Juan José Aizcorbe Torra
Muchas gracias, señor presidente. La mitología griega nos dejó muchas advertencias, y hay concretamente una que nos puede ayudar más que cualquier informe a entender mejor lo que hoy se pretende aprobar. Supongo que sus señorías la conocerán y, por supuesto, el señor ministro, eso lo doy por descontado. Hesíodo cuenta que Pandora llegó al mundo con un obsequio tan hermoso como engañoso, una caja cuyo interior mezclaba dones y calamidades. No podía separarse lo bueno de lo malo, todo venía junto, envuelto en apariencia amable. Al abrirla, los males se desataron sin retorno posible. Ese es exactamente, una vez más, el funcionamiento que reproduce este real decreto ley: un envoltorio amable ―inversiones financieramente sostenibles, posible alivio para los autónomos, ajustes técnicos― que oculta una alteración profunda de la arquitectura institucional del Estado; un obsequio que se presenta como urgente y necesario, pero contiene una cesión competencial estructural que jamás habría sobrevivido a un debate limpio y separado. (Aplausos). Lo que hoy se presenta como un conjunto de medidas dispersas y diversas, oculta bajo un barniz de urgencia la ruptura del modelo estatal de los habilitados nacionales en Cataluña; esto es, secretarios, tesoreros e interventores garantes de la legalidad en el Estado. El señor ministro supongo que se habrá leído este real decreto ley porque le ha tocado defenderlo. Pues bien, vamos a analizarlo un poco. El texto llega al Boletín Oficial del Estado con incoherencias visibles. Menciona un inexistente artículo 3, remite a él en una disposición final segunda, atribuye a la primera modificaciones que recaen en la tercera y esto, sin duda, señor ministro, es la prueba de un decreto ley ensamblado con prisas para encajar concesiones ajenas a la materia principal. (Aplausos). Más revelador aún es que la parte expositiva atribuye a la disposición final primera cambios en la Ley de Bases del Régimen Local, pero la disposición final primera solo trata de VERI*FACTU, y es la disposición final tercera la que añade la nueva disposición adicional decimoctava a la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local. Supongo que lo habrá entendido, pues revíselo y ya verá cómo es un desajuste absoluto. En fin, señor ministro, esto no es un error menor, es la huella del parcheo normativo, un decreto concebido para inversiones y VERI*FACTU al que se le ha injertado de manera atropellada una cesión competencial incompatible con las materias originales, y aquí empieza la verdadera gravedad. Lo que se introduce en la nueva disposición adicional decimoctava no es un ajuste técnico, en absoluto, es la cesión ―devolver ha dicho usted, ya sabe por qué lo ha dicho― a la Generalitat de todas las facultades del artículo 92 bis: creación y clasificación de puestos, oferta pública, selección, temarios, formación, habilitación, provisión, primer destino y situaciones administrativas; todo, absolutamente todo. No hablamos de gestionar listas, hablamos de permitir que una comunidad autónoma diseñe su propio modelo de acceso, sus pruebas y sus filtros respecto a un cuerpo cuya función es controlar la legalidad y la estabilidad financiera municipal, exactamente el tipo de función que debe mantenerse alejada de cualquier instrumentalización política. Esto vulnera frontalmente el artículo 149.1.18 de la Constitución y la nítida doctrina de la sentencia del Tribunal Supremo 25/1983, que declaró que la selección y adscripción de los habilitados es competencia estatal por constituir el núcleo de las bases del régimen estatutario. Y añadió algo más, decisivo, que es básico: «todo aquello que preserve la existencia de ese cuerpo», lo que faculta para excluir aquello que lo diluya; y este real decreto lo diluye. Permitir que cada comunidad autónoma defina pruebas, temarios o requisitos es la forma más eficaz de convertir un cuerpo estatal en una ficción.
Tampoco se respeta el artículo 150.2. Si se pretenden transferir facultades ejecutivas del régimen estatutario nacional se requiere, como mínimo, señor ministro, una ley orgánica que delimite alcance, controles y facultades reservadas al Estado. Aquí no hay nada de eso, solo una disposición adicional introducida de forma abrupta en un decreto sin conexión con esta materia.
Y también se vulnera ―cómo no― el artículo 23.2, porque permitir que en Cataluña se acceda al mismo cuerpo estatal mediante sistemas distintos, temarios distintos o requisitos lingüísticos excluyentes rompe la igualdad de acceso. (Aplausos). No es una hipótesis. Sabe muy bien, señor ministro, que entre 2007 y 2013 ―creo que lo ha dicho―, cuando se experimentó con modelos fragmentados solo se convocaron ―ha dicho 1000, pero no― 956 plazas, y cuando el Estado recuperó la competencia, más de cuatro mil. Y esto demuestra que donde hay unidad hay eficacia y donde hay fragmentación hay desigualdad. Y todo eso se hace usando un instrumento excepcional como el decreto ley, sin extraordinaria ni urgente necesidad. Incluso, si admitiéramos urgencia en inversiones o en VERI*FACTU, ¿dónde está la urgencia en alterar un cuerpo estatal centenario? ¿Qué necesidad tiene Cataluña que no tengan Extremadura o Castilla-La Mancha? ¿Qué justifica forzar por decreto lo que debe tramitarse como proyecto de ley?
