Jaime Eduardo de Olano Vela
Gracias, presidente accidental. Buenas tardes, señorías. La ley de presupuestos generales del Estado no es un trámite administrativo; es un instrumento central de la política económica de un país, es donde se decide quién paga, en qué se gasta y qué modelo de país se quiere construir. Y lo deciden las Cortes Generales, no el Gobierno; las Cortes Generales, que representan al pueblo español ―el Congreso y el Senado―. La Constitución no deja lugar a dudas, señorías. El artículo 134 obliga al Gobierno a presentar los presupuestos cada año, porque presupuesto y democracia parlamentaria van de la mano. Sin presupuesto no hay control, y sin control no hay democracia. Pues bien, señorías, este Gobierno incumple la Constitución por tercer año consecutivo. Tres años sin presentar presupuestos, tres años en rebeldía constitucional, tres años gobernando de espaldas al pueblo, tres años sin rendir cuentas a los ciudadanos, tres años de excusas, lo que roza ya el sarcasmo. Afirma todo un ministro de Economía, el señor Cuerpo, que el crecimiento económico hace innecesario nuevos presupuestos. Algo insólito: todo un ministro haciendo apología de la inconstitucionalidad. Además, son unas excusas que se contradicen frontalmente con lo que decía el propio Pedro Sánchez cuando estaba en la oposición: «Un Gobierno sin presupuestos es como un coche sin gasolina. Si no pueden aprobarlos ―continuaba―, deben convocar elecciones». Hoy, en cambio, el mismo Sánchez afirma sin rubor que traerlos sin apoyos sería una pérdida de tiempo.
Señorías, solo un ácrata piensa que la democracia es una pérdida de tiempo, o dicho en palabras de Montesquieu: «Cuando el poder de decidir los gastos no pertenece a los representantes, la libertad simplemente desaparece». Ningún Gobierno democrático ha prorrogado tres veces los presupuestos generales del Estado. Y esto tiene un coste altísimo: inseguridad jurídica, pérdida de confianza institucional y un deterioro evidente de la credibilidad económica del país. Un solo dato lo resume todo: la inversión extranjera bruta en 2024 fue un 43 % inferior a la de 2018, pese a contar con 163 000 millones de fondos europeos.
Y aquí llegamos al segundo gran fracaso en materia presupuestaria del Gobierno: los fondos Next Generation, utilizados como una especie de presupuesto en la sombra; opaco y gestionado de forma caprichosa e incompetente, lo que, a buen seguro, provocará que España tenga que devolver parte de los fondos asignados. Y esa devolución será el certificado de la negligente gestión del desgobierno de Pedro Sánchez. (Aplausos). Señorías, hoy en día España ya ha renunciado a más de 60 000 millones de estos fondos, y no porque no los necesite ―no, porque claro que los necesitamos: el propio señor Puente afirmaba la semana pasada que los ferrocarriles requerían una inversión de más de 30 000 millones de euros; por lo tanto, sí los necesitamos―. Lo que pasa es que este Gobierno ha demostrado ser incapaz de ejecutar los fondos europeos, pese a las continuas rectificaciones del plan inicial. La última rectificación la llaman Adenda de Simplificación, cuando deberían decir ‘de la claudicación’ o ‘de la frustración’, y digo frustración porque en esta adenda se recorta la ambición de los hitos y los compromisos, se reducen las inversiones y se renuncia a realizar reformas estructurales.
Y, como hacen siempre los mediocres, ya están en la búsqueda de un culpable externo para justificar su fracaso. Dirán que Franco, las comunidades autónomas, el cambio climático; cualquier cosa les sirve para tapar su fracaso. Es decir, estamos ante un Gobierno que se refugia siempre en lo fácil, cuando España lo que necesita es responsabilidad. Es más fácil salir al extranjero a combatir enemigos imaginarios que afrontar el problema de la vivienda aquí, en España; es más fácil buscar culpables que mantener unas infraestructuras que se caen a pedazos o unos servicios públicos saturados; es más fácil insistir en la falacia del escudo social que aplicar políticas que aumenten la productividad, suban los salarios y recuperen una clase media depauperada y casi desaparecida.
