María Soledad Cruz-Guzmán García
Señorías, mi grupo trae hoy a esta Cámara la toma en consideración de una de las leyes que, posiblemente, sea la más importante de esta legislatura, porque viene a dar solución al mayor problema que tienen los españoles: la imposibilidad del acceso a la vivienda para millones de personas. Esta ley ha pasado ya por el trámite en el Senado, pero creo que no hago ningún spoiler si les digo que su final volverá a ser el congelador de la señora Armengol. (Aplausos). Porque dentro de esta Cámara hay otra cámara frigorífica, donde la presidenta tiene congeladas más de cuarenta leyes. Ahí es donde también está nuestra ley antiokupación, que se aprobó en el Senado en el año 2023. Lleva ochenta y una prórrogas, ¡ochenta y una prórrogas!, retenida de manera indecente y antidemocrática por la señora Armengol. (Aplausos.—Un señor diputado del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso: ¡Qué vergüenza!). Y no lo decimos nosotros, lo dice el Tribunal Constitucional. ¡Basta ya, señora Armengol! ¡Basta ya de censurar al partido que ganó las elecciones! ¡Basta ya de censurar la voz de los españoles! Si no dimite por su relación con la trama Koldo, de la que no quiere hablar, dimita al menos por esta censura indecente en el Congreso de los Diputados. (Aplausos).
Hace ahora casi dos años, en mayo de 2024, me subía a esta Cámara para debatir sobre la ley del suelo. Minutos antes —a lgo insólito— el presidente Sánchez retiró su ley porque sus propios ministros iban a votar en contra, los ministros y los diputados de SUMAR. Así es el Gobierno que nos desgobierna. Es incapaz de impulsar las leyes que necesita España e incapaz ni siquiera de traer los presupuestos generales del Estado. Si un Gobierno no saca los presupuestos, tiene que convocar elecciones, palabrita de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. (Aplausos).
Hoy los grupos tendremos la oportunidad, por fin, de abrir este debate. Las medidas que traemos son fruto del diálogo y del consenso. Diálogo y consenso con todos los ayuntamientos, de todos los colores políticos. Diálogo y consenso con las comunidades autónomas, señora Rodríguez, también con las que gobierna el Partido Socialista. Les aseguro que se puede conseguir. Su falta de consenso es falta de voluntad y su necesidad de plegarse a las propuestas de Bildu y de SUMAR, radicales y enemigos de la Constitución. Esta ley también viene del consenso con las recomendaciones que nos hacen el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, FEDEA o el Fondo Monetario Internacional. Y, sobre todo, del consenso con el sector, del que hemos asumido sus propuestas en decenas y decenas de reuniones en la Comisión de Vivienda, reuniones con APCE, con ASPRIMA, con los Afectados por la Ocupación, con el Consejo de Arquitectos y con los colegios profesionales, a los que hoy aquí les quiero dar las gracias por su trabajo compartido. (Aplausos). Reuniones que han pilotado de manera titánica mis compañeros: Paloma, Sergio, Juan Bravo, José Ramón, Isabel Borrego y todo el gran equipo de vivienda que tiene el Partido Popular. Gracias por dejarme debatir hoy esta importante ley.
La situación de la vivienda no puede esperar más. Ya hemos perdido ocho años con un Gobierno cuyo único interés ha sido usar el problema de la vivienda para enfrentar a los españoles: propietarios contra arrendatarios, alquilados contra los que compran y, por supuesto, unas comunidades autónomas contra otras. Un Gobierno que ha utilizado la vivienda como arma propagandística: 20 000, 50 000, 184 000 viviendas que prometen, elección tras elección, pero que nunca cumplen. Engaño tras engaño. Este Gobierno lleva ocho años buscando culpables —que si el Partido Popular, que si el turismo, que si el Partido Popular, que si los fondos, que si el Partido Popular— en vez de buscar soluciones. Lo que plantean no son salidas coherentes, son ocurrencias que pueden llegar a ser indignantes, como su teléfono de la esperanza o un vídeo para que compartamos pisos. Supongo que les habrá dado la idea el presidente Sánchez con su hermano en la Moncloa, pero lo cierto es que decenas de familias viven hacinadas en pisos compartidos. Mientras, los jóvenes están atrapados en una generación que solo puede heredar alquileres imposibles y expectativas pequeñas. Las familias más vulnerables lo son más y a los mayores cada vez les cuesta más pagar el alquiler con su jubilación. España necesita un Gobierno que no busque culpables, sino que dé soluciones. Eso trae hoy el Grupo Popular al hemiciclo: soluciones al problema de la vivienda.
