Javier Noriega Gómez
PPDiputado.Página 107Vídeo
Buenas tardes, presidente. Don Luis Antonio Burón Barba, primer Fiscal General del Estado designado para el cargo y nombrado por el Gobierno socialista, dejó dicho: No es razonable temer que un Gobierno legítimo salido de las urnas utilice unas facultades de cese y nombramiento como armas para influir en el curso de los procesos en que intervenga el Ministerio Fiscal, ni que cualquier fiscal general se pliegue a una pretensión de tal índole. Cuarenta años después, los dos temores del Fiscal General Burón se han hecho realidad: primero, que un Gobierno pretenda influir en el Ministerio Fiscal; segundo, que el Fiscal General del Estado se pliegue a las indicaciones recibidas del Gobierno. Como consecuencia de ello, y como todas sus señorías saben, el fiscal general ha sido condenado por el Tribunal Supremo por un delito de revelación de secretos. Ya tienen a su disposición los 184 folios de la sólida sentencia con sus fundamentos jurídicos que justifican debidamente la condena. En cuarenta y siete años de democracia, este Gobierno, el Gobierno de Pedro Sánchez y sus socios, es el que más ha atacado la Constitución, afectando la separación de poderes, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la neutralidad de los poderes públicos. El Gobierno de Sánchez ha violado de manera frontal y directa, entre otros muchos, el artículo 134.3 de la Constitución española, que establece el mandato imperativo ―digo imperativo― de presentar los presupuestos generales del Estado tres meses antes de la expiración de los anteriores. El artículo indica de manera expresa «deberá presentar». Este incumplimiento, señorías, es gravísimo. Como acertadamente indica el catedrático don Javier Tajadura Tejada, esto supone un falseamiento generalizado de la forma de gobierno prevista en la Constitución, derivando en lo que la doctrina, y en concreto don José Tudela Aranda, denomina parlamentarismo negativo. El Ejecutivo se legitima por la existencia de un programa de gobierno que cuenta con el respaldo de la mayoría de la Cámara, pero esto, desde hace años, no es así en España: no existe programa de gobierno que cuente con la mayoría de la Cámara; se ceden, como pago por el chantaje, competencias del Estado y se entrega dinero de todos los españoles a sus socios para lograr que voten a favor de un punto concreto en el Pleno, permitiendo así que continúe el Gobierno con respiración asistida. (Aplausos). La única razón de ser del Ejecutivo de Pedro Sánchez es impedir la alternancia política. Hay que decirlo claro y alto. Y esto, señorías, no es democrático. Se incumple, entre otros, el artículo 66 de la Constitución, que indica que las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa, aprueban los presupuestos y controlan la acción del Gobierno. Pues bien, en España no se cumplen ninguna de estas tres cuestiones. Se secuestra el Parlamento; se le vacía de contenido; se debilita el sistema de controles y contrapesos; se bloquean inconstitucionalmente las iniciativas del Senado; se reduce el debate público; se utilizan fraudulentamente las atribuciones de la Mesa y se gobierna desde el Consejo de Ministros, incumpliendo también el artículo 86 de la Constitución española, que establece meridianamente claro que solo se puede hacer en casos de extraordinaria y urgente necesidad. (Aplausos). ¿Sabían ustedes, señorías, que el Gobierno de Sánchez ha batido el récord de reales decretos, más de 160 hasta ahora, y que es el primero en toda la democracia que ha aprobado más decretos que leyes? El Gobierno de la gente, el Gobierno progresista, sí, ese. Se ha potenciado el guerracivilismo y la polarización: se enfrenta a hombres contra mujeres, a propietarios contra inquilinos, a empresarios contra trabajadores, a unas comunidades autónomas frente a otras comunidades autónomas, a pensionistas contra trabajadores activos, y ahora se enfrenta a los ciudadanos contra los jueces; esa es su última pretensión. (Aplausos).
Tras la condena al Fiscal General del Estado, y sin haber conocido aún la sentencia, que se publicó ayer, el presidente del Gobierno, sus ministros y sus socios de Gobierno y socios parlamentarios han atacado abiertamente al Tribunal Supremo, siguiendo el argumentario de Moncloa, claro. El presidente anticipó la inocencia del Fiscal General del Estado para presionar al Poder Judicial. Y esto es vergonzoso, señorías; esto no se puede hacer en un Estado de derecho. (Aplausos). Y, tras la condena, sigue defendiendo al fiscal y sigue hablando de que es una condena sin pruebas y que se acabará imponiendo la verdad. La ministra de Sanidad utilizó la televisión pagada por todos los españoles para afirmar que se condenaba sin pruebas y que el procedimiento era irregular. El ministro Óscar López declaró que el fiscal es inocente a pesar de lo que diga el Supremo. El ministro Puente ha llegado a afirmar que el Tribunal Supremo es la oposición real al Gobierno. En cuanto al ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, si hoy se hubiera dignado a venir al Congreso, le preguntaría con qué rostro iba a venir: ¿como abogado defensor del fiscal general, como ha estado haciendo durante muchos meses, o quizá como abogado defensor de la familia Sánchez-Gómez, o como el notario mayor del Reino, que es lo que debería hacer como ministro de Justicia de todos los españoles? (Aplausos).
A todo esto se suma su pretensión de modificar unilateralmente y sin consenso la Ley de Enjuiciamiento Criminal para permitir que organismos internacionales revisen procedimientos judiciales españoles firmes. Hablo del artículo 762.2 del proyecto. ¿Qué es esto, señorías del PSOE? ¿Otro intento de modificar la Constitución sin acudir al procedimiento establecido en esta? ¿Es otra mutación constitucional encubierta? ¿Se está externalizando la justicia en un relator de la ONU? Los españoles deben saber que los magistrados que han condenado al fiscal son los mismos que dictaron la sentencia del caso Gürtel o la condena a Iñaki Urdangarín. ¿Eran imparciales entonces y ahora son prevaricadores?
Nadie, por muy poderoso que sea, está por encima de la ley; se llama Estado de derecho y esta es la principal lección que sacamos de esta brillante sentencia del Tribunal Supremo. (Aplausos).
Para terminar, y por lo que respecta a Televisión Española, la degradación es absoluta. Lo que debería ser la televisión de todos se ha convertido en ‘Telepedro’, una máquina de propaganda que nos cuesta 1200 millones de euros al año. Nunca podremos olvidar que el día que España lloraba por las víctimas de la dana decidieron, señorías del PSOE, no suspender el Pleno del Congreso para asaltar el Consejo de Administración de Televisión Española (aplausos), una decisión, señorías, que pesará siempre sobre sus conciencias y la de sus socios.
Durante este último año ―ya acabo, señor presidente―, han contratado a dedo a productoras y a presentadores afines que manipulan abiertamente de la mañana a la noche y nos trasladan el argumentario diario enviado desde Moncloa.