Ignacio Gil Lázaro
Muchas gracias, señora presidenta. Señor ministro del Interior, su ausencia en el funeral de los dos guardias civiles muertos en acto de servicio en Huelva ―Jerónimo y Germán; con nombre propio, Jerónimo y Germán― (aplausos) fue una huida cobarde. Fue una deserción miserable y una huida cobarde. Y por eso sus palabras sonaron tan falsas e impostadas que recibió usted un sonoro abucheo por ellas por parte de los asistentes, casi todos miembros de la gran familia de la Guardia Civil que estaban presentes en la ceremonia de jura de bandera de la 131.ª promoción del cuerpo. Que ni usted, ni Sánchez, ni ninguno de los veintidós ministros de este Gobierno asistiera a ese funeral, fue un desprecio a los guardias y a sus familias. Como también fue un desprecio a ellos y a la Guardia Civil que la muy derrotada hoy señora Montero calificase esas muertes en acto de servicio como un accidente laboral. (Aplausos). Señor ministro, esas muertes en acto de servicio, como el asesinato hace dos años de otros dos guardias civiles en el puerto de Barbate, recaen directamente sobre su responsabilidad política, porque se podían haber evitado si usted hubiera hecho caso a las advertencias que desde hace mucho tiempo le venían haciendo los propios guardias civiles. Y no lo hizo. Le advirtieron que era urgente declarar zona de especial singularidad la provincia de Huelva, que era imprescindible reforzar al menos un 20 % la plantilla operativa y las unidades de investigación. Le advirtieron que utilizar lanchas semirrígidas metálicas ―sin cabinas, sin visores nocturnos, tripuladas solo por dos agentes, frente a narcolanchas de hasta 16 metros de eslora y 500 caballos de potencia, tripuladas por varios individuos fuertemente armados y en actitud violenta― era poner en riesgo la vida de los guardias. Le advirtieron que era imprescindible reforzar las dotaciones del servicio marítimo, limitar el uso de embarcaciones sin protección en operaciones de riesgo y mejorar los protocolos de activación de medios rápidos. Y usted hizo caso omiso de todo ello. Y lo que es peor, no solo hizo caso omiso, sino que adoptó decisiones descabelladas. Por ejemplo, a través de una instrucción firmada por su anterior secretario de Estado de Seguridad, usted prohibió a los guardias civiles que dispararan contra los motores de las narcolanchas bajo el insólito argumento de que, si lo hacían, se podía producir una explosión mortal en esas narcolanchas y que la sociedad española no lo entendería. Pero ¿cómo, señor ministro, que la sociedad española no lo entendería? (Aplausos). La sociedad española lo que quiere es que los guardias civiles puedan cumplir con su deber defendiendo debidamente su vida, y si para hacerlo hace falta que los narcos terminen en el fondo del mar, que los narcos terminen en el fondo del mar. (Aplausos). Además, señor ministro del Interior, en el año 2022, inopinadamente usted ―no los mandos operativos, como ha dicho esta mañana aquí mintiendo―, insisto, usted, inopinadamente, sin comunicación a la Fiscalía, suprimió la unidad especial OCON‑Sur, una unidad integrada por ciento treinta agentes especializados en la lucha contra el narcotráfico y delitos conexos de blanqueo de capitales y corrupción, que había batido todos los récords de detenciones, desmantelamiento de clanes e incautaciones de alijos y que le estaba ganando ―le había casi ganado ya― la batalla al narco en el Campo de Gibraltar. Pero usted decidió suprimir esa unidad; usted, además, decidió mentir a los españoles, como ha vuelto a hacer esta mañana diciendo que la unidad existe y lo que pasa es que sus agentes han sido distribuidos por las distintas unidades de Policía judicial de las provincias andaluzas. La consecuencia de esa decisión de usted ha sido que el narcotráfico ha vuelto a rebrotar violentamente en el Campo de Gibraltar, que hoy incide más que nunca sobre las provincias de Huelva y de Cádiz; que ha rebrotado especialmente la entrada de cocaína y, como dice el informe de Seguridad Nacional aprobado por el Consejo de Ministros ―el último informe de Seguridad Nacional―, sospechosamente ha vuelto a rebrotar el tráfico de hachís procedente de Marruecos con el que había acabado la unidad OCON‑Sur. Entonces, señor ministro, ¿fue acaso la presión marroquí la que le obligó a usted a suprimir esa unidad especial, visto que estaba arruinando el negocio del narcotráfico y que es Marruecos el primer productor mundial de esa sustancia? (Aplausos). La consecuencia de sus decisiones es que hoy el narcotráfico es más virulento que nunca, opera con más medios tecnológicos que nunca, con armas de guerra, con drones, estableciendo una red de penetración social que afecta especialmente a los jóvenes y haciendo uso de una violencia extrema sobre los agentes. Sí, señor ministro, y mientras tanto la Guardia Civil tiene que seguir haciendo frente a esas organizaciones criminales, carente de medios personales, carente de medios materiales y carente de un adecuado marco jurídico que la proteja. Por eso, existe hoy en el seno del cuerpo un profundo malestar por lo que consideran un abandono jerárquico e institucional, el suyo, de manera que a usted ya no le quedan más márgenes para más promesas vacías ni para más advertencias desoídas.
