Jaime Eduardo de Olano Vela
Gracias, presidenta. Señor Marlaska, después de haber tapado al presunto violador, su mano derecha, no sé qué demonios hace usted aquí. ¡Marlaska, dimisión! (Aplausos).
Señora Díaz, ¿sigue usted escuchando el runrún que escuchaba el lunes? ¿Sigue usted escuchando el runrún que decía escuchar en su ministerio? ¿Lo escucha aquí en el Congreso? ¿Lo escucha en SUMAR? ¿Será que llega Sánchez o será que llega Rufián, señora Díaz? (Risas).
Verá, señora Díaz, en su trayectoria política nunca se ha presentado dos veces a unas elecciones por el mismo partido. Eso ya habla de sus principios. Tras su paso, el partido desaparece y sus compañeros la despellejan. Me parece que en SUMAR está pasando lo mismo. Usted llegó para ensanchar la extrema izquierda y ha terminado achicharrada por el PSOE más extremista. ¿No se pregunta usted nunca por qué le pasa eso, señora Díaz? ¿Será por apoyar el aumento del gasto en defensa que juró impedir? ¿Será por abandonar la causa saharaui que decía defender? ¿Será por nombrar mano derecha a un depredador como Errejón? ¿Será por aceptar que se desguacen los servicios públicos sin decir ni pío? ¿Será por convertir la vivienda en el primer problema de los españoles? ¿Será por hacer que la clase media se sienta más pobre que nunca, señora Díaz? ¿Será porque hoy se investiga a la mujer de Sánchez, al hermano de Sánchez, al mejor amigo de Sánchez, al número dos de Sánchez, al otro número dos de Sánchez, al PSOE de Sánchez por financiación ilegal, señora Díaz, y a la cúpula de la Policía de Sánchez nada más y nada menos que por violación y por encubrir esa violación, señora Díaz? Y su Gobierno lo ha tapado. ¿Dónde está su feminismo, señora Díaz? ¿Detrás del burka, señora Yolanda Díaz?
Señora Díaz, pese a todo esto, a usted le parece que estar al lado de Sánchez es estar en el lado correcto de la historia. No sé si será también lo que le ocurre por sus enfados fingidos o sus peticiones de dimisiones fake, señora Díaz. La política exige algo más que sonrisas forzadas y palabrería hueca, exige coherencia y capacidad de plantar cara cuando toca, señora Díaz. Cuando se renuncia a ejercer esa influencia real, uno deja de ser decisivo y pasa a convertirse simplemente en decorativo, señora Díaz. Presentó SUMAR como la casa común de la extrema izquierda, con esa palabrería hueca, y hoy más bien parecen ustedes un Airbnb en el que cada día hay alguien saliendo por la puerta. (Aplausos).