Ana Isabel Alós López
Gracias, presidenta. Señorías, hoy presentamos esta iniciativa con el objetivo de que España empiece de una vez a cumplir la ley y deje de ser el eslabón débil de Europa en materia de retornos e inmigración. Los datos son incontestables. Según Eurostat, entre enero y septiembre del 2025 España notificó más de 41 000 órdenes de expulsión; sin embargo, la propia Secretaría de Estado de Seguridad ha reconocido que apenas se ejecutaron algo más de 3000. Estamos hablando de que solo se ejecutan siete de cada cien órdenes de expulsión. Esto no es un fallo puntual, sino un fracaso estructural y un mensaje devastador. En España incumplir la ley sale gratis. Por si fuera poco, el Gobierno prepara la mayor regularización masiva de inmigrantes irregulares de nuestra historia, en un país donde, según las estimaciones, residen alrededor de 840 000 personas en situación irregular. Nunca ha habido en nuestro país tantas personas extranjeras, más del 14 % de la población total, y nunca se había planteado una regularización de semejante alcance. Señorías, ¿qué señal están enviando? Yo se lo diré. Por un lado, se dictan órdenes de expulsión que no se cumplen; por otro, anuncian que quien permanezca irregular un mínimo tiempo podrá obtener papeles; y, para colmo, como acreditación de no tener antecedentes penales bastará una simple declaración responsable. Señorías, les recuerdo que a un ciudadano español se le exige un certificado oficial negativo de antecedentes penales para acceder a un empleo público o a determinadas actividades; sin embargo, a quien ha entrado o permanecido ilegalmente en España se le va a permitir regularizar su situación con una manifestación unilateral. ¿De verdad creen que eso refuerza la seguridad jurídica? ¿De verdad creen que eso protege a los españoles y también a los inmigrantes que sí cumplen las normas? Esta regularización no solo es injusta para los ciudadanos españoles, lo es también para quienes han venido legalmente y han esperado años trámites burocráticos interminables. Es un premio colectivo por el mero paso del tiempo y, lo que es más grave, es un potente efecto llamada que están utilizando ya las mafias e introduce riesgos innecesarios para la seguridad ciudadana. Las cifras europeas muestran que las entradas irregulares han descendido en la Unión; sin embargo, en la ruta del Mediterráneo occidental, la que afecta directamente a España, han aumentado. Mientras nuestros socios endurecen sus políticas de retorno, España anuncia papeles para todos, así nos convertimos en el coladero del espacio Schengen. (Aplausos). La propia Fiscalía General del Estado ha advertido de los retrasos y dificultades para materializar expulsiones por colapso judicial y la imposibilidad de localización o falta de cooperación consular. Es decir, el sistema no funciona. En lugar de arreglarlo, el Gobierno ha optado por desactivarlo por la vía de la regularización masiva. Señorías, esto no va de humanidad frente a firmeza, va de Estado de derecho, va de que las resoluciones administrativas y judiciales se cumplan, va de que quien comete delitos graves o reincide dolosamente no puede seguir en nuestro país como si nada hubiera pasado. Las peticiones en nuestra proposición son claras. Primero, garantizar la ejecución efectiva de las órdenes de expulsión. Segundo, aprobar los cambios legislativos necesarios para expulsar a los extranjeros condenados por delitos graves o reincidentes, especialmente por delitos contra la libertad sexual, impidiendo su retorno. Tercero, reforzar la cooperación judicial y policial para acortar plazos y evitar dilaciones indebidas. Cuarto, revisar los acuerdos con países de origen y tránsito, introduciendo consecuencias diplomáticas o económicas cuando no colaboren en la readmisión. Y, quinto, reforzar los medios humanos y tecnológicos de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado e impulsar la colaboración con Frontex. Además, señorías, esta iniciativa es coherente con el nuevo reglamento de retorno presentado por la Comisión Europea en el marco del Pacto de Migración y Asilo. Este reglamento ―es muy importante subrayarlo― no es una directiva, es un reglamento directamente aplicable y vinculante para todos los Estados miembros. Establece normas comunes, refuerza la cooperación, introduce la orden de retorno europea integrada en el sistema de información de Schengen y endurece las medidas frente al riesgo de fuga y frente a quienes representan una amenaza para la seguridad. También amplía los motivos de detención, permite prohibiciones de entrada de hasta diez años, incluso veinte para casos de alto riesgo, y exige que, cuando alguien reciba una orden de salida de la Unión, efectivamente abandone la Unión. (Aplausos).
¿Qué credibilidad tendrá España cuando entre en vigor plenamente este reglamento si hoy ejecuta solo un 7 % de sus órdenes de expulsión? ¿Cómo vamos a participar en un sistema de reconocimiento mutuo de decisiones si estas no se cumplen? ¿Qué confianza van a depositar en nosotros los demás Estados miembros? El reglamento europeo habla de eficacia, de cooperación, de prevención de movimientos secundarios dentro de Schengen; justamente lo contrario de lo que hace el Gobierno con la regularización masiva, que rompe la coherencia del sistema europeo y nos enfrenta con nuestros socios; de hecho, hemos leído esta semana que trece primeros ministros reprocharán a Sánchez en Bruselas la regularización masiva por obviar el pacto migratorio: consideran que España ya no es un socio fiable por asumir una decisión unilateral que compromete la integridad del espacio Schengen.
Señores del Gobierno, gobernar no es improvisar, no es utilizar el BOE como herramienta electoral, no es hurtar el debate parlamentario cuando no se tienen los apoyos suficientes. Gobernar es asumir la realidad, decir la verdad, tomar decisiones responsables y cumplir la ley. (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Muy bien!). España necesita una política migratoria de Estado, con autoridad única, control efectivo de fronteras, criterios objetivos y verificables para cualquier regularización individualizada y retorno ordenado para quienes no cumplan los requisitos, y, por supuesto, necesita ejecutar las órdenes de expulsión.
Humanidad sí, pero también justicia. Integración sí, pero también cumplimiento de la ley. Solidaridad sí, pero también responsabilidad. No pueden seguir trasladando a comunidades autónomas y ayuntamientos los costes de la improvisación. No pueden tensionar más los servicios públicos legislando sin planificación ni memoria económica. No pueden pedir confianza a los ciudadanos mientras envían el mensaje de que el cumplimiento de la ley es opcional. Por eso pedimos el apoyo a esta proposición no de ley, porque va a favor del Estado de derecho, a favor de la convivencia, a favor de una inmigración legal, ordenada y vinculada al trabajo, a favor de lo que esperan nuestros socios europeos de un país fiable. España no puede ser el país que dicta órdenes que no ejecuta y que convierte la irregularidad en antesala de la regularización automática. España debe cumplir la ley, debe controlar sus fronteras, cumplir sus expulsiones y estar a la altura de lo que esperan los socios europeos.
Muchas gracias. (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Muy bien!).