Jaime Miguel De los Santos González
Gracias, presidenta. Ministra, después de ocho años de Gobierno, las únicas jóvenes que parecen haber preocupado al presidente Sánchez son las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero; las únicas que se han beneficiado de algún acuerdo aprobado en el Consejo de Ministros, y sí, me refiero al rescate de Plus Ultra. Ocho años de involución educativa con un solo hito, una ley, la LOMLOE, que es la modificación de la modificación de un texto igualmente nefasto, que aprobaron para evitar el debate en lo peor del COVID, cuando los españoles se morían de miedo en sus casas o, peor, lloraban a sus seres queridos, mientras que el señor José Luis Ábalos —al que todos ustedes aplaudían igual que hacen hoy con José Luis Rodríguez Zapatero— se montaba orgías por media España con el dinero de los españoles y las españolas. Esa es su herencia, señora ministra: un ministerio que señala a las personas con discapacidad, diciéndoles que les van a cerrar sus centros; un ministerio que no respeta a los docentes; un ministerio al que usted ahora suma un proyecto contra el bullying, una lacra que afecta a más de un millón de chavales, con un decálogo que representa 333 euros por centro, ministra. ¡Qué vergüenza! Esa va a ser su herencia, por eso será recordada, lo mismo que la señora Alegría por ocultar las fiestas sexuales del señor Ábalos en el parador de Teruel. (Rumores). Y no nos engañamos, a usted, si la hicieron ministra, fue para borrar del mapa político al señor Page, para sacarle sus vergüenzas, y ahora, como si sirviera de algo, la mandan a Toledo a dar abrazos a nuestros guardias civiles a ver si las lágrimas de los familiares de los guardias civiles asesinados en acto de servicio se borran. Pero es tal su desvergüenza que no sirven ni su falsedad ni todas las mentiras de este Gobierno. (Rumores). Señora ministra, le ruego que mire al señor Puente, a ese que denuncia en esta casa el bullying político. Es exactamente igual que los agresores que arrinconan a los chavales en las escuelas. Mírele: mismas trazas, misma desvergüenza, misma agresividad, misma ignominia. Muchas gracias. (Aplausos.—Varios señores diputados: Muy bien).