Fèlix Alonso Cantorné
Grupo SumarDiputado.Página 44Vídeo
Gracias, presidente. Hoy volvemos a hablar de multirreincidencia, pero no de la misma que debatimos la semana pasada. Si entonces la mayoría de esta Cámara aprobó la conocida como ley robamóviles, una ley con sesgo clasista que endurece el Código Penal, hoy les presento una proposición no de ley que aborda a otros multirreincidentes. Hablo de los chiringuitos financieros alegales y de las entidades bancarias con sus tarjetas revolving. Basta de que sean siempre los ciudadanos quienes sufran, personas que pueden perder su casa o pagar de más, obligadas a un interminable vía crucis de reclamaciones y juicios. Todo ese sufrimiento es innecesario. Las correcciones podrían ser automáticas, solo falta la voluntad de ponernos de acuerdo. Simplemente queremos poner coto a la desregulación, tal y como nos pide Europa, y acelerar un anteproyecto de ley que regule los créditos al consumo. Los multirreincidentes de nuestra PNL son los que se llevan el botín con un clic en el móvil o detrás de una ventanilla. Las víctimas son las familias trabajadoras, a las que el mes se les hace largo, eterno, incluso en febrero, que tiene veintiocho días. En España, vivimos dos realidades paralelas. En la cara A, los datos macroeconómicos nos certifican que estamos en uno de los mejores momentos de la historia, con una deuda privada de las familias de 700 000 millones de euros, un 43 % del PIB, la más baja de los últimos veinticinco años. Pero en la cara B la música no suena tan melódica, hace daño a los oídos y al bolsillo. Hablo de los créditos al consumo, que se han disparado en los últimos meses, alcanzando los 4000 millones mensuales de un total de 116 000 millones. Es la deuda de supervivencia. Por eso permítanme que les hable con claridad. No hay nada que esconder, porque el problema no es la persona; el problema es un sistema que se aprovecha de ese momento de necesidad. Y eso es importante que lo entendamos hoy. Esto no va de responsabilidad individual, esto va de vulnerabilidad aprovechada como modelo de negocio. Pero por eso estamos aquí, porque, mientras los beneficios empresariales se disparan al 13 %, los salarios de los trabajadores de la empresa privada retroceden. Allí donde la fuerza sindical es menor, la pérdida es de 4 puntos respecto a los salarios de 2020. Salarios con subidas por debajo del IPC, estímulos constantes al consumo y un precio de la vivienda desorbitado. Esa es la combinación que daña principalmente a los trabajadores con salarios medios, unos once millones de españoles. Las familias que pagan un alquiler o una hipoteca tienen enormes dificultades para afrontar otros gastos y, cuando lo intentan, muchas entran en una espiral perversa que las lleva a la ruina económica y emocional. La ruleta empieza a girar con el origen de nuestro principal problema como país, la vivienda, al convertir un derecho consagrado en el artículo 47 de la Constitución en un bien especulativo. Las familias hacen un esfuerzo titánico destinando el 40 % o más de su economía solo para tener un techo. De ahí se pasa al coche, para moverse donde el transporte público no llega, y se tira de un crédito al consumo con un interés medio del 6,63 %. Después, llegan las vacaciones, la vuelta al cole, la matrícula del máster, los regalos de Navidad o el móvil. Y aquí es cuando entran las revolving, las del súper, las de la gasolinera, las de los grandes almacenes o las que te envía el banco sin que las pidas. Estas tarjetas se han aprovechado de una sentencia del Tribunal Supremo ―¡qué raro!― de 2023, que fijó hasta en 6 puntos porcentuales el diferencial para calificar de usurario un crédito revolving, lo que ha permitido elevar los tipos. Según su fin, el tipo de interés medio de estas tarjetas es del 23,34 %, muy por encima del 8,68 % de las tarjetas de la zona euro. Favorecidas por el Supremo, las entidades pueden eludir la ley de represión de la usura, la ley Azcárate de 1908, que, por cierto, podríamos modificar en este Congreso.
Sigamos con la espiral. El final del endeudamiento llega con un imprevisto: el cierre de la empresa, el divorcio o algo tan corriente como la factura del dentista o la reparación del coche. Ahí aparecen los chiringuitos financieros, que se anuncian hasta en el metro, con una publicidad directa que atrapa a las personas en apuros. La trampa está servida: un préstamo de 300 euros a treinta días puede tener una TAE del 3400 %. De ahí al impago o a una escalada de créditos para tapar agujeros solo hay un paso, que lleva a las familias a la desesperación y a la pérdida de todo. Y ¿qué hay detrás de esos chiringuitos? Nada, la alegalidad. En Consumo Baleares hicimos una campaña de inspección; resultado: cero. Cero. No había por dónde cogerlos: no estaban registrados; no tenían local físico, estaban en otro país o cambiaban constantemente de ubicación digital; no hay relación de consumo. Es pura estafa. Pero ante nosotros tenemos otro elefante en la habitación al que no queremos ver: la mala praxis de la banca y la escasa regulación por parte del regulador, el Banco de España.
Las familias afectadas piden algo tan sencillo como que se tomen en consideración los abusos que durante años han padecido: las hipotecas IRPH, las crecientes, las REDAL y, ahora, las cláusulas de anticipación. ¿Qué es la anticipación? En 1993, el Banco de España ya advirtió de que algunas fórmulas de crédito cobraban intereses de más. En 2024 volvió a señalarlo, al menos cinco veces; sin embargo ―¡qué cosa más extraña!―, a finales de 2025 el regulador cambió de criterio. ¿Tanto cambio de opinión en un tema financiero? ¿Por qué entidades como el BBVA y Santander aplican condiciones más justas en el extranjero que en España, señores patriotas? Allí, se corrige la anticipación; aquí, parece que la banca tiene licencia para abusar. De nuevo, el Banco de España se coloca del lado contrario al de las familias hipotecadas. Tenemos una oportunidad de corregir entre todos estas injusticias que afectan a los españoles y a las españolas, sean de donde sean y voten a quien voten. Hoy sus señorías votarán de un lado o de otro. Simplemente, confío, espero y deseo que voten del lado de sus votantes.
Muchas gracias. (Aplausos).