Mónica García Gómez
GobiernoMinistra de Sanidad.Página 62Vídeo
Muchas gracias, presidenta. Señorías, comparezco hoy ante esta Cámara para rendir cuentas, con todo el lujo de detalles que se merece, sobre la gestión realizada por el Gobierno de España ante el brote de hantavirus detectado a bordo de un buque, el HV Hondius, y sobre el operativo internacional de evacuación, de desembarco, de repatriación, de seguimiento sanitario y de protección de la salud pública que se desarrolló en torno a esta crisis. Vengo a explicar qué ocurrió, cuándo ocurrió, cómo ocurrió, qué información teníamos, qué decisiones se tomaron en cada momento, qué criterios científicos, qué criterios jurídicos, qué criterios éticos y humanos también se tomaron y qué lecciones debemos extraer para el futuro. Lo que vivimos durante aquellos días fue una crisis de salud pública añadida a una operación logística y de protección civil sin parangón, una coordinación diplomática con veintitrés países implicados, pero sobre todo una respuesta humanitaria ante personas que necesitaban ayuda y una salida segura en una situación muy difícil. El Hondius era un buque, como todos ustedes saben, que transportaba a 147 personas, entre tripulantes y pasajeros, de veintitrés nacionalidades distintas, procedente de Argentina, con paso por Sudáfrica y fondeado inicialmente en Cabo Verde. A bordo se había detectado, como ustedes también saben, un brote de hantavirus de la cepa de los Andes, que es una enfermedad muy grave, poco frecuente, poco conocida ―por lo menos en Europa―, con transmisión interpersonal infrecuente, pero documentada si hay contactos estrechos y prolongados. Entre esas personas había catorce compatriotas, ciudadanos españoles: trece pasajeros y un miembro de la tripulación. Desde el primer momento, el Ministerio de Sanidad actuó en coordinación con la Organización Mundial de la Salud, con el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, con la Comisión Europea, con los veintitrés países implicados, con Sanidad Exterior, con Protección Civil, con el Ministerio de Defensa, con el Ministerio del Interior, con el Ministerio de Asuntos Exteriores, con el Ministerio de Política Territorial, con el Centro Nacional de Microbiología, con las autoridades portuarias y aeroportuarias y con las comunidades autónomas concernidas, especialmente Madrid y Canarias.
Quiero dejar clara desde el inicio una idea: España actuó porque tenía que actuar, porque debíamos actuar, por tres razones fundamentales. La primera, por humanidad, porque había personas en riesgo que necesitaban auxilio y nosotros no miramos hacia otro lado. La segunda, por responsabilidad, porque había compatriotas a bordo. Y la tercera, por legalidad internacional, porque España es parte del Reglamento Sanitario Internacional. Hubo quien nos dijo que nos podíamos saltar los reglamentos internacionales, los compromisos internacionales y el compromiso humanitario que tenemos como país, pero decidimos que no lo íbamos a hacer. (Aplausos). La decisión no fue caprichosa. Fue una decisión basada en los informes de evaluación que hicimos junto a los organismos internacionales, una decisión basada en la confianza y en el orgullo de las capacidades que tenemos sobre nuestro Sistema Nacional de Salud y sobre nuestra protección de la salud pública, una decisión tomada por las obligaciones del derecho internacional y de los principios humanitarios, que España siempre ha defendido. Y fue una decisión guiada por la ciencia, por la humanidad, pero sobre todo por la solvencia, la solvencia de nuestro país, la confianza y el orgullo en la solvencia y en las capacidades de nuestro país. Y quiero decir también desde el principio que fue un operativo en el que, aparte del éxito reconocido por todos los organismos, Gobiernos y autoridades internacionales, pudimos sacar pecho como país por la rapidez, la solvencia, la coordinación y el liderazgo. Y precisamente porque salió bien y porque en la salud pública el éxito muchas veces consiste en evitar que ocurra lo peor, es importante explicar con todo detalle lo que se hizo para que ese resultado fuera posible.
Hay una grandísima diferencia entre tomar las decisiones guiados por la ciencia, la humanidad y la solvencia y tomarlas por cálculos políticos, intereses partidistas o por negacionismo. Así que, señorías, hoy vengo a rendir cuentas, pero también vengo a reconocer el trabajo de cientos de servidores públicos, de profesionales sanitarios, de técnicos de salud pública, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, de las Fuerzas Armadas, de Protección Civil, de los equipos de emergencia, limpieza, logística y coordinación internacional. (Aplausos). Orgullosos estamos de nuestros servidores públicos. Y vengo también a defender con orgullo que cuando hay vidas en juego España no mira para otro lado. España da la cara, España actúa y España se hace cargo. Actúa de la mano de la mejor combinación posible: la ciencia, los servicios públicos y la solidaridad, exactamente igual que nos gustaría que otros países actuaran si fueran ciudadanos españoles los que estuvieran atrapados en mitad de una emergencia sanitaria lejos de casa.
