Vicente Montávez Aguillaume
Señorías, antes de entrar en materia, permítanme una profecía barata, de esas para las que no hace falta ni bola de cristal. Algunos dirán de esta PNL que es papel mojado, que el derecho internacional es cosa de burócratas y que aquí lo que manda es la fuerza. Agitarán, como siempre, las más bajas pasiones, harán algún chiste, pondrán alguna mueca y se quedarán tan contentos, como si el mundo fuera un bar a las dos de la mañana. Otros me temo que intentarán otra maniobra conocida: llevarse el debate al barro para no tener que posicionarse y convertir una discusión sobre reglas, seguridad colectiva y legalidad internacional en una pelea doméstica de baja intensidad. Pero hoy no venimos a eso, hoy venimos a que España elija un lugar en el mundo, señorías. (Aplausos).
Dicho esto, vayamos al fondo. Esta PNL no va de una frase bonita, va de dónde se coloca España cuando el mundo se vuelve más áspero y más cínico; va de si aceptamos que el siglo XXI se organice como un reparto de esferas de poder entre Estados Unidos, Rusia y China o de si defendemos algo menos vistoso y más necesario para un país como el nuestro, un orden basado en normas. Hoy ―permítanme decirlo con claridad― al Partido Popular le toca elegir y no esconderse en la abstención educada ni en la equidistancia de salón ni en el «sí, pero», le toca elegir porque la política exterior no es un gesto, es un sitio moral y estratégico desde el que mirar el mundo, señorías.
Esta PNL es clara y exigente: defender la legalidad internacional, la paz, el multilateralismo, la cooperación, el diálogo y la seguridad colectiva (aplausos) e impulsar alianzas y denunciar la vulneración del derecho internacional en todo caso y en todo lugar, sin letra pequeña y sin geografía selectiva, señorías.
¿Por qué hoy? Porque el mundo nos está examinando, y no es un examen teórico. En Ucrania hay una invasión y una violación del derecho internacional y se ha pasado una línea que no se puede cruzar. Las fronteras no se cambian con tanques. En Gaza hay una tragedia humanitaria que debe terminar ya:
más de 71 000 las personas asesinadas. Es inaceptable que alguien convierta la destrucción en un negocio. Sudán es esa gran guerra olvidada y, cuando el mundo mira a otro lado, la impunidad avanza, señorías. En Venezuela la salida solo puede ser democrática, con derechos humanos, diálogo con garantías y acompañamiento internacional. No hay atajos, señorías, (aplausos), no hay atajos. En el Ártico y en Groenlandia vemos señales preocupantes: territorios tratados como mercancía y la fuerza está por encima del derecho. Y en Afganistán y en Irán las mujeres ven como sus derechos son amputados, sus vidas vigiladas y sus futuros confiscados. No podemos callarnos, señorías. (Aplausos). Todos estos escenarios tienen una cuestión en común: cada vez que el derecho se repliega, entra la fuerza y, cada vez que entra la fuerza, pierden, primero, los civiles, las personas más débiles, las desplazadas y los países medianos.
España no está hecha para un mundo sin reglas. Aquí es donde la derecha debe retratarse. De VOX no espero nada. Su política exterior es una caricatura y su defensa de Trump ya solo tiene una pieza pendiente: el gorro de búfalo, señorías. (Risas). Han cambiado el interés nacional por la devoción y la soberanía por la obediencia. Es al Partido Popular al que quiero escuchar. No pueden seguir jugando a la ambigüedad. No pueden presentarse como un partido de Estado y tratar el orden internacional como un asunto decorativo o cursi. Señorías del Partido Popular, la pregunta es clara: ¿con quiénes están, con quienes creen que el derecho internacional es un estorbo y que se aparta cuando molesta o con quienes creemos que el único lenguaje que impide que el mundo se convierta en una selva es el del derecho internacional, señorías? (Aplausos). No me contesten con adjetivos, contéstenme con su voto a favor de esta PNL (rumores), porque esto va a ir a más.
Hay una corriente que pretende desmontar el sistema desde dentro, desacreditar a los tribunales, intimidar a los mecanismos de la ONU y convertir los derechos en un obstáculo y la frontera en espectáculo. Si el árbitro no gusta, se expulsa al árbitro. Si la norma incomoda, se dinamita la norma. Ese es el camino que algunos quieren imponer. Nosotros proponemos otro: firmeza sin fanatismo y legalidad sin ingenuidad. Nadie aquí cree que el derecho internacional funcione como el derecho interno. No hay una policía global que llegue siempre a tiempo, pero ahí reside su fuerza, aunque no siempre para detener la violencia, sino para nombrarla, y no siempre para impedir el golpe, pero sí para impedir que el golpe se vuelva costumbre. El derecho fija un estándar común entre lo lícito y lo ilícito y entre lo aceptable y lo intolerable, y cuando la ley no puede evitar todos los golpes puede y debe evitar que se normalicen. En política, esa diferencia lo cambia todo, señorías. (Aplausos). Por eso esta PNL importa, porque marca una línea. España no se resigna y no se calla. España no acepta que la violación del derecho sea un método de gobierno internacional. España defiende el multilateralismo, la cooperación, la Carta de Naciones Unidas y la rendición de cuentas, y lo hace por principios, sí, pero también por interés nacional inteligente, pues en un mundo sin reglas a España le va peor.
Vuelvo a sus señorías del Partido Popular. Aquí no les pedimos un poema ni un titular; les pedimos que se mojen, que dejen de buscar la salida por la tangente y de esconderse en el barro para no decir nada, porque en política exterior el que no se posiciona no queda neutral, queda disponible, y cuando uno está disponible siempre acaba siendo útil al más fuerte y al más agresivo. Así que elijan, señorías: el caos o el derecho internacional. Hoy la pregunta no es qué opinamos sobre el mundo, sino qué mundo estamos ayudando a construir, y en esa pregunta no caben medias tintas, señorías.
Muchas gracias. (Aplausos).