Ester Muñoz de la Iglesia
Gracias, señor vicepresidente. Querría comenzar esta intervención honrando la memoria de Jerónimo y Germán, agentes caídos en acto de servicio mientras cumplían su deber. (Aplausos). Usted antes le reprochó a mi compañera Cuca Gamarra que dijera que habían sido asesinados. Mire, jurídicamente igual lo podemos debatir, pero moralmente no, señor ministro. Usted sabe que había dolo de matar a nuestros agentes en el Estrecho. Quiero trasladar una vez más el pésame, el cariño y el afecto del Grupo Parlamentario Popular a sus familias, a sus compañeros, a sus amigos y a todo el cuerpo de la Guardia Civil. (Aplausos). Usted ha dicho antes ― es algo que yo creo que le va a perseguir el resto de lo que le quede de carrera profesional― que usted se preocupa de los números y no de los nombres y apellidos. Detrás de cada guardia civil que pone su vida al servicio de España hay una persona, señor Marlaska, no lo olvide nunca. (Aplausos). La muerte de un servidor público siempre es una tragedia, pero si además muere por defendernos, por defender la ley y por servir a España es todavía peor. Señor Marlaska, por un momento deje de pensar como ministro y póngase en la piel de un guardia civil, en la piel de un hombre que recibe la orden de salir al mar para enfrentarse a narcotraficantes que cada vez son más violentos, más organizados y que están mejor equipados. Póngase en la piel de un hombre que sabe, antes siquiera de arrancar la embarcación, que la de los delincuentes es más rápida que la suya, que va en inferioridad, que le van a disparar, que no está en igualdad de condiciones con el delincuente y que, aun así, tiene que seguir adelante, sabiendo que ni siquiera podrá defenderse. Póngase en la piel de ese agente que sale al mar consciente de que igual no vuelve a casa, consciente de que su vida depende más de su valor que de los medios que le dan usted y el Estado, señor Marlaska, y aun así no duda, no se esconde, no mira hacia otro lado, sino que cumple la orden, cumple con España, codo a codo con sus compañeros. Ellos sí entienden algo que este Gobierno ha olvidado, y es que en este país hay hombres y mujeres que están dispuestos a dar su vida por los demás, por un bien superior a sí mismos, superior a su comodidad, a su miedo, incluso a su propia vida. Y eso, señor Marlaska, merece algo más que discursos: merece respeto, merece medios, merece protección y merece un Gobierno que esté a la altura de su sacrificio. Señor Marlaska, la semana pasada fue usted abucheado por las familias de los guardias civiles en Baeza. Debería preguntarse por qué ocurre esto en lugar de responder siempre con enfado o con indiferencia frente al malestar de quienes se juegan la vida, porque no es la primera vez: a usted le abuchearon en Mérida, en Salamanca, le silbaron en Vigo, le abuchearon en Córdoba y ahora también en Baeza. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué usted genera tanto rechazo entre quienes están dispuestos a dar la vida por los demás? ¿Se ha preguntado por qué tantos hombres y mujeres de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado sienten que este Gobierno y usted les dan la espalda? El 9 de febrero de 2024, Miguel Ángel y David también fueron asesinados ―permítamelo― por los delincuentes y los narcos (aplausos) y cuatro compañeros más fueron heridos. Desde hace años, asociaciones de profesionales, sindicatos y el Partido Popular venimos alertando de la falta de medios y efectivos y de la falta de protección jurídica para combatir el narcotráfico, y ustedes no han hecho nada: ni asumieron responsabilidades ni reforzaron medios ni impulsaron reformas legales ni escucharon a quienes llevan años advirtiendo de lo que podía pasar. Dos años después, señor Marlaska, la historia se repite, y aquí estamos otra vez, con dos agentes más caídos en acto de servicio, con dos familias destrozadas y con un Ministerio del Interior que sigue haciendo exactamente lo mismo. El problema ya no es la negligencia, señor Marlaska, es su indiferencia. Ustedes se han acostumbrado a escuchar las advertencias y a no hacer nada, y eso tiene consecuencias para los agentes, para las familias y para la seguridad de los españoles. No