Me voy a referir ahora al contexto epidemiológico y voy a empezar por el final, para dar cuenta de cómo están los ciudadanos españoles, los catorce ciudadanos españoles que están ahora mismo guardando cuarentena en el Hospital Gómez Ulla. Como saben ustedes bien, el lunes, justo después del desembarco, uno de los ciudadanos empezó con síntomas y dio positivo. Ese ciudadano se encuentra bien, los síntomas han remitido y podemos decir que está prácticamente asintomático. El lunes pasado, en la tercera prueba de PCR que se les hizo a todos los compatriotas que están en el Gómez Ulla, otro ciudadano español dio positivo. Ese ciudadano se encuentra bien también y, cómo no, se pasó a tomar las medidas de aislamiento y de alta protección que se requieren cuando una de estas personas ha pasado de ser un contacto estrecho a ser un caso. Con lo cual, el seguimiento epidemiológico, el seguimiento clínico de todos nuestros compatriotas está siendo exhaustivo y riguroso. Además, quiero alabar aquí nuevamente no solamente la disposición, las competencias y las capacidades que tenemos en el Hospital de la Defensa Gómez Ulla, sino también la capacidad que tenemos como país para poder hacer esta vigilancia epidemiológica, que es tan sumamente necesaria y exigente en casos como esta crisis sanitaria. Con respecto al resto de pasajeros, como bien saben ustedes también, el día del desembarco una de las ciudadanas francesas, cuando volvía en el avión, empezó a tener síntomas. Todos los ciudadanos desembarcaron asintomáticos, pero una ciudadana francesa empezó con síntomas en el avión de vuelta a su país. Esta ciudadana es una de las pacientes ―podemos decir― que tiene una situación clínica más comprometida y de la que por supuesto, como país, también estamos pendientes.
Creo que también es importante explicar el contexto epidemiológico en el que se produjo esta crisis. El hantavirus Andes es una enfermedad, como ya he dicho, poco frecuente, pero es potencialmente grave. A diferencia de otras cepas de hantavirus que se dan en otros lugares, la andina tiene una característica singular y es que, aunque la transmisión entre humanos es infrecuente, está documentada científicamente en situaciones en las que hay un contacto muy estrecho, prolongado y en espacios cerrados. Esto es importante, porque en aquellos días convivieron dos percepciones que eran opuestas. Por un lado, hubo quienes intentaron presentar la situación como si estuviéramos otra vez ante la transmisión comunitaria propia de la COVID‑19, generando miedo y una alarma injustificada. Por otro, estaban quienes minimizaron el riesgo hasta el punto de sugerir prácticamente que no existía ningún problema sanitario. Bueno, ninguna de las dos era ni es cierta. No estábamos en una pandemia de transmisión masiva, pero tampoco estábamos ante una situación banal o irrelevante desde el punto de vista epidemiológico. Nos encontrábamos ante un brote asociado a una enfermedad grave, con varios casos confirmados, con personas fallecidas y con un gran número de pasajeros que llevaban días conviviendo en espacios cerrados, que es justo lo que hace que esta transmisión sea más grave o dañina.
La Organización Mundial de la Salud fue notificada oficialmente del brote el 2 de mayo de 2026, el sábado. A partir de ese momento, gracias a todo el entramado que hay multilateral y de salud global, se empezaron a hacer todas las investigaciones epidemiológicas y la coordinación internacional. Aquí también nos tenemos que enorgullecer de formar parte de ese multilateralismo, de esa coordinación internacional, de esa vigilancia epidemiológica internacional que nos permite no solamente ser parte de la Organización Mundial de la Salud, sino saber que la Organización Mundial de la Salud tiene radares en todo el planeta, en todos los territorios.
El buque Hondius, de bandera neerlandesa, había realizado una expedición en Sudamérica y navegaba hacia el Atlántico Sur. Algunos pasajeros habían desarrollado síntomas compatibles con el hantavirus y posteriormente se confirmaron varios positivos, hasta ocho. Tres personas enfermas fueron evacuadas en Cabo Verde. A medida que avanzaban las investigaciones, la Organización Mundial de la Salud y el ECDC, que es el organismo europeo encargado de la vigilancia de las enfermedades infecciosas, comenzaron a evaluar los diferentes escenarios de riesgo. El principal problema era evidente: había más de un centenar de personas de medio mundo que podían haber estado expuestas durante días en espacios cerrados y aislados a miles de kilómetros de lugares que tuvieran capacidades sanitarias avanzadas como sí tenemos en España. La cuestión no era dónde atracaba o dejaba de atracar un barco, la cuestión era cómo se gestionaba una operación internacional que combinaba una evaluación epidemiológica, un contexto de seguridad de salud pública internacional, la capacidad hospitalaria avanzada ante posibles empeoramientos y ante posibles situaciones de gravedad de los pasajeros, repatriaciones internacionales y una coordinación diplomática internacional.
La OMS evaluó la situación en Cabo Verde y concluyó que Cabo Verde no disponía de las capacidades ni de las posibilidades de poderse hacer cargo de esta inédita operación. Esto no era una valoración política, era una valoración técnica basada en varios factores. Primero, la limitación de las capacidades de los sistemas sanitarios, del sistema sanitario de Cabo Verde: limitaciones de capacidad de ucis; ausencia de sistemas de protección, de sistemas complejos para atender a personas con casos respiratorios graves; capacidad diagnóstica limitada; dependencia de evacuaciones a otros países para pacientes complejos y falta de capacidad suficiente para poder realizar investigaciones epidemiológicas. Porque, insisto, aquí no solamente nos estábamos jugando la salud de los tripulantes y de los pasajeros. Nos estábamos jugando la transmisión de un virus que era especialmente grave. De hecho, señorías, las muestras diagnósticas que se tomaron en Cabo Verde ―para que vean también la complejidad de a qué enfermedad y a qué tipo de virus nos estábamos enfrentando―, por supuesto, no se pudieron analizar en Cabo Verde. Se tuvieron que enviar primero a Dakar y luego a Ginebra, a laboratorios internacionales de referencia para completar estos procedimientos de análisis. Esto da una idea de las limitaciones existentes que teníamos y que hemos tenido a la hora de poder hacer diagnósticos certeros en Cabo Verde.