Señorías, tenemos más pobres hoy que en 2024. Tenemos casi un 34 % de menores en riesgo de exclusión social y tenemos el doble de personas con pobreza energética que en 2018. Ustedes, la izquierda, salían a la calle a protestar en 2018 cuando la pobreza energética era del 7 %. Hoy, que es el doble, presumen de escudo social. ¡Hay que tener mucho cuajo, señorías del Grupo Socialista! (Aplausos). Señorías, es más fácil usar la inflación para recaudar, aunque empobrezca a los ciudadanos, que aprobar reformas estructurales y mejorar la eficiencia en el gasto público. Es más fácil gastar en propaganda o en Televisión Española que financiar la investigación contra el cáncer o desbloquear iniciativas del Partido Popular para ayudar a las familias o a los celíacos. Es más fácil despilfarrar hoy para seguir en Moncloa unas semanas más que invertir a largo plazo para que todos vivamos mejor en el futuro.
Señorías, lo difícil es gobernar, y este Gobierno hace tiempo que ha renunciado a hacerlo. Pedro Sánchez ha decidido atrincherarse en Moncloa, pensando que desde allí, y abusando de la Fiscalía General y de la Abogacía del Estado, podrá defenderse mejor de los escándalos que le rodean en el partido, en el Gobierno y en su entorno familiar más íntimo, y para ello cada día añade una piedra más a ese muro que pretende dividir nuestro país. Señorías, España no es ese país enfrentado en dos mitades irreconciliables que muchos de ustedes pretenden hacer ver y que dibujan las redes sociales o los gabinetes de propaganda política de algunos partidos o medios de comunicación. No, señorías, España es un gran país, profundamente democrático, en el que los españoles en su inmensa mayoría respetamos a nuestros vecinos, amigos y familiares independientemente de lo que piensen, independientemente de sus ideas; un país que quiere seguir progresando y avanzando (aplausos), un país que quiere un Gobierno decente, que cumpla las leyes, que gestione su dinero con transparencia y rendición de cuentas y que mantenga y mejore sus servicios públicos, algo tan simple, algo tan imposible con esta banda que tenemos en el Gobierno; un país en el que sus ciudadanos puedan cumplir sus proyectos vitales sin necesidad de obtener el permiso de comisarios políticos de ninguna clase. Señorías, los españoles creemos en una democracia liberal de ciudadanos libres e iguales, una democracia moderna y modernizadora, justo todo lo contrario de lo que ofrece este Gobierno, de lo que ofrece un sanchismo paralizante y opresivo, con sus socios radicales en el Gobierno y algún otro externo, que solo buscan un enfrentamiento que empobrece y agota las energías de todos. Y para lograr ese proyecto de enfrentamiento necesitan la opacidad, necesitan huir del control parlamentario; en definitiva, necesitan menos democracia. El ejemplo más grave de esta huida del control parlamentario de las cuentas públicas lo tenemos con el gasto en defensa. Sánchez está incrementando el gasto militar hasta niveles históricos, utilizando modificaciones presupuestarias, transferencias entre secciones y conceptos tan arbitrarios como los llamados gastos ineludibles; una puerta trasera, abierta durante la pandemia, que hoy utiliza para esquivar al Congreso, para esquivar el control de los ciudadanos, saltándose la Ley General Presupuestaria y la Ley de la Defensa Nacional, vulnerando el principio presupuestario de especialidad y, en definitiva, vaciando de contenido el control democrático.
