Joaquín Robles López
Buenos días, señorías. Preguntamos a la ministra por la situación de los alumnos que causan problemas o que son problemáticos en el sistema educativo español para saber qué medidas tiene pensadas su ministerio ―si por un azar las tuviera― para remediar lo que hoy en día es un auténtico despropósito. Me refiero al alumnado con necesidades educativas especiales derivadas bien del desconocimiento del español al provenir del extranjero o bien de problemas de naturaleza física, psicológica o social. Tenemos la certeza de que este Gobierno ―reo de corrupción económica, moral y política― no solo no aborda el problema, sino que, además, es directamente su responsable. Por eso, su acción no se centra en la solución, sino en su encubrimiento mediante la construcción de dos mitos tenebrosos escondidos en los mantras de la inclusión y de la diversidad multicultural. Con el mito de la inclusión, ustedes nos quieren hacer creer que todos los alumnos se benefician si conviven en la diversidad. Esto lo adornan con pánfilas declaraciones y apelaciones más o menos emotivas, pero no lo explican. Como indica con toda precisión Jordi Martí, dedicado a la educación durante años, en una publicación reciente en redes:
La realidad de muchas aulas es que la supuesta inclusión se ha convertido en la coartada perfecta de la Administración para camuflar el abandono. Y lo más sangriento es que ahora, bajo el mantra de la modernidad, algunos iluminados pretenden eliminar los centros de educación especial. No solo no debería cerrarse ningún centro de educación especial, sino que se debería aumentar su presupuesto para convertirlos en centros de alta especialización y referencia. (Aplausos). La verdadera equidad no es meter a todos en la misma batidora, es dar a cada uno el entorno que necesita para progresar con dignidad. Compartimos este diagnóstico completamente. Tanto la inclusión como la diversidad son ideas abstractas, funcionales y no sustanciales, que pueden dar valores positivos o negativos en función de las variables, de los casos particulares a los que se aplica. Es decir, incluir a un alumno con necesidades educativas especiales en una clase junto a otros que no requieren de atención especial puede ser un acierto o un trágico error, en función tanto de las características individuales de ese alumno como de las que posea la clase en la que se pretende integrar. Por esto, el diagnóstico clínico del alumno, la decisión de los padres y las características del centro educativo deben determinar la decisión de la inclusión de un alumno o no. Lo que no puede hacerse es justificar un sistema inclusivo con base en que la inclusión o la diversidad son buenas en sí mismas, con abstracción de sus valores particulares (aplausos), y prescindiendo en muchos casos de los diagnósticos de las necesidades de los padres, así como del de los colegios y de su capacidad para hacerse cargo de estos alumnos.
El Defensor del Pueblo, en el informe de 2025 presentado en esta misma tribuna, ha alertado de forma específica sobre las múltiples quejas que revelan esto que hemos señalado. Primero, la falta crónica de personal de apoyo. Segundo, la escolarización forzosa en centros ordinarios. Existen numerosos recursos promovidos por familias que rechazan el traslado obligatorio de sus hijos de centros de educación especial a centros ordinarios, argumentando que estos últimos carecen de la infraestructura y la seguridad necesarias, en algún caso, y en otros casos denunciando la falta de atención a estos alumnos y la ausencia total de integración. Tercero, las demoras en los dictámenes de escolarización. Cuarto, los niños que están en familias y que tienen un trastorno como por ejemplo el autismo critican que los menores pasan horas con cuadernos en blanco realizando tareas completamente absurdas. Cinco, los recortes y la precariedad en los apoyos. Seis, los obstáculos burocráticos.
A esto hay que sumar las quejas del profesorado y de los sindicatos sobre la falta de formación específica de los profesores. Gran parte del cuerpo docente manifiesta no contar con las herramientas pedagógicas ni con la capacitación necesaria para atender de forma correcta las diversas patologías o capacidades en un aula ordinaria, por lo demás masificada. Las ratios son excesivas, hay sobrecarga laboral, los docentes dedican gran parte de su tiempo a rellenar informes, y la burocracia de las comisiones de atención a la diversidad y adaptaciones curriculares individuales, lo que eleva significativamente sus niveles de estrés y desatención general.
