Mikel Otero Gabirondo
EH BilduDiputado.Página 38Vídeo
Gracias, presidente. Eskerrik asko, mahaiburu jauna. Buenos días a todos. Señor Puente, probablemente usted estará cansado ya de que todo el mundo le venga a reprochar todo lo que va mal con el transporte ferroviario. Algunos incluso le reprochan lo que ellos mismos provocaron con el abandono al que sometieron al sistema ferroviario. Nosotros y nosotras no venimos a eso; más que a poner pegas o a echar culpas o a reclamar inversiones milmillonarias para antes de ayer, venimos, creemos, a proponer soluciones razonables, porque creemos que están al alcance de la mano y que basta aplicar un poco de sentido común. No me voy a extender en el histórico, pero es evidente que el Estado se cegó, se deslumbró y se cebó con la alta velocidad. Se invirtieron decenas de miles de millones en construir vías nuevas exclusivas para la alta velocidad; se prometió llegar a todas partes con ella y por el camino se perdió el resto, especialmente las mercancías y las cercanías. El 90 % de la inversión se fue para la alta velocidad y el 10 % restante para el resto, allí donde se realizaba más del 90 % de los desplazamientos, y ahora están aflorando problemas estructurales. Por un lado, las mercancías ferroviarias han tenido un enorme declive y hoy solo el 4 % de las mercancías se transportan por la red ferroviaria para una media de casi el 20 % en Europa. Por otra parte, las cercanías están como están. Las rodalies, de las que se habla mucho, y las no rodalies, porque las cercanías en Euskal Herria han dejado de ser un servicio fiable, a pesar de que transportan a unas sesenta mil personas cada día al trabajo y a estudiar. La semana pasada descarriló otro tren en Bizkaia. Por otra parte, se ha generado una deuda enorme que, además, sigue creciendo, y mantenerlo todo cuesta un dineral. El dato lo dio usted: mantener un solo kilómetro de alta velocidad cuesta 110 000 euros anuales, y son ya más de 4000 kilómetros, y sigue subiendo, y además hay que mantener los más de 10 000 kilómetros de vías restantes de la red ferroviaria convencional. Así pues, con este contexto, la pregunta sería: ¿usted cree que es realista pensar que se puede seguir construyendo alta velocidad a todas partes y, al mismo tiempo, hacer las inversiones necesarias para reflotar la situación de las cercanías, para darle la vuelta al declive de las mercancías y, además, hacer debidamente el mantenimiento de todo, teniendo en cuenta los problemas que están aflorando? Pues, para nosotros, la respuesta es bastante evidente, la respuesta es que no, que no es realista. Creemos que el modelo ha llegado a su límite. De hecho, creemos que usted reconoció honestamente en comisión buena parte de esta realidad, reconoció que los datos de las mercancías no son aceptables y que la situación de las cercanías es de todo menos buena. Usted nos dice que gran parte de la falta de inversión viene de la década anterior y de los Gobiernos del Partido Popular, y este hecho es cierto. Usted nos dice también que en los últimos años se ha equilibrado la balanza. Esto es relativamente cierto, pero el cambio de rumbo no ha sido ni de lejos suficiente para equilibrar ese déficit histórico que se arrastra en la financiación de la red convencional y no se ha conseguido revertir ni el deterioro de las cercanías, que cada vez van más lentas, ni el hundimiento de las mercancías ni la acumulación de incidencias, de retrasos, etcétera. Se lo ilustro con un pequeño ejemplo. Hace veinte años, el tren de cercanías que va de Bilbo a Orduña tardaba 42 minutos; hoy tarda una hora mínimo cuando no hay retraso, que es lo más normal. Por todo esto, creemos que es el momento de reordenar prioridades, de centrarse en ofrecer un servicio ferroviario con sentido común, en el que se combinen, por una parte, velocidades competitivas en largos recorridos; por otra, servicios de cercanía de calidad que cohesionen el territorio, y también capacidad para mercancías, cuestión que es urgente si queremos reducir emisiones en el sector del transporte. Es decir, ir hacia un modelo de servicio ferroviario de altas prestaciones.
