José Manuel Albares Bueno
GobiernoMinistro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.Página 3Vídeo
Gracias, señora presidenta.
Buenos días y feliz año, señorías, dado que es la primera vez que nos vemos en el hemiciclo.
Señorías, las reglas del orden internacional y los valores de paz, de cooperación entre Estados, de diálogo y de seguridad en los que se sustenta se encuentran en riesgo en estos momentos. Lo hemos visto desde hace cuatro años en Ucrania con la agresión rusa, una agresión ilegal, injusta e injustificada, que deja destrucción y miles y miles de víctimas. Hace muy pocos días, Rusia atacaba a Ucrania con misiles hipersónicos y daba un nuevo paso en la escalada del terror en un invierno terrible en el que el presidente Zelenski ha tenido que declarar el estado de emergencia energética. Lo hemos visto en Gaza, donde la situación humanitaria es catastrófica y el alto el fuego es violado continuamente. Hoy hemos recibido el anuncio del comienzo de la fase 2, en la que trabajaremos para avanzar hacia una paz definitiva y un horizonte político en el que la Autoridad Palestina debe desempeñar un papel central. Lo hemos visto en Venezuela, donde España defiende que sean los propios venezolanos y venezolanas los que decidan en paz y libertad su propio futuro. Lo vemos en Irán, donde los iraníes y las valientes mujeres iraníes reclaman la libertad más elemental y son reprimidos de manera atroz. Lo vemos en la presión en torno a Groenlandia, que debe cesar, y a la integridad territorial de Dinamarca, país socio de la Unión Europea.
No se trata, señorías, de lejanos asuntos de otras naciones. No estamos solo ante la crisis de Venezuela, ante la represión brutal de manifestantes en Irán, ante la guerra injusta en Ucrania, ante la suerte de los gazatíes y ante tensiones sobre Groenlandia que deben cesar; se trata de problemas que nos afectan a todos, que afectan profundamente a la arquitectura y al derecho internacional y que afectan profundamente a nuestras propias democracias. (El señor vicepresidente, Bermúdez de Castro Fernández, ocupa la Presidencia). Todo está conectado. Todo está conectado en esta transformación del orden mundial. La estabilidad internacional está conectada con la estabilidad nacional. El derecho internacional y las instituciones internacionales son elementos básicos de nuestras democracias. Cuando se los ataca, también se ataca a nuestra democracia, a nuestra convivencia, a nuestra paz y a nuestra propia libertad. La paz y la estabilidad internacionales solo son posibles cuando se respeta el derecho internacional y la soberanía de todos los Estados, cuando se resuelven las controversias por medios pacíficos y cauces institucionalizados. Cuando se va contra el derecho internacional nunca llega la paz ni la democracia, llega el caos.
Para los demócratas, también los medios legitiman el fin. O se es libre o no se es; o se defiende la soberanía o se defiende la injerencia; o se defiende la democracia o se defiende el uso de la fuerza sin reglas, pero no caben ambas a la vez. (La señora presidenta ocupa la Presidencia). Frente a los que atacan el orden internacional, frente a una extrema derecha mundial que amenaza nuestra democracia y los valores sobre los que se sustenta el progreso de la humanidad, la política exterior de España ―coherente, con identidad propia, con voz propia― defiende lo mismo: la paz justa. Y por los mismos principios —los de la Carta de las Naciones Unidas y los valores europeos— en Ucrania, en Gaza, también en Venezuela, y en Irán y en Groenlandia: el respeto del derecho internacional, la paz, la justicia, la resolución pacífica de los conflictos. Frente a quienes quieren que reine el caos y la ley de la selva para imponer sus propios objetivos, nuestra política exterior defiende el multilateralismo, la cooperación, el diálogo y el derecho internacional. Como demócratas que somos —como debe hacer cualquier demócrata— no vamos a resignarnos a un orden de injusticia, de arbitrariedad y de violencia.