Los perfiles de este enorme problema se pueden resumir con cuatro titulares: Con Sánchez la brecha entre la oferta y la demanda alcanza ya más de 700 000 viviendas, los pisos compartidos han subido un 22 %, la edad media de emancipación de los jóvenes es de más de 31 años y los alquileres siguen subiendo como la espuma al mismo ritmo que el mercado negro del alquiler.
Esta ley no es una varita mágica. El problema de la vivienda es complejo, poliédrico, diverso en cada territorio, pero hay algo elemental que es común a todos los territorios: no se soluciona sin construir viviendas. La receta es más oferta en el menor tiempo posible. Repito, esta ley no es una varita mágica, pero sí pone unos cimientos sólidos para comenzar a construir las soluciones y alcanzar el objetivo que mi grupo parlamentario, el Grupo Popular, se ha marcado: un millón de nuevas viviendas, como ha prometido nuestro presidente Alberto Núñez Feijóo; un millón de proyectos de vida, un millón de nuevos hogares.
Mi generación, los boomer, ha visto muchas veces cómo el sector de la construcción ha sido palanca económica y social en nuestro país, y lo volveremos a ver porque tenemos unas industrias y unas empresas fuertes, arquitectos e ingenieros y, sobre todo, una Administración que tiene que ser más ágil y eficaz para conseguir ese reto. Para ellos, a corto plazo, esta ley agiliza la construcción de viviendas. Se acabó eso de esperar más de un año para una licencia. Se acabó. Por eso, licencias en tres meses, excepto en edificios que sean catalogados como protegidos.
El Gobierno de Sánchez no es que solo no construya las viviendas que promete, es que ha conseguido aniquilar del mercado inmobiliario cientos de miles de viviendas, como si un terremoto hubiera pasado, el terremoto Sánchez. Esta ley devuelve la confianza y seguridad jurídica a los propietarios, inversores y promotores, porque sin confianza del propietario no hay mercado del alquiler. Por eso, derogamos las zonas de mercado tensionado, porque el control de precios no funciona (aplausos) ni en Escocia ni en San Francisco ni en Bilbao ni tampoco funciona en Cataluña, señorías de Junts, y lo saben. El señor Illa y el señor Collboni lo están aplicando y el resultado en Barcelona ha sido la reducción del 28 % de la oferta del mercado del alquiler, según el último informe de la propiedad urbana de hace tan solo dos meses. Señorías del Grupo Socialista, dejen de traernos informes que no se cree nadie, no se los cree nadie por más que los cocine el CIS.
Devolver la confianza es devolver las viviendas al mercado. Por eso, esta ley acaba también con la impunidad de la inquiokupación. El 83 % de los arrendadores son pequeños propietarios, han sido la hucha de las familias siempre, y queremos que lo siga siendo. A las familias vulnerables hay que protegerlas, por supuesto, pero desde la Administración pública.
A medio plazo, esta ley acaba con la inseguridad de los planeamientos, que no es otra cosa que el arte de diseñar las ciudades y el futuro de sus ciudadanos. Tenemos y necesitamos poner suelo finalista en el mercado lo antes posible con emisión de informes sectoriales de los diferentes ministerios, con un tiempo tasado, y centralizándolo en las delegaciones del Gobierno para ser más ágiles. También limitamos la nulidad de defectos formales, no puede volver a pasar lo que ocurrió en el planeamiento de Marbella o de Vigo: años y años y dinero de todos los españoles tirados a la basura para empezar de cero. Nosotros proponemos modificaciones parciales y terminamos con las nulidades en cascada. Una deuda pendiente, Ceuta y Melilla conseguirán… [Una señora invitada presente en la tribuna pública: ¡Diputados…! ¡Pase lo que pase, nos quedamos! ¡Hay que bajar el precio de los alquileres! ¡Ya está bien de subidas abusivas!—Varias señoras invitadas presentes en la tribuna pública lanzan pasquines al hemiciclo.—Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Mixto (Podemos)].