En conclusión, el modelo de escuela inclusiva es solo un rótulo, un eslogan. A la situación nefasta del sistema educativo en general y a las desigualdades que provoca la dispersión autonómica se une la nefasta gestión de su ministerio en la aplicación de la no menos nefasta LOMLOE. (Aplausos).
En segundo lugar, por lo que se refiere a la diversidad, según los datos de su ministerio, España escolariza ya a más de 1 125 000 alumnos extranjeros en enseñanzas no universitarias. En solo una década, el alumnado extranjero ha crecido un 45 %, pasando de 736 000 a 1 066 000. Esto no es una anécdota ni un contratiempo coyuntural, es una transformación estructural en toda regla que ustedes han decidido gestionar con la técnica del avestruz, escondiendo la cabeza, mezclada con la del calamar, expulsando una ingente cantidad de basura demagógica que impide ver la realidad.
El problema no es solo la cantidad, el problema es dónde se concentran, en qué etapas, en qué centros, con qué necesidades y con qué recursos. Y ahí los datos vuelven a ser muy claros: la escuela pública soporta una carga desproporcionada. En España, el 66,8 % del alumnado total está en centros públicos, pero ese porcentaje crece al 75,7 % en el caso del alumnado extranjero. Dicho de otro modo, la integración se predica para todos, pero la absorbe principalmente la escuela pública.
La concentración en la escuela pública es todavía mayor en determinados perfiles. Según los datos oficiales, casi el 90 % del alumnado procedente del norte de África y el 80 % del procedente del resto de África está escolarizado en centros públicos. Por tanto, no hablamos solo de más alumnado extranjero, hablamos de una concentración desigual de perfiles, que en muchos casos exigen mayores apoyos lingüísticos, curriculares, sociales y organizativos.
Y aquí está la factura que ustedes no nos quieren enseñar; porque cuando un alumno llega sin dominar la lengua de aprendizaje no basta con sentarlo en un pupitre, en un curso y aula ―elegidos en función de su edad, y no de su conocimiento―, hay que enseñarle la lengua, hay que adaptar materiales, hay que reorganizar apoyos, hay que coordinar tutorías, orientación, jefatura de estudios y familia. En definitiva, hay que compensar desfases. Nada de esto puede hacerse con las actuales plantillas. Es incluso improbable que pueda hacerse siquiera, de cualquier modo, en la etapa de educación secundaria. Su integración no es real, es solo una mera integración estadística. (Aplausos).
En España hay más de 20 000 alumnos con desconocimiento grave de la lengua de aprendizaje, y el 82 % está en centros públicos. Para todos ellos se necesita dinero, profesores, horarios… Hay que gastar más en recursos de orientación, en programas, en burocracia, en educación compensatoria, en aulas específicas… Implica la pérdida del tiempo instructivo, la tensión organizativa, la indisciplina y el desgaste profesional.
Pero su Gobierno sigue ocultando lo concreto, anegándolo en sus mitos oscuros por indefinidos ―diversidad, inclusión, reto de convivencia, multiculturalidad―. Nos han inundado de palabras huecas, de ecos, de ideas y de conceptos cuya función es endulzar una realidad que cotidianamente padecen maestros, profesores, alumnos y padres, la realidad de los innumerables problemas que crea esa diversidad que ustedes creen poder corregir a base de decretos, palabras vacías y cartelitos con manos de diversa coloración entrelazadas. Son vacuidades para justificar su viscosa ideología; ideas fuerza que no pagan un profesor de apoyo, no enseñan español a quien no lo entiende, no reducen el desfase curricular y no atenúan los graves problemas de convivencia en las aulas. Por mucho cartelito de propaganda que pongan alabando la integración y el multiculturalismo, lo que ustedes llaman reto educativo significa en la vida real de los centros más gasto público y más presión sobre docentes y familias. La integración no puede medirse solo por la matrícula, escolarizar no es integrar, matricular no es garantizar aprendizaje, colocar a un alumno en una clase no significa que pueda seguir el currículo.
