Ignacio Hoces Íñiguez
Muchísimas gracias, señor presidente. Bienvenidos a la España al revés, la España donde incumplir las leyes de entrada tiene recompensa, donde el español trabaja para el que acaba de llegar y donde millones de españoles se sienten extraños en sus propios barrios. (Aplausos). Señorías, gobernar es priorizar y hay una prioridad que ustedes han olvidado: los españoles. Les recuerdo que el primer deber de un político español es proteger de forma prioritaria a los españoles; el segundo, también, y el tercero, exactamente igual. Ustedes han hecho lo contrario desde hace ya demasiado tiempo. Eso es lo que quiere nuestra iniciativa y esto es lo que propone nuestra moción: la prioridad nacional. Señorías, España está sumida en una anarquía migratoria; una anarquía migratoria impulsada desde el poder, legitimada desde sus ideologías y, eso sí, que pagan los que sostienen la nación. Encima lo han hecho sin consultar directamente al pueblo español. (Aplausos). Tenemos en España a más de diez millones de residentes nacidos en el extranjero, tres millones más en el último lustro, y esto no es una evolución natural del pueblo español, sino que es una transformación acelerada de España y de nuestro propio ser, estar y parecer. Hablamos de identidad puesto que hay barrios enteros que ya no parecen España; hablamos de seguridad por el aumento de la criminalidad; hablamos de una transformación demográfica acelerada en tanto que el 20 % de las personas residentes en España tiene un origen extranjero; hablamos también del colapso del Estado del bienestar, como por ejemplo en sanidad, donde hay listas de espera interminables, de meses y meses, para operarse, y también de la crisis nacional de vivienda, generada por ustedes pero incrementada por su traición con la inmigración masiva. (Aplausos). Hoy en España se opta por menos casas y muchísimas muchísimas más personas; esa es su ideología, estas son sus políticas y eso es lo que ustedes han querido. Todo esto responde a una endofobia constante. Sí, un odio a lo propio. Ustedes empezaron por relegar al español en su propia tierra y en cambio respetan que unos sinvergüenzas canten «Español el que no vote» o que piten el himno nacional; se escandalizan y revuelven porque unos jóvenes patriotas quieran defender nuestra identidad gritando «Musulmán el que no vote», y encima ustedes aplauden cuando se asaltan las capillas. (Aplausos).
Todo esto lo decimos con absoluta claridad, la prioridad nacional no es xenofobia, sino una exigencia irrenunciable de la justicia social y una responsabilidad política. Por eso, nuestra iniciativa de hoy plantea algo tan sencillo, justo y necesario como la prioridad nacional: prioridad en las ayudas públicas, en las prestaciones sociales y en la vivienda. Además, es algo absolutamente constitucional, porque el artículo 13.1 de nuestro texto constitucional señala que los extranjeros gozarán en España de las libertades públicas que establezcan los tratados y las leyes. Esa ley es la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social, que, sí, nosotros queremos modificar, y también, señorías del Grupo Popular, para eliminar la figura del arraigo, que es un coladero de entrada e impide además la expulsión del inmigrante delincuente. (Aplausos).
Queremos que los españoles sean los primeros en todos los frentes de la vivienda: en la vivienda social, en la vivienda protegida y a la hora de recibir cualquier tipo de ayuda en materia de vivienda. Queremos que España deje de ser el hospital de África y América. Por eso, como primer paso, queremos la derogación del Real Decreto 180/2026, de 11 de marzo, que extiende toda la sanidad pública española a los inmigrantes ilegales y, por supuesto, queremos también la derogación del real decreto de amnistía migratoria o de la regularización extraordinaria de inmigrantes.
Señorías, sabemos que el coste de la sanidad para la inmigración ilegal en la Comunidad Valenciana en los últimos siete años asciende a más de 555 millones de euros. En otras regiones no lo sabemos, porque no saben o no contestan. Nosotros nos preguntamos qué se podría haber hecho por España con 555 millones de euros. Para empezar, entre otras cosas, haber construido varios hospitales como La Fe, de Valencia, o haber subido el salario a todo el personal sanitario. (Aplausos).
Sí, señorías, queremos que las prestaciones no contributivas las reciban los españoles. Hablamos del ingreso mínimo vital, de millones y millones de euros públicos destinados desde las Administraciones públicas a personas que acaban de llegar, por delante de tus abuelos, de tus hijos o del vecino de toda la vida. Por eso, señorías, a pesar de que les escandalice, vamos a seguir con el principio de prioridad nacional en todas las regiones de España, como acabamos de conseguir en Extremadura. Sí, prioridad nacional, prioridad de los españoles en el acceso a las ayudas públicas, en la vivienda y en las prestaciones sociales, y una oposición total y frontal al reparto de la inmigración por parte de este Gobierno.
Señorías del Grupo Popular, han presentado ustedes unas enmiendas con la filosofía de lo acordado en Extremadura. Está bien, pero hoy estamos en el Congreso nacional, en el Congreso de los Diputados, y no vamos a renunciar a la repatriación de los ilegales y a la deportación de las personas que cometan delitos. (Aplausos). Hablando de eso, hoy la señora Álvarez de Toledo decía y recriminaba, con razón, al señor ministro de la Presidencia que Sánchez se ha reunido con el dictador Petro. Creo que a la bancada del Grupo Popular se le ha debido de olvidar que cuando vino aquí Gustavo Petro dicha bancada le aplaudió de forma entusiasta y fervorosa e incluso le entregaron la llave de oro de Madrid. (Aplausos).
Señorías del Grupo Socialista, sabemos que para ustedes la prioridad nacional es su prioridad en conceder la nacionalidad española a millones de extranjeros. Desde que llegó Pedro Sánchez, ya millón y medio y hay otros millones esperando a la cola. La nacionalidad española no se regala, es un tesoro que para conceder hay que exigir muchísimo, muchísimo más, porque es formar parte de nuestra historia, de nuestras tradiciones y de nuestra identidad. Ya no vale simplemente decir que se va a respetar, sino que es necesario sentirla como propia.
Señorías, podrán rechazar nuestra moción, podrán abstenerse, podrán caricaturizarla, pero no podrán obviar la realidad de las calles, de las plazas y de las familias.