Es aquí donde la Organización Mundial de la Salud y el ECDC comienzan a valorar cuál es el punto de entrada más seguro, pero no solamente para los integrantes del buque, sino para todo nuestro país y para nuestro planeta. Y, por supuesto, el punto más seguro era nuestro país. Las islas Canarias reunían varios elementos que son fundamentales: puertos designados conforme al Reglamento Sanitario Internacional, planes de contingencia ya existentes, programas de vigilancia y control sanitario, capacidad hospitalaria avanzada, experiencia en gestión de emergencias complejas y proximidad geográfica que permite reducir el tiempo de exposición y convivencia a bordo. Además, España cuenta con algo especial: una red de salud pública y una vigilancia epidemiológica robustas, plenamente integradas con todos los mecanismos europeos e internacionales. Y así es como la Organización Mundial de la Salud hizo una petición formal de cooperación a España y España respondió, como no podía ser de otra manera, diciendo que sí, con la cabeza muy alta, con orgullo, con el orgullo de poder cumplir con las capacidades sanitarias, logísticas y humanas que la situación requería.
Como ustedes bien saben, esta petición no se produjo desde el primer momento, sino después de hacer una evaluación exhaustiva de cuál era la situación, los escenarios, las capacidades y las alternativas. Fue finalmente el martes 5 de mayo, en una reunión formal con la participación de la OMS, de la Comisión Europea, del ECDC y de las autoridades españolas, cuando la Organización Mundial de la Salud nos trasladó oficialmente, mediante carta de su director general, la necesidad de que el operativo se realizara en Canarias. Por tanto, las decisiones que se adoptaron después nacen, primero, de una evaluación epidemiológica internacional y, después, de una petición formal de cooperación y de constatación de que España era el lugar más cercano, pero sobre todo el lugar más seguro para realizar esta operación.
La prioridad desde el primer momento fue doble: proteger a la población en general y proteger también a las personas que estaban a bordo. Porque dentro del barco, señorías, no había pacientes, no había casos, no había turistas, no había tripulantes: había personas. Por cierto, entre esas personas había catorce compatriotas. Eran personas cansadas, aisladas, asustadas, que llevaban días viviendo una situación extremadamente difícil, con las que era bastante fácil empatizar. (Aplausos). Era bastante fácil empatizar con las personas que se encontraban en el barco y, sobre todo, se necesitaba una solución rápida y segura. Aquí no había ni prioridad nacional ni no nacional, había una prioridad humana.
Señorías, voy a reconstruir cronológicamente cómo se desarrollaron los acontecimientos y qué decisiones se fueron tomando en cada uno de los momentos. Es importante hacerlo con detalle porque durante aquellos días, cómo no, hubo afirmaciones falsas, acusaciones, simplificaciones interesadas y reconstrucciones posteriores que no se adecuaban o no se correspondían con los hechos, y creo que es importante sacar a la luz todos y cada uno de los elementos y de los detalles con los que se llevaron a cabo todas las decisiones. Los primeros contactos relacionados con el brote comienzan el domingo 3 de mayo, apenas un día después de que la Organización Mundial de la Salud tuviera constancia oficial de la situación a bordo del Hondius. Ese mismo domingo ya se producen comunicaciones entre los equipos de salud pública del ministerio y de salud pública de Canarias para compartir la información preliminar y para empezar a valorar los diferentes escenarios posibles.
El lunes 4 de mayo continúan los contactos técnicos, las actualizaciones epidemiológicas, mientras que la Organización Mundial de la Salud, el ECDC y los organismos internacionales están evaluando la situación del barco en Cabo Verde. Por supuesto que ya existía una preocupación internacional por la evolución de los casos y por las capacidades limitadas de Cabo Verde para poder llevar a cabo la gestión de este operativo.
La situación cambia decisivamente el martes 5 de mayo. Desde primera hora de la mañana se intensifican las comunicaciones entre todas las Administraciones. Hay conversaciones entre el Ministerio de Política Territorial, el Ministerio de Sanidad, la Delegación del Gobierno de Canarias, el presidente autonómico Fernando Clavijo y, por supuesto, el Ministerio de Interior. Nos ponemos en contacto todos con todos. A lo largo de ese día se producen no solamente contactos políticos, también técnicos. Desde el minuto uno, los técnicos de salud pública de Canarias, de España, de Europa y de la Organización Mundial de la Salud están en contacto. Los expertos que demandaba el señor Feijóo están en contacto desde el minuto uno, desde antes de que la Organización Mundial de la Salud nos pidiera que nos hiciéramos cargo de la situación.
Se producen múltiples contactos técnicos y políticos y quiero detenerme aquí, porque se ha hablado mucho de falta de comunicación y de deslealtad institucional. Señorías, sencillamente es mentira. Tenemos los registros de todas y cada una de las reuniones y de todos y cada uno de los contactos. Y mentir está feo, creo que incluso está catalogado como pecado. Ustedes decían: no es delito. Pero no se miente en una crisis sanitaria ni en un operativo que necesita rigor e información veraz. No se miente. (Aplausos). La interlocución fue constante, minuto a minuto, como no podía ser de otra manera. ¿Cómo no vamos a estar en contacto estrecho con los servicios de salud pública de Canarias? ¿Cómo no vamos a estar en contacto estrecho con la Ponencia de Alertas, donde están representadas todas las comunidades? ¿Cómo no vamos a estar en contacto estrecho con el Centro Nacional de Epidemiología y con el Centro Nacional de Microbiología? ¿Cómo no vamos a estar en contacto estrecho?