No hay urgencia porque no hay urgencia. Hay un falaz acuerdo político y eso no es lo que exige el artículo 86 de la Constitución. Porque todo esto no es técnica administrativa, es política en estado puro, política, pero de la peor, escrita con prisas y en conversaciones opacas para apoyar a parlamentarios y a grupos parlamentarios ajenos al contenido principal.
Se nos exige elegir entre un hipotético alivio a autónomos y defender la integridad del Estado, entre apoyar inversiones locales y aceptar la ruptura del régimen estatal de habilitados. Esto no es legislar, es chantajear a todo este Parlamento. Es una treta: o tragas con la cesión al separatismo catalán o cargas con el coste político de rechazar medidas accesorias. Y después vienen con la cantinela de que si hemos votado en contra. Por supuesto que hemos votado en contra de muchas cosas porque siempre han persistido en la misma trampa (aplausos), y eso es una falsa dicotomía. Las inversiones podrían venir en un real decreto ley monográfico ―lo sabe el señor ministro―, el aplazamiento de VERI*FACTU puede aprobarse, y aún puede, por real decreto reglamentario ―lo sabe el señor ministro―, y la reforma del régimen de habilitados, si se quisiera hacer bien, debería tramitarse como ley orgánica con debate y control. Pero nada de eso interesa cuando el objetivo no es fortalecer el Estado, sino debilitarlo a cambio de una votación.
Por eso, hoy no discutimos solo un decreto ley, discutimos un método de demolición institucional que usa cuerpos estatales como moneda de cambio. Hoy son los habilitados, mañana podrían ser otros vértices del Estado porque, aceptado el precedente de hoy, no hay límite. Durante un siglo todos los regímenes han mantenido el carácter estatal del cuerpo por su función de control, y hoy se altera no para mejorar la Administración, sino para satisfacer exigencias orientadas a escapar de todo control. Y a esa lógica no vamos a contribuir, por eso no abriremos la caja de Pandora, envuelta en papel de regalo, como siempre. No aceptaremos que se mezcle lo necesario con lo inaceptable, no vamos a ceder al chantaje de quienes reducen la política a un precio semanal.
Los catalanes que amamos a nuestra tierra sin debilitar a España no queremos un Estado de retales normativos ni funcionarios sometidos a filtros ideológicos o lingüísticos. Queremos una Cataluña fuerte porque forma parte de una España fuerte, y una España fuerte requiere de instituciones sólidas, cuerpos nacionales firmes y garantías que no dependan del humor de una negociación. Por eso, votaremos en contra. No votamos en contra de autónomos ni en contra de las inversiones locales, votamos contra la farsa, contra el BOE como instrumento de pago, y votamos por la igualdad, la legalidad y la unidad institucional. Permítame añadir algo con transparencia: incluso sin esta cesión al separatismo catalán, ni las inversiones financieramente sostenibles ni VERI*FACTU merecen un voto favorable tal y como están. No lo harían, las inversiones se han convertido en un cajón donde cabe desde buena gestión hasta dejadez, y VERI*FACTU simboliza ―lástima que no esté el señor ministro― a un Gobierno que legisla sin coordinar ni medir el impacto sobre la economía real.
Pero todo eso es menor comparado con lo que hoy se pretende, porque estamos ante un chantaje directo del Gobierno a esta Cámara, al Congreso, que obliga a elegir entre lo razonable y lo destructivo, entre el alivio posible y la demolición de una institución básica. Y todo ello evidencia que el PSOE y Junts comparten una estrategia de erosión del Estado, una hoja de ruta que no consiste en gobernar, sino en desmontar piedra a piedra los mecanismos que garantizan igualdad e imparcialidad. La técnica es siempre la misma: usar lo accesorio para colar lo esencial. Porque lo más grave no es solo lo que Junts exige, es que el Partido
Socialista cede encantado, no como quien sufre un chantaje, sino como socio funcional y necesario del separatismo, dispuesto a trocear cuanto haga falta para seguir un día más en el poder. (Aplausos).
Por eso, vuestras señorías entenderéis que nuestra posición sea firme. No vamos a abrir la caja de Pandora, no. No vamos a entrar en el juego del chantaje legislativo y no vamos a permitir que se use el Congreso como ventanilla de pago para exigencia de quienes solo creen en España cuando pueden destruirla. Y, repito, a pesar de que después nos utilicen como chiquillos, como niños enfadados para decir que no hemos votado esto o que hemos votado en contra de aquello, nos da absolutamente igual lo que nos digan. Y es que a los traidores ningún perdón les alcanza. Nunca les alcanza ningún perdón, exclamó Lope de Vega (aplausos), y hoy resuena en estas Cortes españolas ante quienes ponen precio a las instituciones y convierten la lealtad en mercancía política.
Muchas gracias, señorías. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).