Sergio Sayas López
Acabamos de ver cómo el único socio que le queda al Gobierno, los filoetarras de Bildu, acaban de pontificar sobre asesinatos con 379 crímenes de ETA sin resolución. (Aplausos). Esta es la degradación que tenemos en España y ustedes no pueden hacer como que aquí no pasa nada.
La semana pasada este Parlamento admitió a trámite la ley del suelo del Partido Popular y ayer este mismo Parlamento les tumbó el decreto de vivienda. ¿Usted es consciente, señora ministra, de lo que significa esto? Esto significa que el Parlamento le ha hecho una enmienda a la totalidad a la política de vivienda del ministerio que dirige usted. Esto en cualquier democracia obliga a la ministra a dimitir de manera inmediata. En España también. (Aplausos). No es que esté usted gobernando de espaldas al Parlamento, con la estafa a la democracia que eso supone en sí mismo, es que directamente ya no tienen Gobierno. Ustedes están rotos, están hechos añicos, ya no les quedan socios, han huido todos. El Gobierno no tiene derecho a condenar a los españoles a vivir en esta parálisis solo por quedarse en esos sillones un rato más.
No es momento de frivolidad, señora ministra. Toda esa pontificación sobre respeto a lo público que ustedes hacen para los demás, yo le pido que por una vez lo haga para usted. No es momento de la frivolidad de leerle una entrevista como la que le leímos este domingo diciendo que en materia de vivienda estamos ganando. ¿Estamos ganando qué y para quién? ¿Usted puede mirar a la cara a los jóvenes españoles que tienen que dedicar el 90 % de su salario a pagar un piso y decirles que con sus políticas están ganando algo? (Una señora diputada: ¡Muy bien!). ¿Usted puede mirar a la cara de los cientos de miles de familias en este país que quieren construir un proyecto de vida independiente y decirles que gracias a sus políticas están ganando algo? No, no puede, señora ministra, porque sus políticas están condenando a los españoles.
Por eso le digo que medite, que medite sobre el desprecio a la democracia que supone que usted siga ahí sentada a pesar de que el Parlamento le ha dicho que no; que medite sobre el desprecio al propio Poder Ejecutivo que supone que usted siga ahí a pesar de su gestión; pero, sobre todo, sobre el desprecio que supone para los españoles verla ahí atrincherada a pesar de todo, contra todo y sin tener nada que ofrecer.
Dimita, señora ministra. (Una señora diputada: ¡Bravo!―Aplausos).