La situación cambia en torno a las seis del martes 5 de mayo. ¿Por qué? Porque se celebra esa reunión formal con la Organización Mundial de la Salud, con la Comisión Europea, con el ECDC y con las autoridades españolas. Ahí es donde la Organización Mundial de la Salud, a pesar de que ya estábamos previendo ese escenario, nos pide formalmente ayuda internacional. Y es entonces donde se expone con claridad que Cabo Verde no dispone de las capacidades necesarias. En esa misma reunión se trasladan dos elementos epidemiológicos que son decisivos para evaluar la situación. En primer lugar, que la OMS y el ECDC consideran ya entonces que existía una cierta transmisión de persona a persona asociada al brote. En segundo lugar, se comunica que todos los pasajeros y tripulantes del buque debían ser considerados contactos estrechos, lo que elevaba significativamente el riesgo potencial de aparición de nuevos casos. Para que nos entendamos, teníamos el riesgo de que alguien en el buque se pusiera malo. Por eso reforzaba la urgencia y la necesidad de actuar con rapidez y bajo los criterios de máxima precaución.
Por lo tanto, España nunca dijo no a participar en la operación. Evaluamos los escenarios y las capacidades disponibles y, en cuanto la petición formal se produjo, España, por supuesto, respondió inmediatamente que sí. Ahí comienza la activación plena del operativo. Ese mismo día, nada más tomar la decisión, a pesar de que los equipos técnicos del Gobierno de España, del Gobierno de Canarias y de las organizaciones internacionales habían estado en contacto durante todo el día, por supuesto que nos ponemos en contacto. De hecho, me pongo yo personalmente en contacto con el presidente de Canarias para trasladarle formalmente la decisión de activar toda la coordinación institucional. Esta conversación va seguida de otras tres más, porque, además, en ese momento nos llega una petición del early warning system, una petición que tenemos en Europa, porque inicialmente teníamos que asistir de urgencia al médico del barco, que era de nacionalidad británica, pero es una petición que nos hace el Gobierno holandés. Luego, ese paciente no tenía criterios de gravedad y no fue trasladado a nuestro país, pero teníamos una petición formal que yo, por supuesto, le trasladé al presidente de Canarias.
Durante la madrugada y la mañana del miércoles 6 de mayo comienza el despliegue operativo; se activa el Mecanismo Europeo de Protección Civil; se constituye el comité de seguimiento; empiezan las reuniones técnicas permanentes dentro de los ministerios, organismos internacionales y Gobierno canario, y se inicia un diseño detallado de toda la operación logística y sanitaria.
He de añadir que en Cabo Verde se suben cuatro médicos: uno de la Organización Mundial de la Salud, una de la ECDC y dos expertos holandeses. Con lo cual, teníamos información detallada y minuciosa de qué es lo que estaba pasando todos y cada uno de los días dentro del buque. El Ministerio de Sanidad mantiene contactos permanentes con la Organización Mundial de la Salud, el ECDC ―como ya he repetido― y con los países implicados: Países Bajos, Francia, Estados Unidos, Australia y el resto de los países hasta llegar a veintitrés países implicados. Aquí quiero volver a hacer un reconocimiento explícito a los equipos técnicos del Gobierno de Canarias, especialmente a los servicios de salud pública del Gobierno de Canarias, que actuaron con diligencia, con profesionalidad y con rigor desde el minuto uno. (Aplausos). ¡Eso es lo que se espera de nuestros servidores públicos y de nuestros representantes públicos!
El miércoles tuvimos una reunión entre los diferentes ministerios mientras se seguían realizando reuniones técnicas mañana, tarde y noche. Tengo aquí los horarios, les podría aburrir: a las 9:00 horas, Sanidad, Interior y Política Territorial con Delegación del Gobierno; a las 11:00 horas, con el mecanismo europeo; a las 12:30 horas, Sanidad, Interior y Asuntos Exteriores con el resto de los equipos técnicos; a las 14:00 horas, con los países miembros de la coordinación de la emergencia, Sanidad e Interior con el Gobierno de Canarias… Todos los días y en todo momento hemos tenido todo tipo de comunicaciones. El miércoles, el presidente de Canarias, que está en Bruselas, me pide una reunión para el jueves, que se materializa el jueves por la mañana en el Ministerio de Sanidad, en la que le informamos pormenorizadamente de cómo va a ser desarrollado el operativo y de que ―tal y como ocurrió― en el operativo iban a intervenir Sanidad, Exterior, la UME, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los mecanismos internacionales y nacionales, pero que en ningún caso iban a tener que intervenir, si no era porque algún paciente se pusiera malo, ni nadie de la población canaria ni ningún integrante del Servicio Canario de la Salud. Todo esto fue comunicado, y el señor Clavijo nos trasladó que él prefería que el barco estuviera fondeado a que estuviera atracado para minimizar los riesgos. Teníamos informes técnicos portuarios que nos decían que a veces es más complicado hacer el desembarco de los pasajeros en fondeo que en atraque, pero tomamos esa decisión junto con el señor Clavijo.
