Tomás Fernández Ríos
Señorías, hoy subo a esta tribuna para decir lo que millones de españoles ya saben y sufren, que este Gobierno es un Gobierno confiscatorio, con más impuestos que nunca, con más ingresos que nunca, con más deuda que nunca, pero absolutamente incapaz de planificar el futuro de nuestro país. (Aplausos). Cualquier empresa seria, cualquier administración responsable, debe priorizar, necesita decidir qué es importante y qué es superfluo. Ustedes han hecho justo lo contrario: recaudar más que nunca para gastar peor que nunca y, lo que es más grave, para alimentar redes clientelares y fomentar la corrupción.
Ustedes no quieren planificar a medio y largo plazo. ¿Por qué? Porque eso exige responsabilidad, eso exige transparencia y eso exige unos presupuestos generales del Estado, y ustedes llevan tres años gobernando a golpe de improvisación. (Aplausos). Señorías, eso tiene consecuencias. Han convertido la movilidad en una promesa vacía, en propaganda. El vocero que tenemos como ministro nos ha intentado vender una España moderna, de alta velocidad, de vanguardia, pero la realidad es otra, son retrasos constantes, carreteras saturadas, trenes que no llegan, inversiones que no se ejecutan, territorios olvidados. Aquí no está fallando una vía ni un tren, ni una carretera; aquí lo que falla es el modelo, que está basado en titulares en lugar de seguridad, en inauguraciones en lugar de mantenimiento y en anuncios en lugar de realidades. Según la Asociación
Española de la Carretera, el déficit de inversión en nuestras vías ahora mismo es de unos 14 000 millones de euros. Más de la mitad de nuestras carreteras presentan deterioros graves y, lo que es más grave, la propia Fiscalía dice que el 30 % de los accidentes tienen relación con el mal estado de las carreteras. Esa es su gestión.
Y si hablamos de puertos, más de lo mismo. Sin entrar en su nefasta política de selección de las autoridades portuarias, convertidas en un apéndice de su corrupción, le diré que su ecofanatismo ha permitido que el puerto de Tánger supere ya a los puertos españoles como nodo logístico entre Europa, África y Asia, cuando hace poco, en el año 2016, solamente el puerto de Algeciras movía el doble de toneladas que el puerto de Tánger. (Aplausos).
Y si esto ya es grave, lo de mi provincia, Huelva, es inaceptable. Porque en España parece que hay ciudadanos de primera, de segunda y luego estamos los onubenses. Los datos son irrefutables. En los últimos presupuestos presentados, en el año 2023, Huelva recibió 164 millones de euros, o sea el 0,12 % de la inversión total en infraestructuras. Los onubenses se preguntan con razón: ¿cómo es posible que Huelva sea la única provincia que no está conectada con su provincia aledaña, que es Cádiz, por medio de una autovía? ¿Cómo es posible que, además, las comunicaciones de Huelva, en este caso con Sevilla, estén colapsadas y en un estado lamentable, con una carretera A‑49 con un tercer carril que lleva prometido una década? ¿Cómo es posible que, tras veinte años de anuncios constantes de la ‘PP‑SOE’, de anuncios, anuncios y anuncios, Huelva siga sin contar con un tren de alta velocidad y con conexiones ferroviarias del siglo pasado? Hoy mismo habrá veinte trenes entre Cádiz y Madrid; veinte. Y cinco entre Huelva y Madrid; cinco. Eso no es desigualdad, es abandono. Y esto provoca que nuestro sector turístico compita en inferioridad. Huelva tiene 12 000 plazas hoteleras mientras que Almería y Cádiz ya superan las 25 000. ¿Cómo es posible que Huelva, con esas maravillosas playas, no tenga aeropuerto? Pues no lo tiene, Huelva es la única ciudad costera, junto con Lugo, que no tiene aeropuerto. ¿Cómo es posible ―y me refiero ahora a las carreteras― que la Nacional 435, la única carretera que une Huelva con el interior de España, con Extremadura, que es peligrosísima, que tiene muertos continuamente, su desdoble y su conversión en autovía se hayan prometido y reinaugurado múltiples veces por Gobiernos de un lado y del otro? Es una absoluta vergüenza. (Aplausos). ¿Cómo es posible que tengamos limitado el transporte de mercancías, entorpecido por unas vías a Zafra que son del siglo XIX? Esto, unido a la inexistencia de esa autovía vertebradora de la que hablaba, produce que la mayoría de los productos españoles salgan por el puerto de Setúbal, salgan por Portugal, en lugar de salir por el puerto de Huelva.
¿Y el agua? Huelva, clave en el sector primario, segundo polo químico de España, líder en frutos rojos, ¡y sin infraestructuras hidráulicas!, con presas y embalses a medio hacer. Nosotros, en Huelva, tiramos todos los años en unos pocos días el agua que valdría para mantener nuestra economía durante todo el año. Y, sorprendentemente, en septiembre y en octubre tenemos restricciones al riego que ahogan nuestros campos. Y, para colmo, una red eléctrica obsoleta y falta de inversión, que va a hacer que perdamos más de veinte proyectos. ¿Qué significa este dato? Que Huelva, con 600 000 habitantes, está por detrás en inversión de provincias como Soria o Teruel y solo por delante de Ceuta, Melilla o alguna isla. ¿Saben por qué? Porque las inversiones que no llegaron a Huelva sí llegaron a otros territorios, y sabemos quiénes se han beneficiado y cuál ha sido el precio político. Porque este Gobierno paga a traidores mientras castiga duramente a las provincias leales a España.
¿Saben una cosa? Si todo esto es grave, hay algo mucho peor. Porque todo lo anterior puede revertirse ―les aseguro que, como diputado por Huelva, ese es mi compromiso mientras siga siéndolo―, pero hay cosas mucho más importantes que no tienen solución. Porque Huelva carga también con una herida que nunca debió ocurrir y que nos ha dejado marcados para siempre, que es Adamuz, donde hubo 46 muertos, de los cuales 28 eran onubenses. En Huelva no hay un solo municipio que no haya sentido el golpe ni una sola familia que no haya mirado ese accidente con miedo, con rabia (aplausos) y con una sola pregunta, ¿se podría haber evitado? Porque Adamuz no fue un accidente, fue la consecuencia de una negligencia, de un modelo equivocado y de anteponer el oportunismo político a la corrupción y a la seguridad de los ciudadanos.
Termino. Por respeto a las víctimas, tenemos la obligación de decirlo: no bastan minutos de silencio, no bastan homenajes, no bastan discursos; las víctimas merecen justicia, Huelva merece respeto y España merece infraestructuras seguras. Y sé que el ministro no será cesado y sé que, muy probablemente, hoy no será reprobado, pero sí le digo a ese ministro charlatán que si le queda un mínimo de dignidad, si le queda un ápice de dignidad, aún está a tiempo: pida perdón una a una a cada una de las víctimas, asuma su responsabilidad y dimita. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).