Señorías, como dijera Giovanni Sartori, gobernar sin control parlamentario no es democracia, es simple simulación. Es precisamente en eso en lo que estamos actualmente, en la simulación: intentar aparentar que se gobierna, hacer creer que se tienen apoyos en el Congreso, mucho viaje al extranjero, crear enemigos imaginarios y enviar a otros a recibir las bofetadas del electorado dirigidas a Pedro Sánchez, como ocurrió en Extremadura o antes de ayer en Aragón y muy pronto veremos en Castilla y León, y dentro de unos meses, en Andalucía. (Aplausos). Todo ello con la complicidad de algunos socios, que prefieren mirar para otro lado para no tener que explicar a sus votantes que sostienen al Gobierno más corrupto de la historia. Como tampoco quieren que se controle que ese gasto no haya ido para mejorar las condiciones retributivas de nuestros militares ni para mejorar las capacidades operativas de nuestros Ejércitos. Por eso, es incomprensible que algunos de sus socios renuncien a controlar a Pedro Sánchez. Señorías de Esquerra Republicana de Catalunya, ustedes, por ejemplo, han pasado de presentar una enmienda de supresión del presupuesto en defensa a permitir que se incrementen en 10 500 millones de euros solo en una anualidad. Supongo que la lógica es la misma que la del señor Rufián, que decía que se quería marchar de España y ahora quiere ser presidente del Gobierno, algo absolutamente insólito y muy propio de Esquerra Republicana de Catalunya. (Aplausos). Señorías, otro tanto ocurre con SUMAR, que en público se muestra muy contrariado e incluso muy muy muy, pero que muy enfadadísimo por el aumento del gasto militar, pero en el Consejo de Ministros de cada semana lo aprueba sin ninguna indecisión, todas y cada una de las modificaciones. (Aplausos). Y, por supuesto, para culminar esta farsa, para que la simulación de la que nos hablaba Sartori fuese efectiva, estos grupos ni siquiera le han preguntado a Pedro Sánchez de dónde va a recortar, no vaya a ser que se enteren sus votantes, señorías de la izquierda. Por eso se lo voy a decir yo: a pesar de incrementar el gasto en 75 000 millones desde el año 2023, el Gobierno mal llamado progresista recorta en 23 millones el gasto en cultura, en 48 millones el de fomento del empleo o en casi 700 el gasto en educación en 2025, mientras que la partida para propaganda crece año tras año, todos los años.
Señorías, el Grupo Parlamentario Popular está a favor del incremento del gasto en defensa, pero con control del Congreso, como mandata la ley, cosa que ahora no ocurre. Pero que nadie lo dude: si esto es posible, es simple y llanamente por la complicidad de los socios de Sánchez en forma de silencio. Sin ese silencio de sus socios, el PSOE, Pedro Sánchez, no podría hacerlo. Por todo ello, exigimos algo tan profundamente democrático como presupuestos generales del Estado y control parlamentario del gasto, como establece la ley, como exige la Constitución. Insisto, no estoy hablando de ideología, hablamos simple y llanamente de control democrático. Y en este punto, si me permiten, quisiera advertir de una errata existente en la proposición de ley, pues, como todos habrán advertido, la referencia que se hace al artículo 52 es al conjunto del artículo y no únicamente a su punto segundo.
Finalizo ya, señorías. Huir del Parlamento, como hace este Gobierno, no es valentía, es miedo a rendir cuentas, es miedo a dar la cara ante los ciudadanos. Quizá por eso es tan evidente el pánico que tienen todos ustedes al control y a la rendición de cuentas, el pánico que tiene muy especialmente la banda que acompaña a Pedro Sánchez. Pero, con todo esto, pierdan toda esperanza, señorías, más pronto que tarde tendrán que venir aquí a dar cuentas, y en muchos casos y muy probablemente ante los tribunales. (Aplausos). En definitiva, señorías, frente al sanchismo, más transparencia y más democracia, y esta proposición de ley, para la que les pido su apoyo, es sin duda un buen comienzo.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos).