Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos
Señor Bolaños, la verdad no se filtra, la verdad se defiende. Exactamente. Por eso Álvaro García Ortiz ha sido condenado: por filtrar datos para destruir a una rival del Gobierno y ocultar otros para salvarse a sí mismo, ¿y quizá también a ustedes? ¿Por eso siguen defendiéndole contra toda lógica penal, institucional y moral? ¿Porque le temen? Lo dijo él mismo cuando ya sabía que iba a ser imputado: Si yo quisiera hacer daño a un determinado espectro político, tengo información de sobra que, por supuesto, no voy a usar jamás. Ya sabemos que la usó contra mi espectro político. ¿También contra el suyo? ¿Y al señor Ábalos, el hombre fuerte del PSOE, el que todo lo sabe? ¿Le temen a él? Acaba de decir que la reunión secreta entre Sánchez, Cerdán y Otegi sí existió, y es lo primero que tiene usted que aclarar hoy en esta tribuna. (Aplausos). ¿Ha vuelto a mentir Sánchez? ¡Qué espectáculo ver a un Gobierno en manos de delincuentes condenados y presuntos! Se están derrumbando. Si fuera solo su agonía… El problema es que arrastran el prestigio de todo un país.
Señor Bolaños, el jueves pasado, tras conocer que su fiscal había sido condenado, el señor Sánchez declaró lo siguiente: Vamos a defender la soberanía popular y la democracia frente a aquellos que se creen con la prerrogativa de tutelarla. Usted, que es un hombre sincero, un militante de la verdad, díganos, ¿a quién se refería el presidente? ¿Al cadáver de Franco? ¿Al Tejero agonizante? ¿A un viejo rey errante? ¿O más bien a los magistrados del Supremo, a los que no solo sus socios, sino ustedes mismos, están sometiendo a un linchamiento totalitario? No por previsible resulta menos peligroso, señor Bolaños. El presidente del Gobierno no solo pretende dictar condenas y absoluciones en función de su conveniencia. Además, ha hecho suya la chatarra más tóxica del vertedero populista. Quiere enfrentar al pueblo con los jueces, a la democracia con la ley, como si los jueces no fueran el más poderoso escudo del pueblo, como si pudiera haber democracia sin ley. (Una señora diputada: ¡Muy bien!).
Señor Bolaños, hablan de una democracia tutelada. Es otra de sus proyecciones de diván. Mírense al espejo. Una democracia tutelada es exactamente lo que llevan intentando imponer en España desde que llegaron al poder mediante una moción fraudulenta y, sobre todo, desde abril de 2024. Se acuerda, ¿verdad? Ocurrió cuando empezaron a arreciar las noticias sobre la corrupción en el entorno íntimo y político del presidente. El señor Sánchez se cogió una baja de cinco días por victimismo. Estoy profundamente enamorado, dijo… de sí mismo. (Aplausos.—Risas). Al volver, emprendió, ya sin frenos, la demolición de los tres contrapesos que distinguen a las democracias de las dictaduras: la independencia judicial, la libertad de prensa y el Parlamento.
Vamos por partes, señor Bolaños, con pedagogía; un tutorial sobre la democracia tutelada. Primero, han intentado tutelar la justicia por todas las vías imaginables. Uno, el control directo. ¿De quién depende el fiscal general? Pues eso. Pues ya está: tutelado o tutelada. Dos, la politización. Hoy mismo anuncia Sánchez: El tiempo pondrá las cosas en su sitio; Cándido ‘Tiempo’ Pumpido. Los ERE, la amnistía, García Ortiz… ¿pretenden convertir el Constitucional en la sala de indultos del sanchismo? Y tres, los ataques frontales y sibilinos, por el BOE y por las cloacas. ¿Recuerda usted cuando defendía al Supremo de los insultos de sus socios? ¡Qué tiempos aquellos… tan hipócritas! Usted decía, y cito: Me parece intolerable cualquier señalamiento, venga de donde venga. Salvo que venga del banco azul.
Incluso llegó a pedir perdón al juez Marchena por las calumnias de la señora Nogueras. Una sugerencia: hágalo de nuevo. Pida perdón al juez Marchena, pero esta vez en nombre propio. Y al instructor Hurtado. Y a los valientes fiscales que se jugaron el cargo frente a su superior jerárquico. Y al teniente coronel Balas. Y también a los otros cuatro magistrados que condenaron al fiscal general y a los que siguen arrastrando por el fango por el simple hecho, el emocionante hecho, de no aceptar más tutela que la ley. (Aplausos). ¿Qué pasa? ¿Que cuando condenan por Gürtel son imparciales y, si no, prevaricadores? Sí, pídales perdón como se pide perdón en política: presentando su dimisión. Sí, señor Bolaños, su dimisión, en aplicación de los propios estándares de ejemplaridad con los que echaron al PP del poder. (Aplausos). Porque nadie, a excepción del señor Sánchez, ha defendido con tanto ahínco al delincuente Ortiz cuando ya había sido declarado inidóneo, cuando tenía dos condenas por desviación de poder. Nadie ha proclamado tantas veces y con menos motivo su inocencia, incluso después de la sentencia. Un hombre elegante ―ha dicho―, un defensor de la verdad. Claro, por eso destruyó pruebas el mismo día de su imputación —qué pena, ¿no?—, pudiendo con ellas demostrar su inocencia.
Pero, sobre todo, señor Bolaños, nadie en razón de su cargo, ministro de Justicia, ha presionado con tanta desvergüenza a quienes tenían la obligación de juzgarlo. «Todo quedará en nada, todo quedará en nada», ese ha sido su mantra: con Begoña Gómez, con el hermano, con el fiscal general, con Cerdán… Las naderías del señor Bolaños. Al final, el que ha quedado en nada es usted. (Aplausos). Doce papas, cuatro reyes, cuarenta y cuatro presidentes, 106 ministros de Justicia y el único con un fiscal condenado es el señor Bolaños. Ya ni presunto ministro de Justicia. Un hombre moral y políticamente inhabilitado por sentencia firme del Supremo ―cinco a dos―, y eso sí que no lo arregla el Constitucional. Por cierto, anunciaron que el sustituto de García Ortiz sería un fiscal de ideología netamente progresista. El sello de la tutela. Ya puestos, podrían haber nombrado a Baltasar Garzón. Tenía una ventaja indiscutible: venía condenado de casa. (Aplausos.—Risas).
Segundo contrapeso: el periodismo. También han querido tutelarlo, y con los mismos métodos: palo a los críticos, zanahoria a los serviles. Eso sí, aquí hay que reconocerles un mérito singular: la capacidad para elogiar lo que más desprecian. También el pasado jueves. Dice el señor Sánchez: Quiero destacar el valor insustituible del periodismo y la importancia de defender ahora y siempre la libertad de prensa. Usted, que lo conoce y lo sufre de cerca, dígame: ¿fue una reprimenda velada al señor Puente por llamar ‘el ojete’ a The Objective? ¿A usted, por tachar de ultras y fachas a los medios que han ido destapando las peripecias corruptas de la banda del Peugeot? ¿O fue simplemente un raro, rarísimo, ejercicio de autocrítica?
Voy a leerle el artículo 5 del Reglamento Europeo de Libertad de Medios, ese que usted se comprometió a aplicar en su orwelliano Plan de Acción Democrática. Dice: Los Estados miembros garantizarán que los medios de comunicación públicos sean independientes desde el punto de vista editorial y funcional y ofrezcan de un modo imparcial una pluralidad de información y opiniones a su audiencia. El mandato es nítido, y ustedes lo pisotean. No solo tertulianos, invitados y entrevistados; los propios presentadores de la televisión de todos se permiten llamar golpista a la justicia. Televisión Española es una afrenta a la inteligencia y a la convivencia, una prueba de hasta qué punto la polarización que ustedes promueven —divide y vencerás— pulveriza cualquier asomo de dignidad profesional y personal. Solo la supera en fanatismo aquella TV3 —¿se acuerdan?— que arengaba a los CDR a cortar carreteras durante el procés. De Terribas a Intxaurrondo, el mismo combate y la misma degradación.
Y ahora, el tercer contrapeso: este Parlamento. Ustedes quieren tutelar las Cortes Generales con la complicidad de la señora Armengol, igual que Puigdemont intentó tutelar el Parlament con la complicidad de Forcadell. No solo abusan impúdicamente del decreto ley, no solo vetan las iniciativas de la oposición: gobiernan con presupuestos muertos. Ayer avisó Bruselas: España está en riesgo fiscal. Y yo añado: también democrático. El presidente del Gobierno quiere dictar sentencias y gobernar contra el Parlamento. Los tres poderes en uno. ¿Eso cómo se llama, señor Bolaños? ¿Franquismo? ¿Y qué hacen sus socios? Chillan, callan o cobran. Yolanda Díaz convoca algaradas contra la justicia; Podemos propone reventar a la derecha. Por curiosidad, señora Belarra, donde esté: ¿cómo piensan hacerlo?, ¿con los métodos perfeccionados por los jefes de Bildu? Porque reventar, lo que se dice reventar, hasta ahora lo único que ha reventado Podemos es su falsa épica revolucionaria a golpe de chalé con piscina en forma de riñón. ¿Y el PNV? Por fin sabemos por qué callan como cómplices: porque lo son. En cuanto a Junts, su plan parece claro: coincide con el de Otegi. Lo ha explicado el prófugo en El País: impugnar la transición, forzar la ruptura, ejercer la autodeterminación. A ver si con eso frenan a Silvia Orriols. Y a todo esto, el señor Bolaños lo llama reconciliación.
En realidad, señorías ―y voy terminando―, lo que el señor Sánchez tutela es el procés, corregido y aumentado a escala nacional. El mismo proyecto de parte, el mismo desprecio a la ley, el mismo acoso a los jueces, la misma deslegitimación a los tribunales, la misma colonización de las instituciones, la misma manipulación mediática, el mismo odio sectario y el mismo afán de impunidad. Dijo el catedrático López, Óscar (risas): El fiscal general es inocente a pesar de lo que diga el Supremo. Y añadió: Si son capaces de condenar a alguien sin pruebas, ¿qué es lo siguiente? ¿Liberar a alguien con todas las pruebas? Sí, precisamente lo que hicieron ustedes (risas): indultar a los golpistas del 1 de octubre. (Varios señores diputados: ¡Muy bien!―Aplausos). En realidad, es lo único que les falta para cerrar el círculo, el círculo del delito: indultar al delincuente que intentó destruir a una referente del Partido Popular, Isabel Díaz Ayuso, igual que ya indultaron a los delincuentes que intentaron destruir la España constitucional.
Eso sí, señor Bolaños, entre aquel procés y este proceso sanchista hay una diferencia, y es decisiva. El señor Sánchez se llena la boca de soberanía popular, la cita, la agita, la invoca… pero no la convoca. (Risas). No se atreve. Nosotros sí. Nosotros sí reivindicamos la soberanía popular del pueblo, que en realidad es la soberanía nacional y constitucional. Nosotros sí volem votar, queremos votar. Los españoles son ―somos― mayores de edad, ciudadanos de pleno derecho, titulares de nuestra libertad. Y hace tiempo que no aceptamos tutelas… hace cincuenta años, para ser exactos. (Varios señores diputados: ¡Muy bien!―Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).