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Sin adjetivos

Pleno del 15 de abril de 2026

Interpelación urgente relativa a los planes del Gobierno para abandonar la guerra y el rearme criminal.

Interpelación urgente.. Autor: Grupo Parlamentario Mixto. Transcripción literal del Diario de Sesiones n.º 178.

Noemí Santana Perera

PodemosDiputada.Página 47Vídeo

Muchas gracias, señora presidenta. Buenos días. Señora ministra, era el 2 de diciembre de 1981 cuando Calvo-Sotelo se ponía en contacto con el señor Reagan para mostrarle su voluntad de adherir a nuestro país a la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Dos meses antes, en esta Cámara, hubo un debate con diversas intervenciones, algunas de las cuales podríamos suscribir hoy. Y me gustaría hacer mención en concreto a una que decía así: No queremos que España entre en la Alianza Atlántica por razones de seguridad, porque aumenta nuestro riesgo en caso de una guerra nuclear limitada, ya anunciada públicamente; porque nos convierte en un país beligerante, condición que hasta el momento no teníamos; y porque los objetivos estratégicos de la OTAN son diferentes de los objetivos estratégicos prioritarios de nuestro país. Y seguía así: No queremos el ingreso de España en la Alianza por razones de política interior, porque nuestros problemas reales e inmediatos, los problemas nacionales, poco o nada tienen que ver con el ingreso o no en la Alianza. Los problemas de la crisis del paro, de la educación, de la cultura o de la vivienda nada tienen que ver con la preocupación de los ciudadanos españoles. No queremos el ingreso en la OTAN porque nuestra dependencia de los poderes extraños va a aumentar en todos los terrenos y, sobre todo, en el de las decisiones defensivas o militares, porque la OTAN misma está en crisis.

¿Qué le parece, señora ministra? ¿Qué les parecen a sus señorías estas palabras? A nosotros la verdad es que nos suenan bien, realmente nos suenan muy bien, y además muy actuales, muy de este momento. Pues estas palabras se podrían trasladar al posicionamiento que tiene Podemos actualmente sobre la permanencia en la OTAN y sobre las actuaciones que ha tenido el señor Trump. Pero estas palabras no son de ninguna de nuestras diputadas. Estas palabras fueron pronunciadas por Felipe González, que yo creo que a usted le suena de algo. (Aplausos). Felipe González pronunció estas palabras en el año 1981, cuando todavía era líder, jefe de la oposición, con chaqueta de pana. Sin embargo, como hemos visto luego, la posición del señor González ha cambiado muchísimo en los últimos años, y no era ese líder visionario y de izquierdas en el que mucha gente de este país creyó. Lo cierto es que el señor González nos mintió, nos mintió a todas y a todos, nos decepcionó. Porque, en ese cambio de opinión, acabó apoyando la OTAN en el referéndum que tuvo lugar en este país en el año 1986. Y digo que nos mintió porque en aquel referéndum ―en el que es cierto que ganó el sí por muy poco margen, por un margen muy ajustado y, además, todo hay que decirlo, el sí perdió en cuatro comunidades autónomas, entre otras en la mía, en Canarias, de lo cual estoy muy orgullosa― también tenía vinculadas condiciones ese sí. (Aplausos). La ciudadanía cuando votó ese sí, por muy poco margen, además, lo votó con condiciones. ¿Cuáles eran esas condiciones? Pues, por ejemplo, mantenerse fuera de la estructura militar de la OTAN. Y esto también fue falso, señora ministra. En el año 1997, José María Aznar no tuvo ningún problema en saltarse esta voluntad expresa de las urnas y meternos de cabeza en la estructura militar en la que aún seguimos.

Otra de las condiciones era mantener la prohibición de instalar armas atómicas en territorio español. De nuevo, esta condición fue falsa. De nuevo, se la saltó el señor José María Aznar en el año 1997, y ya tan solo se puede hacer con la autorización del Ejecutivo, del Gobierno español. Y, al final, quien terminó decidiendo una circunstancia tan fundamental para el futuro de nuestro país fue el señor Aznar.

