Verónica Martínez Barbero
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Muchas gracias, presidenta. Señorías, me van a permitir que empiece mi intervención saludando a nuestros compañeros de los comités de empresa de Fiber de Galicia, de Arcelor y de Coca-Cola, que nos acompañan en la tribuna de invitados. (Aplausos). Hoy mi grupo parlamentario viene aquí a hablar de derechos laborales y de democracia, viene a hablar de empresa y de política industrial. Venimos a hablar de lo que le importa a la gente, del trabajo que sostiene la vida de las industrias que dan futuro a nuestros territorios y de las soluciones que este Parlamento debe tener el coraje de poner sobre la mesa. Venimos a hablar del presente y del futuro que queremos para España. Señorías, más allá de sus contenidos, esta iniciativa pretende también ser una llamada a cuidar este espacio. El Congreso ha de hablar de la España real, no de una que no existe y que se quiere construir a base de odio y de miedo. Señorías, permítanme recordar una realidad que a veces queda enterrada bajo el ruido: nuestro país sufrió un proceso de desindustrialización brutal, una auténtica hemorragia económica y social, durante la crisis financiera bajo el gobierno del Partido Popular. Entre 2008 y 2014, este país destruyó más de un millón de empleos industriales. En apenas seis años, uno de cada tres puestos de trabajo en la industria desapareció; uno de cada tres. Cada cifra es una familia, un barrio y una comarca que se quedan sin horizonte. Pero no estamos condenadas a este destino, porque desde 2018, y gracias a las políticas de Yolanda Díaz en el Ministerio de Trabajo, hemos logrado revertir una sangría que parecía inevitable. Hoy, el empleo industrial ha crecido en 325 000 personas, y nos situamos por encima de los 3 millones de ocupados, la cifra más alta desde 2008. (Aplausos). Es un avance indiscutible, fruto de la valentía y de medidas que han respondido a la precariedad, con protección de derechos y con creación de empleo digno. Pero no basta, señorías, no basta porque merecemos más. Hoy, la industria representa el 14 % del PIB, cuando el compromiso europeo es alcanzar el 20 %. Por eso necesitamos una política que combine empleo y sostenibilidad, y que dialogue con los territorios y entienda que el progreso no se impone sobre las espaldas de la gente. Permítanme declamar ―esperemos que por última vez desde esta tribuna― que…
... o noso modelo é «o de Altri non». Ese é o camiño: nuestro modelo es: «el de Altri, no». (Aplausos). Ese es el camino: … industria verde, moderna, ambiciosa y fuerte, con garantías sociales y ambientales, y siempre con la gente dentro. Señorías, esta proposición de ley llega para plantear la misma pregunta a todos los grupos parlamentarios: ¿qué modelo productivo queremos para nuestro país? Y no se esfuercen por responder a otras, porque esta es la única de la que mi grupo parlamentario quiere que hablemos hoy en este Pleno. Nosotras lo tenemos claro: no puede ser un modelo en el que haya empresas que reciban ayudas públicas, disfruten del esfuerzo colectivo de nuestros impuestos, los de las gentes trabajadoras, y después trasladen su producción fuera de la Unión Europea para abaratar costes y aumentar sus beneficios; o que lleven a cabo una venta malintencionada para vaciar la empresa y que sean otros los que, por un módico precio y dejando un reguero de deudas, despidan a una plantilla que no conocen sin miramientos. ¡Basta ya! Basta ya de trampas y de fraude con dinero público. ¡El dinero público, el dinero de todas y de todos, ha de estar para proteger el empleo y para sostener y crear industria, no para financiar cierres y deslocalizaciones! Señorías, aquí estamos hablando de algo muy concreto, muy real, que tiene nombres y apellidos: de familias que ven cómo las mismas empresas que recibieron ayudas públicas, que pidieron sacrificios a las plantillas, que aplicaron ERTE, descuelgues de convenio, congelación y bajada de salarios, todo para salir adelante, ahora cierran, se marchan o se venden a fondos que vienen a desguazar y a despedir. Estamos hablando de la vida de la gente. Estamos hablando de la planta de BSH en Esquiroz, Navarra; de SaintGobain, Sekurit o Arcelor en Asturies; de AGAMA en Illes Balears; de Marie Claire en el país valencià; de International Paper, de Iveco o de Coca-Cola en Madrid; de Fiber o Alcoa en Galicia; de Siemens Gamesa, de Bimbo y de Michelin en Castilla y León; hablamos de SABIC en Murcia; de Nissan, de Bosch, de Mahle o de TE Connectivity en Cataluña; de Abengoa en Andalucía, y de MANN+HUMMEL o del Grupo Trigo en Aragón; y estas son solo algunas, porque hay muchas más. Para todas ellas, para sus trabajadores y sus trabajadoras va hoy esta proposición de ley. (Aplausos). Para evitar que miles de trabajadores y de trabajadoras, esto es, que miles de familias se queden sin su fuente de ingresos y se vean abocadas a intentar sobrevivir a base de empleos mucho más precarios o de ir tirando con lo que salga ―en muchos casos empleos de horas al día o de algunos días― o, en demasiadas ocasiones, a estirar indemnizaciones y el paro, porque encontrar un nuevo empleo, como ellos mismos dicen, con mi edad y después de 30 años en la misma empresa, es ciencia ficción. También es para que algunos territorios no se conviertan en eriales industriales sin presente ni futuro, llenos de lunes al sol y de jóvenes que se marchan. Hoy traemos una proposición de ley con dos propuestas sencillas y efectivas. La primera es una propuesta de justicia y de sentido común: si una empresa quiere trasladar su