Señorías, nuestra política exterior siempre ha defendido y trabajado activamente por lo mismo en Venezuela: democracia, respeto de los derechos humanos, justicia y progreso social, y para que el futuro del pueblo venezolano lo construyan exclusivamente los propios venezolanos a través del diálogo, de manera democrática y por medios pacíficos. (Aplausos). Este Gobierno nunca reconoció los resultados de las elecciones del 28 de junio de 2024, como tampoco hemos apoyado acciones militares unilaterales contrarias al derecho internacional que vulneran principios básicos como es la igualdad soberana de los Estados y la obligación de resolver pacíficamente las controversias internacionales. Desde las primeras horas del sábado 3 de enero, he mantenido un estrecho contacto con mis homólogos europeos y latinoamericanos. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores fuimos el primer país en emitir un comunicado ese mismo día, haciendo un llamamiento a actuar con respeto al derecho internacional y a los principios de la Carta de Naciones Unidas. También promovimos con rapidez el comunicado conjunto con los principales países de América Latina ―México, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay―, en el que reiteramos que la situación en Venezuela debe resolverse exclusivamente por vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano en todas sus expresiones, sin injerencias externas y en apego al derecho internacional. También España impulsó el comunicado conjunto firmado por veintiséis Estados miembros de la Unión Europea y la alta representante, en el que pedimos el respeto del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas y que se respete la voluntad de los venezolanos de decidir sobre su propio futuro. Ninguna solución para Venezuela puede imponerse desde el exterior, y mucho menos por la fuerza. La única salida viable, hoy como siempre, debe ser venezolana, dialogada, pacífica y democrática, respetando la voluntad del pueblo venezolano y la soberanía sobre sus recursos naturales, que también son parte de la soberanía de todo país. Es importante para Venezuela y es importante para toda la región, que se vería afectada seriamente por la desestabilización venezolana.
España es Iberoamérica y, por eso, nuestra política exterior prioriza las relaciones con todos y cada uno de los países de América Latina y el Caribe, actuando de puente entre el continente americano y la Unión Europea. Mantenemos profundos lazos fraternales, históricos, humanos, culturales y económicos con los países de América Latina y este año, en noviembre, aquí en Madrid, acogeremos la cumbre iberoamericana, un momento para dar un nuevo impulso y estrechar la cooperación iberoamericana. España mantiene relaciones fraternales con todos los pueblos hermanos de América Latina, también con Venezuela: 200 000 españoles y españolas residen en ese país y más de 400 000 venezolanos y venezolanas viven entre nosotros; la mitad de ellos acogidos por este Gobierno, que desde 2019 les concede permisos de residencia por razones humanitarias ―un estatuto único para ellos―, entre ellos, los principales líderes de la oposición, como Edmundo González y Leopoldo López.
También tenemos estrechas relaciones económicas y empresariales y, a su vez, España ha denunciado cada violación de los derechos humanos y las detenciones arbitrarias. Hemos llevado todas las propuestas de sanciones a la Mesa de Bruselas. Hemos estado dispuestos a acoger a cada venezolano que lo necesite y eso seguirá siendo así mientras esté este Gobierno al frente del Gobierno de España. Ningún Gobierno en el mundo ha hecho tanto por el pueblo hermano de Venezuela como este Gobierno. (Aplausos). Este Gobierno actúa por Venezuela, actúa por los venezolanos y las venezolanas, por la democracia y los derechos humanos, siempre con respeto al derecho internacional, porque la alternativa al predominio de la ley es el horror y el predominio de la fuerza bruta. En esa elección estamos y estaremos siempre con la ley, donde deberían estar todos los que se llaman demócratas (dirigiéndose hacia los escaños del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso), y porque ese es el papel de España con los pueblos hermanos de América Latina: tender puentes y unir a Gobierno y a oposición.
