes, que se autoproclaman el Gobierno más feminista de la historia, decidieron ponerse de perfil ante una realidad evidente, y es que hay prendas concebidas precisamente para borrar a la mujer del espacio público, para invisibilizarla (aplausos), para convertirla en una sombra sin rostro y sin identidad. Pero, claro, ya toda España sabe que la mentira y la hipocresía es la esencia del sanchismo. Por eso quieren intentar trasladar hoy aquí la idea de que hay formas de opresión que debemos tolerar si vienen revestidas de tradición o de alguna religión. Pues, no, señorías, la dignidad de la mujer no admite apellidos culturales ni religiosos. La libertad no puede modularse según el origen, la comunidad o la presión social que reciba la mujer. Señorías, el Partido Popular no necesita la creación de esta subcomisión para tener meridianamente claro cuál es nuestra posición. Nosotros defendemos que en España debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración la libertad y la igualdad de todas las mujeres. (Aplausos). Y creemos que ninguna sociedad verdaderamente democrática puede aceptar como normal una prenda cuyo propósito explícito es ocultar completamente la mujer ante los demás. Aun así, hemos votado favorablemente a la creación de esta subcomisión, y lo hacemos porque estamos convencidos de que los trabajos, las comparecencias y los testimonios que escucharemos acabarán desmontando la tibieza moral de quienes todavía hoy se niegan a afrontar este debate con valentía, y demostrarán que no hay libertad donde una mujer es obligada a desaparecer físicamente del espacio público. (Aplausos).
Quizá entonces algunos comprendan, especialmente las señorías de SUMAR, que el feminismo no consiste en callar ante la opresión cuando resulta incómodo denunciarla, que no consiste en contemporizar con ideologías que relegan a la mujer a la invisibilidad y que no consiste tampoco en mirar hacia otro lado por miedo o complejo a ser acusado de intolerancia, porque la verdadera intolerancia, señorías, es aceptar que haya mujeres condenadas a vivir ocultas.
España debe ser un país donde toda persona pueda mirar y ser mirada como ciudadana libre e igual, un país donde ninguna mujer tenga que esconder su rostro para caminar por la calle y un país donde la defensa de los derechos fundamentales no dependa jamás del cálculo ideológico ni de la cobardía política.
Y me van a permitir una última reflexión, un último comentario a la intervención en comisión de unos socios de Gobierno. Me refiero a Bildu, porque la señora Aizpurua se mostró bastante indiferente ante este asunto en la Comisión Constitucional. Afirmó que este debate no está en la sociedad. Me pregunto si será porque ustedes sí se sienten cómodos con la cara tapada. Ya saben, con los pasamontañas con chapela. (Prolongados aplausos de las señoras y señores del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso). Resulta… (Algunas señoras y señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR y del Grupo Parlamentario Euskal Herria Bildu comienzan a abandonar el hemiciclo).