Otra de las condiciones era reducir la presencia de las tropas estadounidenses en España. Más allá de determinados gestos simbólicos, sin embargo ―para muestra, un botón― ahí siguen las bases de Rota y Morón, señora ministra, en territorio español, soberano, utilizadas por tropas de una potencia extranjera, bajo mando extranjero, sin que, además, los señores de la derecha y de la ultraderecha digan nada, ni siquiera digan «esta boca es mía», cuando se están saltando cualquier tipo de soberanía española en nuestro propio territorio. (Aplausos). Y de esto último no podemos acusar al señor Aznar, como en las dos anteriores condiciones. Esto viene de lejos, esto es mucho más antiguo. Viene de los acuerdos de Madrid del año 1953, cuando ya saben ustedes quién, desgraciadamente, era el jefe del Estado de este país. Algunos señores y señoras de la derecha muchas veces nos acusan de acordarnos demasiado del dictador Francisco Franco. Más quisiéramos nosotras poder olvidarnos de este señor para siempre, para toda la vida, pero es que, hoy en día, sus políticas, desgraciadamente, siguen vigentes en este país y, por lo tanto, tendremos que seguir hablando de este señor.

Y la pregunta esencial, señora ministra, es: ¿para qué nos ha servido todo esto? ¿Qué utilidad han sacado los españoles y las españolas de su presencia en la OTAN? ¿O de la presencia de bases americanas en territorio del Estado? ¿Qué utilidad ha tenido todo esto? Hablamos de un tratado que ni siquiera protege a todo el territorio español, sin embargo, sí que obliga a nuestro país, a España, a involucrarse en guerras y conflictos que nos son absolutamente ajenos, que poco o nada tienen que ver con nuestros intereses. Nos dijeron que entrar en la OTAN era lo mejor, que iba a servir, incluso, para reducir el gasto militar, porque, al contar con el apoyo militar de todos estos países que forman parte del tratado, podríamos ahorrar recursos y destinarlos a nuestra sanidad, a nuestra educación, a nuestros derechos sociales. Sinceramente, nos mintieron, nada más lejos de la realidad.

En 2014 ya se acordó en el seno de la Alianza Atlántica elevar el gasto militar de los países miembros al 2 % del PIB. Nosotras, en un principio, nos resistimos y dijimos que no lo íbamos a cumplir durante mucho tiempo, porque este acuerdo no era vinculante. Esto parece que nos quiere sonar de algo, ¿no? Es que es tremendamente parecido a lo que está ocurriendo hoy en día cuando en el pasado año nos solicitaron el mayor incremento de nuestra historia en presupuesto para el gasto militar: nos han dicho que debemos elevarlo a un 5 %, y otra vez la misma jugada; otra vez en un principio nos negamos, decimos que no es vinculante y volvemos al punto de salida. Pero, señora ministra, tiempo al tiempo y ya veremos si ocurre de nuevo la misma situación y se repite como un bucle.

Hoy, esta alianza y las tropas asentadas en nuestro territorio, señora ministra, están dirigidas por un individuo que es el señor Donald Trump, que es un auténtico demente. Sin lugar a dudas, yo creo que es el mayor peligro que ha conocido la paz mundial durante los últimos tiempos: ha agredido ilegalmente a Venezuela, a Irán, también ha amenazado a Groenlandia, a Cuba, y esto solo en lo que va de año, señora ministra, y le quedan casi dos años de mandato al señor Trump.

