Miguel Ángel Sastre Uyá
Gracias, presidente. Señorías, buenas tardes. Señora ministra, vamos a hablar de vivienda, ya que usted, en la intervención anterior, se ha perdido un poquito en el tema con algunas descalificaciones a mi compañero Sayas por pedirle su dimisión, que está en todo su derecho. En muy pocos días, en España, han ocurrido varios hechos relacionados con la vivienda que justifican hoy la interpelación que vamos a hacer: primero, la tramitación de su plan estatal, como ha dicho; segundo, el voto favorable de este Pleno a nuestra ley del suelo, que estaba ya aprobada en el Senado y dormía en un limbo de prórrogas inconstitucionales, y, por último, el real decreto de ayer, que volvía a ser otro parche erróneo. Tantas noticias de vivienda pueden provocar cierta confusión en los españoles, por eso es necesario que confrontemos modelos y nos hagamos preguntas: ¿qué defendemos nosotros y qué defienden ustedes?, ¿qué es correcto y por qué? Responder a esto es esencial no solo para los españoles en general, sino para mi generación en particular, porque entre tanto ruido buscamos claridad y entender el porqué de las cosas. En lo relacionado con la vivienda, nuestra generación necesita y merece con urgencia saber la verdad. El problema es que buscar la verdad en un país en el que su presidente tiene una relación tan incómoda con ella se convierte en una tarea muy difícil. Pero la realidad siempre acaba triunfando, y si no que se lo digan esta semana a quienes, aunque ahora han rectificado, negaban hace unos días que una persona que hoy cobra 18 000 euros paga más impuestos con su Gobierno que en 2018. Las verdades, señoras y señores, duelen. (Aplausos). Los españoles merecemos saber la verdad en muchísimas cosas, desde el apagón hasta la tragedia de Adamuz, pasando por los escándalos de corrupción del Gobierno, pero en la vivienda es esencial. Entendiéndola, entenderemos también por qué este Gobierno se tambalea y no tiene apoyos ni siquiera para haber aprobado unos presupuestos en tres años. Por tanto, ¿qué vamos a hacer hoy aquí? Vamos a desmontar su modelo, su política, con datos y con hechos, y vamos a explicar cuál es nuestra alternativa.
Señora ministra, como los datos matan cualquier relato, voy a comenzar con uno. En 2018, la vivienda no estaba ni entre los quince primeros problemas de los españoles y ahora mismo, después de ocho años de Gobierno de izquierdas, es el primero. Así que nuestra más sincera enhorabuena. (Aplausos). ¿Y cuál es la causa? Pues una política errónea y contradictoria que ha dado casi los mismos bandazos políticos que su presidente en sus pactos de Gobierno o en su posición con el Sáhara. Vamos a hacer memoria. Empezó con una posición en contra de la regulación, con el señor Ábalos como ministro. Una pregunta que se nos viene a la mente: si don José Luis hubiese seguido al frente del ministerio, ¿habría permitido que se interviniesen los precios? La verdad es que ya nunca lo sabremos, pero, tras esa primera posición de resistencia, Podemos se acabó imponiendo. Es decir, la política que su ministerio defiende ahora mismo no es ni siquiera la inicial de su partido, sino herencia de Pablo Iglesias. Pues, visto así, la verdad, ¡qué podía salir mal! (Risas). Y en ese cóctel letal también está, como no, su otro socio preferente, Bildu, que ha condicionado directamente algunos aspectos. Por tanto, esa profecía que se decía del Gobierno Frankenstein se ha cumplido perfectamente con la vivienda. Cuando la gente describía así una política hecha de retales y siniestra, parece que era una premonición de la política de vivienda que se nos avecinaba, que en el fondo ni siquiera es un modelo político, es simple y llanamente un caos. Y hay dos cosas que son la demostración de ese caos: los decretos parche ―como el de ayer y otros anteriores― y la ley aprobada contra la vivienda. Ahora seguramente me va a preguntar usted cómo puede hablar el PP mal de la ley de vivienda si no la aplica. Aquí hemos dicho al principio que vamos a hablar de verdades y la clave de esta interpelación era buscar la verdad, y vamos a decirla. El PP, efectivamente, no aplica en sus comunidades autónomas la declaración de zonas tensionadas, pero hay artículos de esa ley que modifican otras estatales, como la de arrendamientos urbanos o la de enjuiciamiento civil, que ya han provocado el caos por sí solos, y ahí el PP, la verdad, poco puede hacer. Menos mal que no aplicamos las zonas tensionadas, porque además de tener un concepto negativo, de ser conceptualmente negativas, tienen errores en su desarrollo. Primero, porque el límite se calcula con datos desactualizados; es decir, cuando el Gobierno fija el precio máximo, el coste de la vida ya ha cambiado. Segundo, porque se producen situaciones contradictorias. Al dividir ustedes por secciones censales, una vivienda, por ejemplo, puede tener el alquiler limitado y —oigan bien— la de la calle de enfrente no porque está en otro límite administrativo. Eso no tiene ningún sentido. Entonces, señora ministra, le podríamos decir que este método de cálculo es básicamente tan efectivo para ayudar a los jóvenes a acceder a un alquiler asequible como ese vídeo que sacaron de la emancipación. (Aplausos).
