Carina Mejías Sánchez
VoxDiputada.Página 113Vídeo
Gracias, presidente. Señor ministro, ha dicho usted que hoy lleva un día intenso ―yo creo que el día ha sido intenso para todos―, que lleva muchas horas respondiendo a preguntas, pero lamento incomodarle y pedirle que responda una vez más, y esta vez le advierto que no lo va a hacer solo a esta diputada que le habla ni a mi grupo parlamentario, lo va a hacer también a las víctimas que nos están escuchando, que tienen todavía muchas respuestas que pedirle, señor ministro. (Aplausos). Hoy se ha producido un hecho ejemplar: ha dimitido la ministra del Interior portuguesa. Lo ha hecho porque se han producido siete víctimas mortales como consecuencia de los temporales en los que, curiosamente, ella no ha tenido absolutamente ninguna implicación, pero ha presentado su dimisión y el presidente del Gobierno portugués la ha admitido, cosa que vemos que aquí parece ser que no va a ocurrir. Es una actitud ejemplar de la que debería usted tomar nota. Tenemos la sensación de que esta tragedia para ustedes ha sido más una molestia política que hay que retirar cuanto antes de la agenda pública. Su gestión ha fallado, señor ministro, y aquí hay responsables, pero para ustedes la única respuesta ha sido cambiar el foco cuanto antes, intentar que nadie mire donde realmente están los culpables y culpar a muchas adversidades: que si el cambio climático, que si los Gobiernos anteriores…, incluso ha salido alguien hablando de Franco. Han preferido distraer al país con regularizaciones masivas o con polémicas con tecnócratas, todo para escapar de la culpa. Yo no sé, señor ministro, si a usted le quitaran el Twitter, si sería capaz de enfrentarse a la realidad de su ministerio y de la incompetencia que hemos estado sufriendo. Hace un rato usted ha acusado a mi compañera Pepa Millán de utilizar a las víctimas, y es mentira, señor ministro. Las víctimas de Adamuz, a día de hoy, no solo han tenido que sobrevivir al tren, sino que están teniendo que sobrevivir al abandono del Estado, al abandono de este Gobierno. Ustedes han anunciado en un decreto urgente ―que se han dado mucha prisa en aprobar― cheques y anticipos exprés, en una política que podíamos llamar de talonario. Se han dado exactamente la misma prisa que en retirarles la atención psicológica que necesitaban después de ver morir a sus seres queridos, señor ministro. (Aplausos). Un país decente no abandona así a sus víctimas, pero este Gobierno parece ser que tiene prisa por pasar página, porque su prioridad no ha estado precisamente en acompañar a las víctimas ni en decir la verdad ni en asumir responsabilidades. Su prioridad ha estado en pagar deprisa, cerrar el expediente y callarlas antes de que se amotinen para preguntar quién falló, qué falló y quién es el responsable. ¿Quién debe responder por esta tragedia? Como si el abandono no fuera suficiente, además, ministro, ahora las propias familias denuncian algo un poco más indigno todavía, si cabe, y es que se ha producido pillaje y robo de sus pertenencias en el accidente. No tan solo han tenido que enterrar a sus familiares, sino que también han tenido que soportar la humillación de ver cómo desaparecían sus objetos personales sin que nadie respondiera, señor ministro. Creo que ustedes tienen una obligación con las víctimas en lugar del abandono, el silencio y el descontrol, incluso después de la muerte. ¿No había nadie para vigilar esas pertenencias? ¿No había nadie para controlar que ese pillaje no se produjera? De todo lo que hemos escuchado, yo creo que hay algo que es lo más insoportable, que no es solo la magnitud de esta tragedia ni la cadena de mentiras ni las respuestas que aún no nos ha dado. Lo más insoportable de todo esto, ministro, es que este accidente, esta tragedia, se podría haber evitado si usted hubiera escuchado a aquellos que alertaron de que la situación del sistema ferroviario español estaba en crisis. Se lo alertaron los maquinistas, los técnicos, los ferroviarios, los pasajeros, se lo alertó todo el mundo y, cuando la tragedia llegó, usted mintió. Dijo que la vía estaba íntegramente renovada, y era mentira; mintió cuando dijo que el carril era nuevo; mintió cuando falseó las fechas de las inspecciones y mintió cuando negó problemas estructurales que le habían llegado por diversas vías porque usted había hecho oídos sordos. El sistema ferroviario llevaba años deteriorándose mientras ustedes presumían de récords de inversión y de vivir el mejor momento de la historia. Usted ha presumido en muchísimas ocasiones de que ha comparecido en esta Cámara muchas veces. Lo ha hecho a petición de la oposición, muchas veces camuflándolo con peticiones propias de comparecencia como consecuencia de situaciones críticas que se habían producido en el sistema ferroviario español. Hemos vivido veranos negros, hemos vivido otoños de crisis y ahora estamos viviendo un invierno trágico, señor ministro. (Aplausos). Usted no ha comparecido aquí nunca para celebrar éxitos, ha comparecido aquí siempre para justificar el desastre, señor ministro, el desastre.
