Pedro Puy Fraga
Muchas gracias, señor presidente. Tras escuchar el otro día la respuesta que el vicepresidente primero y ministro de Economía le dio a la brillante intervención de nuestro compañero, el señor Marí, en la interpelación, a mí se me vino a la cabeza aquella famosa frase atribuida a Groucho Marx, aunque realmente quien la pronunció fue su hermano Chico: «¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?» El discurso del Gobierno, también el del vicepresidente, es absolutamente triunfalista en lo económico y muy escaso de autocrítica; como mucho, reconocen fallos en materia de vivienda. La economía va como un cohete y, como dijo el propio vicepresidente, está en un nuevo círculo virtuoso. Además, curiosamente hoy en el turno de control, le echó en cara al PP las disonancias que supuestamente tiene entre lo que ocurre y lo que dice. Hablemos, pues, de las percepciones de la realidad. Para ello, lo mejor es ver qué opina la ciudadanía. El barómetro del CIS de abril ―por cierto, el mismo que le da al PSOE trece puntos de ventaja sobre el PP, con lo cual sobre este tema supongo que no será sospechoso― dice sobre las preocupaciones de los españoles que la primera es, efectivamente, la vivienda, pero, si vamos al ámbito personal, el 38 % de los españoles dice que sus principales problemas son los económicos, el 53 % dice que la situación económica es mala o muy mala y el 7 % que es regular, es decir, un 60 % de la población española ni ve el cohete ni el círculo virtuoso. En paralelo, según el CIS, también en febrero de 2026, en el informe sobre temores de la sociedad actual, el 76 % cree que se está deteriorando la democracia y el 37 % que vivirá peor dentro de diez años, y eso que en la misma encuesta el 80 % de los españoles se declaran optimistas. ¿Esto por qué es? Porque los datos y los informes que incluso citó el propio vicepresidente primero contradicen la versión optimista, exuberantemente optimista, que traslada el Gobierno. Como ha dicho la AIReF, el crecimiento del producto interior bruto depende del consumo interno, que depende fundamentalmente del incremento de la población, y del gasto público, que depende a su vez de los fondos europeos y de los incrementos de recaudación. Dejando aparte los fondos europeos, sobre los que ya se ha debatido en esta Cámara, y su deficiente gestión, el hecho de la política presupuestaria ―es decir, de gasto y de ingreso de este Gobierno― es que desde 2023 no tenemos ningún presupuesto, estamos en prórroga presupuestaria. Dado que el presupuesto en la definición clásica de Fuentes Quintana es el plan económico del grupo político, solo cabe deducir que este grupo político no tiene un plan, pero eso no quiere decir que no tenga acción presupuestaria, que se traduce, sobre todo, a través de las modificaciones presupuestarias. La IGAE da cuenta de aproximadamente 38 000 millones de euros de modificaciones del gasto en los últimos tres ejercicios entre ministerios. Por cierto, el 50 % de ellos en gasto militar. Estas semanas se hizo público el informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, que dice que España es el país del mundo que más aumentó el gasto en defensa. Estamos a la cabeza del mundo en gasto en defensa. En 2025 se incrementó un 50 %. Es más, dice que en la última década somos el país que más ha crecido en gasto en defensa, el 122 %. Israel creció en el mismo periodo el 120 %, un poco menos. ¿Es lógico que el Parlamento no se pronuncie sobre esto y se haga a través de modificaciones presupuestarias? (Aplausos). Tampoco mejora la inversión. Dice Funcas que hay una debilidad de la inversión productiva. Esto es un buen síntoma de cuál es la certidumbre y la confianza en la economía. La inversión privada está bajo niveles prepandemia. Como ha dicho recientemente, en marzo, el Instituto de Estudios Económicos, hay un déficit de inversión de mantenimiento de aproximadamente 1500 millones de euros al año, un total de inversión anual del 2,7 % del PIB, cuando en la UE el promedio es del 3,4, con lo cual ha disminuido el stock neto de capital, que es inferior al de 2012 en el año 2024, pero con más población y actividad, lo que explica colapsos e incluso algunos fatales accidentes. (Aplausos). No es lógico que los ciudadanos perciban que se deterioran los servicios públicos. Pese a ello, el Gobierno sigue con una persistencia contumaz en no aprobar los presupuestos, ni siquiera en traerlos a esta Cámara. Dijo el señor Cuerpo: Es pronto para tener una idea aterrizada, cuando se reduzcan las fuentes de incertidumbre los traeremos.
Y Bolaños lo ve difícil por la incertidumbre internacional. La paradoja es que el mejor instrumento para dar certidumbre a los operadores económicos es precisamente cumplir las reglas y traer el presupuesto a esta Cámara. (Aplausos).
Hablemos brevemente de las rentas. ¿Ese malestar de la ciudadanía tiene algo que ver con que el PIB y su crecimiento no se correlacionen con el crecimiento de la renta? La AIReF, en el informe de variabilidad de los ingresos y en contra de lo que ha firmado esta mañana el ministro, explica que aproximadamente el 50 % de la recaudación es como consecuencia de la subida de precios y de que existan tarifas progresivas. Según la AIReF, el crecimiento real de la economía solo explica un tercio del crecimiento y las medidas fiscales tienen un efecto marginal porque se compensan las deducciones y las desgravaciones que se hicieron por la dana y otros accidentes con los incrementos fiscales aprobados. Lo resume muy bien BBVA Research en el análisis del 20 de abril: «… una parte sustancial de la mejora de la remuneración bruta ha sido absorbida por una mayor carga fiscal sobre el trabajo. Como consecuencia, la remuneración neta se sitúa un punto por debajo de su nivel de finales de 2019». Además, tienen un ejemplo con los pensionistas. Las pensiones deflactadas han pasado de tributar a un tipo del 7,6 % a un tipo del 10,4 %. ¿Esto qué quiere decir? Que desde 2018 han perdido poder adquisitivo pese a que se hayan actualizado con la inflación. ¿Es lógico que suba la presión fiscal sin debate parlamentario? ¿Es lógico que suba la presión fiscal por decisiones que toma Trump, que afectan al precio del combustible, que afectan a la inflación, que es lo que hace que suba la recaudación? ¿Estamos dejando en este Parlamento a las declaraciones del señor Trump y a los conflictos internacionales la capacidad de decidir lo que es justo tributar por la renta? ¿Es lógico que los organismos del Estado no vean el círculo virtuoso? Yo pienso que sí.
La reducción de la incertidumbre se consigue cumpliendo las reglas, trayendo los presupuestos, prediciendo los impuestos, con eficiencia del gasto público. A eso es a lo que se destina nuestra moción de hoy, que pide traer los presupuestos, una fiscalidad previsible ajustada a la inflación, seguridad jurídica y agilidad y eficiencia de la Administración. Nosotros, al presentarla y al votar, vamos a pensar que creemos más en lo que ven los españoles que en lo que nos cuenta el señor Cuerpo.
Muchas gracias. (Aplausos.―Un señor diputado: ¡Muy bien!).