El viernes nos ponemos en contacto con la Comunidad Valenciana y con Cataluña ―tanto con los consejeros de Sanidad como con los presidentes― porque, en ese seguimiento estricto y exigente de la epidemiología, nos encontramos con que una mujer que se había subido y bajado en uno de los vuelos y que luego había fallecido había compartido ese vuelo con dos personas, con una ciudadana que está en Alicante y con otra que está en Cataluña, y que, además, estuvo en contacto con una ciudadana de Sudáfrica que pasó una semana en Cataluña. A todas esas personas les hicimos un rastreo, las estuvimos monitorizando y nos pusimos en contacto con ellas ―incluso con la ciudadana sudafricana, que ya estaba en Sudáfrica― a través de nuestros servicios consulares. A todas ellas les preguntamos si tenían síntomas y a todas ellas las enviamos, en colaboración con los Gobiernos autonómicos, a los hospitales donde estaban y han estado haciendo la cuarentena. Con esto quiero destacar el éxito y, de verdad, la confianza que nos pueden dar la vigilancia epidemiológica, la prevención, preparación y respuesta en las que llevamos trabajando ―no solamente el Gobierno de España, sino todos los Gobiernos― desde el aprendizaje de la COVID‑19 y cómo somos capaces de monitorizar y rastrear todos y cada una de las personas que hayan podido tener contacto con este brote.
La madrugada del sábado al domingo el buque llega a Tenerife, permanece fondeado dentro de la dársena del puerto de Granadilla y, a lo largo del domingo, se desarrolla gran parte del operativo de desembarco y repatriación. Por supuesto, el sábado nos desplazamos los ministros y todo el operativo al puerto de Granadilla, y allí también tenemos otra reunión con el presidente de Canarias.
La operación del lunes fue desarrollada con total normalidad. Los pasajeros fueron desembarcando de manera escalonada desde el barco mediante lanchas auxiliares utilizando mascarillas y equipos de protección, siguiendo en todo el momento itinerarios cerrados y supervisados por equipos sanitarios y de Protección Civil. Desde el puerto eran trasladados directamente al aeropuerto en autobuses de la UME, del Ejército, organizados por grupos, por nacionalidades y manteniendo siempre la trazabilidad epidemiológica. Allí embarcaban inmediatamente en vuelos organizados. La operación logística consistía en que ningún pasajero bajaba del buque sin que estuviera su avión esperando para minimizar el tiempo de espera de los pasajeros entre el desembarco y su repatriación en los aviones que se habían dispuesto. Los profesionales que trabajaban en contacto directo con los pasajeros utilizaron equipos de protección individual conforme a los protocolos establecidos. Se utilizaron medidas de protección extraordinariamente estrictas, porque, a pesar de que los pasajeros y la tripulación eran considerados contactos, nosotros los consideramos como si fueran casos desde el primer momento, esa es la diferencia. Por eso maximizamos los elementos de protección y la protección no solamente de ellos, sino de todos aquellos que estuvieron en el operativo. Los españoles, como ustedes bien saben, fueron evacuados en un avión militar y llegaron al Hospital Gómez Ulla para realizar la cuarentena. Se decidió elegir el Hospital Gómez Ulla porque, de las dieciséis unidades de aislamiento y de tratamiento de alto nivel que tenemos en España ―las llamadas UATAN―, ocho de esas unidades están en el Gómez Ulla. Por cierto, de esas ocho, había ya dispuestas en el mismo día las que fueran necesarias. Esto permitía, además, que el operativo fuera mucho más lineal y mucho más eficaz porque lo desarrollábamos todo desde los servidores públicos, ya sea del Ministerio de Sanidad, del Ministerio de Defensa o del Ministerio del Interior. El Ministerio de Sanidad solicitó la correspondiente ratificación judicial de las medidas de cuarentena, que fueron avaladas por el Tribunal de Instancia de Madrid. Aunque en ningún momento ninguno de los pasajeros puso ninguna objeción ni ningún impedimento ni mostró oposición a las medidas adoptadas de cuarentena y de aislamiento, el Gobierno consideró imprescindible tener prevista esa situación en la que, por razones de salud pública, podemos mantener aisladas a personas que pueden suponer, en un momento dado, un riesgo para la salud pública.
El lunes 11 de mayo por la mañana se hicieron las labores de repostaje y avituallamiento, y por la tarde se terminó de evacuar al resto de los pasajeros. A las siete de la tarde ―tal y como habíamos convenido con todos los países y con el Gobierno canario―, de forma exquisitamente puntual, el buque zarpó hacia Países Bajos con veintisiete tripulantes, un médico y una enfermera. A partir de ese momento, comienza la segunda fase de la operación, que ya está centrada en el seguimiento epidemiológico de los pasajeros, y fue precisamente durante esa fase cuando aparecieron algunos positivos. He de decir que alguno ha achacado a una falta de éxito de la operación la aparición de estos positivos. Al revés, se constata que adonde tenían que venir rápido es a un país seguro y con la capacidad suficiente para hacerse cargo y que, por suerte, hubo pasajeros que, cuando se pusieron malos, estaban en un hospital. Esto es importante señalarlo, porque había quien nos decía que estos pasajeros se tenían que quedar más días en el buque (aplausos), y ahí la ciudadana francesa, por ejemplo, igual no hubiera sobrevivido.
Estamos orgullosos de haber tomado esas decisiones, de haber actuado con rapidez. Estamos orgullosos de que no solamente los pasajeros españoles estén en un lugar seguro lo más rápidamente posible ―que, por cierto, es lo que nos demandaban―. Estamos orgullosos de que esa ciudadana francesa, a pesar de no ser una ciudadana española, haya podido tratarse ―y curarse, espero― donde tenía que tratarse, en una UVI de un hospital francés. Estamos orgullosos. (Aplausos). Y precisamente por eso, avalamos todas y cada una de las decisiones que tomamos en su momento.
