Macarena Montesinos de Miguel
Gracias. Quiero empezar saludando a Marisol Burón, que nos acompaña en la tribuna, y a Antonio del Castillo, que también está siguiendo la sesión, ambos familiares de víctimas de crímenes y que continúan reclamando justicia. (Aplausos del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso dirigidos a la tribuna del hemiciclo). Sois unos referentes de coraje y generosidad para todos por ser capaces de edificar sobre vuestro sufrimiento insoportable el impulso para que ninguna familia más pase por el dolor que vosotros estáis soportando. Gracias. (Aplausos). La pena de prisión permanente revisable se introdujo en el Código Penal en 2015 con el objeto de sancionar supuestos delictivos de excepcional gravedad. Esta medida, habitual en los países de nuestro entorno, contó con el aval de los españoles. Más del 80 % de las encuestas mostraban que se estaba a favor de esta medida, pese a la oposición furibunda de los partidos de la izquierda. Quienes entonces dieron la espalda lo siguen haciendo ahora. Hagamos un poco de memoria histórica. En 2018, cuando el PNV intentó derogar sin éxito la prisión permanente con el apoyo del PSOE y de otros grupos de la Cámara, nosotros propusimos una alternativa que ya incluía los supuestos de esta iniciativa. En 2022 contamos con el apoyo de UPN y otros grupos y se tomó en consideración, pero la izquierda bloqueó su tramitación y caducó la iniciativa. Agradecemos a Alberto Catalán muy especialmente que ahora también comparta esta causa. Señorías, en democracia es esencial fortalecer la confianza en la Administración de Justicia poniendo a su disposición un sistema legal que garantice resoluciones judiciales previsibles que, además, sean percibidas como justas, protegiéndonos a todos, impidiendo que salgan de prisión quienes no están en condiciones de reintegrarse y evitando que reincidan en sus actos y vuelvan a causar dolor y sufrimiento. Además, con la ampliación de los supuestos que hoy traemos a este Pleno, se busca no dejar sin respuesta contundente a los criminales que, además de robar la vida de sus víctimas, causan, con la ocultación de los cadáveres, un daño mayor a las familias. Se trata de incorporar hechos de extrema gravedad, los que mayor alarma y repulsa social merecen y para los que los ciudadanos exigen el mayor reproche penal. Nos acusaron en 2022 de pretender legislar en caliente. Lo recordaréis. Hoy no tienen esta excusa. Traemos esta reforma otra vez porque creemos que no hay que esperar a que vuelva a suceder otra tragedia para aprobar esta medida. Otros nos acusaron de que esta pena supone algo así como oficializar la venganza. Y otros grupos impulsaron la derogación por razones de su ideología humanista. Han oído bien. El PNV, que, junto con el PSOE, está excarcelando a centenares de asesinos terroristas, hablan de humanismo. Hipocresía sin parangón. Humanismo hacia los verdugos y desprecio a las víctimas. (Aplausos). Este es su patrón moral o, si lo prefieren, amoral. La prisión permanente cree en la reinserción y, por eso, es revisable. El Tribunal Constitucional, con ocasión del recurso que interpusieron el Partido Socialista y sus socios, concluyó que es una pena plenamente constitucional. Señorías, por todo ello, traemos de nuevo la modificación del artículo 140 del Código Penal para ampliar la pena de prisión permanente revisable en dos supuestos relacionados con el delito de asesinato: el primero, la ocultación de cadáver, porque, además de la devastación que el asesinato provoca en sus seres queridos, el hecho de que ni siquiera puedan enterrarlo supone un terrible ensañamiento; y, el segundo, la reincidencia en este tipo delictivo. Como ha dicho el presidente Feijóo, algo grave pasa en España cuando un condenado por secuestro, malos tratos y abusos a un menor sale de la cárcel y reincide con un crimen machista como el de Miranda de Ebro, que nos sobrecogió a todos la pasada semana. (Aplausos). La prisión permanente revisable es el instrumento más eficaz para lograr el castigo al delincuente en proporción al daño causado, para que el miedo al castigo disuada de la comisión de delitos, para que el delincuente se vea impedido de volver a delinquir mientras dure la pena y para que tenga un incentivo claro a colaborar con la justicia. Señorías, desde que Sánchez gobierna, los homicidios dolosos y los asesinatos en grado de tentativa han aumentado un 68 %. Los secuestros se han incrementado en más del 52 %. Los delitos contra la libertad e indemnidad sexual han aumentado un 81 %, con un incremento del 277 % en las agresiones sexuales con penetración. Este dato es singularmente espeluznante. Una vez más, el Ejecutivo ha humillado a las mujeres y las ha abandonado frente a los agresores sexuales. Los hechos lo confirman: ha habido fallos inaceptables en las pulseras antimaltrato; han aprobado leyes como la del solo sí es sí, que excarcela y devuelven a las calles a pederastas y violadores, y han llevado a acosadores y agresores sexuales investigados hasta la mismísima Moncloa e incluso hasta la cúpula de la Policía Nacional. (Aplausos). Por eso, hay que legislar para frenar esta tendencia. Tanto es así que queremos que esta proposición de ley permita ―vía enmienda― ampliar los supuestos que comportan prisión permanente revisable a depredadores sexuales y violadores reincidentes. Porque el insoportable incremento de estos delitos ha generado una enorme alarma social que merece la máxima pena, con fines preventivos y, cómo no, punitivos, para quienes los realicen.