Usted también señala, con razón, que existe una contradicción entre decir que el modelo alta velocidad a todas partes está agotado y, a la vez, pedirlo en todas partes. Esto es cierto. Pero no es nuestro caso. Nosotros creemos que el tren es un medio de transporte fantástico, que es el futuro, pero también que debe dar una respuesta integral de movilidad. Y sobre esto queremos hablar, porque además creemos que tenemos una oportunidad histórica de reconducir la situación, al menos en lo que afecta a Euskal Herria. Más allá de la Y vasca, sobre cuyos retrasos y sobrecostes hoy no me voy a extender, porque merecen un libro entero, por otra parte, le decimos, y usted lo sabe, que en Euskal Herria quedan por modernizar muchísimos kilómetros de vía férrea, queda casi todo el corredor navarro, queda la conexión de Nafarroa con la Y vasca y queda la conexión entre Gasteiz y la vía que viene de Burgos. Básicamente, hay dos opciones: seguir con el mismo esquema que se ha utilizado hasta ahora, es decir, nueva plataforma dedicada en exclusiva para la alta velocidad, dejarse una millonada, terminarlo vaya usted a saber cuándo, seguir ahondando en el deterioro de lo existente, dejar a decenas de miles de personas que viven por el camino sin un servicio de calidad o, por el contrario, se podría cambiar el enfoque, centrarse en reformar profundamente el trazado y las infraestructuras existentes, que por otra parte son más viejos que la tarara, hacerlo a mitad de coste y proyectar una infraestructura, una plataforma y no dos, con tres funciones: servicio de velocidad alta, capacidad renovada para el transporte de mercancías y servicio de cercanías moderno que cohesione el territorio por el que pasa. Es decir, win, win, win. Pero parece que no terminan de asimilarlo y, a pesar de que por lo bajini se reconoce que esto no da más de sí, se sigue huyendo hacia adelante. Se empiezan a sacar licitaciones en los valles alaveses, en Añana, con la misma lógica, o se siguen sacando estudios informativos para alta velocidad, por ejemplo, en el tramo entre Iruña y Altsasu, que acaban de sacar y ahora mismo está en fase de alegaciones. Y lo hacen sin ni siquiera estudiar la alternativa del modelo de altas prestaciones, a pesar de que contaban con una partida presupuestaria específica para ello. Y no es solo Euskal Herria Bildu quien está viendo lo evidente, son las plataformas por el tren que se han organizado y han presentado hace tiempo ya una alternativa perfectamente viable; son prácticamente todos los municipios por los que discurre el tren, que ayer mismo, por ejemplo, en la Sakana, en Nafarroa, salieron a anunciar alegaciones en este sentido; son los sindicatos ferroviarios; es, en definitiva, el sentido común el que está aflorando, pidiendo a gritos que se haga mejor, que se haga más rápido, que se haga más económico y menos invasivo con el territorio. Y es que el tema casi no admite una comparación. Si miramos el coste, hacer todo lo que hace falta todavía, si se hace en alta velocidad, se iría a una factura de más de 5000 millones de euros. Apostar por una reforma integral de los trazados actuales costaría la mitad que hacerlo en alta velocidad. Si miramos el tiempo de ejecución, en un contexto de incremento de necesidades en cercanías, de necesidades en mantenimiento, ¿cuánto tiempo se tardaría haciendo todo si solo hacer un estudio informativo de un tramo ha llevado casi una década y, después de treinta años de planificaciones, aún ni siquiera se sabe dónde conecta el corredor navarro con la Y vasca? Si miramos el coste de oportunidad, más de lo mismo. Los tramos de alta velocidad no entran en funcionamiento hasta que se unen las capitales. Si optamos por renovar los trazados actuales, cada mejora queda incorporada y se pone en marcha de inmediato. Si miramos la afección al territorio, no se compara la opción de renovar los trazados existentes con hacer una plataforma completamente nueva que genera una nueva brecha al territorio. Y si miramos la velocidad, la alta velocidad ofrece, sí, sobre el papel, una velocidad de hasta 300 kilómetros por hora, y no en todos los tramos. La opción de altas prestaciones ofrece sus buenos 200 kilómetros por hora. Y la diferencia sería ridícula, serían ocho minutos escasos entre Gasteiz e Iruña. ¿De verdad creemos aún que esta ventaja pírrica merece la pena teniendo todo lo demás en cuenta? Yo creo que esto ya es difícil de entender. Y la gente en la Sakana, en Nafarroa, en Lautada o en Añana, en Araba, no lo entiende. Ellos y ellas aprecian verdaderamente el tren, tanto lo quieren que quieren utilizarlo, que quieren que les dé un servicio y tener estaciones y trenes del siglo XXI. Si se apuesta por la alta velocidad, lo único que se conseguirá es una vía que nominalmente puede alcanzar los 300 kilómetros por hora, pero para eso hay que duplicar plataformas, invertir lo que no está escrito, esperar tal vez decenios, mientras vemos cómo la actual vía se deteriora día a día. Por su parte, las altas prestaciones costarían la mitad, se incorporan las mejoras sin esperar a que se haga todo, se combinan diversos usos, soluciona las mercancías y las cercanías, cohesiona territorio y se pueden alcanzar velocidades más que suficientes. Vamos, que son todo ventajas.
A estas alturas, ignorar este enfoque y persistir en un esquema centrado en la alta velocidad supone, además, apartarse de los principios básicos de la política de movilidad europea y estatal y desaprovechar una oportunidad clave para construir un sistema ferroviario eficiente, sostenible y socialmente justo, porque el tren no tiene que ser competitivo solo en la larga distancia, tiene que solucionar los problemas del transporte cotidiano por carretera, apostando por un modelo multimodal, sostenible, y la mejora ferroviaria debe basarse en capacidad y vertebración territorial y no tanto exclusivamente en mejorar la velocidad. Y no es una cuestión solo de trazado, es una cuestión de concepto. El sistema de planificación estratégica de transporte, tanto a nivel europeo como a nivel estatal, no establece como única prioridad la alta velocidad, sino que promueve un modelo ferroviario eficiente, multimodal, sostenible e inclusivo que responda a las necesidades de personas y mercancías en todos los niveles territoriales: local, regional, estatal y europeo.
Teniendo todo esto en cuenta, señor Puente, ¿no cree que ha llegado la hora de afrontar esto con la valentía necesaria y apostar por lo que se le está pidiendo desde tantos lugares?
Besterik ez. Eskerrik asko.