Los resultados son preocupantes. El abandono educativo temprano en la población sin nacionalidad española alcanza el 30,7 %, frente al 9 % de la población española, es decir, triplica la tasa de abandono.
También existe una dimensión presupuestaria que ustedes prefieren mantener borrosa. En España hay 167 164 alumnos extranjeros en educación de personas adultas que exigen centros, profesorados, grupos y organización. Hay también ―según los datos manejados en el informe de su ministerio― casi 400 000 alumnos destinatarios de enseñanza religiosa islámica y 311 profesores encargados de impartirla.
Luego están las adaptaciones, que ni siquiera aparecen bien medidas: menús halal diferenciados ―que obligan a comer a los españoles también―, mediación cultural, comunicación con familias, traducción informal, coordinación con servicios sociales, seguimiento del absentismo, etcétera.
Muchas de estas cargas no aparecen como una gran partida separada, quedan absorbidas dentro del funcionamiento ordinario del sistema. Pero que no aparezcan diferenciadas, no significa que no cuesten dinero. Si su Gobierno considera que estas políticas son necesarias, que diga también cuánto cuestan, quién las paga y sobre quién recae el peso de tener que escolarizar a sus hijos en centros en donde la convivencia es una quimera.
La brecha entre alumnos procedentes de familias con posibles y los de familias más humildes es ya de cuatro cursos. Son los alumnos españoles de familias trabajadoras ―que no pueden pagar una educación privada, como sí hacen tantos ministros socialistas― quienes pagan las consecuencias de su irresponsable política educativa y de inmigración. (Aplausos).
En relación con el mantra de la diversidad cultural, le tengo que hacer una serie de preguntas. Ya que ustedes hablan de integración y de inclusión, ¿acaso consideran, contradictoriamente con los principios morales que ustedes defienden en la LOMLOE, que el modo de incluirlos e integrarlos es respetar estas costumbres impartiendo asignaturas sobre educación islámica y cultura marroquí? ¿Tolera usted, en nombre del respeto por la diversidad cultural, las costumbres como la poligamia, el matrimonio infantil forzado o la ablación femenina? ¿Cómo se pueden hacer compatibles estos rasgos culturales con la obsesiva fijación de la LOMLOE en que todos los contenidos tengan perspectiva feminista y de género? Señora ministra, ¿ha preguntado usted a la Comisión Islámica si el islam que enseñan sus profesores en nuestros colegios se enseña con perspectiva de género? ¿O para los profesores de educación islámica y cultura marroquí ya no opera la obligación que exige a los profesores y maestros de Filosofía, Física, Historia e incluso Matemáticas?
Por último, nuestro sistema educativo no puede organizarse como si los alumnos españoles fueran una variable secundaria dentro de su propio país. En las actuales circunstancias, cuando asistimos a un volumen desorbitado de inmigración irregular, la atención a este alumnado que de forma masiva ha irrumpido en la educación se convierte en una carga que deteriora la enseñanza común, satura la escuela pública y perjudica al conjunto del alumnado español. La escuela debe orientarse a la formación intelectual y moral del alumnado español y debe recoger a los alumnos extranjeros tratándolos igual que al resto. Todo lo demás es farfolla progresista orientada a ocultar la degeneración de la escuela pública y la manifiesta incapacidad del Ejecutivo para tomar las riendas de una situación provocada por la suicida política del ‘papeles para todos’ impulsada desde hace décadas por este bipartidismo corrupto.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).