Víctor Camino Miñana
Destinar mucho más de la mitad del sueldo a pagar un piso o una habitación es la realidad que hoy asfixia a jóvenes, clases trabajadoras y personas vulnerables. La vivienda es hoy el mayor reto social e intergeneracional que tenemos. ¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Esto no va solo de oferta y demanda, a veces también va de avaricia. Por ello, ante este complejísimo debate, el Partido Socialista propone tres respuestas: más intervención, más transparencia y más control. Más intervención para que ningún euro público acabe en la cuenta de un fondo buitre. Más transparencia para evitar el tráfico de influencias en las VPO. Por último, más control para que la construcción de vivienda llegue a quien la necesita. En resumen, hoy planteamos una batería de soluciones para garantizar que la vivienda pública lo sea para siempre y que el acceso a esas casas se realice sin trampas. La ciudadanía conocerá esta semana si quienes les representan defienden que el hogar es un activo financiero, es decir, un negocio, o si, por el contrario, trabajan por la función residencial del hogar, por un techo digno.
Señorías, la vivienda pública es el mejor instrumento para desinflamar un mercado desbocado. Si agilizar la construcción es importante, garantizar el blindaje público permanente es obligatorio. La mayoría de los 2,7 millones de viviendas que se han construido en régimen público durante los últimos cuarenta y cinco años ha pasado a mercado privado, se ha descalificado. Si se hubieran mantenido en el parque público estaríamos ahora mismo en estándares europeos. Es cierto que desde 2019 esto ha cambiado porque ha mejorado sustancialmente la construcción de vivienda pública y protegida, pasando de un 2,5 % a un 3,4 (aplausos), un aumento de 138 000 viviendas. Si repetimos los errores y las políticas del pasado, estas viviendas pueden pasar a manos de multipropietarios ricos que hacen de la necesidad ―de la necesidad― su virtud. Para evitarlo, impulsamos, por una parte, el mantenimiento de la calificación permanente de las casas promovidas con ayudas públicas o beneficios fiscales, y, por otra, la de las viviendas levantadas en suelo público de las Administraciones. Esto ya es una realidad en comunidades autónomas como Asturias, Navarra, País Vasco y Cataluña.
Si blindar la vivienda protegida es el punto de partida, señorías, garantizar el acceso justo es una de las metas. Para que esto se cumpla, las comunidades autónomas tienen que supervisar y vigilar las irregularidades, porque son las comunidades autónomas las que son constitucionalmente competentes en esta materia. No miren hacia otro lado, señorías del Partido Popular. Escuchen. Mientras medio millón de españoles y de españolas están esperando y haciendo cola ordenadamente para una vivienda pública, ustedes pactan con VOX, con la extrema derecha, eso de desregular, eso de la desregulación. Cito textualmente: «Desregular para evitar irrelevantes controles y papeleos». ¡Qué casualidad, señorías! Qué casualidad que bajo esta misma desregulación un militante del Partido Popular resulte agraciado con un pisito en la primera promoción pública de Alicante en veinte años. (Aplausos). ¡Qué casualidad! ¡Qué suerte! Mientras 76 000 valencianos y valencianas hacían su cola ordenadamente, Carlos Mazón, referente de los diputados valencianos, propició que eso pasara. (La señora Montesinos de Miguel realiza gestos de asentimiento). Dice que sí la señora Olona (sic), la señora Macarena (sic). (Rumores.―Risas.―El señor Ibáñez Hernando: ¡Montesinos!). Carlos Mazón lo que hizo fue aumentar el límite de renta, suprimir la inscripción en el registro y dejar la adjudicación en manos de promotores hasta la escrituración. Si su referente es Carlos Mazón, también lo es Juanfran Pérez Llorca, el que mantiene este coladero de ocupas vip.
¿Cómo no van a querer desregular, señorías? ¿Cómo no van a querer desregular si gracias a ello este carné (muestra un carné) que hoy les enseño, el carné del Partido Popular, se convierte en una llave maestra para entrar a vivir en una casa pública? (Aplausos). ¡En una llave maestra para entrar a vivir en una casa pública, señorías! Y esto no es un accidente, porque pueden decir: Es que nos hemos equivocado, no volverá a ocurrir. No es un accidente, es el modelo del Partido Popular, su modelo de barra libre para transferir recursos a lo privado desde lo público. Es el mismo modelo de la alcaldesa de Valencia, María José Catalá (rumores), que pone en marcha también esas promotoras que son juez y parte y que utilizan permutas para dar vivienda a sus amiguetes quitándoselas a las familias. Vito Quiles no pregunta por esto porque, casualmente, el marido de la diputada del Partido Popular, Alma Alfonso, la diputada que le cedió su despacho para grabar vídeos, casi se lleva un supercontrato de VPO de la alcaldesa María José Catalá. (Protestas.―Aplausos.―La señora Alfonso Silvestre pronuncia palabras que no se perciben). Por suerte, el Grupo Socialista lo frustró. Alma, ahora que Vito Quiles no puede entrar al Parlamento, puede decirle usted que grabe los vídeos en alguno de esos pisitos de Alicante en primera línea de costa que se llevaron las señorías y, en este caso, las personas relacionadas con el Partido Popular. ¿Para esto quieren desregular, señorías, para hacer de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas unas promotoras con bandera? Con bandera pirata, por supuesto.
Miren, nosotros buscamos procedimientos claros y herramientas de supervisión para evitar que caraduras tengan una casa pública pagada con los impuestos de todos y todas a través del chanchullo. Frente al «sálvese quien tenga» y frente al «sálvese quien herede», que eso también les gusta mucho, el Partido Socialista plantea soluciones ―acabo, presidente―. Tres de cada cuatro españoles exigen una mayor intervención del mercado ―tres de cada cuatro españoles―. Desde esta tribuna quiero ser útil a mi generación, una generación que este domingo saldrá a las calles para denunciar que la vivienda cuesta la vida; una generación que vive del alquiler o con sus padres no por elección, no por decisión, sino por exclusión. Si el libre mercado se organiza para forrarse, les pido que nos organicemos para proteger a las clases trabajadoras a través de más intervención, más transparencia y más control. Entre normalizar las casas como negocio o garantizar su función residencial, no protejan a quienes se enriquecen por poseer y no por producir; protejan la función residencial de la vivienda.