El pasado jueves conocíamos una feliz noticia: la liberación de los ciudadanos españoles por parte de Venezuela, lo que consideramos un paso positivo en esta nueva etapa en la que se encuentra el país, que debe seguir dando pasos decididos en esa misma dirección. Cinco españoles fueron liberados en un primer grupo, se encuentran ya felizmente en España junto a sus seres queridos, y a estos se suman otros cuatro españoles, que han sido también liberados, una de ellas ya está en España y el resto se mantiene en Venezuela por voluntad propia. El mismo día de la liberación del primer grupo de cinco hablé personalmente con ellos, cuando se fueron concentrando en la residencia del embajador de España en Caracas, para transmitirles mi felicidad por su liberación y comprobar telefónicamente de primera mano cómo se encontraban. Ayer me reuní con cuatro de ellos ―uno de ellos no pudo acudir aunque estaba previsto, porque tuvo problemas en su viaje en avión― y con sus familias para transmitirles una vez más mi solidaridad y mi apoyo en persona. El Ministerio de Asuntos Exteriores y la Embajada de España en Caracas han trabajado con intensidad desde el primer momento para conseguir su liberación, y nos hemos mantenido también en continuo contacto con sus familias, que han sufrido mucho en estos meses sin poder estar junto a sus seres queridos. Quiero agradecer desde esta tribuna al Servicio Exterior de España y muy especialmente a la Embajada de España en Caracas y a su embajador su dedicada labor de protección a los españoles, en muchas ocasiones en circunstancias muy difíciles. (Aplausos).
Además de con mis homólogos europeos ―incluyendo el ministro de Exteriores de Portugal y el ministro de Exteriores de Italia, que, junto con España, tienen las mayores colonias de europeos en Venezuela―, me he mantenido en contacto permanente con mis homólogos de Brasil, de Colombia, de México y con el secretario general de la SEGIB. También he conversado sobre la nueva etapa en Venezuela con Edmundo González. El pasado viernes mantuve una conversación con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, con quien abordé la situación en Venezuela, así como la situación en Ucrania y en Gaza, y a quien reiteré el compromiso de nuestro país con el pueblo venezolano también en esta nueva etapa. El presidente del Gobierno ha hablado con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y con Edmundo González. Estamos hablando con todos los actores destacados sobre la situación y los próximos pasos en Venezuela. Y, por supuesto, seguiremos hablando con el Gobierno y con la oposición, porque es necesario propiciar un diálogo amplio entre venezolanos para una salida pacífica, democrática, dialogada y genuinamente venezolana, porque queremos para Venezuela y para todos los pueblos hermanos de América Latina exactamente lo mismo que queremos para nosotros, para el pueblo español: paz, democracia, progreso y justicia social.
Señorías, ningún futuro, ninguna comunidad, ninguna esperanza pueden construirse sobre la arbitrariedad y la violencia. El cuestionamiento y las violaciones flagrantes del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas tienen un coste desolador en vidas humanas y en esperanzas frustradas, también en el cuestionamiento de nuestra propia libertad y nuestra propia democracia. No es momento para la resignación, sino para la acción. Es el momento de lanzar una alianza mundial para el multilateralismo, una alianza en defensa de la cooperación internacional y la resolución pacífica de todos los conflictos, en defensa de la paz y la seguridad internacionales, en todo aquello que nos permite construir sociedades pacíficas, estables y prósperas en las que los ciudadanos puedan desarrollar sus proyectos de vida con tranquilidad. España va a seguir defendiendo con fuerza el multilateralismo, la Carta de las Naciones Unidas, la paz y la democracia.
En estos momentos, España es reconocida en el mundo entero por su defensa de un orden internacional basado en reglas y en los principios de la Carta de las Naciones Unidas, y por exigir el cumplimiento del derecho internacional de forma coherente y sin excepciones. Lo hicimos en Ucrania desde el inicio de la agresión rusa. España apoya a Ucrania porque no podemos abandonar a su suerte a un pueblo que defiende su libertad. Pero también porque defender a Ucrania es defender la democracia y un orden internacional justo, por eso seguiremos junto al pueblo ucraniano tanto tiempo como sea necesario. Lo hacemos en Gaza, exigiendo el respeto del derecho internacional humanitario y del derecho internacional. Vamos a seguir apoyando los esfuerzos para que el alto el fuego actual, muy frágil y violado sistemáticamente, se convierta en paz definitiva en esta fase 2 que se inicia hoy. Vamos a seguir trabajando para la implementación de la solución de dos Estados con la Autoridad Palestina en el centro. Tras su reconocimiento por parte de España en mayo de 2024, muchos países han seguido nuestros pasos y han reconocido el Estado de Palestina.