Y, mientras, nosotros, ¿qué estamos haciendo? Hacemos gestos, escuchamos palabras bonitas que no gustan a todos por parte del presidente, pero ¿en qué se traduce esto, señora ministra? Se traduce en bien poquito, por lo que estamos viendo. La verdad es que enfrentarse a Trump dialécticamente está muy bien, y nosotros nos sentimos incluso orgullosos de escuchar al señor Sánchez decir determinadas cosas, pero es que luego rascamos un poco y nos viene la frustración, señora ministra, es que no puedo decir otra cosa. (Aplausos). Por tanto, nosotras vemos claro el camino de cara al futuro, como también lo veían quienes nos antecedieron en esta Cámara en el año 1981. España no puede seguir incrementando su gasto militar, y no lo debe hacer porque, al final, esto se traduce ―si tengo la oportunidad, porque me queda ya muy poco tiempo, le diré el motivo en la réplica― en que como Estados Unidos no puede aumentar su inversión militar por múltiples factores, y no quiere hacerlo por no aumentar su deuda y otras cuestiones, al final dice: oye, pues que me paguen la fiesta mis socios de la OTAN. Señora ministra, creo que es una traición al pueblo español si cedemos a estos chantajes del señor Trump y de sus perritos falderos.

Lo vamos a decir una vez más: no al aumento del gasto militar, no a la OTAN y, evidentemente, como dice el señor Sánchez, no a la guerra, pero no a la guerra con coherencia y con acciones. (Aplausos).

Presidencia. A continuación, tiene la palabra, en nombre del Gobierno, la señora ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Elma Saiz Delgado

GobiernoMinistra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.Página 49Vídeo

Gracias, presidenta.

Buenas tardes ya, señorías. Comparezco en esta Cámara, y también ante la opinión pública, con el fin y el afán de explicar qué estamos haciendo para hacer frente a una guerra en la que no participamos, una guerra contraria al derecho internacional, una guerra que no solo trae caos, destrucción y pérdida de vidas humanas. Lo hago en nombre del Gobierno y también de millones de españoles que no quieren la guerra y que muestran su preocupación por los conflictos bélicos, por el aumento del autoritarismo y por la desinformación que algunos pretenden imponer. Señorías, la paz no es un eslogan, la paz es un derecho. Garantizar que los pueblos vivan en paz es el deber de todos los Estados. El ejercicio de este derecho requiere que la política de los gobiernos se oriente siempre hacia la eliminación de la amenaza de la guerra, a la renuncia del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y al arreglo de las controversias mediante medios pacíficos de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. El primer mensaje de mi intervención es claro: hago un llamamiento a todos los Estados y a todas las organizaciones internacionales para que se sumen a asegurar el ejercicio del derecho de los pueblos a la paz, adoptando cuantas medidas consideren en el ámbito nacional e internacional. El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, lo ha recordado en distintas comparecencias públicas: no hay más solución a los conflictos que la diplomacia, la legalidad internacional y la paz. En los tiempos de incertidumbre en los que vivimos, el diálogo y el acuerdo siguen siendo las herramientas más poderosas de la democracia. El contexto global en el que nos encontramos no admite ponerse de perfil ni admite ambigüedades políticas, y tampoco se puede incurrir en simplificaciones que dejarían a España en una posición de vulnerabilidad estratégica. Señorías, la paz no se construye obviando las responsabilidades que nos corresponden como Gobierno, tampoco demonizando nuestras alianzas internacionales ni deslegitimando o jugando a la confusión entre el pacifismo y la neutralidad cómplice. España es una democracia consolidada, miembro de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica. Nuestra seguridad no es una isla, está interconectada con la de nuestros socios. La seguridad de España se garantiza mejor fortaleciendo los lazos con nuestras alianzas democráticas. No se puede exigir solidaridad en la acogida de refugiados o en la lucha contra el cambio climático y, al mismo tiempo, practicar el sálvese quien pueda en materia de seguridad. La seguridad, señorías, también es un bien común global, y renunciar a ella es renunciar a nuestra capacidad de influir para que los conflictos se resuelvan por la vía diplomática.