Una vez reconstruida la cronología de los hechos, creo que es importante detenerse en algunas decisiones que más debate público generaron durante aquellos días y explicar con claridad por qué se actuó como se actuó. Gestionar una crisis sanitaria internacional, como gestionar una crisis sanitaria, como gestionar el día a día de un hospital, nunca consiste en tomar decisiones fáciles ni cómodas ni improvisadas. Se toman las decisiones en función de cómo va evolucionando la información. Y la información evoluciona constantemente en un contexto en el que cualquier retraso, cualquier error o cualquier malentendido puede tener consecuencias sobre la salud de las personas.
En cuanto a la primera cuestión de por qué no se mantuvo el barco más tiempo en Cabo Verde o directamente por qué no miramos para otro lado como país y dejamos que llegara hasta Países Bajos, ya les he dado la respuesta. Primero, por criterios de humanidad, por criterios de rapidez, de capacidad, pero sobre todo por una respuesta epidemiológica. Porque ahí, en ese barco, se hubiera puesto gente mala que hubiera podido fallecer y nosotros no lo íbamos a consentir. Y, sí, también es una respuesta humanitaria, porque España no mira hacia otro lado, España se hace cargo, siempre nos hemos hecho cargo. La responsabilidad legal, la responsabilidad de tener el compromiso, el Reglamento Sanitario Internacional en sus múltiples artículos ―44, 28―, nos hacía que actuáramos como hacemos siempre, en esta crisis sanitaria y desde que estamos en el Gobierno, en cualquier crisis y en cualquier situación: hacernos cargo. Qué bonita frase, hacerse cargo, hacerse cargo de las crisis, hacerse cargo de la vida y de salvar la vida a la gente, de proteger la vida de la gente y de proteger, por supuesto, también, la salud pública.
La segunda cuestión que estaba vinculada a la anterior fue el debate sobre las PCR y sobre por qué no se realizaron de manera masiva. Ya se lo he explicado también. Esta PCR no es la PCR a la que nosotros estamos acostumbrados con la COVID‑19, que vas a una farmacia, la compras, te haces una prueba en tu casa y ya tienes el resultado. Son unas PCR muy raras, por decirlo de alguna manera, que solo se realizan en algunos laboratorios autorizados, porque también salió el debate de si se hubiera podido llevar a un laboratorio de Canarias. No, tienen que ser laboratorios autorizados, que te den la garantía de que el resultado es un resultado fiel y fidedigno. No son pruebas convencionales. Insisto, las primeras pruebas que se hicieron en el buque se tuvieron que mandar a Dakar y se mandaron a Zúrich y a Ginebra. Las pruebas que les hicimos a nuestros compatriotas se han tenido que mandar al Centro Nacional de Microbiología, que está en Majadahonda, que es el único centro que está autorizado para llevarlas a cabo. Esperar resultados en el puerto de Granadilla era un error porque retrasaba la operación y porque ponía en riesgo durante más tiempo a los tripulantes y a los pasajeros. Así que nuestra prioridad no era, por supuesto, mantener durante más tiempo a personas potencialmente expuestas dentro de un barco esperando los resultados. Nuestra prioridad era evacuarlos lo antes posible. Y así se hizo, se redujo el tiempo de convivencia a bordo y se trasladó a los pasajeros a sistemas sanitarios seguros, ante la posibilidad de que cualquiera pudiera desarrollar síntomas y presentar un empeoramiento clínico. Así que lo que hicimos fue atenderles con rapidez, con el principio de máxima precaución, tratando la situación como si estuviéramos manejando casos confirmados desde el primer momento. Por eso se siguió un protocolo, por cierto, un protocolo hablado en la Ponencia de Alertas con todos los servicios de salud pública de todas las comunidades, a los cuales les quiero nuevamente dar las gracias. Por eso hubo cuarentenas, PCR seriadas, vigilancia continua, protocolos extraordinariamente estrictos, incluso para aquellas personas que permanecieron asintomáticas. España aplicó medidas muy por encima de los mínimos epidemiológicos exigibles. Y tenía que ser así, entre otras cosas, por la alarma social que creó esta crisis.
Otra de las cuestiones que generó polémica fue la relativa al fondeo y al atraque del buque que ya les he explicado. Nuestra prioridad era el fondeo, pero el segundo día de la operación, ante la decisión técnica de Capitanía Marítima de que así no se podía desembarcar a los pasajeros porque poníamos en riesgo ese desembarque, atracamos el barco durante cincuenta minutos para facilitar las últimas maniobras. En este sentido, el criterio, nuevamente, fue el mejor criterio técnico y el mejor criterio de seguridad para los pasajeros y los tripulantes. Ambos escenarios estaban planteados desde el principio. Vamos a fondear, pero si es necesario se va a atracar. Por supuesto, la decisión, que la tomamos en conjunto con Capitanía Marítima y con los responsables y expertos del puerto, fue trasladada en el minuto uno al presidente de Canarias.
Otro debate tuvo que ver con la supuesta falta de coordinación. Insisto, tenemos el rastreo, tenemos los datos de todas las reuniones, por la mañana y por la tarde, que se tenían a nivel técnico, dieciocho comunicaciones entre el Gobierno de España y el Gobierno canario, llamadas directas, transmisión permanente de información, rastreo por parte del CAES, del Centro Nacional de Epidemiología, de Microbiología, del ECDC, de la Organización Mundial de la Salud. Y esto nos tiene que dar una garantía de confianza, porque en una crisis sanitaria se puede discrepar, se puede pedir más información, se pueden debatir decisiones, porque no siempre las decisiones son blanco o negro y tuvimos que tomar decisiones en los grises. Entre decisiones técnicas, decisiones jurídicas y decisiones epidemiológicas se toma la mejor decisión posible. Por cierto, lo que se hace todos los días en cualquier centro hospitalario del mundo: tomar decisiones sobre la base de la mejor opción posible.
