Está bien que lo reconozca, ministro, porque hoy ningún español está satisfecho con su labor. Además, tengo que decirle que algunos sienten vergüenza por su comportamiento y por sus formas. Hay pocos españoles que se suban a un tren con la garantía de llegar a su destino con total fiabilidad o que cojan un coche y tengan la garantía de que encontrarán carreteras en buen estado después de la falta de inversión.
Ustedes acaban de encajar una estrepitosa derrota electoral en Andalucía con el lema «Defiende lo público». Han tenido la desfachatez de utilizar ese lema y, hoy, en los días siguientes de esas elecciones, la corrupción vuelve a acorralar al Partido Socialista con nuevos escándalos que señalan directamente al Gobierno de Pedro Sánchez del que usted forma parte.
Ustedes nunca han defendido lo público, señor Puente, lo deterioran, lo corrompen y se reparten las mordidas y las comisiones. ¿Ustedes creyeron acaso que los andaluces iban a olvidar lo que pasó en Adamuz después de someterlos al calvario ferroviario de averías constantes, de pasajeros abandonados, de la línea de Málaga parada durante meses ―mientras usted se burlaba desde la tribuna de los malagueños― y una sensación permanente de abandono e impotencia? La corrupción, señor Puente, no solo roba dinero, destruye servicios públicos, degrada las instituciones y acaba costando vidas; cuarenta y siete vidas, señor Puente. Los españoles tampoco van a olvidar ni los retrasos ni las averías.
De su balance se puede decir que hay, hoy en día, carreteras abandonadas con socavones por falta de inversión ―queremos saber dónde está ese dinero―, que las obras están eternamente inacabadas, que los puertos cada vez son menos competitivos por sus leyes medioambientales, que los aeropuertos están degradados y convertidos en centros de acogida por la inseguridad y la insalubridad y un deterioro sin precedentes de la imagen de Renfe y de ADIF, utilizadas para camuflar sórdidos contratos a prostitutas, señor Puente. Ahora, nos anuncian un nuevo pacto con los separatistas para construir otra línea orbital. Pero, oiga, si ni siquiera saben utilizar y poner en marcha para que funcionen las de rodalies. Allí tenemos la humillación que ustedes hacen a los viajeros cada día en el servicio de rodalies, probablemente sea para volverse a repartir más mordidas.
Estamos impacientes por saber qué destino le tiene preparado Sánchez a usted, el hombre que convirtió el transporte en un caos, que degradó las infraestructuras del país y que quedó… (Aplausos).