No es una buena idea el desmantelamiento de nuestras capacidades defensivas, como tampoco lo es la ruptura de alianzas forjadas durante décadas. La paz se construye con firmeza democrática, con un compromiso inquebrantable con la verdad de los hechos y, también, con partidas presupuestarias. Es cierto que hemos aumentado el presupuesto en defensa, no solamente durante los últimos dos años, también durante los últimos ocho años, recuérdenlo. Pero, a la vez que lo hacemos, construimos puentes: con Latinoamérica, con África, con Asia; también con Estados Unidos, con quien tenemos un flujo de inversión muy importante, tanto española en ese país como estadounidense en España, puente que crea empleo y fortalece los ingresos en la Hacienda pública, ingresos que ayudan a construir escuelas, hospitales, carreteras.

Hay un buen número de personas de Estados Unidos que vienen a España cada año. No solo turistas, también artistas, profesionales de distintos sectores ―profesores, por poner un ejemplo―, que no tienen por qué pagar los desmanes que otros ocasionan. España se equivocaría si diera la espalda a esta realidad que afecta al proyecto vital de mucha ciudadanía. Desde luego, este Gobierno sí defiende tender puentes sin menoscabo de fortalecer el orden multilateral.

Afortunadamente, el pasado miércoles se inició una tregua temporal de dos semanas en la guerra de Irán; un alivio momentáneo. Es cierto que el riesgo de una violencia y de una escalada inaceptable parece contenido. No obstante, el éxito que tenga este proceso se debe basar en tres pilares irrenunciables: el cese total de los bombardeos sobre Irán, el fin del lanzamiento de proyectiles desde Teherán y la seguridad en el Estrecho de Ormuz, que debe quedar abierto de manera segura para cualquier buque.

Como saben, estamos ante un conflicto en Oriente Medio cuyos efectos no se diluyen en el Mediterráneo, lo sabemos bien. Este escenario está provocando fuertes oscilaciones en los precios energéticos y, sobre todo, acabando con la vida de centenares de civiles en hogares, escuelas u hospitales. Quienes desde una supuesta superioridad geopolítica pretenden hacernos creer que el derecho internacional es un estorbo, es preciso contestarles que están equivocados. Para España, la legalidad internacional no es una opción ni tampoco es un adorno retórico: es la única garantía de supervivencia para las naciones que, como la nuestra, creen en la convivencia frente a la ley del más fuerte.

Cuando vemos cómo se intenta legitimar la intervención militar, basándose únicamente en criterios unilaterales, sin el paraguas de Naciones Unidas ni el respeto a la Carta Fundacional, no podemos permanecer impasibles. Si hoy callamos ante la violación de la Carta de Naciones Unidas, mañana podremos ser las víctimas de un orden internacional basado exclusivamente en la coacción y la fuerza militar. Como bien ha expresado mi compañero y ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares, no hay libertad sin ley y sin instituciones que la salvaguarden.

Reclamamos la paz no por ingenuidad, sino porque defendemos los cimientos de la Europa que hemos construido sobre las ruinas de dos guerras mundiales. De igual modo, exigimos el fin de la invasión de Rusia en Ucrania y también el fin de la violencia en Gaza, porque ningún espacio de convivencia puede levantarse sobre la revancha perpetua.

Todos los frentes tienen que cesar. Es inaceptable la invasión de Israel en el Líbano, un país soberano; los ataques sobre las fuerzas de paz de Naciones Unidas, los cascos azules, donde hay tropas españolas realizando una labor encomiable; y son inaceptables los bombardeos indiscriminados sobre la población civil en Beirut.

En el ámbito de la seguridad y la defensa de la paz activa, España no se esconde. Tenemos en este momento a cerca de cuatro mil militares y guardias civiles desplegados en cuatro continentes bajo la bandera de Naciones Unidas, la OTAN y la Unión Europea. Estamos en el Líbano, con casi setecientos efectivos en la misión FINUL, siendo un muro de contención humanitario. Estamos en el flanco este de la OTAN, en Letonia, Eslovaquia y Rumanía, defendiendo la integridad territorial de nuestros aliados europeos frente a la agresión rusa. Estamos en el Índico, luchando contra la piratería en la Operación Atalanta, contribuyendo a la derrota del Daesh.

La paz también se defiende con la disuasión legítima y el compromiso con los aliados, pero que nadie confunda nuestra participación en estas misiones con un seguidismo ciego. Nuestra presencia en el exterior está siempre amparada por mandatos claros y por el respeto escrupuloso al derecho internacional, nunca por aventuras unilaterales.

En el ámbito diplomático y político, España está liderando una ofensiva por la razón y el multilateralismo. Colaboramos con todos los países de la región de Oriente Medio que abogan por la paz, y estamos trabajando activamente con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada que vaya más allá del cortoplacismo. No se trata solo de apagar incendios, se trata de reforzar el proyecto europeo como un factor y un actor geopolítico autónomo.

Somos muy conscientes de que las crisis internacionales se traducen en la cesta de la compra de los ciudadanos. Lo vivimos con la crisis energética derivada de la invasión de Ucrania y no vamos a permitir que esta nueva escalada en Oriente Medio desangre a nuestras familias y a las empresas. Por eso el Gobierno, además de monitorizar su impacto ha aprobado el mayor escudo social de la Unión Europea, dotado con 5000 millones de euros. Y podemos hacerlo con confianza, porque gracias a una política fiscal responsable y al dinamismo de nuestra economía, que triplica el crecimiento de la eurozona, España hoy cuenta con los recursos necesarios para proteger a hogares, a autónomos y a trabajadores y trabajadoras, y lo hacemos, como siempre, de la mano de los agentes sociales y con el apoyo mayoritario de esta Cámara, a quienes agradezco su compromiso blindando nuestro estado del bienestar mientras exigimos el cese de las hostilidades.

España está donde debe estar. Está con los valores de la Constitución, con los principios fundacionales de la Unión Europea, está con la Carta de Naciones Unidas y, sí, también estamos protegiendo a nuestros compatriotas en la región, trabajando día y noche para articular dispositivos de evacuación seguros.

En la encrucijada en la que estamos lo tenemos claro: vamos a seguir exigiendo un alto el fuego, vamos a seguir apostando por la diplomacia, por el diálogo y vamos a seguir defendiendo un orden internacional donde no gane el imperio de la fuerza, sino el que tiene la razón amparada por la ley. Ese es nuestro compromiso, un compromiso de país.

Este Gobierno, señoría, está para mejorar la vida de la gente, no para empeorarla con el fuego de la guerra. Les tiendo la mano para que, desde nuestras legítimas diferencias, trabajemos en una política de defensa que sea verdaderamente una política de Estado, alejada de la confrontación y centrada en la seguridad real de todos los ciudadanos.

Muchas gracias. (Aplausos).

Presidencia. Tiene la palabra la señora Noemí Santana Perera.

Noemí Santana Perera

PodemosDiputada.Página 51Vídeo

Muchas gracias, señora ministra, por su respuesta. Ya le he dicho en la anterior intervención que a nosotras nos gusta cuando se confronta con el señor Trump y con esas ideas que él tiene de niño malcriado, que patalea; como decimos en mi tierra, un auténtico machango. Evidentemente, ahí nos van a encontrar, pero la verdad es que luego, escuchándola en su respuesta, también sentimos cierta decepción al decir que nuestro país va a seguir siendo un colaborador necesario con este señor de la guerra y sus aliados. Y entiendo que es por eso por lo que usted no termina de aterrizarme o de concretarme cuáles van a ser las medidas específicas, más allá del diálogo, de tender puentes y a través de la vía diplomática que usted señala. ¿Cuáles son realmente las medidas concretas que va a tomar nuestro país para frenar esta auténtica locura belicista, señora ministra? Yo entiendo que nosotras hemos sido muy claras en este sentido y hemos señalado cuál es el camino: el abandono de la OTAN, el fin de la utilización de las bases militares en territorio que es soberano del pueblo y del Estado español y, además, no vincularnos con el nuevo incremento del gasto militar que nos están pidiendo el señor Trump y sus aliados dentro de la OTAN. Por tanto, creo que nosotras estamos siendo transparentes, estamos siendo cristalinas, y sin embargo el Gobierno de nuestro país no lo está siendo con la gente que nos está escuchando. Mire, le decía que le iba a explicar por qué Donald Trump está pidiendo un esfuerzo económico más allá de lo que lo había hecho en anteriores momentos a sus aliados dentro de la OTAN. Esto se debe a que en el año 2025 Trump hizo una rebaja de impuestos muy fuerte, fortísima, sin precedentes en el país, y lo hizo a las rentas más altas, a los multimillonarios estadounidenses. Y después de muchos recortes que el señor Trump puso sobre la mesa y ver que, sin embargo, no fue suficiente porque tiene un problema serio de deuda ―ya se lo dije― y una posibilidad real de que su moneda, el dólar, se vea afectada en su valor y deje de ser una referencia global como divisa, le saltan todas las alarmas y pasa de querer ser el premio Nobel de la Paz a ser el señor de la guerra. Como no puede mantener el gasto que necesita para mantener su capacidad operativa y los beneficios del conglomerado armamentístico estadounidense, pues dice: ¡oye, que la fiesta la paguen mis socios de la OTAN! Es una idea sin fisuras, señora ministra. Y si los socios de la OTAN fueran más listos, debieran decirle: si usted quiere guerra, señor Trump, se la paga usted. Pero no, el señor Rutte y la señora Von der Leyen lo que dicen cuando Trump dice salta es: Uy, ¿está bien esta altura del salto o debo saltar un poquito más alto o un poquito más bajo? Están absolutamente sometidos, señora ministra. Y así es como se asegura que todo el mundo dentro de la OTAN no solo haya llegado a cumplir con el 2 %, sino que haya ido más allá; también nuestro país: ya estamos por encima del 2 % en gasto militar. Miles de millones de euros que podrían ir a nuestros servicios públicos esenciales se están gastando en guerras y en armamento, y esto hay que decírselo a nuestra población.

Señora ministra, tengo muy poco tiempo, pero yo no le voy a comprar ese relato de que, para conseguir la paz, tenemos que seguir siendo aliados de la guerra. Se lo voy a decir muy claro: no a la guerra para nosotros significa no a la guerra, no a la OTAN y bases fuera. (Aplausos).

Presidencia. Para concluir el debate, en nombre del Gobierno, tiene la palabra la señora ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

Elma Saiz Delgado

GobiernoMinistra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.Página 52Vídeo

Señora Santana, he escuchado atentamente su intervención y comparto el fin último de sus palabras, que no es otro que la paz y la cooperación entre países. Es un ideal que cualquier demócrata abraza. Sin embargo, señoría, gobernar exige gestionar la distancia que separa el mundo que nos gustaría que fuera del mundo en el que vivimos. En mi primera intervención he tratado de explicarle la realidad del momento en el que estamos y lo que estamos haciendo para facilitar la paz y he dejado claro que no participamos en ninguna deriva belicista, sino en la responsabilidad de Estado que nos corresponde.

Le voy a detallar más lo que está haciendo este Gobierno. Cuando Ucrania fue invadida, no se enfrentaba solo a una disputa territorial, se enfrentaba a una aniquilación de su soberanía por parte de un régimen que desprecia el derecho internacional. Decir que el envío de material defensivo es alimentar la guerra es ignorar que, sin esa ayuda, hoy no habría una guerra que detener, sino una ocupación total y el silencio de las víctimas. Este Gobierno no quiere la guerra. Este Gobierno ayuda a una democracia a ejercer su derecho legítimo a la defensa, recogido en la Carta de Naciones Unidas.