¿Cuál es la consecuencia de lo anterior? Pues que los precios, salvo anécdota, siguen subiendo y que la oferta se ha esfumado. Esto es mucho más visible donde se aplica su ley al cien por cien. Cataluña, que según sus teorías debería ser un paraíso, tiene el alquiler desbordado; en Barcelona hay 400 personas de media compitiendo por un piso de alquiler. ¿Usted sabe lo que provoca eso? Pues que la generación joven sufra un casting cada vez que quiere alquilar, un casting en el que, por sus leyes, son siempre el eslabón más débil. Aquí se ven dos errores muy habituales de la izquierda: el primero, tropezar como siempre con la misma piedra; es decir, ustedes vuelven a recetas ya fracasadas en Berlín, en San Francisco o en Suecia. El segundo, enfrentar a grupos de población, haciendo del conflicto un negocio político, como, por ejemplo en este caso, inquilinos contra propietarios, en vez de hacer que remen juntos. Esto no es nuevo. Para que los jóvenes lo sepamos, esta política tiene muchísimo tiempo y a lo que huele es a marxismo, y eso en ningún momento de la historia ha funcionado ni funcionará. (Aplausos). Porque esta es una mentalidad obsoleta que cae por su propio peso, porque las matemáticas ― que suelen mostrar la verdad― lo demuestran. Si en España todos los años se forman 250 000 hogares y la media del número de viviendas que se habilitan o se ponen en el mercado es del orden de 100 000 aproximadamente, ¿no entienden ustedes que lo que realmente hay es un problema de escasez? La vivienda no es algo limitado, sino que es algo que se puede producir y aumentar su disponibilidad, y sin escasez el precio no sube. Quizá hasta ustedes se hayan dado cuenta, porque en el plan estatal reconocen de alguna manera parte del error, ya que uno de los motivos que argumentan en él es el hecho de aumentar la oferta, aunque el plan tenga lagunas evidentes.
Por tanto, como le decía anteriormente, hemos demostrado con hechos y con algunos datos que su propuesta no funciona, y también con ese histórico de dónde venía su propuesta. Vamos ahora a la nuestra. ¿Qué es lo que proponemos nosotros? Pues algo tan extraño como que en España se equilibre el número de viviendas existentes con el número que hace falta y donde hacen falta; es decir, pura lógica. Viviendas que pueden ser de muchísimos tipos: pueden ser libres, pueden ser asequibles, pueden ser protegidas para personas vulnerables, pueden ser de alquiler libre también, de compra, alojamientos flexibles, en fin, de muchísimos tipos. ¿Y eso cómo se hace? Pues lo primero, evidentemente, construyendo más o rehabilitando las que existen y lo necesitan. Y le hago una pregunta, señora ministra: ¿qué le parece que el número de certificados de final de obra haya bajado un 10 % en 2025? ¿Usted cree que vamos por el buen camino? Y otra pregunta que creo que muchos españoles se han hecho alguna vez: de las casi 200 000 viviendas que ha prometido su presidente en estos ocho años, ¿cuántas se han construido realmente? Porque en lo que se refiere a los datos que tienen que ver con el PP, esto es claro: actualmente, en Andalucía construimos cuatro veces más que en la etapa socialista y en Madrid se construye el doble que en Cataluña. Y sobre la rehabilitación, también muy necesaria, ¿por qué complican tanto los trámites para acceder a sus fondos?