Lo que no se puede hacer es mentir, lo que no se puede hacer es alarmar, lo que no se puede hacer es difundir bulos. Eso es lo que no se puede hacer. En general, eso nos puede valer para la vida, pero nos vale mucho menos en una crisis sanitaria y en una emergencia sanitaria. (Aplausos). Es que no solamente no es ético, es que además es contrario a los criterios más básicos de salud pública. Sembrar bulos, alarma y miedo entre la población lo que hace es crear desconfianza de la población frente a las redes de seguridad que hemos creado entre todos y entre todas. Nuestra obligación durante esos días era gestionar una crisis sanitaria y proteger la salud pública. Y, por responsabilidad, también decidimos no entrar al ruido político, no entrar a responder cada declaración, cada provocación y no convertir una crisis sanitaria en un espectáculo. Hubo quien, como siempre, decidió que su mejor aportación a esta crisis era esparcir bulos, intoxicar, insinuar conspiraciones y mentir descaradamente. Supongo que en los tiempos que corren tenemos que convivir con esto, pero los bulos son siempre perjudiciales para la salud pública.
Lo hice en el puerto de Granadilla y lo vuelvo a hacer ahora: quiero dar las gracias a todos los periodistas que han informado con rigor. Ahí, había 400 periodistas de todo el mundo, a los que, por supuesto, les di las gracias, porque cualquier agente que informe con rigor se convierte en un agente de salud pública. Incluyo aquí también a los responsables políticos. Cada manifestación, cada declaración y cada información en una crisis y en una emergencia sanitaria tiene un valor en salud. Muchísimas gracias a todos los informantes y todos los periodistas que ejercieron con profesionalidad y con rigor su trabajo durante esos días. (Aplausos). Durante esos días y durante todos los días que tenemos la suerte de tener periodistas que informan con rigor y con profesionalidad.
La realidad es que el operativo salió bien. Se tomaron decisiones ―insisto― que no eran ni blanco ni negro, se tomaron las mejores decisiones posibles y el operativo salió bien. Había quien quería que saliera mal ―haría que se revisen ese patriotismo nato que tienen―, pero salió bien porque los pasajeros fueron evacuados, fueron repatriados de manera segura. Salió bien porque todos los casos positivos fueron apareciendo en lugares seguros, en hospitales y en lugares donde estábamos y estamos preparados para hacer frente a esos casos. Salió bien porque no hubo transmisión comunitaria ni impacto sobre la población general, como ya asegurábamos que iba a ocurrir. Y salió bien porque conseguimos coordinar una operación internacional inédita, minimizando los riesgos y garantizando en todo momento la seguridad, la salud y la protección de las personas implicadas. Por tanto, aunque el operativo fue liderado por España, fíjense que en ningún momento nos hemos atribuido todo el mérito, porque esto no se puede hacer sin la salud global; esto no se puede hacer sin multilateralismo; esto no se puede hacer atacando a la Organización Mundial de la Salud; esto no se puede hacer con negacionismo, y esto no se puede hacer si no es porque tenemos una confianza plena en nuestros servicios públicos. (Aplausos). Así que, sí, estamos orgullosos de los agradecimientos y de las felicitaciones del resto de delegaciones. La semana pasada estuve en la Asamblea Mundial de la Salud y las felicitaciones a nuestro Gobierno eran extensibles al resto de los Gobiernos que participaron, pero también, cómo no, a los valores y principios que tenemos como Gobierno y como país de defensa de la solidaridad, de defensa de la humanidad y de defensa de nuestros servicios públicos. (Aplausos). Insisto, nada de esto hubiera sido posible sin los servicios públicos; nada de esto hubiera sido posible sin nuestra sanidad pública robusta, sin nuestras estructuras de salud pública sólidas, sin unos servicios públicos bien preparados y tampoco sin aquello que lo hace posible y les da vida, que son los impuestos.
A veces, en esta Cámara, y fuera de ella, hay quien se permite cuestionarlos y desprestigiarlos. A veces, hay quienes se permiten no pagarlos, quienes se escaquean a la hora de pagarlos. Los servicios públicos y los impuestos sirven para esto; sirven para tener un país en el que podamos estar orgullosos de todos y cada uno de los servidores públicos; sirven para tener hospitales preparados, laboratorios capaces de diagnosticar un virus, equipos de emergencias movilizados en horas, cientos de profesionales públicos trabajando coordinadamente para proteger vidas. Son un orgullo de nuestro país y ellos sí son la prioridad nacional: servicios públicos, ciencia, solidaridad e impuestos. ¡Claro que sí son un orgullo de país! (Aplausos). Esta es la marca España. No es arrimarse al primer genocida de turno que nos falta al respeto, sino defender con uñas y dientes los derechos humanos, la paz y la salud como un bien común al alcance de todos y de todas.