actividad fuera de la Unión Europea, que se olvide de despidos con indemnizaciones de veinte días, de modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo o de no aplicar los convenios colectivos. Si alguna se atreve a hacerlo, será un fraude de ley y los despidos serán improcedentes y nulos. Además, si esta empresa se ha beneficiado de un ERTE o de cualquier tipo de ayuda pública, es decir, de una ayuda de la Administración, tendrá que devolver el dinero. ¡El dinero público está para generar y para mantener empleo aquí, no para financiar la mudanza de quienes solo buscan su propio beneficio! Y si esa primera propuesta está destinada a impedir que algunas empresas usen nuestro dinero para luego salir corriendo en busca de más dinero en otros países a costa, claro, de explotar a los trabajadores y las trabajadoras de esos mismos países, de pagar sueldos de miseria y de instalaciones insalubres, contaminantes y peligrosas, la segunda está vinculada a poner límites a otro fraude, uno que cada vez se produce más: el que se origina cuando una empresa vende a otro una factoría, una planta o una línea de producción específica con el objetivo oculto de cerrarla, de desmantelarla, de acabar con ella y de poner a la plantilla de patitas en la calle. Para que eso no sea posible, hay que fortalecer la democracia en la empresa, hay que reforzar la transparencia y la capacidad de negociación de las personas trabajadoras. Proponemos hacerlo a través de un plan de viabilidad que tenga como objetivo mantener la actividad y los puestos de trabajo, acompañado, por supuesto, de un periodo de negociación en el que tendrán que estar la empresa vendedora, la empresa compradora y los sindicatos o el comité de empresa. Y, por supuesto, para evitar que esto se quede en lo formal y que sea nuestro tejido industrial una vez más el que lo pague, los trabajadores y las trabajadoras tendrán derecho de tanteo y retracto para adquirir la empresa y así seguir con la producción, como hubieran querido mis compañeros de Fiber. Y ¿cómo vamos a hacer que esto se cumpla? Con consecuencias muy claras: si las empresas se lo saltan, los despidos de nuevo serán improcedentes y nulos, y la empresa vendedora tendrá que responder si se cumple el plan registrado. Nada de lavarse las manos.
Señorías, la libertad de empresa no puede significar fraude y abuso. La libertad empresarial no puede ir en contra de la democracia en la empresa. En esta Cámara hay quienes invocan la Constitución como unas Tablas de la Ley inamovibles, que usan incluso como un arma arrojadiza contra buena parte de quienes componemos este país, como un cepo para impedir avanzar en derechos. Nosotras proponemos mejorarla e introducir nuevos derechos, pero también, y sobre todo, aplicarla en todos aquellos aspectos sociales que una mayoría social consiguió que la integraran con lucha en las calles. Señorías, el artículo 129 de la Constitución proclama la democracia en la empresa y aquí se enmarca esta iniciativa legislativa. La Constitución del 78 no quiso un mercado laboral sin reglas, quiso un mercado laboral insertado en un Estado social. La democracia en la empresa significa que las decisiones que afectan de manera directa a la vida laboral ―bien sea la organización del trabajo, las condiciones, los despidos o los cierres― no pueden adoptarse como si el trabajo fuera una mercancía, ¡porque las vidas no son mercancía! Dicho de otra manera, si la democracia se queda en la puerta de la fábrica, si se queda en la puerta de la oficina o al otro lado de la contraseña del acceso a intranet, entonces es una democracia incompleta. El artículo 129 nos recuerda que el poder económico también debe dialogar con el principio democrático. Y esto, señorías, no es una extravagancia ideológica, esto es un mandato constitucional.
Señorías, esta ley no va contra las empresas, va contra las malas prácticas; no penaliza la actividad económica, penaliza el fraude, y no limita la inversión, garantiza que la inversión sea responsable. Queremos empresas competitivas, sí, competitivas pero comprometidas con el territorio, con el planeta, con el empleo y con el país que les ha dado estabilidad jurídica, infraestructuras y ayudas públicas. (Aplausos). No podemos aceptar un modelo en el que las ganancias se privatizan y las pérdidas se socializan. Esta proposición de ley envía un mensaje claro: quien quiera operar en España encontrará seguridad jurídica, trabajadores cualificados y apoyo público, pero también encontrará reglas que protegen el empleo, la dignidad laboral, la democracia y el interés general. Por eso, dará igual lo bien que lo vistan, quien vote hoy en contra de esta ley votará en contra de nuestra industria y de nuestras empresas responsables. Votará en contra de nuestra clase ―de la trabajadora―, de las familias que sufrieron injustamente y de aquellas a las que debemos evitarles el sufrimiento.
Con esto termino, presidenta. Señorías, la realidad no está hecha ni de palabras ni de relatos, está hecha de vidas, y esta iniciativa quiere reconocerlas en todo su valor. Porque detrás de cada artículo hay una nómina que no llega o que ya no da, una familia que espera y que desespera y una comarca a punto de morir de inanición. No hablamos de abstracciones, hablamos de personas concretas, que sostienen este país mientras nosotras aquí dentro debatimos. En SUMAR hoy no les pedimos un gesto retórico, les pedimos que estén a la altura, que cuando salgan de este hemiciclo puedan decir, sin titubeos, que estuvieron del lado de la gente.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).