Eso nos da pie a nuestra segunda propuesta: para construir y rehabilitar más y mejor hay que evitar que la burocracia y el papeleo nos asfixien. Nuestra ley del suelo va esencialmente de eso. Le pregunto: ¿van a seguir poniéndole zancadillas? ¿Qué tienen en contra de evitar que los informes sectoriales, por ejemplo, se eternicen o que el planeamiento sea tan poco ágil? ¿Sabe usted lo que encarece la vivienda para cualquier persona que no haya tiempos claros en la construcción? Yo le digo que dar certezas y eliminar el papeleo es pensar en las personas, y eso ya lo hace nuestro partido en algunas comunidades autónomas.
Y muy relacionado con esto, tercera cuestión: certeza también es luchar contra la okupación y proteger al propietario. Si hay personas vulnerables, el Estado es el responsable, no el ciudadano que paga sus impuestos. (Aplausos). ¿Por qué paralizan la ley que está aprobada ahora mismo en el Senado?
El cuarto pilar, hablando de impuestos, es bajar los impuestos a la vivienda. España es uno de los países europeos que más la encarece. Uno de cada 3 euros de lo que pagamos en vivienda —d e ese coste— son impuestos. En este contexto hace falta bajar los precios, bien sea fomentando deducciones con ahorro directamente en la renta, como proponemos con la hucha joven, o bien sea también con otros impuestos, como el ITP de la vivienda usada para jóvenes, que estamos bajando donde gobernamos. Yo le pregunto: ¿por qué no bajan ustedes el IVA a nivel estatal del 10 al 4 %? Es un impuesto que depende de ustedes. Un joven que compre, por ejemplo, una vivienda de 300 000 euros, en vez de pagar 30 000 euros de IVA pagaría solo 12 000. El ahorro es considerable. Y el programa de avales a la compra, ¿qué ha pasado con él? ¿Cómo está funcionando? Los datos que teníamos decían que solo se habían ejecutado 8 de cada 100 euros sobre ese programa. Eso es información publicada. Igual que la información publicada nos dice que el programa es, de largo, el más complejo de entre todas las Administraciones y el que peor funciona. Es decir, si lo poco salvable que hacen no lo hacen bien, esto no tiene solución.
Por último, en quinto lugar, algo que siempre se nos olvida, pero que también depende de su ministerio es cómo organizamos los municipios para vivir. Además de fomentar que las grandes ciudades sean más densas y compactas, también hay que impulsar oportunidades en las ciudades medias y en el medio rural. La clave para eso es un buen transporte público e infraestructuras que funcionen. De hecho, ambas cosas estaban antes en el mismo ministerio: en Transportes y Agenda Urbana. Así que viendo la mezcla de escándalos y caos en ese ministerio, desde luego se ha librado usted de un buen problema. Pero, en este caso como ministra de Agenda Urbana, yo le pregunto: ¿qué le parece lo que ha hecho su Gobierno con las infraestructuras? ¿Qué impacto cree que tiene esta falta de infraestructuras en la vivienda y la falta de fiabilidad del tren? En mi tierra, en la provincia de Cádiz, en la punta más al sur de la península, sufrimos permanentemente ese deterioro: tenemos un aeropuerto olvidado, una autopista colapsada y cercanías de media distancia y larga distancia caóticos. Es decir, los gaditanos, como el resto de los españoles, pagamos más con este Gobierno y recibimos mucho menos.
En resumen, se ha visto que la postura de su Gobierno no funciona y que tiende al caos. En cambio, nuestro modelo sí que funciona bien cuando se aplica. Yo le he planteado varias preguntas que espero que conteste con sinceridad, no por nosotros, no por nuestra bancada, que también, sino por las personas a las que este tema les urge. Ahora puede que usted me diga que lo que hemos planteado solo favorece a los especuladores y a los ricos. Si recurre a esa falacia, ya le advierto que no estarán entendiendo una vez más de qué va este problema.
Esta etapa de la política —y ya termino con esto— va a ser recordada como una etapa negativa, en la vivienda y en otras muchas cuestiones; sin embargo, como acabamos de decir, hay alternativa y los españoles lo saben. La alternativa está sentada en esta bancada. (Señala los escaños del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso).
Muchas gracias. (Aplausos.—Varios señores diputados: ¡Muy bien!).