Este histórico incremento de las agresiones sexuales y de las violaciones demuestra que hacen falta nuevas normas que reviertan el fracaso de la ley del solo sí es sí. La protección de las mujeres exige la máxima contundencia, y cuando una organización decide archivar denuncias internas ante comportamientos inaceptables o cuando pretende rehabilitar al supuesto agresor como si tal cosa, envía un mensaje devastador a las mujeres, como el caso Salazar, el del expresidente de la Diputación de Lugo o el del DAO, entre otros. Debemos evitar espacios de impunidad como los de la actual legislación procura a los delincuentes. La vida merece la máxima protección penal, y la libertad sexual es también un bien jurídico a proteger, especialmente cuando la agresión implica violencia extrema, tortura sexual, secuestro o retención, reincidencia del agresor o cuando las víctimas son especialmente vulnerables ―es decir, los menores―. Hay agresiones sexuales cuya gravedad es tal que la sociedad no pueda aceptar que el autor vuelva a la calle sin garantías suficientes de reinserción. El Grupo Popular está ahí y estará siempre del lado de las víctimas y sus familias, y por este motivo traemos esta iniciativa: para satisfacer la demanda de la inmensa mayoría de la sociedad.
Hoy, la izquierda de este hemiciclo repetirá sus habituales mantras. Lo cierto, señorías, es que la relación y el encaje moral de la izquierda hacia los delincuentes es bastante laxo y alejado del español medio. Nosotros no nos parecemos a esta izquierda de principios morales discontinuos, que gobiernan y llaman hombres de paz a los terroristas, que reciben el halago de quienes cometen masacres o que se ponen del lado de dictadores y asesinos de sus pueblos. Una izquierda tan carcomida de ideología que es incapaz de conmoverse, de empatizar con los que verdaderamente sufren. Pero aun así, por las familias de las víctimas, apelamos a su humanidad, a que voten a favor de esta iniciativa. El intento de deshumanizar al adversario político, el levantamiento de muros y la imposición del frentismo entre españoles de estos últimos años por parte de la izquierda ha generado un clima de desafección hacia la política que, lamentablemente, cada vez les aleja más a ustedes de sus representados.
Señorías, la persona es la base y el fin de la política. La política debe ejercerse con ética, cercanía y respeto absoluto por cada ser humano: sin muros, sin frentes, solo las personas. Por eso invocamos su apoyo para legislar pensando solo en las personas que están detrás de cada víctima de estos crímenes atroces, y les pedimos que hagan un ejercicio de empatía hacia ellas. ¿Pueden imaginarse el calvario por el que están pasando estas familias? ¿De verdad que pueden? En el Partido Popular, sea cual sea el resultado de la votación, seguiremos luchando para que esta medida sea una realidad. Porque es lo correcto, se lo debemos a las víctimas y a sus familiares. Porque lo demanda la sociedad en estos tiempos de criminalidad desbocada. Porque estamos comprometidos con la protección de las personas. Porque creemos firmemente que hay que respaldar con recursos y medios a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Porque creemos que hay que dotar a los jueces de leyes efectivas para hacer frente a los delitos más insoportables. Porque en el Partido Popular no tenemos ni peajes, ni favores, ni chantajes que pagar para llegar o mantenernos en el poder. Y porque para nosotros, los españoles, todos, son lo único importante.
Y termino. Nada mejor que Marisol Burón para expresar lo que quiero trasladarles sobre esta iniciativa: la frustración de la familia de una víctima por no poder velar su cuerpo. Y ella, Marisol, dijo: Es muy duro cerrar todas las noches la puerta de tu casa y saber que tu hija, o el cuerpo de tu hija, está en la calle. Yo me acostaba en la cama y no me arropaba. Quería pasar frío porque yo sabía que mi hija estaba a la intemperie. Pienso todos los días: ¿dónde estás, hija mía? Lleva 2320 días, con sus noches, con ese pensamiento, como los padres de Marta del Castillo, que llevan 6257 días, con sus noches, preguntándose dónde está Marta. Soy consciente de que es imposible acercarse a un sufrimiento semejante. Pero antes de subir aquí, piensen que en sus manos está salvar en parte este sufrimiento. No necesitan venganza; necesitan justicia y algo de paz. Por un momento, despréndanse de su ideología o de sus cálculos políticos. Y por ellos, por todos, apoyen esta propuesta. (Aplausos).
Y, por último, me dirigiré, en nombre del Grupo Parlamentario Popular, a las familias de las víctimas: tenéis todo el respeto del Partido Popular, todo nuestro cariño y todo nuestro compromiso, porque vuestra causa es la nuestra.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie, dirigidos hacia la tribuna).