No hay nada que me parezca más indignante que recordar aquel TikTok que usted se hizo en donde presumía de dar pines a los miembros del Gobierno para celebrar que iba a poner los trenes a 350 kilómetros/hora. El otro día, en la comparecencia que hizo en este Congreso, dijo que eso era el objetivo final que usted pretendía conseguir para igualar el sistema ferroviario español al chino. Pues mire, no quiero ni pensar lo que hubiera ocurrido si usted se llega a atrever a poner los trenes de la línea BarcelonaMadrid a 350 kilómetros/hora con el deterioro que esa vía sufría.
Señor ministro, los carriles no se rompen de golpe, no se degradan por casualidad, se fatigan por el uso y por la falta de mantenimiento. Hace pocos días se ha producido una nueva rotura de vía en Irún con un tren que ha descarrilado con materiales peligrosos, y resulta que nadie ha dicho absolutamente nada. Ustedes necesitan silenciar, necesitan pasar página de la situación que está viviendo el sistema ferroviario español. Y lo más grave, señor ministro, no es tan solo la tragedia, que ya lo es, sino todo lo que esta tragedia ha supurado por esa herida después. Hoy lo confirman sus propios datos, señor ministro: 985 limitaciones temporales de velocidad, 48 más en solo una semana; en siete días 112 nuevas incidencias y solo 64 han sido resueltas; más de 10 000 kilómetros afectados por averías, señor ministro. Esto no es una cuestión puntual ni una fatalidad, es el retrato de un colapso total de una red que se deteriora más rápido de lo que se repara y de un caos operativo reconocido incluso por sus propios técnicos.
Quiero trasladarle algunas de las preguntas que me han hecho las víctimas para que, si acaso, usted se las responda. ¿Qué ocurrió aquel día? ¿Por qué durante casi una hora nadie supo lo que había pasado y tuvo que ser un pasajero herido el que avisara de que había un Alvia descarrilado con personas heridas? Sesenta minutos de inacción, señor ministro, sesenta minutos que pudieron ser la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Dónde estaba la coordinación, señor ministro? Porque usted sobre esto el otro día quiso pasar de puntillas, dijo que a usted no le interesaba recordar la cronología, que ya la había explicado muchas veces. Pero ¿dónde estaba esa monitorización permanente? ¿Por qué nadie supo del Alvia durante casi más de una hora? ¿Por qué no llegaron los servicios de emergencia? ¿Dónde estaban esos protocolos ejemplares de los que usted presume? No estaban porque el sistema que debía proteger a los pasajeros estaba roto desde hacía mucho tiempo y había mucha gente que se había encargado de advertirle, pero usted lo ignoraba, señor ministro. Lo más grave de todo esto es que usted, mientras hacía anuncios absolutamente grandilocuentes, era profundamente ignorante de su propia responsabilidad, ministro. El resultado han sido cuarenta y siete muertos. (Aplausos).