Con respecto al aumento de la inversión en defensa, ustedes saben que el fin es incrementar nuestra autonomía estratégica. El aumento del presupuesto en seguridad y defensa no es una declaración de guerra a nadie. Es la garantía de que España y la Unión Europea pueden proteger sus fronteras, sus rutas comerciales y a sus ciudadanos sin depender de bandazos políticos de potencias externas. Entenderá usted que modernizar las Fuerzas Armadas es asegurar que nuestros militares tengan los medios para cumplir misiones humanitarias, para vigilar nuestras costas, para luchar contra el terrorismo, para evacuar a nuestros compatriotas y, no menos importante, para fortalecer la economía española y la creación de empleo cualificado. Cuando apostamos por nuestra industria de defensa, invirtiendo en I+D+i nacional, mejoramos las capacidades de las Fuerzas Armadas y reducimos la dependencia tecnológica de terceros Estados. Le doy algunos datos. La industria de defensa española no es solo armas, es un tejido de empresas que genera aproximadamente cien mil puestos de trabajo directos e indirectos, muchos de ellos de alta cualificación tecnológica. Más del 87 % de la inversión se queda en empresas nacionales; esto significa que el dinero de los contribuyentes vuelve a los ciudadanos en forma de salarios, innovación y soberanía tecnológica. Muchas de las innovaciones en defensa, ciberseguridad, comunicaciones satelitales o logística tienen aplicaciones civiles inmediatas, que fortalecen la competitividad de nuestro país. Una mayor autonomía estratégica refuerza también el tejido industrial, generador a su vez de alto valor añadido, con una singularidad que me parece relevante destacar: dinamizamos la economía en distintas áreas geográficas del país, algunas de las cuales se caracterizan por pertenecer a la España vaciada.

Señorías, España ha sido y sigue siendo una de las voces más firmes en la exigencia de la paz. Nuestra diplomacia trabaja cada día, en Bruselas, en Nueva York, en las capitales de todo el mundo, para buscar salidas negociadas. Nuestra obligación es asegurar que el lado de la democracia no decaiga. Nos piden que abandonemos la OTAN. Les pregunto: ¿dónde quedaría España? La seguridad tiene que ser colectiva o no habrá. Salir de nuestros compromisos internacionales no nos haría más seguros, nos haría más vulnerables. Este Gobierno mantiene su compromiso con el multilateralismo eficaz, el que no se limita a declaraciones de buenas intenciones mientras se vulneran los derechos humanos. Nuestra solidaridad con el pueblo ucraniano, con el pueblo palestino y con todas las víctimas en Oriente Medio no se mide solo por alzar la voz ―que lo estamos haciendo―, sino por la eficacia de nuestras acciones para detener las masacres, y lo estamos consiguiendo. Les invito a que nos ayuden a construir una Europa fuerte, que pueda imponer la paz mediante la diplomacia, pero que tenga la fuerza necesaria para que esa diplomacia sea respetada.

Este Gobierno va a seguir cumpliendo con su deber de proteger a los españoles y defender el orden democrático internacional. Comprendo y respeto sus críticas, pero también confío en que considere las reflexiones que le he expuesto sobre las herramientas indispensables que estamos desplegando, señora Santana, para encontrar y preservar la paz con respeto al orden jurídico internacional y al derecho humanitario.

Muchas gracias. (Aplausos).

Presidencia. Gracias, señora ministra. — DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL CONGRESO, AL MINISTRO DE HACIENDA SOBRE EL INFIERNO FISCAL AL QUE HA CONDENADO SU GOBIERNO A TODOS LOS ESPAÑOLES. (Número de expediente 172/000193).

Presidencia. Pasamos a la interpelación urgente del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, al ministro de Hacienda, sobre el infierno fiscal al que ha condenado su Gobierno a todos los españoles. Para su defensa, tiene la palabra el señor don Juan Bravo Baena.