son errores aislados. ¿Cuántos guardias civiles tienen que morir más para que usted haga algo, señor Marlaska? ¿Cuántos? (Aplausos). El abandono que su Gobierno ha demostrado hacia nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado va mucho más allá de esta tragedia. En febrero de 2024 esta Cámara debatió una iniciativa del Grupo Popular para declarar profesional de riesgo a los policías nacionales y a la Guardia Civil. Su partido, el Partido Socialista, votó en contra. Después el Senado remitió una ley con las mismas características a esta Cámara, y ¿sabe lo que ha hecho la Mesa del Congreso dirigida por una socialista? Aplazarla y aplazarla para que no se pueda ni debatir en esta Cámara, bloquearla más de setenta veces. Lo mismo ha ocurrido con la reforma del Código Penal para endurecer la respuesta frente al narcotráfico y tipificar el uso de embarcaciones como instrumento de atentado contra la autoridad: año y medio bloqueada; año y medio diciendo no. Hace apenas unas semanas volvimos a traer a comisión una iniciativa para que los agentes pudieran tener armas no letales en las embarcaciones. ¿Sabe lo que votaron el Grupo Socialista y SUMAR, que, por cierto, no está? Que no. (Protestas de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR presentes). Siempre que no, siempre igual, siempre tarde, siempre mirando hacia otro lado, siempre abandonando a quienes nos protegen. Por eso ya no les creen, por eso usted se sube aquí a dar datos. Pero es que no hace falta que nos convenza porque quienes no le creen son los que se juegan la vida a diario, señor Marlaska. (Aplausos). Mientras ustedes bloquean medidas, nuestros agentes salen al mar con menos medios de los que necesitan para enfrentarse a los criminales cada vez más violentos.
Señor ministro, usted lleva ocho años al frente del Ministerio del Interior y en España hoy hay más narcotráfico ―no es nuevo, pero hay más―, más inseguridad y unas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado más desmoralizadas. ¿A qué se ha dedicado todo este tiempo? A su trabajo de ministro del Interior no. Se ha estado dedicando a proteger operaciones políticas y las cloacas del poder protagonizadas por Leire junto a la directora de la Guardia Civil. De ese episodio ya hablaremos, señor Marlaska. (Aplausos). De ese episodio ya hablaremos. Sí hubo tiempo para proteger al entorno de Sánchez, pero nunca hubo voluntad política para defender a quienes protegen a España. Un ministro del Interior al servicio de Sánchez y de comisionistas, pero no al servicio de España. Un ministro preocupado por la propaganda, pero incapaz de garantizar la seguridad de nuestros agentes.
Señor ministro, las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil están llenas de hombres y mujeres dispuestos a darlo todo por su país, incluso su propia vida, y lo hacen con salarios insuficientes, con falta de medios, con destinos que separan familias y con un reconocimiento profesional que este Gobierno sigue negándoles. Aun así, cumplen; aun así, sirven; aun así, jamás nos fallan. Entiendo que debe ser difícil comprender la grandeza moral de estar dispuesto a dar tu vida por defender a tus compatriotas, sobre todo cuando se forma parte de un Gobierno que siempre pone por delante el poder y la supervivencia política de ese Gobierno acabado al deber y a España. (Un señor diputado: ¡Muy bien!―Aplausos). Necesitamos un Gobierno que respalde a sus fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Aspiramos a tener un ministro y un Gobierno que sean conscientes del sacrificio de aquellos que se juegan la vida por los demás, porque España hoy tiene todo lo contrario, que tiene agentes desprotegidos, familias abandonadas, una Guardia Civil agotada de pedir medios, respeto y apoyo, pero una Guardia Civil que nunca se cansa de servir, que nunca se cansa de cumplir, que nunca se cansa de darlo todo por España.
Señor Marlaska, cuando un Gobierno abandona a quienes lo protegen, acaba perdiendo también su confianza y su respeto. Eso es exactamente lo que le ha ocurrido a usted y por eso le abuchean, señor Marlaska. (Un señor diputado: ¡Muy bien!―Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).
Muchas gracias.