El pasado 10 de diciembre, el presidente de Palestina Mahmud Abás visitaba España y le reiteramos el compromiso de España con el futuro digno y en paz del pueblo palestino. España ha contribuido este mismo mes de enero con 50 millones de euros mediante el instrumento PEGASE de la Unión Europea para reforzar a la Autoridad Palestina y nos hemos convertido en su primer donante bilateral. También hemos lanzado, junto con Francia, Noruega y Arabia Saudí, la Coalición Urgente por Palestina. En el ámbito europeo y multilateral vamos a seguir defendiendo que la Autoridad Palestina sea partícipe en todo momento, tanto en las instituciones transitorias de gobernanza que tienen que empezar a andar como en todo lo que toca a su propia seguridad, y que las ONG ―también las ONG españolas por las que velamos directamente en el Ministerio de Exteriores― sigan estando presentes en Gaza. Vamos a seguir apoyando a UNRWA, organización indispensable para la estabilidad regional y, sobre todo, para la supervivencia de millones de palestinos y palestinas. También vamos a apoyar la estabilidad y la seguridad del Líbano, donde estamos presentes con un importante contingente bajo bandera de Naciones Unidas en FINUL. Por eso condenamos el reciente ataque israelí contra la FINUL, que puso en riesgo la integridad física de nuestro contingente. (Aplausos).
Nuestra defensa del derecho internacional se materializa también con acciones ante los tribunales internacionales, con nuestras intervenciones ante la Corte Internacional de Justicia en relación con Ucrania y Gaza; apoyando la lucha contra la impunidad por los crímenes internacionales, reforzando nuestras contribuciones a la Corte Penal Internacional, institución que se está viendo especialmente atacada en estos momentos; y con el apoyo a las Naciones Unidas y su sistema, como hice ayer mismo en mi reunión con el director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica hacia su labor, tanto sobre el programa nuclear iraní como en relación con la central de Zaporiyia en Ucrania.
En las últimas semanas, las amenazas y las tensiones sobre Groenlandia han aumentado y esto constituye una peligrosísima escalada. La seguridad del Ártico es una prioridad clave para Europa y para la seguridad internacional y trasatlántica. Groenlandia pertenece a su gente: groenlandeses y daneses. España apoya a Dinamarca y al pueblo de Groenlandia, tal y como se plasmó en el comunicado conjunto de los presidentes de España, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido y Dinamarca. España exigirá siempre, en todo lugar, el respeto a la soberanía, a la integridad territorial y a la inviolabilidad de las fronteras, que son principios universales recogidos en la Carta de las Naciones Unidas.
Señorías, nuestra política exterior es expresión de los mejores valores de nuestra sociedad. Es tarea de la política exterior de España defender la democracia, el multilateralismo, el derecho internacional. Esos son los valores de nuestra sociedad y los de una Unión Europea que constituye hoy para todo el mundo el referente y el mejor ejemplo de libertad, de paz y de progreso conjunto, por eso hoy defender la libertad y la democracia es defender y fortalecer Europa.
En Europa hemos sufrido siglos de enfrentamientos entre países vecinos que dejaron dolor y destrucción, pero sobre las ruinas de ese dolor levantamos el mayor espacio de libertad, de progreso y de justicia social que ha conocido la humanidad. Ya somos una gran potencia económica. Es el momento de que Europa tome conciencia de su fortaleza y ocupe su lugar entre las grandes potencias políticas del planeta. Ya no basta con hablar de autonomía; hay que avanzar decididamente hacia una verdadera soberanía europea política, comercial, económica, defensiva, en política exterior. Si lo que está cuestionado es la democracia y la seguridad de Europa, la única respuesta eficaz y viable tiene que ser a escala europea y, ante esta nueva realidad, la tentación del repliegue nacional, el falso soberanismo nacional, el mirar hacia adentro es una opción destinada al fracaso. En este mundo de grandes poderes, en este tiempo de agresiones, de depredadores, debilitar a Europa es debilitar a España; dividir Europa es debilitar a España; defender la soberanía española es defender la soberanía europea. Porque ahí, en Europa, están nuestros valores, pero están también los recursos materiales y políticos que necesitamos. Vamos a necesitar en los próximos meses más unidad, más integración, más Unión Europea.