El colmo es que usted aún se atreva a decir que hoy la Guardia Civil tiene más medios que nunca, y se lo dice a los guardias civiles, o que siga usted mareando la perdiz para impedir reconocerles su carácter como profesión de riesgo. En 2024 se aprobó en la Comisión de Interior de esta Cámara una proposición no de ley del Grupo Parlamentario VOX instando al Gobierno a ese reconocimiento urgente. Han pasado dos años y nada se ha hecho.
Y el colmo también, señor ministro, es que la mayoría de la Mesa de esta Cámara, con su aquiescencia ―obviamente con su aquiescencia―, haya ya prolongado en setenta y una ocasiones la iniciativa legislativa proveniente del Senado (aplausos), orientada a que se efectúe en nuestro ordenamiento jurídico ese reconocimiento.
Por tanto, no, señor ministro, sus mentiras y sus advertencias incumplidas son el fruto de una desidia que manifiesta también su fracaso en muchos otros ámbitos sustanciales que debían haber sido clave en la gestión de su ministerio. Desde que usted es ministro, la criminalidad ha aumentado un 13 % y ha aumentado la sensación de inseguridad ciudadana en nuestras calles, barrios y pueblos. Y, mientras tanto, el señor Sánchez acaba de decir hace unos días que España es el país más seguro del mundo. Pues vaya usted a decírselo a esos barrios obreros golpeados por una delincuencia extranjera como consecuencia del fomento de la inmigración ilegal que este Gobierno lleva haciendo, aunque usted mantiene ―y volverá a decir desde esta tribuna― que no existe relación entre inmigración ilegal y delincuencia. Dígaselo usted también a las mujeres, a las mujeres víctimas de una violencia sexual cada vez más creciente, protagonizada también por extranjeros, porque el 41 % de los asesinos de mujeres en el último año eran extranjeros y el 42 % de los condenados por agresión sexual eran extranjeros. Y, cuando usted dice que no existe esa vinculación entre delincuencia y criminalidad extranjera, los hechos le desdicen porque el 33 % del total de la población reclusa en España es extranjera, y ese porcentaje alcanza niveles mucho más altos en determinadas regiones. Por ejemplo, en Cataluña es el 51 % y aquí, en la Comunidad de Madrid, el 42 %.
Por tanto, señor ministro, usted ha fracasado en ámbitos tan sensibles que tendrían que haber sido prioritarios en la gestión de su ministerio, como la lucha contra el narcotráfico, la lucha contra la inmigración ilegal, la lucha contra la criminalidad ordinaria y la debida protección de la seguridad de las mujeres. Por eso usted no puede subir a esta tribuna a establecer prioridades, no tiene usted ya ni la fiabilidad ni el crédito entre la sociedad española y las propias fuerzas y cuerpos bajo su mando.
Señor ministro, si a usted le queda todavía un mínimo de dignidad personal y política, asuma su fracaso y su descrédito, suba a esta tribuna y presente su dimisión.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).