Voy a terminar con unas pocas lecciones aprendidas. Algunas de ellas ya las aprendimos durante la COVID‑19, algunos las desaprendieron al año siguiente. Esta no va a ser la última crisis sanitaria, a lo mejor ni siquiera la siguiente a la que nos enfrentemos va a ser de estas características. Seguramente no sea de estas características, seguramente no sea este virus y sea otro virus, seguramente no se dé en un barco y se dé en otras circunstancias. Estamos en un contexto, no solamente geopolítico, en el que ―y lo siento por los negacionistas de la crisis climática― estamos muchísimos más expuestos a más amenazas, y por supuesto esas amenazas llegarán. Han llegado ya en forma de danas, inundaciones, incendios, en forma de zoonosis y de epidemias, y esta no va a ser la última, y desde el minuto uno en que cerramos este operativo nos hemos puesto a trabajar en cómo nos podemos preparar para la siguiente, no solamente en la Organización Mundial de la Salud, sino también aquí, en España. Hablar de salud pública es hablar de seguridad, así de claro. No existe gente sana en un planeta enfermo; no existe gente sana en un planeta enfermo, y esto nos lo tenemos que tatuar como servidores públicos.
Lo segundo que podemos aprender es que la incertidumbre a la que estamos sometidos se combate con certezas. No se combate con bulos, con mentiras, con declaraciones altisonantes ni con toxicidad política; se combate con certezas. Certeza en la ciencia, confianza en la ciencia, certeza en los servicios públicos y certeza en los mejores valores. ¿Cuáles son, en el caso de España y del Gobierno de España? Solidaridad y empatía. Esos son los principales valores. (Aplausos). Solidaridad que, como decía el doctor Tedros, es la mejor vacuna que tenemos frente a cualquier crisis humana.
Lo tercero que podemos aprender es que la crispación, el cálculo político, el alarmismo y los bulos atentan contra la salud pública. Y yo lo extiendo un poco más: atentan también contra la salud democrática. Tenemos el derecho a poder tomar las decisiones sobre la base de las informaciones rigurosas y nuestros ciudadanos tienen derecho a no sentir miedo y alarma porque haya quien decide o prefiere que, en su cálculo político, le viene mejor atacar al Gobierno o atacar a nuestros servicios públicos para que le dé rédito político. No lo podemos consentir. Lo siento mucho.
Lo cuarto que podemos aprender es que nuestros servicios públicos son nuestra patria y nuestro cinturón de seguridad. Lo repito: nuestros servicios públicos son nuestra patria y nuestro cinturón de seguridad. (Aplausos). Se pagan con impuestos. Por suerte, no los pagamos de nuestros bolsillos, como en otros países. Quienes bajan impuestos, quienes hacen regalos fiscales a los ultrarricos o quienes defraudan a Hacienda lo que están diciendo es que quieren debilitar nuestros servicios públicos, bajar los sueldos, eliminar efectivos y que no tengamos ese colchón o ese cinturón de seguridad para afrontar todas las crisis que tenemos por delante. Lo último es que ninguno estamos a salvo hasta que no estemos todos a salvo. Esto lo aprendimos en la pandemia muchos de nosotros, otros corrieron rápido a desaprenderlo y a enarbolar el sálvese quien pueda.
Fíjense qué curioso, porque mientras estábamos haciendo este operativo también llegó una patera, y este Gobierno y este país salva igual al que viene en un buque de ocio que al que viene en una patera. (Aplausos). Y estamos orgullosos de eso, de ser empáticos, de ser solidarios y de poner los derechos humanos y a las personas en el centro, sin pedirles ni el carné de identidad ni preguntarles de dónde vienen, sino básicamente qué es lo que necesitas. Por eso estamos orgullosos de nuestro país.
Ya termino. Volvemos a una idea: cuando se produjo esta crisis había solamente dos caminos, el sálvese quien pueda, que defendían algunos, y el no vamos a dejar a nadie atrás. El Gobierno de España y España están siempre en el segundo lema. No vamos a dejar nunca a nadie atrás. Podíamos optar por el miedo, por mirar hacia otro lado, por retrasar decisiones esperando que el problema lo resolvieran otros, o que en esas decisiones no tuviéramos que implicarnos o no tuviéramos que remangarnos. También había quien nos decía que había que abandonar a nuestros compatriotas. O podíamos actuar como actuamos, con responsabilidad, asumiendo nuestras obligaciones, confiando en nuestros profesionales y poniendo delante la protección de las personas y la salud pública. Así que España eligió actuar, España eligió salud, España eligió compromiso, y creo sinceramente que el resultado de estas semanas demuestra que fue y ha sido siempre la decisión correcta. Porque si las decisiones están amparadas por valores y principios correctos, no tengan duda de que las decisiones van a ser correctas. Así que espero que se recuerde esta crisis como el momento en el que España respondió con ciencia frente al miedo y el negacionismo, con cooperación frente al aislamiento y con humanidad frente al sálvese quien pueda.
Quiero terminar extendiendo los agradecimientos muy especialmente a los ministros Fernando Grande‑Marlaska y Ángel Víctor Torres. (Aplausos). También al Ministerio de Defensa, a la ministra Margarita Robles, cuya implicación personal en la coordinación fue fundamental. Y también quiero extender, cómo no, el agradecimiento al secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, y a la secretaria general de Protección Civil, Virginia Barcones, por ese trabajo riguroso y maravilloso que hicieron durante esos días en que se echaron a la espalda todo un dispositivo internacional. (Aplausos). Por supuesto, quiero dar las gracias nuevamente a todos los servidores públicos. Si algo ha demostrado esta crisis es que cuando este país tiene que responder ante una situación difícil, lo hace a través de sus servidores públicos, que no preguntan quién se va a llevar el mérito o quién se va a llevar la culpa, sino que, sencillamente, hacen lo que hay que hacer y están donde tienen que estar.
Muchísimas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista.—Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).