Es el momento de que los europeos asumamos en primera persona nuestra propia soberanía. Llevamos años hablando de ello, ahora hay que hacerlo realidad. Es el momento de que Europa alce unida la voz en favor del derecho internacional, de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, de la prohibición de la guerra y de la violencia como forma de resolver disputas entre Estados, a favor de la cooperación internacional y del sistema multilateral. Es el momento de que Europa se convierta por derecho propio en el referente global de los valores de la democracia, de la justicia social, del multilateralismo y de la paz que la hicieron nacer, que le dan sentido y que son nuestra identidad. Este es el momento de asegurar el ejemplo y la promesa de la paz, de la justicia y de la libertad que es nuestra Unión para todo el planeta. Es el momento de construir unidos la Europa soberana. Avanzar en ese camino pasa, en primer lugar, por defender y reforzar aquello que da sentido a todo lo demás: nuestra democracia y nuestra libertad frente a la polarización y el extremismo. En segundo lugar, por asumir la responsabilidad de nuestra propia seguridad y de nuestra propia disuasión. No se trata de romper con el pasado, se trata de construir un futuro genuinamente europeo. Europa debe avanzar para tener nuestra seguridad en nuestras propias manos, empezando con pasos intermedios como la integración de la industria de la defensa y la constitución de una coalición de voluntarios para la seguridad de Europa con los que quieran avanzar más rápido. Es clave avanzar hacia una mayor convergencia estratégica europea que contemple todas las amenazas a nuestra seguridad y que finalice en un auténtico ejército europeo. Hay amenazas en el sur, muy intensas en el este, pero nos afectan igualmente tanto como españoles como europeos. Hay también amenazas híbridas y es preciso construir un marco que asegure las cadenas de suministro esenciales. Tenemos que estar preparados y dispuestos a afrontar estos retos conjuntamente para no estar nunca sometidos a ningún tipo de coacción externa como estamos viendo frecuentemente estas semanas en el mundo. En tercer lugar, nuestra Europa soberana necesita también desarrollar una política comercial ambiciosa en una economía fuerte y competitiva, removiendo los obstáculos que existen en el mercado interior y apostando por un marco financiero plurianual ambicioso. Tenemos que aumentar los recursos europeos. Finalmente, una Europa soberana debe proyectarse al mundo y para ello son claves las alianzas internacionales de la Unión hacia América Latina. España será puente en ello. El pasado viernes celebrábamos la noticia de que por fin la Unión Europea ha dicho sí al acuerdo con Mercosur. Tras veinticinco años de negociaciones, este acuerdo servirá para diversificar nuestras relaciones comerciales y para reforzar las relaciones con los países de la región. Porque no es solo un acuerdo comercial, es el compromiso político de asociación que ofrecemos a esa región del mundo.
Señorías, la igualdad soberana de los Estados, el respeto de los derechos humanos, la prohibición de la amenaza y el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia de cualquier Estado, la cooperación internacional y la solución pacífica de las controversias son principios que constituyen un patrimonio compartido de la comunidad internacional que nos ha permitido una convivencia internacional en las últimas décadas que ha permitido estabilidad y progreso.
Señorías, vivimos un tiempo de decisiones vitales, también de caminos inciertos, en el que el riesgo es perder de vista lo esencial. Todos los demócratas compartimos, nos reconocemos y nos unimos en lo esencial: la defensa de la libertad, de los derechos humanos, de la justicia frente a la violencia, el abuso y la arbitrariedad. La inmensa mayoría de nuestros ciudadanos creen en el multilateralismo, creen en el derecho internacional, creen en los derechos humanos, creen en la cooperación y, sobre todo, creen en la democracia. El momento que vivimos es muy grave. Los españoles y las españolas tienen que saberlo: se está intentando alterar el orden mundial. Este es el tiempo, este es el momento para unirnos en la defensa de esos valores en los que nos reconocemos todos los demócratas. Es el momento de reforzar nuestra democracia en España y en Europa por nosotros mismos y por nuestra libertad, pero también porque es necesario mostrar a esa inmensa mayoría que en todo el planeta sigue creyendo en el entendimiento que la cooperación es más fuerte que la confrontación, que la paz no es solo un fin noble, es el fundamento sólido de todo progreso y la razón de ser de todo Gobierno legítimo. En ese camino estoy seguro de que no solo podemos encontrarnos, sino que debemos encontrarnos por el bien de nuestros ciudadanos y de nuestras ciudadanas. (Aplausos).