La falta de control era de tal magnitud que resulta que hoy incluso usted, ADIF y el presidente del Gobierno se han hecho un lío con los trenes de auscultación. Usted dijo el otro día en el Senado que hay nueve trenes de auscultación, ADIF tiene una nota de prensa diciendo que solo hay seis y hoy el presidente del Gobierno ha hablado de cuatro. Pero la pena, lo grave, es que ninguno de ellos funcionaba, solo había uno operativo, dos estaban en pruebas y los otros estaban en procesos de homologación. Y mientras tanto, miles de millones en maquinaria nueva estaban atrapados durmiendo en un depósito porque el ministerio tarda tres años en homologarlos. Y esos trenes, precisamente, ministro, son los que tienen que detectar la situación de crisis en las vías o las averías en las vías. Tres años, ministro, tardan en homologar un tren. Es el tiempo que la burocracia del Estado ha condenado a la parálisis a la seguridad ferroviaria. Además, también hemos sabido que maquinistas especializados o bien maquinistas con falta de formación siguen en su casa sin poder atender las pruebas necesarias para auscultar las vías. Y la respuesta del Gobierno ha sido la de siempre: nadie sabe, nadie contesta, nadie cesa, nadie dimite, nadie responde. Hoy se lo han vuelto a decir muchos grupos parlamentarios en esta Cámara.
Usted es un ministro que dijo que solamente si supiera que por alguna de sus acciones había incurrido en negligencia y había sido culpable de esta situación, dimitiría. Usted hoy es un ministro que carece absolutamente de legitimidad, señor ministro. Después de semanas negando el problema, ahora, cuando los sindicatos han anunciado una huelga, usted ha anunciado a toda prisa 1800 millones de euros más en mantenimiento. ¿Pero no había sido su ministerio el que más había invertido en mantenimiento? ¿Cómo es que ahora los sindicatos, a través de esa presión, le consiguen sacar 1800 millones más y 3600 nuevas contrataciones en ADIF y Renfe, cuando llevaban años y años exigiendo más personal? Eso que usted negaba ahora lo ha anunciado en dos días, pero todos sabemos que solo son falacias, cero certezas y pura propaganda, señor ministro, porque este Gobierno no tiene presupuestos; no hay financiación concreta y no hay ni un solo euro garantizado para cumplir esas promesas.
Todo esto viene de algo muy claro: este deterioro está causado por la corrupción política cuyo epicentro lo han situado en el Ministerio de Transportes. Este tramo de Adamuz fue ejecutado por una UTE vinculada a la trama de Koldo García, la red de comisiones ilegales y de contratos amañados. El otro día usted en comisión dijo: Ustedes critican a la empresa Azvi, que es una empresa absolutamente consolidada. Si es una empresa absolutamente consolidada, ¿por qué pagaba comisiones a Koldo García? ¿Por qué pagaba mordidas? Esto también es su responsabilidad, ministro, porque los Gobiernos son solidarios y tiene que saber por qué pagaba y por qué forma parte de una UTE que, además, fue la que intervino en el tramo de Adamuz.
Hoy en día, España es uno de los países europeos donde más ha crecido la corrupción con los casos protagonizados por los miembros de su Gobierno que han llevado a la directora de ADIF, al exministro de Transportes, a su asesor Koldo García y al señor Santos Cerdán a la prisión. Esa podredumbre es la que ustedes han gestionado durante años. Mientras esa trama hacía negocio, el mantenimiento se hundía y la seguridad se degradaba. Ahora lo sabemos, cuando la corrupción entra en las obras públicas, la seguridad y las vidas se ponen en riesgo, señor ministro. Se lo hemos dicho todos: la corrupción mata. Ahora lo sabemos con seguridad. (Aplausos).
Señor ministro, por si fuera poco, hemos sabido que empresas dedicadas al mantenimiento robaban material ferroviario ―carriles, cobres, piezas― sin que nadie lo detectara, en las mismas narices de ADIF. ¿Dónde estaban los controles? ¿Dónde estaba la vigilancia? ¿Usted tenía noticia de que esto se estaba produciendo en las mismas narices de ADIF? ¿Tampoco va a cesar a nadie en ADIF?
Mientras todo esto salía a la luz, el desastre de rodalies en Cataluña se ha convertido en un colapso absoluto, se ha convertido en el espejo perfecto de su gestión con trenes suprimidos a diario, estaciones colapsadas y miles de trabajadores abandonados en los andenes. Un servicio esencial convertido en un infierno. Primero, ustedes nos prohíben a todos los ciudadanos utilizar nuestro coche privado imponiendo zonas de bajas emisiones y restricciones al tráfico; luego, plantearon también eliminar los vuelos cortos, y, cuando los ciudadanos solo tenemos la alternativa del tren, el sistema ferroviario colapsa. Díganos, ministro: ¿qué hacemos entonces? Díganos: ¿cómo tenemos que movernos? ¿Cómo tenemos que viajar?